Neoliberalismo: éxito ideológico, fracaso real

Opinión

Pero ¿cuál es la medida del fracaso neoliberal en la periferia? Usted es muy crítico con, por ejemplo, los Tigres asiáticos. ¿Qué pasó en ellos?


Sucede algo con las políticas neoliberales de manera más o menos sistemática: en cuanto se liberaliza un mercado, se permite el ingreso de nuevos capitales, se desregula y se permite el movimiento de empresas diferentes, normalmente hay un primer periodo de auge. Eso es absolutamente lógico y natural, pero lo que sucede después no está tan claro.


Siempre que se produce una liberalización rápida también se produce un crecimiento económico rápido, engañoso pero real; entonces esas economías, las que sean, se pueden proponer como modelo. Allí están los ejemplos de Lituania, Letonia y Estonia, que eran socialistas, se liberalizaron, abrieron su bolsa de valores, desregularon, liberalizaron su mercado financiero y entraron en auge. Es verdad, pero lo que no se dice es que unos cuantos años después ese auge se convirtió en una burbuja, ésta pinchó y esos países entraron en recesión. Normalmente eso sucede.


Hubo un tiempo en que el gran modelo eran los Tigres asiáticos, pero hoy nadie se acuerda de ellos porque sus resultados fueron catastróficos: en todos los casos hubo especulación financiera, caída del producto, endeudamiento, aumento del desempleo, crecimiento de la pobreza, etcétera. También ahora ya nos olvidamos de que están en una recesión profundísima, de que los países bálticos, por ejemplo, han expulsado al 10% de su población en los últimos seis años porque no tienen modo de emplearla.


El mejor ejemplo es la crisis de 2008, que parecería una refutación del neoliberalismo. ¿Cómo sobrevivió entonces esta doctrina?


Yo creo que el neoliberalismo salió fortalecido luego de la crisis de 2008, contra lo que quisiéramos pensar, por varias razones: la primera es que el predominio de las ideas neoliberales en el espacio académico en el mundo es tal que, cuando vino esa crisis, realmente no había alternativas.


Por otro lado, el predominio de los intereses del capital financiero es de tal magnitud que es muy difícil modificar el conjunto básico de reglas en las que se apoya el modelo neoliberal. Hay una regla básica para el funcionamiento de todo el esquema, que hizo evidentes sus problemas con la crisis de 2008, pero que no va a cambiar: la libertad irrestricta de circulación de capitales. Si se permite que el capital se mueva a donde quiera, entre todos los países, y que haya un sistema de paraísos fiscales que permita evadir impuestos y esconder el dinero en el momento que sea, el capital financiero tiene autoridad sobre el conjunto de la economía. Entonces, si se crean las condiciones legislativas, fiscales y regulatorias para que sean atractivas para los inversionistas, el capital llega; pero, por ejemplo, en cuanto eso cambia y se quieren cobrar más impuestos, se pone una legislación de protección ecológica más estricta o se pide que haya una responsabilidad social de las empresas, el capital se va.


Esa libertad absoluta del movimiento de capitales es la pieza básica para que todos los Estados tengan que disciplinarse y seguir las mismas políticas favorables a las empresas. Nadie puede salirse porque la amenaza absolutamente real es la fuga de capitales. Esa regla no va a cambiar, por lo cual el poder del capital financiero sobre el conjunto de la economía tampoco.


Parece que se hace realidad aquello que decía Margaret Thatcher: “No hay alternativa”. Usted comenta que no hay otros programas políticos y ni siquiera una crítica articulada del modelo neoliberal. ¿A qué se debe esto?


En el periodo de auge del neoliberalismo éste era un programa enormemente atractivo. Esto lo trato de describir en el libro: parecía explicar y tener respuesta para muchas cosas, por lo que se empezó a desarrollar en las escuelas de economía, sociología, filosofía, etcétera. Parecía que estaba resolviendo todo y que ofrecía, finalmente, una ciencia, algo que, definitivamente, era la ciencia de lo social. Ese fue el atractivo del neoliberalismo.


Entonces en todos los centros de investigación comenzó a predominar el modelo neoliberal con todas sus variantes y peculiaridades. Siguen existiendo otras tradiciones de pensamiento pero que fueron, durante muchos años, relativamente marginales. Además, el espacio que ocupó de manera muy eficiente el programa neoliberal fue el de las consultorías, las empresas de asesoría, lo que los norteamericanos llaman think thanks (tanques de pensamiento), que producen un conocimiento prêt á porter, para cualquier problema. Lo pueden hacer de una manera que otros programas intelectuales no, porque en el nivel de abstracción en el que se mueven todos los problemas se plantean de la misma manera: pueden entenderse en términos de mercado y la solución más eficiente será la libre competencia. En el libro muestro casos extremos, desde la tolerancia religiosa hasta el orden familiar, las relaciones de parentesco, todo se puede imaginar como si fuese un mercado y siempre se puede ofrecer como solución la libre competencia.


Esas empresas de consultoría ofrecen recetas para resolver cualquier problema mediante el mercado. Aportan algo que los políticos agradecen mucho, y que la mayor parte de los académicos no estamos en condiciones de ofrecer: respuestas prácticas y rápidas. Si le preguntan a un grupo de investigadores serios cómo resolver el problema de la educación en México, van a decir: “Hay toda esta investigación acumulada, hay una enorme complejidad, y vamos a necesitar seguramente años de discusión, análisis, prueba, etcétera”. Mientras, una empresa neoliberal dice: “Tu problema es que el sindicato está monopolizando la educación. Lo que necesitas es libertad de mercado, competencia en la educación”. Es una respuesta fantasiosa, que no tiene mucho sentido, pero que se ha dado y que se ha adoptado en algunas partes.


Al final del libro usted aporta algunos parámetros para construir una opción al neoliberalismo.


Cuando sometí mi libro a dictamen en El Colegio de México, uno de los dictaminadores me pidió que agregara algunas páginas mirando al futuro precisamente para decir si se puede pensar una alternativa. A eso corresponden las últimas páginas, donde intento plantear los parámetros para una opción.


No tenemos una solución, no está claro cuál va a ser la alternativa, pero sí sabemos algunas cosas y a partir de allí hay que empezar a pensar.


Lo primero es que la aplicación estricta del modelo neoliberal ha fracasado. Hay que reconocerlo sin ambages, lo cual no significa que uno quiera volver a un modelo del pasado. Es un dato: el modelo neoliberal produjo, en el mundo, menos crecimiento que el desarrollista e intervencionista de los 30 años anteriores, una peor distribución del ingreso, mayor concentración del ingreso, mayor desigualdad, y no produjo el desarrollo de ninguno de los países de la periferia. Es decir: fracasó, no cumplió las promesas que había hecho.


Si tomamos como punto de partida el dato de que fracasó no nos queda más remedio que pensar una alternativa, y entonces, en lugar de insistir en desarrollar más el modelo, debemos dedicarnos a pensar en las fallas y en cómo corregirlas.


Segundo punto importante para pensar una alternativa: la modificación de ese esquema mental, esa epistemología que quiere soluciones abstractas y universales, y hacernos cargo de que el conocimiento de lo social es complejo y que, por lo tanto, tiene que desarrollarse con plena conciencia de la historia, de la geografía y de la cultura, y producir, entonces, un conocimiento mucho más local, apropiado para cada una de las situaciones.


Finalmente, dado que culturalmente el neoliberalismo básicamente es un gran movimiento de reducción de lo público en beneficio de lo privado, sabemos que la alternativa será el desarrollo de lo público nuevamente, lo cual no quiere decir lo estatal sino reconocer que hay intereses públicos (la ecología, la salud, la educación, el transporte), que hay responsabilidades y problemas públicos que deben resolverse de manera pública, es decir, deliberativa, dialogante, en espacios públicos, considerando que todos tenemos intereses compartidos que no va a resolver el mercado.

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