Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

Notas creadas

“El periodismo consiste esencialmente en deci r ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo”.

K. G. Chesterton

Solo un imbécil, que en este caso excepcional no seré yo, dejaría de advertir la paradoja informativa que vivimos los hijos del nuevo milenio. A pesar de avances tecnológicos espasmódicos y oligofrénicos somos una sociedad profundamente desinformada que cabalga en la corriente de iPads, iPods, laps, BlackBerrys y demás madres que nos transforman en autistas funcionales con dedos atrofiados. Es común observar como la gente establece relaciones entrañables con un ítem de dos gigas más que con sus congéneres por lo que no es poco probable que una de las frases emergentes en el nuevo milenio sea: “Luis, antes me tocabas más que a tu iPad”.

A este fenómeno se suman decisiones editoriales de coyuntura que son tan cercanas como Alfa Centauro para los usuarios de la información pero que a fuerza de machacarse nos generan la imperativa idea de que hay muchas notas por conocer y que es vital entender lo que pasa en el mundo si de lo que se trata es de formarse una opinión. Adelanto cuestionamientos conviniendo que informar es relevante, pero no lo es menos un sentido de pertinencia de la información ya que de otra forma me imagino entrando a un súpermercado donde existen todos los productos posibles y en los que el dueño privilegia aquellos que le reditúen más ganancia sin importar si nos son indispensables o no y esa es una lógica simplemente perversa que en poco abona a contar con ciudadanía informada y medios con sentido de responsabilidad en la transmisión de su mensajes.

Dos son las notas que dominaron los medios en el mes de marzo, ambas trágicas y terribles. Por un lado el terremoto y tsumani en Japón y las catástrofes asociadas que son muchas y en rosario. Lo primero que hay que decir es que un evento así induce toda la solidaridad posible (la parte correcta de la ecuación) lo que sigue, sin embargo, es una verdadera avalancha informativa con reporteros documentando tragedias y generando dudas y paranoias de alcances casi cómicos si no fueran trágicos. Escuchar en la radio a la gente preguntar si “la bomba nuclear nos alcanzaría” analizar el pánico en las costas del Pacífico sin la menor certeza científica o iniciar debates de niño ahogado son sólo algunos de los saldos perniciosos de la andanada que nos está siendo ofrecida sin matices y con especial pasión por documentar el desamparo y la devastación.

La segunda noticia de alcance global se vincula con los movimientos que, como bola de nieve, han ocurrido en África. Convendrá conmigo, querido lector, que dicho Continente no ha sido nunca objeto de nuestra atención minuciosa y es percibido en el imaginario colectivo como de tigres, elefantes y gente en la miseria total. Sin embargo las recientes revueltas sociales han capturado una atención mediática de niveles impresionantes.

No sería poco común ver al Tío Luisito comentando en tertulia sobre Gadaffi o Mubarak sin que exista un contexto elemental que nos permita entender lo que ahí pasa. La televisión se llena de imágenes de aviones y gente con pick ups balaceando al cielo, se nos hace favor de informar que los aliados “entraron a la disputa” y se crea una imagen de héroes y villanos que difícilmente se acerca a la realidad, ya que como se sabe, toda historia cuenta con ambos en las dos partes.

El problema endémico es que esto seguirá ocurriendo ya que los medios masivos tienen muy poca disposición a la interactividad y los que eligen las notas simplemente otean lo que sus competidores favorecen para actuar como una especie de cargada informativa. Se argumentará que Twitter y otras redes sociales están matizando este alcance o que un servidor es un bueno para nada que no entiende las cosas de la vida. Es probable, pero yo me sigo quedando con la vaga sensación de que Chesterton tenía toda la razón al decirnos que una labor de la prensa es informarnos de la muerte de alguien a quien no teníamos .el gusto de conocer.

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