Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Nuestra deuda con la infancia

Este texto fue publicado originalmente el 15 de octubre 2015, lo abrimos de manera temporal dada su relevancia periodística.


Cuando la Unión Soviética invadió Afganistán en 1979 se propuso consolidar en esa región su esfera de influencia. Para lograrlo dispuso combatir a los muyahidines o grupos insurgentes apoyados por Estados Unidos enel país asiático, y atacó a uno de los sectores más vulnerables de la población afgana: los niños.

Para este fin, sembró minas terrestres antipersonal, esas trampas explosivas que detonan las víctimas; se trata de la mina PFM-1 o “mina mariposa”. De colores llamativos, fue pensada para que los niños afganos la tomaran entre sus manos. Al contacto, la mina explotaba y podía causar ceguera, mutilaciones, o incluso la muerte.

¿Por qué usar un explosivo tan letal contra los niños? Porque la Unión Soviética deseaba privar a la sociedad afgana de los recursos humanos que a futuro podrían integrar las filas de sus enemigos. Así, la invasión soviética a Afganistán cobró las vidas de entre 850 y millón y medio de civiles, amén de que muchos afganos huyeron del país y buscaron refugio en países como Pakistán e Irán. Buena parte de quienes perecieron en este conflicto que se prolongó diez años, fueron niños.

Lamentablemente, este no ha sido el único conflicto que ha afectado a civiles, y a los niños en particular.

Según el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF), la guerra civil que se desarrolla en Siria desde hace cuatro años, es el conflicto que más ha afectado a los niños en este siglo. Ese organismo estima que unos cinco millones y medio de infantes son víctimas directas del conflicto, lo cual los ha arrojado a la orfandad, la mendicidad, la falta de acceso a educación y servicios de salud y, ciertamente, la muerte.1 El UNICEF refiere también, en un informe del año pasado, que existen numerosos casos de niños asesinados junto con mujeres embarazadas, por francotiradores en ciertas partes de territorio sirio. Ello afecta a toda una generación, dado que los infantes que sobreviven y que carecen de apoyo psicológico y de manutención, arrastrarán por el resto de sus vidas las secuelas del conflicto.

La muerte de un ser humano es lamentable. Lo es más cuando las víctimas son niños, como en el caso de Aylan Kurdi, cuyo cuerpo sin vida fue encontrado por autoridades turcas en una playa, luego de que el barco en que viajaba con sus padres desde Siria, para escapar de la violencia, naufragara. La imagen del pequeño de tres años es desgarradora pero es apenas una muestra de la tragedia humanitaria que se genera como resultado de los conflictos y la violencia estructural en el mundo de hoy.

El UNICEF explica que en los últimos años, el número de muertes civiles en conflictos armados ha aumentado de manera espectacular, y se cree que asciende a más del 90%. De las víctimas, más de la mitad son niños. Asimismo, se calcula que 20 millones de niños han abandonado sus hogares a causa de conflictos armados y violaciones de sus derechos humanos –y no sólo en Siria–, y viven como refugiados en países vecinos o han sido desplazados dentro de las fronteras de su propio país. En los pasados 10 años, dos millones de niños han muerto como consecuencia directa de los conflictos armados. Otro dato: al menos seis millones de niños han quedado incapacitados de por vida o han sufrido daños graves física y/o emocionalmente por la misma razón. A propósito de las minas terrestres antipersonal, cada año entre ocho mil y 10 mil menores de edad mueren o son lesionados/mutilados por la acción de estas armas letales.

Tan grave como la muerte o lesión de niños en los conflictos es su reclutamiento como soldados para participar en los combates que se producen en diversas regiones del mundo. El UNICEF calcula en 300 mil el número de menores de 18 años que participan activamente en unos 30 conflictos armados en todo el planeta. Los niños soldados son empleados como combatientes, como “carne de cañón”, como escudos humanos, esclavos sexuales, “soplones”, etcétera. Algunos son reclutados por la fuerza, otros se incorporan a las milicias en un intento por escapar de la pobreza y la mendicidad, el maltrato o la discriminación, o con el fin de vengar la violencia infligida contra ellos y/o sus familias.2

Pero los conflictos violentos no son la única razón por la que los pequeños la pasan mal. Hace 25 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención sobre los Derechos del Niño. Se trata de la convención sobre derechos humanos más ratificada a nivel internacional –sólo dos países, Somalia y Estados Unidos no se han sumado a ella. A cinco lustros de distancia, se han producido avances en la calidad de vida pero subsisten importantes desigualdades que impiden el disfrute de sus derechos, incluyendo el más fundamental: el derecho a la vida.

El UNICEF advirtió este año que los logros desde aquella convención palidecen ante el estancamiento y/o los retrocesos en la calidad de vida de los infantes en diversos países. Por supuesto que la peor parte la llevan quienes nacen en los países en desarrollo, sin que ello signifique que en las naciones más desarrollados están exentos de problemas.

Baste mencionar que el 20% de las mujeres del mundo con los mayores ingresos tienen 2.6 veces más posibilidades que el 20% de las más pobres de contar con la presencia de un asistente calificado durante el parto. En Asia Meridional, las mujeres más ricas tienen 3.5 veces más probabilidades que las más pobres de disfrutar de este beneficio.

Todos los niños tienen derecho a una nacionalidad. Sin embargo, a nivel mundial, al 78% de los niños menores de cinco años más ricos se les registra al nacer, mientras que sólo el 49% de los más pobres tienen una identidad oficial. Y si bien el 79% de los niños que viven en las ciudades tienen su certificado de nacimiento, esto ocurre solamente en el 50% de los que viven en zonas rurales. A propósito de la alimentación y la salud, el 20% de los niños más pobres del mundo tienen alrededor del doble de probabilidades que el 20% de los más ricos de sufrir retraso en su crecimiento y desarrollo debido a la mala alimentación o desnutrición, y de morir antes de cumplir cinco años. Los niños de las zonas rurales sufren una desventaja similar en comparación con los que viven en las zonas urbanas. Hablando del acceso a la educación casi nueve de cada 10 niños del 20% de los hogares más ricos de los países menos adelantados del mundo van a la escuela primaria, en comparación con sólo cerca de seis de cada 10 de los hogares más pobres. La diferencia se acentúa en los países de África Occidental y Central. En Burkina Faso, por ejemplo, el 85% de los niños de los hogares más ricos asistió a la escuela, en comparación con el 31% de los niños de los hogares más pobres.3

En materia de género, el disfrute de los derechos no es igual para las niñas que para los niños. En el tema educativo, por cada 100 niños inscritos en la escuela primaria en África Occidental y Central, sólo lo están 90 niñas. La exclusión es más grave en la escuela secundaria, donde hay solamente 77 niñas matriculadas por cada 100 niños. La educación en salud reproductiva tampoco es igual para ellas. Las niñas tienen muchas más probabilidades de estar casadas o en unión durante la adolescencia que sus homólogos masculinos, y menos posibilidades que los niños de tener un conocimiento amplio del VIH/SIDA. En Asia Meridional, los niños tienen casi dos veces más posibilidades que las niñas de poseer estos conocimientos con los que se pueden proteger a sí mismos.4 A la lista de desigualdades en función del género y el nivel del ingreso, habría que sumar la que sucede en los niños migrantes, o en aquellos que son parte de alguna comunidad étnica o indígena específica.

El tema de los niños migrantes apenas empieza a trascender en la agenda internacional. El problema no es nuevo. El lector recordará el caso del balserito cubano Elián González. Este personaje que ahora tiene 22 años, fue protagonista de un sonado incidente internacional cuando salió de Cuba con su madre y otras nueve personas en una balsa para llegar a Estados Unidos. En ese entonces, Elián tenía seis años y fue uno de los pocos supervivientes cuando la balsa naufragó. Su madre y seis pasajeros perecieron. Después de varios días a la deriva a bordo de una cámara de neumático, Elián y los tres supervivientes fueron rescatados por pescadores y entregados a los guardacostas de Estados Unidos. Lo que siguió confrontó al gobierno cubano con el estadounidense.

La mamá de Elián se llevó al pequeño de manera ilegal, sin el consentimiento del padre. Al llegar a Estados Unidos, el Servicio de Inmigración y Naturalización (INS) entregó al pequeño para su custodia a un tío-abuelo residente en Miami. En el vecino país del norte existe una disposición migratoria que favorece a los cubanos para pedir asilo político. Esta política es conocida popularmente como wet feet, dry feet.

Así, los cubanos residentes en Miami alegaron que el niño calificaba para recibir asilo político en Estados Unidos. Sin embargo, el padre de Elián alegó, desde Cuba, que el caso se resumía a un problema de custodia legal y dado que a él no lo consultó la madre para llevarse al pequeño, Elián debía ser devuelto a Cuba. El caso inició en noviembre de 1999 y culminó hasta finales de junio de 2000 cuando llegó al clímax y los tribunales estadounidenses determinaron que Elián debía regresar a Cuba con su padre, quien ya se encontraba en Estados Unidos y esperaba la autorización para regresar a la isla. Hay una imagen tristemente célebre que muestra a Elián, en brazos de uno de los pescadores que lo encontró, amenazados ambos a punta de pistola por agentes del INS, quienes fueron a rescatarlo, en la casa de su tío-abuelo en Miami, para entregarlo a su padre.

Comparando el caso de Elián con el de Aylan Kurdi, es evidente que el trato que reciben los niños migrantes no es igual, aunque sean menores de edad y hayan naufragado al intentar escapar de sus países de origen.

Las razones por las que abandonaron sus terruños, son, a todas luces distintas: en el caso de Elián hubo un conflicto de interés entre la madre y el padre, y la decisión de partir a Estados Unidos obedeció al deseo de arribar a ese país en medio de la crisis política que permeó la relación entre Washington y La Habana por décadas. En el caso de Aylan, Siria se encuentra en guerra desde hace cuatro años y ello ha generado miles de refugiados que se asientan o buscan hacerlo, en los países vecinos o en Europa, fundamentalmente para salvar sus vidas.

El desenlace en cada caso fue distinto. Elián regresó a Cuba y fue recibido, al lado de su padre, por las autoridades del país y hasta en uno de sus cumpleaños contó con la asistencia del mismísimo Fidel Castro. Hace dos años, el joven Elián apareció ante los medios para reivindicar la revolución cubana y despotricar contra el embargo de Estados Unidos.5 En su momento, Fidel Castro afirmó, al calor de la querella internacional, que el retorno de Elián fue un triunfo de la revolución y una revancha ante los exiliados anticastristas.6 Aylan Kurdi no corrió con la misma suerte que el balserito cubano y falleció en las playas de Turquía.

Como se recordará, la crisis siria se empezó a gestar en 2011, a raíz de las “primaveras árabes”, mismas que desencadenaron diversas protestas contra el régimen de Bashar al- Assad. Éste respondió con una violenta represión. El conflicto se transformó rápidamente, y de las protestas de la población pasó a una rebelión armada encabezada por el Ejército Libre Sirio el frente islámico, Hezbollah –que ingresó al conflicto en apoyo del ejército sirio– y el Estado Islámico. Otros actores involucrados en la contienda son las fuerzas kurdas y de Al- Qaeda (Al-Nusta). El gobierno sirio perdió el control de más de la mitad del territorio donde se asienta alrededor del 60% de la población. Las partes que participa en el conflicto persiguen distintos objetivos, pero el resultado de la guerra, a la fecha, suma más de 310 mil muertos.

La población siria que asciende aproximadamente a 18 millones de personas se ha visto afectada mayormente poresta crisis y se cuentan por millones quienes han salido buscando asilo, y los desplazados internos. Las grandes potencias han intervenido de diversas formas en el conflicto, lo que lo hace todavía más complejo. Independientemente del número de contendientes y de las agendas que cada uno persigue, el país vive un desastre humanitario de proporciones épicas generando, al decir de los expertos, la más grave crisis de refugiados y desplazados internos desde la Segunda Guerra Mundial. Buena parte de las víctimas son niños.

Ante esa crisis humanitaria ni Turquía ni los socios de la Unión Europea cuentan con una política definida para hacer frente a la avalancha migratoria siria, a la que se suman los expatriados que huyen de los conflictos de Afganistán e Irak. En Europa que tanto pregona el respeto a los derechos humanos, no hay algo equivalente al wet feet, dry feet. De hecho, numerosos países europeos han endurecido sus políticas de asilo y refugio, construyendo muros y criminalizando a los migrantes.

El padre de Aylan relató a los medios que cuando la embarcación naufragó “mis hijos se me escaparon de las manos”.En el percance fallecieron los dos pequeños y la madre, entre otras víctimas. Poco después, las autoridades turcas encontraron el cuerpo sin vida de Aylan en una playa, la imagen le ha dado la vuelta al mundo y ha causado una indignación casi universal. Ninguna autoridad gubernamental siria ha asumido ni iniciado querella alguna por esto como tampoco parece que la comunidad internacional ni el gobierno de Bashar al-Assad busquen modificar la situación imperante.

La tragedia de los niños migrantes tiene muchas aristas. Muchos países han optado por ofrecer paliativos –generalmente para estar a tono con la presunta “solidaridad internacional” de cara al desastre humanitario imperante en Siria–, como la aceptación de algunos cientos de refugiados sirios –México entre ellos. Con todo, la indignación que ha generado la muerte de Aylan Kurdi no ha sido igual ante la existencia de miles de niños migrantes que transitan por el territorio mexicano, para escapar de la violencia y la pobreza que los aqueja en sus lugares de origen.

El Instituto Nacional de Migración (INM) de México reportaba en mayo pasado, que la crisis de los niños migrantes, muchos de ellos centroamericanos, se ha agudizado de manera exponencial. Doce mil niños fueron detenidos entre enero y mayo de 2015, lo que significa un aumento del 49% respecto al mismo período de 2014. El INM señala que el 98% de los menores arrestados proceden de El Salvador, Guatemala y Honduras. Por su vulnerabilidad, muchos de ellos son víctimas de todo tipo de vejaciones, tanto por parte de las autoridades como de la delincuencia organizada. La mayoría afirma que su deseo es llegar a Estados Unidos y aunque fracasan lo siguen intentando.7 Se tiene detectado que en buena parte de los casos son los propios padres quienes los empujan a emigrar, de manera que si tienen éxito puedan remitir recursos a sus pauperizados hogares. Además de la presencia de niños migrantes en México, el problema también existe en otras latitudes y constituye, por ejemplo, un tema espinoso en las relaciones entre Colombia y Venezuela.8

Los casos de Elián González y de Aylan Kurdi han trascendido gracias a la cobertura mediática, pero no son los primeros y no serán los últimos. Corresponde a las generaciones actuales conocer divulgar y analizar estos sucesos, en aras de que no se repitan. Más que paliativos, el mundo requiere dar solución a los problemas estructurales que subyacen a la migración de los infantes y de millones de seres humanos, para lo cual falta, a todas luces, no sólo solidaridad, sino, especialmente, voluntad política.

Notas:

1María Teresa Benítez de Lugo (13/03/2014), “Más de cinco millones de niños son víctimas de la guerra siria”, en ABC, disponible en http://www.abc.es/internacional/20140311/abci-siriaunicef-201403102156.html

2 UNICEF (s/f), Protección infantil contra el abuso y la violencia, Nueva York, Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia, disponible en http://

www.unicef.org/spanish/protection/index_armedconflict.html

3UNICEF (2015), Estado mundial de la infancia 2015. Resumen, Nueva York, Fondo de las

Naciones Unidas para la Infancia, disponible enhttp://www.unicef.org/spanish/publications/files/SOWC_2015_Summary_Spanish_Web.pdf

4 Ibid.

5 CNN México (11 de diciembre de 2013), “Elián González, el ‘niño balsero’ que exige el fin del embargo para Cuba”, disponible en http://mexico.cnn.com/mundo/2013/12/11/eliangonzalez-el-nino-balsero-que-exige-el-fin-delembargo-para-cuba

6 Univisión (22 de abril de 2015), “Se cumplieron 15 años desde el regreso de Elián González a Cuba”, disponible enhttp://noticias.univision.com/article/2311941/2015-04-22/america-latina/cuba/se-cumplieron-15-anos-desde-el-regreso-de-elian-gonzalez-a-cuba

7 El Universal (26/06/2015), “Se agudiza la tragedia de los niños migrantes”, disponible en http://www.eluniversal.com.mx/articulo/estados/2015/06/23/se-agudiza-la-tragedia-de-los-ninos-migrantes

8 Francisco Castro Castillo (06/09/2015), “Tragedia de migrantes”, en El Diario del Otún, disponible enhttp://www.eldiario.com.co/seccion/OPINION/tragedia-de-migrantes1509.html

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