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Jorge Medina Viedas

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Es director del suplemento "Campus", que edita Milenio Diario.

Nexos y la comunicación de México

¿Qué estaba haciendo cuando la revista Nexos nació? Puede ser una pregunta simplista, pero puede obtenerse de ella una respuesta interesante si se logran rescatar de la simple vivencia personal, elementos que esclarezcan las circunstancias históricas, sociales y políticas del entorno en que se produjo el evento.

En 1978 tenía menos de un año de haber regresado a Culiacán, a la Universidad Autónoma de Sinaloa, proveniente de la de Puebla. Con algunos de los fundadores y colaboradores de aquella revista de formato y objetivos inéditos –al menos en México–, pero desde su primer número de buenos augurios, había tenido contacto en mi primera estadía en la capital del país, y de varios puedo decir que eran desde entonces mis amigos.

Algo me tocó ver de los preparativos y de las intenciones de sus fundadores. Lo advertí en las reuniones a las que asistí en el castillo de Chapultepec varios ensayo sábados por la mañana. En cualquier caso, disfruté los intercambios de puntos de vista entre Pablo González Casanova, Luis Villoro, Enrique Florescano, Rolando Cordera, Carlos Pereyra, Carlos Monsiváis, Alejandra Moreno Toscano, Daniel López Acuña, José y Arturo Warman, entre otros, en los que se discutieron tres textos. Los dos primeros fueron los análisis de Rolando Cordera y Carlos Pereyra, que titularon “Los límites del reformismo”, y el tercero, las notas del original de Carlos Monsiváis sobre la cultura en México, y que forma parte del volumen de la Historia General del Colegio de México.

Los ensayos de Cordera y Pereyra aparecieron en la revista Cuadernos Políticos, donde varios miembros del grupo publicaban sus libros. En aquel conjunto variopinto de académicos e intelectuales había ya figuras consagradas, quienes se mezclaban con jóvenes ensayistas y estudiosos prometedores, en su mayoría de la UNAM y del Colmex.

Todos, los más jóvenes y los más maduros, sin embargo, tenían como fuente informativa y pedagógica más inmediata las luchas políticas de 1958, de 1968, la represión del 10 de junio, o militancias cercanas a grupos como Punto Crítico, o al Consejo Sindical de la Universidad Nacional, después.

Hubo en esta convergencia, que diría yo afortunada, una característica común: con diferencias de matiz ideológica y de niveles de activismo, su pertenencia a la izquierda; una izquierda separada de los partidos y de las organizaciones políticas que tuve ocasión de comprobar en una de aquellas mesas de discusión, cuando González Casanova le hizo ver en un tono de advertencia cordial a Pereyra su acercamiento analítico con el Partido Comunista, que en aquellos tiempos era una fuerza sin registro legal pero discutiendo un cambio de línea política. El filósofo tempranamente desaparecido, sin negar ni admitir el comentario, simplemente sonrió.

Los entornos de Nexos
Admito que hay pocas etapas de la historia reciente de México y del mundo tan bien documentadas y estudiadas, como aquella en la que se produjo el surgimiento de Nexos; entre otras razones porque comienza entonces un proceso de liberalización política, con fuerzas y actores desconocidos tomando mayor presencia en los medios, y con estos obligándose a abrir sus puertas a las opiniones y las voces de la disidencia.

Nexos recoge el clima de desconcierto y de confusión, y hasta el provocado por los humores y los

desamores de los gobiernos de Echeverría y López Portillo, por lo tanto de una apertura democrática inacabada, del auge y caída de los precios internacionales del petróleo, de la crisis evidente del sistema político, de la reforma electoral, del agotamiento del modelo económico y de una confrontación pública más abierta entre los actores sociales, que empieza a ablandar las paredes del régimen en el área de los medios de comunicación.

De todos modos, en esta etapa, la libertad de prensa vivía un momento engañoso. Había un margen de tolerancia, pero los controles de los grandes medios, sobre todo la televisión y la radio, aún prevalecían con fuerza, y los medios escritos estaban sometidos a los mandatos del gobierno. La libre expresión, sin embargo, aunque con dificultades, se abría paso. Se vive la diáspora provocada por el golpe a Excélsior en 1976, la cual provocó el nacimiento de varias publicaciones que asumieron el riesgo de luchar por la legitimación del ejercicio de la crítica al régimen, y con la cual se ayudaría a su derrumbe.

Nexos emergió en este contexto. En el editorial del primer número en enero de 1978, se escribió que quería “volver accesibles los conocimientos y los recursos intelectuales de los que disponemos para entender los problemas estratégicos de México y, por extensión, de América Latina”. Se reconoció, ahí mismo, la importancia de la información y la penetración de los medios. Pero aquí hay que decir que si bien se identificaba la importancia de los medios, en sus inicios, el estudio y la reflexión sobre ellos era distante y fundamentalmente académica. En el número cuatro de abril de 1978 se publica formalmente el primer estudio de estas características, “Monopolio de la información”, de Máximo Simson, y a lo largo del año se seguirá con la misma tónica.

Sin embargo, no podía ser otro que Carlos Monsiváis quien, justo en el primer número, en el artículo con el que se inaugura la revista, emblemático por lo tanto, escribe un párrafo (inicial) que muestra su mirada crítica y ácida hacia el medio de comunicación por antonomasia de México, la televisión, y hacia la empresa dominante desde entonces, Televisa. Escribió: “si algún rostro en la década de los setentas le corresponde a la ciudad de México –y en buena medida, al país–, ése es el de Cepillín, el payaso de la tele. No estoy siendo simbólico, ni sobrepongo patéticamente un semblante embadurnado e inexpresivo al dramatismo de la crisis económica y el desempleo, no me abandono al apocalipsis que se alberga en unas cuartillas: tan sólo hago un comentario demostrativo y cualitativo. En 1977, la fuerza de los medios masivos de difusión obtiene otra victoria al imponer en un periodo brevísimo a un ‘ídolo infantil’ que es la Presencia Inescapable: de donde queramos, el rostro de Cepillín nos contempla”.

En 1979, en el número conmemorativo de su primer aniversario, el recorrido analítico de los medios le corresponde a José Carreño Carlón y a Miguel Ángel Granados Chapa, el primero a la prensa escrita y al segundo los medios electrónicos. Al describir la respuesta pública a las expresiones críticas de los periodistas como Manuel Buendía, quien fue asesinado seis años después, en 1984, Carreño expone el panorama dificultoso en el que los medios mexicanos hacían su labor, los problemas de la censura y de represión que sufrían periodistas y columnistas y la necesidad de la democratización de los medios. En ese esfuerzo de revelar la vida cotidiana y la agenda de los medios siguió el profesor y comunicador Carreño Carlón con una sección, Primera Plana, que inaugura en Nexos en junio de 1979, ejercicio que hizo en La Crónica y que mantiene “recargada” en El Universal.

Democratizar los medios quería decir democratizar la vida política, según se entendió en Nexos. Escritores y académicos como Fátima Fernández, Raúl Trejo Delarbre y Javier Corral, han hecho del análisis de los medios de comunicación, un instrumento para acortar el camino a la democracia en nuestro país.

En los años de la transición democrática, Nexos hace de forma recurrente una revisión heterodoxa del funcionamiento de algunos medios y del comportamiento de los periodistas en el ejercicio de su profesión. Consciente del importante papel que desempeñan los medios en la construcción y el funcionamiento de la democracia, abrirá las puertas al debate sobre el papel de los medios y en el foro televisivo de Nexos que conducía Rolando Cordera, y cuya versión escrita publicará en el número 114 de junio de 1987.

Nexos refleja los excesos de algunos medios y la arrogancia de varios periodistas; aun en tiempos de apertura pero sobre todo de desborde y descomposición, no cederá a las tentaciones cacofónicas de los periodistas, y reñirá con quienes han cuestionado la política editorial de la revista y los vínculos de algunos de sus directivos con el gobierno de Carlos Salinas. Artículos como el de Carl Bernstein, publicado en Nexos en los años 90, intentaban, algo defensivamente, demostrar los caminos erráticos de una prensa que se desvía de sus fines y asume papeles que no le corresponden.

Pero el autor emblemático de Nexos en materia de comunicación y periodismo, resulta ser Raúl Trejo Delarbre. Es al investigador de la UNAM, a quien pertenecen los estudios y las reflexiones más certeras y objetivas sobre el papel desempeñado por los medios en eventos como el levantamiento zapatista o en los recientes procesos electorales. A sus estudios empíricos, Trejo suma los rigurosos, inteligentes y honestos exámenes sobre la legislación en los medios, el comportamiento de las empresas mediáticas, la influencia y los avances de las tecnologías, el fenómeno de Internet y la comunicación del futuro, así como el tema de la ética. No hay tema mediático, en suma, que Trejo exonere de su ojo analítico.

Al final, Nexos
Resulta un desacierto reflexionar sobre Nexos sin considerarla como parte de la historia reciente de la vida política y mediática de México, pues ha protagonizado un papel relevante en el desarrollo y construcción de una sociedad más crítica y democrática. Para que a un medio se le acredite este nivel de influencia, se requiere haber desarrollado, durante largo tiempo, una consistente labor periodística e intelectual, que la sociedad reconoce por su calidad y por su permanencia, en el creciente y cada vez más competido y abigarrado mercado periodístico.

Entre estos medios impresos de periodicidad mensual, de contenidos analíticos y de crítica social, sin duda Nexos no es sólo la de mayor antigüedad sino una de las de mayor relevancia. Comparte (y compite) este lugar de privilegio con Letras Libres, heredera de la revistas Vuelta y Plural fundadas por Octavio Paz.

El proyecto cultural de Nexos tuvo como perspectiva los retos y el análisis de la realidad social latinoamericana y de México. Buscaba llenar, “las necesidades de información bibliográfica, crítica cultural, divulgación académica y actualización de conocimientos, en una gran cantidad de asuntos: de la crítica literaria a la investigación política, de las artes a la medicina y la ciencias”. Como otras publicaciones, Nexos ha vivido los momentos de auge y de crisis; ha propiciado fuertes polémicas sobre temas de hondo impacto social y político, y también sobre sí misma.

El protagonismo político, las opiniones de varios intelectuales de Nexos han sido objeto de lapidación en la opinión publicada más abstrusa. Pero también de los cenáculos de la cultura nacional. La realización del Coloquio de Invierno con la UNAM hace poco más de una década, propició una ofuscada reacción de Octavio Paz y su grupo, y el premio Nobel cobró de manera airada las críticas que en los primeros números de Nexos le hiciera un irreverente, entonces, Héctor Aguilar Camín, a la regañona actitud del gran poeta mexicano. “Paz –escribió Aguilar Camín en el número tres de Nexos– es sustancialmente inferior a su pasado y está, políticamente, a la derecha de Octavio Paz”.

En estos 30 años, en medio de esas dificultades y los desafíos propios de su desarrollo, la revista y el grupo han logrado una franja de lectores fiel y perdurable. Nexos tiene su “voto duro”. Un grupo de (e)lectores compacto que le es fiel a una manera de hacer periodismo, a la forma en que ha preservado sus principios con los que emergió como una publicación crítica y de divulgación hace tres décadas

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