Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Monitoreo electoral

Prepárese para los números, las cifras, los porcentajes y las sumas. De eso hay que hablar al referirnos a los procesos electorales. Ojalá que me siga con la pluma a la mano como guía para evitar el extravío. Por principio de cuentas la legislación electoral establece que el Instituto Federal Electoral realice, digamos, dos tipos de monitoreos de medios de comunicación electrónicos. Uno es para verificar el cumplimiento de la difusión en radio y televisión de los materiales que el IFE recibe de los partidos políticos y que, tras verificar su calidad de producción, entrega a las estaciones radiodifusoras con la pauta previamente diseñada por el propio Instituto (y con los criterios de distribución de tiempo que ya le expuse). El otro monitoreo tiene el fin de registrar el tiempo y el tipo de menciones o valoraciones (positivas o negativas) que los noticieros de radio y televisión le dan a los candidatos y los partidos en tiempos electorales y que, gracias a la ley electoral que ahora nos rige son del conocimiento público cada quince días y no comprenden mandato alguno para las estaciones de radio y televisión. Ambos se hacen con base en el catálogo de estaciones de radio y canales de televisión que se elabora antes de cada proceso electoral. Para el proceso electoral federal de 2011-2012, el 15 de diciembre del año pasado, el IFE aprobó un listado de 2 mil 335 estaciones.

Fueron enormes los recursos económicos, humanos, tecnológicos y materiales empleados, así como el esfuerzo de procesamiento organizativo, reglamentario y normativo para que los sistemas de monitoreo funcionaran y fueran confiables al 95%. Entre ese diseño se creó el Comité de Radio y Televisión y su respectivo reglamento que, por cierto, a fines de 2011, el 15 de diciembre, tuvo algunas modificaciones sustanciales para definir reglas de transmisión, mapas de cobertura y acceso a radio y televisión en zonas conurbadas, por ejemplo. De las más importantes adecuaciones da cuenta, en mi opinión, el hecho de que se incorporaron en el reglamento de radiodifusión, por primera vez en la historia de nuestro país, las radios comunitarias. Aunque el Consejo General del IFE no les llama de ese modo sino “emisoras permisionarias privadas sin fines de lucro”, se trata de un paso muy significativo. (Vale mucho la pena que futuras modificaciones le digan a esas radios por su nombre, Comunitarias; en el curso de la historia, en el país registran un aporte social invaluable mediante contenidos que no comprenden las empresas privadas).

Reconocer a las radios comunitarias en el reglamento del IFE es relevante, primero, porque se comprenden las especificidades con las que operan -agobiantes condiciones económicas porque ahora la ley les impide obtener recursos de cualquier especie, precarias instalaciones técnicas, además de funcionar mediante el trabajo voluntario de un reducido equipo-. No haberlo hecho antes condujo a que, por ejemplo en 2010, en el Consejo General del IFE hubiera la propuesta de sancionar a la comunitaria Radio Calenda porque del 2 al 22 de mayo de 2009 no transmitió 256 promocionales de los partidos políticos y del IFE y 138 anuncios fueron emitidos fuera del horario pautado, 66 fuera de orden y 39 difundidos con una versión distinta a la que el IFE pautó.

Buena parte de los incumplimientos de Radio Calenda se debieron a que no había energía eléctrica en la estación además de otros problemas técnicos generados por computadoras obsoletas y que explicó en su momento el representante de la estación. Pero los argumentos fueron desestimados o peor aún rechazados. La Secretaría Ejecutiva del IFE consideró que la conducta de Radio Calenda debía “calificarse con una gravedad especial” y propuso al Consejo General una multa de 40 mil pesos. Si tomamos como base la capacidad financiera de la estación comunitaria, como señala la ley, ello significaba la desaparición de Radio Calenda, ni más ni menos. No obstante, en aquella ocasión privaron los puntos de vista del consejero electoral Marco Antonio Baños y la radiodifusora pagó mil pesos. Pero sobre todo, en el debate se hizo patente, y así lo acordó el Consejo General del IFE, que las estaciones comunitarias debían ser incorporadas en el reglamento, tal y como sucedió al terminar 2011 y tras algunas enmiendas ordenadas por el Trife. (Para lo que también Baños tuvo un papel destacado, tanto, que desde su oficina se redactó el párrafo específico. La observación vale la pena no sólo porque en algunos pequeños reductos de la opinión pública se le escamoteó ese papel al Consejero sino porque, en esos reductos que se autonombran defensores de las comunitarias, no hubo definiciones al respecto de la discusión arriba señalada).

En segundo lugar, el reconocimiento a las radios comunitarias es relevante incluso a pesar de que no se les mencione por su nombre (y ello no se explica sin la oposición de la Cámara Nacional de la Industria de la Radio y la Televisión, la CIRT), porque esa figura legal no se encuentra como tal en la Ley Federal de Radio y Televisión y los permisos con los que opera más de una veintena de ellas son bajo el régimen de “permisionarias”. Por eso haberlas incorporado en el reglamento del IFE podría ser el inicio, ojalá que sí, de su reconocimiento pleno en tanto alternativa de comunicación que tiene una constatable función social y en el marco de un amplio mosaico de ofertas informativas, culturales y de entretenimiento que vale la pena ensanchar en México.

Dentro de unos meses, el periodista Luis Miguel Carriedo, quien fuera otro artífice central para que las radios comunitarias fueran comprendidas en el reglamento del IFE, escribirá un libro para narrar la historia. De ese tamaño fueron las vicisitudes respectivas.

Ya en otros temas relacionados con el esfuerzo del IFE para cristalizar la reforma de 2007-08 remito al lector acucioso a revisar el Informe General sobre la implementación de la Reforma Electoral durante el proceso 2008-2009, por lo que solo subrayo que, desde el 12 de abril de 2009, el Instituto cuenta con la operación del Sistema Integral de Administración de los Tiempos de Estado (el SIATE). Es decir, desde entonces y con mejoras constantes, el IFE tiene la capacidad técnica de almacenar en formatos digitales los programas de los partidos y sus promocionales de radio y televisión que se distribuyen a las estaciones permisionarias y concesionarias. Al mismo tiempo, tiene la infraestructura suficiente para verificar la emisión de todos los promocionales en las 32 entidades federativas del país y así poder delimitar sus labores de gestión, supervisión, amonestación o sanción para ir haciendo costumbre el respeto a la ley, como lo ha hecho. En resumen: la estructura organizacional, operativa y tecnológica del IFE garantiza a los partidos la libertad de expresión, vale decir, el derecho a que se difundan los programas y los anuncios que estos determinen, en tanto sus contenidos no sean considerados por alguna contraparte que lo someta a revisión del IFE, como denigratorios.

Para tener una idea más precisa, en el citado Informe General sobre la Implementación de la Reforma Electoral durante el proceso 2008-2009 se anota que el Consejo General del IFE resolvió 60 procedimientos especiales sancionadores con motivo de incumplimiento de la ley en estos temas y para ello fueron decisivos los testigos de grabación que genera el sistemas de monitoreo del IFE. Respecto al proceso electoral federal 2011-2012, en el momento de la redacción de este ensayo aún no había resultados definitivos más que para el periodo de precampañas, en donde el promedio de cumplimiento de la pauta por parte de las emisoras monitoreadas fue de 98.5%. De cualquier modo cabe hacer notar que hasta ahora no resultan relevantes los casos de incumplimiento del pautado del IFE en cualquier modalidad, por lo que puede decirse que, paulatinamente, la autoridad electoral y sus entes regulados han puesto el engranaje normativo en los hábitos de operación durante los procesos comiciales.

Acerca del segundo tipo de monitoreo. El Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (Cofipe), en el párrafo 8 del artículo 76 dice al respecto:

“El Consejo General ordenará la realización de monitoreos de las transmisiones sobre las precampañas y campañas electorales en los programas en radio y televisión que difundan noticias. Los resultados se harán públicos, por lo menos cada quince días, a través de los tiempos destinados a la comunicación social del Instituto Federal Electoral y en los demás medios informativos que determine el propio Consejo”.

Por su parte, en el Informe General de Precampañas 2011-2012 de la Secretaría Ejecutiva del IFE se establece lo siguiente:

“A petición del Consejo General del IFE, y por mandato de Ley, la Universidad Nacional Autónoma de México llevó a cabo el monitoreo de los espacios noticiosos de radio y televisión que dieron cobertura a los diferentes actores de la precampaña electoral (partidos, coaliciones y precandidatos).”

Nada más hay que hacer una breve precisión. La redacción del último párrafo citado podría hacernos entender que por mandato de ley el IFE contrató a la UNAM para llevar a cabo el monitoreo aunque, en realidad, el mandato de ley, como vimos antes al transcribir el artículo respectivo del Cofipe es para que el IFE ordene la realización de monitoreos y, para ello, tanto en 2009 como ahora, contrató a la UNAM. En esta ocasión fue a un costo de poco más de 52 millones de pesos para cubrir 90 días de campaña y 60 días de precampaña. Hay que advertir, sin embargo, que para un monitoreo similar, en 2006, el IFE pagó a IBOPE cerca de 42 millones de pesos. Seguramente hay razones para ello, pero el Consejo General del IFE todavía no ha emitido algún reporte que nos permita conocerlo.

En el acuerdo con su cliente, o sea, la máxima autoridad electoral, la UNAM se comprometió a “proporcionar al Consejo General del IFE y a la sociedad mexicana información que permita conocer el tratamiento que se da a las precampañas y campañas electorales federales de los candidatos a Presidente de la República, Senadores y Diputados al Congreso de la Unión de los Estados Unidos Mexicanos, en los programas que difunden noticias en radio y televisión durante el periodo que comprende, para las precampañas, del 18 de diciembre de 2011 al 15 de febrero del 2012, y para las campañas del 30 de marzo al 30 de junio”.

Los costos se debieron, entre otros presupuestos señalados por la institución universitaria, a que hubo que reprogramar el módulo de recepción de archivos de los noticieros para ajustarlo al nuevo catálogo además del módulo de distribución de archivos; reprogramar la interfaz de captura para registrar los datos de cada uno de los tres procesos, lo que implica administrar tres bases de datos y redefinir las métricas de todos los reportes para dividir el contenido registrado entre los nuevos noticieros. Sin embargo, el pago de esos servicios también contempló, y yo no coincido con que esos deban ser criterios para la contratación del monitoreo, que se trata de un “proceso volátil y altamente sensible”, ni estoy de acuerdo con que el costo considere una “contraprestación” a la UNAM con el argumento de que ésta “comparte con el IFE los riesgos de la realización del monitoreo”. Quizá en ese orden de apreciaciones esté la diferencia de 10 millones entre lo que cobró IBOPE y la UNAM, pero en cualquier caso, insisto, disiento con que se cobren esos riegos o que haya un pago adicional porque el proceso es “volátil” y “altamente sensible”. (Ese criterio haría que los Consejeros del IFE cobraran un sueldo mayor cuando hay más competencia entre los partidos o caudal de votos)

Pero sobre todo: expreso mi desacuerdo con que la máxima autoridad electoral excluyera a los programas de radio y televisión que contienen análisis políticos. La visión mayoritaria en el Consejo General del IFE fue en el sentido de que el Cofipe solo mandata monitorear a los programas de radio y televisión que dan noticias y que ese no es el carácter de los espacios de reflexión y debate, a los que, según dijo el juicio imperante, debe respetársele su libertad de expresión. A diferencia de tal planteamiento, sostengo que las emisiones de opinión tienen como base la difusión de noticias para luego valorarlas con menciones positivas o negativas sobre los candidatos y sus partidos. Y eso es, precisamente, lo que registra el monitoreo, es decir, el tiempo dedicado a la información y el tipo de menciones sin que ello vaya en contra de la libertad de expresión. Más aún, estas líneas argumentales que ofrezco al lector, fueron las que imperaron para el monitoreo de 2006, que sí contempló programas de análisis e incluso de parodia política como ocurrió por ejemplo con “El Privilegio de mandar”. No haber integrado a esos programas en el monitoreo fue un paso atrás, por ello sus resultados están, inevitablemente, sesgados. Más abajo escribiré unas palabras adicionales al respecto.

Por ahora revisitemos que el aporte de la ley electoral de 2007-2008 respecto de este tema, es que la autoridad debe informar a la sociedad mexicana cada 15 días sobre los resultados de la cobertura y el tratamiento de la radio y la televisión a las campañas, a través del tiempo de Estado que le corresponde y por otras plataformas de comunicación que considere. Para ello también digamos que el IFE trató de conferirle al monitoreo un alto grado de credibilidad y que contratar a la UNAM fue clave lo mismo para definir la metodología y las variables del mismo monitoreo ya que fueron construidos con base en los lineamientos de la autoridad electoral, que para tomar en cuenta sugerencias de los partidos políticos y recomendaciones de la Asociación Mexicana de Investigadores en Comunicación (AMIC), además de académicos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la máxima casa de estudios.

Estas fueron las variables que el monitoreo consideró:

1) Tiempos de transmisión; 2) Género periodístico; 3) Valoración de la información; 4) Recursos técnicos utilizados para presentar la información; 5) Ubicación o jerarquización de la información y; 6) Reporte de los resultados de las encuestas presentadas.

Los Lineamientos Generales aplicables a los programas en radio y televisión que difunden noticias fueron elaborados de conformidad con estas directrices: a) Privilegiar la libertad de expresión y responsabilidad de los comunicadores; b) Promover un decir noticioso imparcial y equitativo en la cobertura de las campañas electorales, partidos políticos y candidatos; c) Promover una crítica respetuosa y abierta a los candidatos; d) Procurar esquemas de comunicación de los monitoreos a que se refiere el artículo 76, párrafo ocho, en forma conjunta con la CIRT y la RED, preferentemente y; e) Promover e impulsar programas de debate entre los candidatos.1

Es necesario enfatizar que los resultados del monitoreo no tienen consecuencia legal alguna para los medios, es decir, no los obligan a nada. Esto solo trata de ofrecer a los ciudadanos datos sobre cuáles son los tiempos que dedican y el trato que dan, o sea, las valoraciones positivas y negativas a cada precandidato y candidato y el partido político al que representan. La información ayuda a conocer el comportamiento de los medios sin desdoro de su libertad editorial, al contrario: es sobre la base de la independencia de criterios de las mesas de redacción de la radio y la televisión como los ciudadanos evalúan el equilibro informativo, y es también una forma de promover un trato respetuoso y equilibrado a los actores de la contienda. Incluso por eso es que ahora los concesionarios y permisionarios no hacen impugnación alguna relacionada con la existencia de los monitoreos y la difusión de los resultados.

Un vistazo a lo que sucedió en las precampañas, según el reporte de la UNAM que abarca del 18 de diciembre de 2011 al 15 de febrero de 2012, registra que el PAN fue el partido que más tiempo ocupó en los medios radiodifusores que en total cubrieron 295 horas, 2 minutos y 26 segundos. Esto equivale a 260 horas, 33 minutos, 49 segundos en radio y a 34 horas, 28 minutos, 37 segundos en televisión. (Como en los casos anteriores el monitoreo se hizo de acuerdo con el catálogo de 493 noticieros que seleccionó el IFE.)

Una coalición y dos partidos fueron los que más tiempo recibieron. El PAN, la Coalición Movimiento Progresista (CMP) y el Partido Revolucionario Institucional (PRI). De ese tiempo, en ambos medios, el PAN obtuvo 41.86%, el CMP 18.36% y el PRI 17.92%. Al tomar como base nada más el tiempo que dio la radio encontramos que el PAN recibió 41.62%, el CMP 18.45% y el PRI 17.84%. El PAN también aventaja en los tiempos que la televisión dedicó al tener el 43.68%, seguido del PRI con 18.52% y el CMP que tuvo 17.70%.

El tiempo total dedicado por ambos medios a los precandidatos se distribuyó así: Josefina Vázquez (25.41% Enrique Peña Nieto (19.19% Andrés Manuel López Obrador (18.91% Ernesto Cordero (18.77%) y Santiago Creel Miranda (17.71%).

Junto a esas cifras hay que tener presente que, por esas fechas, el Partido Acción Nacional llevaba a cabo su proceso de selección interna en el que fue electa Josefina Vázquez Mota como candidata a la Presidencia de la República. (Además de que el Partido Nueva Alianza aun no tenía candidato ya que antes se había registrado en coalición con el PRI y el Partido Verde Ecologista de México y luego resolvió participar solo en la contienda).

Sobre la campaña electoral para Presidente de la República, los datos que el IFE difundió del monitoreo encargado a la UNAM permiten hacer varias lecturas. Tomemos como base el reporte relacionado con los acumulados de la campaña que abarca del 30 de marzo de 2012 al 6 de mayo de 2012 y reseñemos estos datos.

El tiempo total de cobertura fue de mil 617 horas, 16 minutos y siete segundos. De ese tiempo la radio dedicó mil 428 horas, 29 minutos y 19 segundos (88.3% la televisión 188 horas, 46 minutos (11.67%). El monitoreo registro 57 mil 21 piezas, es decir, notas o menciones, y de esas fueron difundidas por la radio 45 mil 548 (79.88%) en tanto que la televisión ofreció 11 mil 473 (20.12%).

Los partidos a los que dedicaron más tiempo los noticieros de ambos medios fueron: el PAN, 493 horas, 30 minutos y 32 segundos (30.51% Movimiento Progresista 365 horas, 49 minutos y 56 segundos (22.62% y Compromiso por México 328 horas, 15 minutos y 53 segundos (20.30%). Los partidos que tuvieron más tiempo en los noticieros de radio fueron: el PAN, 437 horas, 58 minutos y 23 segundos (30.66% Movimiento Progresista, 312 horas, 53 minutos y 13 segundos (22.53 y Compromiso por México, 291 horas, siete minutos y dos segundos. Los partidos a los que dieron más tiempo los noticiarios de televisión fueron: PAN, 53 horas, 32 minutos y nueve segundos (29.42% Movimiento Progresista, 43 horas, 56 minutos, 43 segundos (23.28% y Compromiso por México, 37 horas, ocho minutos y 51 segundos.

Además de las cifras pormenorizadas sobre el tiempo dedicado a los partidos que integran las coaliciones, vale la pena resaltar los datos referidos a Nueva Alianza en virtud de que es el otro partido que se presentó solo a la contienda con un candidato a la Presidencia, Gabriel Quadri De la Torrre. En los noticieros de radio el PANAL recibió 204 horas, 43 minutos, nueve segundos (14.33%) y en los noticieros de televisión tuvo 32 horas, 20 minutos y 32 segundos (17.13%)

El tiempo dado por ambos medios a los candidatos fue: Josefina Vázquez Mota, 457 horas, 36 minutos 10 segundos (30.21% Enrique Peña Nieto, 453 horas, 48 minutos y 28 segundos (39.96% Andrés Manuel López Obrador, 374 horas, 57 minutos y 15 segundos; y Gabriel Quadri De la Torre, 228 horas, 21 minutos y 32 segundos. En la distribución de este tiempo es interesante anotar las valoraciones negativas y positivas en radio y televisión. Según el reporte Josefina Vázquez Mota tuvo más piezas informativas con valoraciones fue. El candidato con más valoraciones positivas fue Enrique Peña Nieto mientras que, en este caso la candidata con más valoraciones negativas fue Josefina Vázquez Mota.

Datos sobre los noticieros de radio: Vázquez Mota tuvo 364 valoraciones negativas y 71 positivas, López Obrador, 126 valoraciones negativas y 97 positivas; Peña Nieto, 77 negativas y 107 positivas; Quadri De la Torre, 112 valoraciones negativas y 47 positivas. Y estos son de los noticieros de la televisión: Vázquez Mota, 34 valoraciones negativas y cinco positivas, López Obrador, 13 valoraciones negativas y cuatro positivas, Peña Nieto, nueve valoraciones negativas y nueve positivas; Quadri De la Torre, 14 valoraciones negativas y cero positivas.

No obstante que lo anterior es una breve reseña de datos, cifras y porcentajes que alcanzan una mayor complejidad, ayuda a tener una idea aproximada de la magnitud del esfuerzo de monitoreo y, sobre todo, de su utilidad como medio de información. Sin embargo, conviene advertir que el IFE necesita hacer un trabajo más eficiente en el procesamiento de los datos y en la forma en cómo se presentan (más allá de las muy serias adecuaciones que sobre ese y todos los temas requiere su página web que es un auténtico laberinto).

Entre las insuficiencias más notorias de la forma en que procesa los datos el IFE para luego difundirlos se encuentra el hecho de que pareciera que la cobertura es equilibrada cuando no enfatiza en las valoraciones positivas y negativas o deja de subrayar que la candidata del PAN recibe de 80 horas más de cobertura que el candidato de las izquierdas o no llama la atención de la enorme cantidad de tiempo que recibió el candidato del PANAL (228 horas), aun antes del primer debate del seis de mayo entre los candidatos.2 Solo en las raíces del portal sabemos que Josefina Vázquez Mota fue quien más tiempo obtuvo pero también fue la que más menciones negativas recibió y que, en contraste, Enrique Peña Nieto fue quien más valoraciones positivas tuvo. Al respecto, algunos medios de radiodifusión sólo difundieron el dato de que la candidata del PAN fue quien más tiempo recibió sin añadir los matices.

Hay más que decir sobre este monitoreo. Los datos generales difundidos por el IFE no solo pueden arrojar un distorsionada equidad en tiempos sino también en cobertura. Es decir, a mi juicio el IFE necesita encontrar la manera de difundir datos muy importantes, por ejemplo, los relacionados con el estado de Yucatán en donde, en el periodo antedicho, los medios solo le dedicaron cuatro minutos a la campaña presidencial, y dieron tiempos más o menos similares en otras entidades como Baja California, Guanajuato y Chihuahua. Lo más preocupante ocurrió en Zacatecas, donde no hubo cobertura de esas campañas, así, como se lee. No dar relieve a cuestiones como esas minusvalora el efecto deseable que se persigue con el monitoreo. Y es que este no debe ser base ni para congraciarse con la radio y la televisión ni para buscar increparlos. Los ciudadanos son quienes deben valorar la oferta informativa de los medios.

Y a propósito de valoraciones, antes dije que dedicaría unas palabras más a los programas de análisis político. Es deseable que en los siguientes procesos electorales el IFE sopese la conveniencia de que, tal como sí hizo en el proceso electoral de 2006, sean integrados en el catálogo del monitoreo los espacios de análisis político porque ahí es donde se hacen mayores valoraciones, en favor o en contra de cada candidato, y registrarlas da una idea más precisa sobre el trato que desde los medios de comunicación se da a las campañas electorales. Comprendo que el monitoreo contemple las piezas informativas y los diversos géneros periodísticos que se emplean y también tengo en cuenta que se recaben datos y porcentajes sobre los tiempos y el tipo de menciones. Con esa óptica, en consecuencia, considero que la opinión sí es un género periodístico que proporciona noticias y expone valoraciones que inciden en las definiciones de los sufragantes. Quienes sostuvieron puntos de vista contrarios a esto advirtieron que los programas de análisis se hallaban en el plano de la libertad de expresión (y que no debía contravenírsele), pero en ese mismo plano se encuentran notas informativas, entrevistas, crónicas y reportajes, que sí son comprendidos por el monitoreo con pleno respeto a la autonomía de las decisiones de las empresas de medios y de los periodistas. Desafortunadamente no fue esa la decisión, incluso aunque en el primer proyecto de monitoreo que los académicos de la UNAM le presentaron al IFE sí contemplaban a programas como Tercer Grado y Punto de Partida. (Otra historia es cuando luego varios de esos académicos intentaron justificar, sin solvencia argumental, la pertinencia de las indicaciones de su cliente para excluir al género de opinión).

Notas

1 Informe que presenta la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM al IFE en relación con los monitoreos de las transmisiones sobre las precampañas electorales federales para Presidente de la República 2011-2012 en los programas de radio y televisión que difunden noticias (periodo del 18 de diciembre de 2011 al 15 de febrero de 2012). http://monitoreo2012.ife.org.mx/documents/10179/12142/9_Informe-Acumulado-Presidentes18dic-15feb.pdf

2 Portal de la revista etcétera, www.etcétera.com.mx La “inexplicable” cobertura de las campañas presidenciales. Mauricio Collado, asesor del consejero electoral Marco Antonio Baños.

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