Cinque Terre

Pedro Gerson

Es investigador en el IMCO

Neutralidad de la red. Urgencia para el IFETEL

El tema de la neutralidad de la red ha sido de lo más importante en la agenda regulatoria mundial de telecomunicaciones. La neutralidad de la red es el principio que establece que toda la información en Internet debe ser tratada de la misma manera. Esto quiere decir que un proveedor (sea Telmex, Izzi, etc.) no puede ni acelerar ni bloquear o desacelerar la descarga de algún sitio o información.

Hay un espectro amplio de cómo diversos países han tratado de asegurar la neutralidad en Internet. En un extremo están los países que prohíben cualquier interferencia con las redes, como Chile. En el otro, están países como Eslovenia, donde hay muchas excepciones que permiten a los proveedores controlar el tráfico. En medio están quienes han optado por un modelo de conciliación donde el gobierno propone una medida y los grupos interesados (compañías y proveedores) se reúnen con el gobierno para aprobarlas o no, como Noruega.1 Aún no es claro cuál es el régimen que aplica en México.

Las leyes secundarias en materia de telecomunicaciones aprobadas a mediados del año pasado no definen qué hay que hacer a propósito de la neutralidad de la red. La ley sí define principios básicos, el capítulo VI habla de asegurar el no bloqueo, la no discriminación de usuarios y contenidos, y la necesidad de permitir que los proveedores o concesionarios gestionen el tráfico, “a fin de garantizar la calidad o la velocidad de servicio contratada por el usuario”. Sin embargo, estos son los mismos principios generales que rigen todas las leyes de neutralidad de la red. Solo que en Eslovenia se argumenta que limitar por seguridad nacional, no contradice estos principios básicos, en Chile sí.

Es decir, tener estos principios no nos dice cómo se va a regular (o no) Internet en México. La ley le otorga al Insitituto Federal de Telecomunicaciones (IFETEL), las facultades y la discreción para decidir cómo regularlo. El IFETEL ha tenido poco tiempo para cumplir con una agenda muy cargada y compleja, desde crear su Consejo Consultivo hasta definir las reglas de interconexión de la red pública. Es por esto que aún no ha llegado al tema de la neutralidad de la red. Dada la vaguedad de las leyes secundarias en materia de Telecomunicaciones, el Instituto podrá optar por el paquete regulatorio que quiera.

¿Cuáles son las implicaciones de un Internet no neutral?

La siguiente gráfica explica la amenaza central de un Internet parcial. A finales del 2013 la velocidad de descarga de Netflix a través de Comcast (uno de los proveedores de Internet más grandes de Estados Unidos) empezó a disminuir, llegando de poco más de 2 Mbps en octubre, a alrededor de 1.5 Mbps en enero de 2014. Lo que pasaba era que Comcast empezaba a limitar la capacidad de descarga de Netflix para así obligarla a pagar por distribuir su contenido. Una vez que las dos compañías llegaron a un acuerdo, donde Netflix pagaría por tener una conexión directa a la banda ancha de Comcast, la velocidad de descarga de la compañía aumentó en un 56% en tan solo 2 meses. O sea, una vez que se habían arreglado, Comcast empezó a privilegiar a Netflix.

Como la gráfica demuestra, un Internet no neutral es uno en el cual los distribuidores pueden determinar qué contenido se va a descargar más rápido y qué no. Esto es preocupante por varios motivos. Uno es que pone en desventaja a pequeñas compañías que buscan su lugar dentro del vasto infinito de la red. Para que Buzzfeed destronara a muchos periódicos, necesitaba que su información se transmitiera con la misma velocidad que la información de medios más establecidos. De otro modo, la gente se queda con lo que ya existe no porque el contenido sea mejor o los precios más accesibles, sino porque el sitio en si es más fiable.

Lo otro que hay que considerar, y quizá aún más relevante en el caso mexicano, es que en un mundo en el que los proveedores de banda ancha también crean contenido, no tener claras reglas de neutralidad puede ser muy nocivo. Si un proveedor puede privilegiar sus páginas o servicios, entonces podría canibalizar a sus competidores, simplemente dándole más capacidad a sus propios servicios.

En México, Telmex es proveedor pero también ofrece contenido a través de Claro Video. Sin neutralidad, Telmex podría duplicar la velocidad de descarga de Claro comparada a la de Netflix. Las películas de Netflix se pasarían lenta e irregularmente, mientras que las de Claro tendrían una señal robusta y confiable. Esto podría mover a usuarios de una plataforma a la otra, independientemente del contenido. Aún si prefiero el catálogo de Netflix, voy a optar pagar por un servicio que sí sirva.

Cuando consideramos que Telmex controla aproximádamente 75% del mercado de banda ancha fija, vemos que el riesgo de que un proveedor empiece a monopolizar el contenido no es solo un supuesto. Es difícil pensar que una compañía que tiene tanto control de la provisión de servicios, no lo use para beneficiarse más en otros mercados, como el de contenido. No sé ustedes, pero yo no quisiera un mundo en el que mi oferta de contenido en Internet sea controlada o dominada por la misma compañía con la que me peleo por lo menos una vez al mes.

¿Qué debe hacer el IFETEL?

Hay una falta de consenso teórico acerca de cuáles son las mejores medidas para mantener la neutralidad de la red. Vemos esta disonancia teórica en el debate estadounidense acerca de las reglas aprobadas por la agencia reguladora (la FCC) de ese país. Estas reglas se aproximan a las de Chile, aunque no son tan tajantes. Hay quienes las criticaron por ser onerosas e innecesarias, demasiado duras con los proveedores, o por otorgarles demasiado poder a la agencia reguladora. En realidad, no nos ponemos de acuerdo porque no hay datos confiables ni evidencia empírica lo suficientemente robusta para decirnos cuál es la mejor regulación. La realidad es que no ha habido suficiente tiempo de ningún tipo de ley para saber cuál conviene. Sin embargo, el riesgo de no actuar es darle la oportunidad a los proveedores de banda ancha de establecer reglas del juego disparejas. Sea promoviendo su propio contenido, o creando las condiciones para privilegiar ciertos tipos de información.

Un ejemplo de lo difícil que es regular la neutralidad es en lo que concierne a la banda ancha móvil (que cada vez se vuelve más prevalente e importante). En Chile, prohibieron que compañías celulares ofrezcan paquetes que incluyen gratuitamente aplicaciones que usan datos, como Twitter o WhatsApp (esto lo ofrece Telcel en México, por ejemplo). La lógica es que si los proveedores hacen esto, compañías como Twitter o Facebook aumentarán su poder y eventualmente obtendrán control del mercado. Otros argumentan que el restringir que se ofrezcan estos servicios gratuitamente, excluye a gente de escasos recursos de usar estas tecnologías. ¿Qué pesa más? Por un lado está la integridad de Internet y por el otro la desigualdad. Son preguntas como ésta a las que se tendrán que enfrentar nuestros reguladores.

Amén de las complicaciones, hay reglas por las que el IFETEL puede empezar. Solo porque hasta ahora el sistema ha funcionado, no significa que tenemos que esperar para que hayan problemas para actuar. El IFETEL puede comenzar con reglas simples como prohibir que los proveedores reduzcan la velocidad de otros, y que transparenten cómo administran sus redes. También deben prohibir tajantemente que los proveedores privilegien o le den ventajas indebidas al contenido creado por sus compañías o afiliadas. Después tienen que discutir las reglas más complejas: ¿pueden cobrarle a creadores de contenido por una vía rápida? ¿Las mismas reglas aplican para Internet de banda ancha fija que móvil?

Ya hay campo recorrido en estas preguntas, es cuestión de empezar el proceso de regulación para ver qué nos conviene como país. Si bien el IFETEL tiene la mano cargada, es urgente que inicie este proceso lo antes posible. En nuestra república tan amigable a la creación de monopolios, no hay razón por la cual debamos dejar vacíos legales que propicien uno más.

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