Cinque Terre

Federico Cendejas Corzo

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Maestro en Literatura Mexicana Contemporánea, académico y comunicólogo

Juana de mis amores

Juana de mis amores
“Para todo se halla prueba
y razón en qué fundarlo;
y no hay razón para nada,
de haber razón para tanto”.
Sor Juana Inés de la Cruz

El día 12 de noviembre de cada año se conmemora el natalicio de Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, mejor conocida por todos como Sor Juana Inés de la Cruz. En este 2017 se cumplen, según las versiones más aceptadas, 369 años de la llegada del “Fénix de América” al mundo. Por ello, en esta fecha, es pertinente hablar de la mujer brillante y adelantada a su época, ampliamente reconocida en nuestro país y fuera de él y a quien se han dedicado un sinfín de homenajes materializados en nombres de escuelas, premios, calles, avenidas, eventos, congresos, seminarios y que además ha inspirado numerosos textos (ensayos, tesis, novelas, ponencias, conferencias y más) e incluso películas y series de televisión.

Ahora bien, si tanto la conocemos, si tanto hemos hablado de ella, llegan a mi mente las preguntas, ¿qué más se puede decir de su figura?, ¿qué se puede aportar a un producto cultural tan trabajado como el personaje de Sor Juana? Seguramente siempre queda espacio para algo más. Desde mi particular punto de vista, la obra de arte como tal, es inacabable, y conforme pasa el tiempo y su vigencia continúa, dicha obra se transforma y sigue generando significado, el público influye en ella y ella en el público, para generar innumerables experiencias estéticas únicas e irrepetibles, tantas como el número de personas que se acercan a disfrutarla. Ahora bien, una obra como la de Sor Juana en nada desmerece y está más que demostrado que su vigencia permanece intacta, pero, ¿por qué?, ¿qué tiene su literatura, su figura y su legado que sigue diciéndonos cosas a más de tres siglos de su aparición? Esta pregunta no tiene una respuesta única o inequívoca, es más, ni siquiera una que se acerque un poco a la contundencia, aunque no resulta nimio que se haga el intento por contestarla.

Miro a los medios y percibo la manera en que la opinión pública, las audiencias masivas, las especializadas y el gobierno tratan a Sor Juana. Estoy seguro de que la vemos y la escuchamos todos los días, simplemente por tomar Avenida Sor Juana Inés de la Cruz o pagar con un billete de doscientos pesos, pero, ¿qué hay detrás de la pintura seria, del retrato de una monja de mirada fría con una pluma de ave en la mano sentada en el trono de la sabiduría? Ese monumento idealizado, ajeno y encumbrado, no es el que llama la atención del público de nuestros días sino más bien la faceta humana y débil de la “Décima Musa”.

En novelas relativamente recientes como, Yo, la peor de Mónica Lavín (2009), Los indecibles pecados de Sor Juana de Kyra Galván (2010) o El beso de la virreina de José Luis Gómez (2008) aparece como protagonista una mujer llena de angustias, perseguida por la Iglesia y rodeada de amores prohibidos, ya sea con una o dos de las virreinas o con un famoso pintor; además, en estos tres textos aparecen defectos comunes que cualquiera pudiera tener en la vida cotidiana como tartamudeos o incontinencia por el maltrato, situaciones que humanizan a Juana de Asbaje y la hacen caminar por los dificultosos senderos de la existencia con todo el dolor que ello implica, como cualquiera de nosotros, simples mortales.

En la serie de televisión “Juana Inés” de 2016, producida por el Canal Once del IPN, se puede apreciar a una adolescente rebelde y retadora, altanera y capaz de dejar callados a los más ilustres caballeros de la Nueva España; en dicha emisión, que por cierto, está disponible el la plataforma de Netflix de México, también encontramos a la religiosa madura, valiente y cuya brillantez y genio le otorgan la fama y reconocimiento de propios y extraños; además, ver a Sor Juana enfrentada con problemas dramáticos en cada capítulo y en una lucha constante por defender sus ideales, resulta de los más emocionante, conmovedor y entretenido.

No debemos perder de vista que las historias antes mencionadas son parte del mundo de la ficción, es decir, son una recreación de la realidad y han sido interpretadas y dramatizadas por sus autores, lo que, desde mi punto de vista, está muy bien a pesar del escándalo de muchos especialistas, a quienes les da un ataque al ver desacralizado a su personaje favorito y puesto en situaciones que claramente sería muy difícil que hubieran sucedido.

Una de las polémicas más importantes al respecto de los nuevos productos en torno a la figura de Sor Juana es el supuesto amor lésbico que sostuvo con la virreina María Luisa Manrique de Lara y Gonzaga, Marquesa de la Laguna. Al respecto, si bien es cierto que algunos de los poemas que la religiosa novohispana le dedica a la marquesa son muy sugerentes, la mayoría de los especialistas afirman que ese amor (sexual, de pareja) era prácticamente imposible de concretar, pues las condiciones de la época lo hubieran impedido inclusive de manera física por las restricciones de los conventos a las visitas, la continua vigilancia y los valores rígidos de la Iglesia Católica, la institución más poderosa de aquellos momentos. A pesar de todos esos obstáculos, que quizás pudieron haber sido librados de cierto modo y con mucho ingenio y precaución, apelo a la inteligencia de ambas (Sor Juana y la Virreina), pues arriesgarse a ser descubiertas no solamente implicaría la pena de muerte impuesta por la Santa Inquisición y el escarnio público sino también la destrucción y prohibición total de la obra de Sor Juana; es decir, había demasiado qué perder y muy poco qué ganar, y, aunque está muy bien imaginar a la famosa monja enredada en un amorío homosexual con la propia virreina, dudo mucho que eso haya sucedido; de todos modos, nada se pierde con emocionarse por una idea como tal y echar a volar la imaginación.

Otro aspecto interesante para la reflexión es la incursión del personaje de Sor Juana en las redes sociales y los medios digitales. Actualmente existen diversas páginas de Facebook y algunas cuentas de Twitter que homenajean al “Fénix de América” y que en algunos casos son administrados como si Sor Juana misma fuera la dueña de los perfiles y otros simplemente como un grupo de personas que difunde la vida y obra de la monja más famosa de México. Además de estas cuentas, también han aparecido una buena cantidad de ‘memes’ que, utilizando las palabras de Sor Juana y un poco del humor e ingenio mexicanos, resultan de los más divertidos y a pesar del tono humorístico, jamás los he percibido como una burla al personaje, más bien se exaltan sus ideas feministas o sus frases amorosas con algún chiste o situación absurda de la vida cotidiana para causar el efecto que todo ‘meme’ debe tener.

Me parece que estos caminos, hasta cierto punto novedosos, de dar a conocer a un personaje emblemático como lo es esta gran mujer de las letras universales, cuyo genio es comparable con los más icónicos personajes de la historia universal, son los que hacen que no nos olvidemos de su grandeza, que la conozcamos de una manera más amable que la del estricto y más puro rigor académico, que la amemos, que nos sintamos orgullosos por compartir y pisar el mismo suelo que ella pisó y darnos el permiso de imaginarla como un reflejo de nosotros mismos, con defectos, virtudes, amores y metas por cumplir.

No solamente podemos sino debemos seguir hablando de ella, desde todas las trincheras posibles.

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