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Irasema Rodríguez

Narro, candil de la calle y oscuridad en la UNAM

“Los medios lo han convertido en una gran figura mediática. A menudo es consultado sobre temas relacionados con el incremento de la inseguridad en México, la política, economía, educación y ciencia”. Con estas palabras, se describe a José Narro Robles en la página de Internet de la revista Líderes Mexicanos, a propósito de la inclusión del rector de la UNAM en la lista de los 300 líderes más influyentes de México durante el último año. Narro ocupa el lugar 200 en este ranking.

La presencia de Narro en los medios no es fortuita, él busca hacerse presente en todos los eventos relevantes de la Presidencia de la República, placearse como un miembro más del gabinete, acudir a cuanto foro puede, académico o no, e incluso sumándose a campañas como la denominada #IceBucketChallenge, cuya finalidad es recaudar fondos para la lucha contra la esclerosis múltiple amiotrófica, pero que en México ha servido más para el lucimiento mediático de quienes participan en ella.

José Narro Robles se asemeja a cualquier actor político que busca proyección: usa los medios para hacerse visible ante la opinión pública y para confrontarse con quienes él considera adversarios o malquerientes de la UNAM. Pero también se parece a los políticos al optar por el comunicado o el silencio cuando se trata de enfrentar situaciones que obligarían a la toma de decisiones que entrañan costos que no se está dispuesto a pagar, por tratar de cuidar una imagen que de cualquier forma, resulta afectada al evadir los problemas que afectan a la máxima casa de estudios.

La ocupación del auditorio “Che Guevara” en la Facultad de Filosofía y Letras, la toma de Rectoría en abril de 2013, la crisis en Radio UNAM, los conflictos de intereses en diferentes escuelas y facultades, así como su pugna con la Comisión Nacional de Derechos Humanos, son asuntos ante los que Narro adopta una actitud complaciente y evasiva, o bien, beligerante e irreflexiva, pero sin dar una solución de fondo porque su prioridad es acercarse a los hombres del poder, acaso para asegurar su futuro una vez que concluya su segundo periodo como rector, el año próximo.

La cercanía con el poder

El gusto del rector de la UNAM por los medios de comunicación no es nuevo. El 21 de marzo de 2011, Jesús Silva Herzog Márquez escribió en su blog un texto titulado “El Obispo de Copilco”, donde describe la afición declarativa de Narro en los siguientes términos: “El rector de la UNAM no desaprovecha oportunidad para mostrarse, para aparecer, para ser retratado, salir en la prensa, dejarse oír en el radio o figurar en la televisión. El libreto al que se ciñe es, desde luego, predecible. Exige en cada ocasión más presupuesto, convoca con urgencia a un ‘acuerdo nacional’, llama a crear empleos y a darle educación a los jóvenes. El rector habla desde una pretendida autoridad moral dictando a la nación sus inagotables y profundas enseñanzas. La prensa lo escucha como si, por su garganta, el espíritu ¿santo? hablara por la raza. La rectoría de la Universidad Nacional como faro de la república. Cualquier crítica a la UNAM es interpretada como una embestida de los herejes. Quienes han pedido transparencia, quienes han pedido cuentas, quienes han cuestionado su organización o sus reglas han sido tachados, de inmediato, como infieles. El estilo deliberativo del Doctor Narro es, en efecto, obispal”

También desde su primer periodo como rector, en diversos medios impresos se documentó su cercanía con el actual Presidente, Enrique Peña Nieto, cuando éste era gobernador del estado de México. En febrero de 2011, Excélsior publicó una serie de reportes titulada “Los presidenciables rumbo a 2012”. El día 17, el dedicado a Enrique Peña Nieto citaba a José Narro Robles como de uno de los hombres de su segundo círculo. Aunque en aquel momento Narro negó esta versión, hoy los hechos confirman la estrecha relación del rector con el Ejecutivo, pues no hay evento relevante de éste al que Narro no acuda y donde los reporteros no busquen alguna declaración, a lo que pocas veces se niega.

La búsqueda de reflectores de Narro Robles ha sido tal, que concede entrevistas en las que se conduce como un candidato en campaña, que habla de su vida personal y aficiones, como la que sostuvo el 31 de mayo de 2013 con Adela Micha para Televisa. Solo se abordó por algunos minutos el tema de la ocupación de la rectoría. Así mismo, a pregunta expresa de la conductora, negó titubeante que le hayan ofrecido la titularidad de la SEP, y aunque consideró la posibilidad de volver al servicio público, dijo, prefirió un segundo periodo al frente de la UNAM.

Omisiones y conflictos

No obstante su constante presencia mediática, José Narro ha optado por la evasión ante algunos problemas que enfrenta la UNAM desde hace varios años y otros más recientes. Cuando el 22 de abril de 2013 un grupo de encapuchados tomó la sede Rectoría, su única reacción fue un breve discurso donde reprobaba la violencia e instaba a los inconformes a dialogar; después le apostó a dejar enfriar el tema y, finalmente, los manifestantes abandonaron las instalaciones 13 días después, la madrugada del 5 de mayo. En este sentido, cabe hacer mención que el rector ha claudicado a dar una solución definitiva a la ocupación del auditorio “Che Guevara” en la Facultad de Filosofía y Letras; en marzo del presente año reconoció abiertamente que será “muy difícil” recuperar este recinto para la comunidad universitaria.

En octubre de 2011, en un artículo titulado “Silencio en Radio UNAM”, publicado en la revisa Emeequis, el fallecido académico Daniel Cazés hacía una advertencia, la cual fue ignorada: que con la muerte de Miguel Ángel Granados Chapa se acababan las posibilidades de escuchar algo interesante en la emisora. Puntualizó: “Quienes proponen y dictaminan el Premio Príncipe de Asturias tenían buenas referencias de la que en otra época fue, sin duda alguna, una de las tres mejores estaciones de radio en México. Lástima. Desde hace un tiempo alguien resolvió ‘modernizar’ Radio UNAM y entonces la llenaron de jingles que se repiten máximo cada cuarto de hora para hablar de unas orejas cerradas seguramente por una cera firme y pretenciosa que impide que cualquier cosa nueva y buena sea transmitida desde ahí (…) Ignoro los criterios en que se basa el nombramiento de quien ha de dirigir la radio que legítimamente es la de toda nuestra comunidad y de muchas otras personas fuera de ella. Se trata, seguramente de equilibrios políticos y reparto de influencias en los que nada tenemos que ver quienes simplemente necesitamos escuchar información y buena música continua”.

Tuvo razón. Desde julio del presente año, algunos medios de comunicación, etcétera entre ellos, han denunciado una serie de irregularidades en Radio UNAM, como fallas constantes en sus transmisiones, quejas de acoso laboral hacia sus trabajadores y decisiones arbitrarias por parte de su director, Fernando Chamizo. El día 30, los afectados enviaron una misiva a José Narro Robles donde describen a detalle la problemática que enfrentan. Hasta la fecha el rector no ha hecho un solo pronunciamiento al respecto.

También ha guardado silencio sobre el reportaje publicado en el semanario Contralínea, en su número del 1 de septiembre. En él se denuncia que la Facultad de Contaduría y Administración ha gastado 76 millones de pesos en la construcción de unas instalaciones que son la sede de la Maestría en Alta Dirección, cuya convocatoria fue exclusiva para los prospectos enviados por las empresas con las que la UNAM suscribió contratos para financiar este modelo educativo inspirado en Harvard. La publicación exhibe los contratos relacionados con la construcción de estas instalaciones, mismos que obtuvo vía la Ley de Transparencia, sin embargo, también señala que la institución omitió informar sobre las empresas que envían a los alumnos de esta exclusiva especialización. Así mismo, destaca lo expresado por el consejero universitario Alfonso Bouzas Ortiz, en el sentido de que los convenios que originaron la Maestría en Alta Dirección son violatorios de la legislación universitaria, y advierte que en la UNAM se gesta “un proceso de privatización soterrado que podría estallarnos en las manos”.

De igual manera, ha permanecido omiso ante las versiones difundidas por el columnista Víctor Sánchez Baños en el portal Eje Central. El 27 de agosto publicó un primer texto, “Camarillas hunden facultades de la UNAM”, en el cual sentencia que, como herencia feudal, exdirectores y directores, toman el control de facultades y escuelas en la UNAM. Detalla una serie de presiones de Javier de la Fuente Hernández, académico allegado al rector José Narro Robles, para apoyar la candidatura de José Arturo Fernández Pedrero para su reelección en la Facultad de Odontología. Agrega que varios profesores y alumnos denunciaron negocios turbios y millonarios en las clínicas de la UNAM por el incremento en los precios de los tratamientos, el acoso hacia los alumnos, la intimidación hacia los profesores, el condicionamiento para renovar los contratos de los académicos, la falta de respeto a los derechos humanos, el cobro excesivo en diplomados, cursos, especialidades, maestrías y doctorados.

En una segunda entrega, el 5 de septiembre, con el título “Narro quiere brincar a la SEP”, Sánchez Baños, denuncia que en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales, bajo el mando de Fernando Castañeda Sabido, hay indignación entre la comunidad porque en la estructura hay funcionarios sin título universitario, cuando es un requisito indispensable, y añade que son varias las facultades donde despierta el malestar de los profesores el hecho de que ya no se privilegie la capacidad y experiencia.

El columnista apunta que en los círculos políticos se menciona a Narro Robles como un potencial sucesor de Emilio Chuayffet en la SEP y remata: “Narro es un excelente académico, pero el control en la UNAM lo mantiene en base a privilegios a sus grupos y margina la excelencia académica, misma que ha caído en los rankings internacionales. Esto lo revisan en Los Pinos ya que la política educativa del país no es ceder a los grupos de presión, sino el mejorar la cátedra para sentar las bases de mexicanos más preparados y competitivos, en un mundo que avanza a pasos agigantados. Ése es el reto. No es hacer politiquería, sino política educativa”.

En contraste con su pasividad ante los casos ya referidos, Narro Robles ha tenido una reacción inmediata, pero errática, ante las observaciones que ha recibido por parte de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, y ha convertido sus diferendos con el ombudsman, Raúl Plascencia, en una guerra política y personal. El 12 de noviembre de 2013, la CNDH envió una recomendación a la UNAM relacionada con un caso de acoso sexual a una alumna de la Preparatoria 9 y señala que la oficina jurídica de la máxima casa de estudios no adoptó las medidas necesarias para proteger a la afectada, lo cual provocó que los agravios sufridos quedaran impunes. En respuesta, a través de un comunicado, Narro acusa a la CNDH de faltar a la verdad y hacer señalamientos sesgados.

El más reciente episodio de confrontación se originó cuando el semanario Proceso publicó el 1 de septiembre que el académico Enrique Carpizo Aguilar, sobrino del finado exrector Jorge Carpizo, acusó al abogado general de la UNAM, Luis Raúl González Pérez, de plagiar una investigación de su autoría para titularse como doctor en derecho. Por este motivo, interpuso una queja ante la CNDH, la cual emitió medidas cautelares. Carpizo Aguilar y González Pérez han ventilado abiertamente sus diferencias en los medios de comunicación, especialmente en el periódico El Universal. Narro Robles ha defendido a ultranza a su abogado general, deploró que unas instituciones utilicen a otras para perjudicar a personas “honorables” y aseveró que las acusaciones de Carpizo Aguilar, en el sentido de que hay una mafia en la rectoría, lastiman a la UNAM.

Este 10 de septiembre, el diario La Razón, publica una entrevista con Enrique Carpizo, donde éste acepta no tener evidencias sólidas del presunto plagio del que acusó al abogado general de la UNAM, sin embargo, considera necesario que se realice una investigación. Este mismo rotativo da a conocer en la misma fecha una nota donde el ombudsman nacional Raúl Plascencia, informa que hay por lo menos 100 quejas contra la UNAM en la CNDH, interpuestas por personal administrativo y académico de la institución, que considera que sus derechos han sido vulnerados.

Lo cierto es que Narro no ha procedido con la mesura que le debe imponer el cargo que ostenta y ha decidido involucrar políticamente a la UNAM en el proceso sucesorio de la titularidad de la CNDH. El columnista Carlos Ramírez lo explicó así en su columna Indicador Político del 10 de septiembre: “El fondo de la lucha del rector Narro por controlar a la CNDH se localiza en el argumento de que ese organismo forma parte del espacio de poder institucional del grupo político del fallecido ex rector Carpizo McGregor. Pero por los dos expedientes que involucraban violación de derechos humanos en la UNAM, ahora se percibe que la CNDH sería operada por criterios políticos favorables al PRI, partido al que pertenece el rector Narro Robles y no para defensa de los derechos humanos por abuso de poder del Estado y sus instituciones. Narro Robles se ve desde ahora en el gabinete presidencial a finales del 2015”.

Futuro incierto

José Narro Robles termina, precisamente en 2015, su segundo periodo como rector de la máxima casa de estudios y tiene frente a sí el desafío de preparar el escenario para un relevo ordenado toda vez que la legislación interna de la Universidad le impide postularse para un tercer periodo. Su futuro, una vez que concluya su gestión, es aún incierto: si bien en algunos medios de comunicación se han difundido versiones sobre la posibilidad de que ocupe una secretaría de Estado, es prematuro asegurar algo al respecto.

Lo que es un hecho es que Narro Robles no ha cumplido del todo su compromiso con la comunidad universitaria y tiene el deber de no heredar a su sucesor los problemas ya expuestos en el presente artículo. Aún tendría tiempo para ocuparse de ellos si dejara de atender todas y cada una de las invitaciones de Los Pinos y los gobernadores. Sin embargo, su protagonismo y vocación de político parecen imponerse.

Este lunes 8 de septiembre no faltó a la comida anual de la revista Líderes Mexicanos, evento encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto. La reseña que hace el portal econsulta. com remite al lector a una premier del mundo del espectáculo: “El periodista Julio Scherer, fue de las personalidades destacadas del evento, igual que la escritora Elena Poniatowska; el cineasta, Alfonso Cuarón; el empresario, Carlos Slim y la clavadista, Paola Espinosa. También desfilaron por la alfombra roja, el rector de la Universidad Autónoma de México (UNAM), José Narro; el actor y productor, Eugenio Derbez y la dramaturga, Sabina Berman, entre otros asistentes”. No es la primera vez que Narro aparece en el ranking de la publicación dirigida por Jorge y Raúl Ferráez, en 2010 ya había obtenido la misma distinción.

Bien haría Narro Robles en recordar las palabras que él mismo pronunció el pasado 23 de agosto, a propósito del cambio de técnico en el equipo de futbol Pumas, debido al mal desempeño que ha tenido en el actual torneo: “Cuando los resultados no llegan, las decisiones se tienen que tomar”. Los trabajadores de Radio UNAM, académicos y alumnos de las diferentes escuelas y facultades, exigen esa toma de decisiones por parte de su máxima autoridad que, hasta el momento, ha privilegiado su carrera política y exposición mediática.

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