Susana De Anda Amador

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Estudiante del Itesm campus Toluca

Mi lectora vida

A lo largo de mi lectora vida, he tenido diversas relaciones amorosas con personajes que se han metido debajo de mi piel. Desde lo tentador y oscuro de mi pasión con Rhett Butler, a mi vana esperanza en el amor incondicional que siente Florentino Ariza para mi. Amantes han pasado sin pena ni gloria; amantes han venido y dejado su huella. Damisela en apuros, acuso mi debilidad, necesito ser rescatada de una jaula de oro. Llega a mi vida un hombre que está dispuesto a hacer todo por el objeto de su afecto cuya devoción y admiración me hace sentir especial, amada. Conocí a Gatsby.

Llega a mis manos, por medio de una amiga que clama haber encontrado su libro favorito. Me adentro en el tintero de Fitzgerald. Se plantean situaciones y personajes. ¿Me pregunto, a quién amaré esta vez? Misterioso, nada es más atractivo. Rico, no me quejo. La mansión hecha a la medida de todos mis sueños arquitectónicos; indudablemente caí.

“Se enamoró como se enamoran siempre las mujeres inteligentes: como una idiota”.

Gracias Mastretta, me entiendes.

Pero quién es este Gatsby? Un pobretón de origen con complejo de inferioridad, que tuvo que vender su alma a los negocios ilícitos para poder tener dinero y ofrecerme una vida mejor, o a Daisy. No importa, no soy celosa.

Enamorado del amor y de las ilusiones, gallardo y caballeroso. Tenía planeada su vida bajo un libreto de cómo debían ser las cosas. Alcanzar y hacer algo de su nombre y su reputación. Ser un miembro respetado en la sociedad.

Jay Gatsby se idealiza a sí mismo, en un grado extremo. Se cree parido por los dioses, su imagen terrenal la de un guapo y perfecto caballero sureño. Aunque el mono se vista de seda, mono se queda. ¿Pero qué es lo que sucedía en su cabeza? Renunciar y negar su origen crea en su cabeza dos dimensiones, su realidad e ilusión. Una persona aislada y alienada, de personalidad complicada. En la misma medida que el crea su personaje, yo lo interpreto.

Me parece que he descrito a un personaje poco deseable, habiendo expresado un amor por él. Gatsby es romance y las mujeres amamos el romance. Es la remembranza de ese primer amor, lleno de inocencia y mariposas estomacales. Es difícil encontrar algo más atractivo que un hombre que esté dispuesto a hacerlo todo por la mera presencia de su amada. Al igual que Daisy, amo la manera en que Jay me ama. Esa visión que tiene para nuestra vida, llena de lujos y comodidades. El posee toda la vitalidad y potencial para ser felices. Encantador y caballeroso, me siento en el edén.

Recuerdo la primera vez que llegué a su casa. ¡Qué fiesta! Qué manera tan colorida de denotar toda su magnificencia. Me encuentro envuelta en un festín para los sentidos, estímulos visuales y sonoros. De pronto, el mundo entero pareció eliminarse a mi alrededor, diviso una silueta, envidia de cualquier ideal griego. Hermoso perfil, altura adecuada, cuerpo fuerte. En un breve instante voltea en mi dirección, sus ojos clavados en los míos, me atraviesan. Sigo su mirada, ¡es que siempre tiene que meterse Daisy en lo nuestro! Salta de la letras del papel frente a mí y me hace saber por un instante que él me quiere a mí, no a ella.

Nuestro verano continúa pero las fiestas son cada vez más escuetas y separadas. Ahora pasamos los días en su biblioteca, leyendo grandes clásicos y filosofando. Por las mañanas tomamos el desayuno en el jardín. Jay me ha prometido que en cuanto el personal limpie la piscina, tendremos una pequeña reunión informal. Tal vez sea hora que conozca a mis padres. Abro los ojos y encuentro la mirada reprobatoria de mi madre al verme sentada leyendo y no haciendo algo mejor. Supongo que me adelante, aún no es tiempo de presentarlos.

En momentos Gatsby me sofoca, quiere tenerme a su lado siempre. Hay un tono de obsesión en la manera que me dice que me ama. Siento que soy un espejo donde se refleja y admira a si mismo.

Pero yo soy su diosa, no debería preocuparme.

Los primeros momentos juntos fueron tan románticos, ahora sospecho que Gatsby no es el hombre de mis sueños. Empiezo a temer que he entrado voluntariamente a una nueva jaula de oro. ¿Que sucederá el día que amanezca y se dé cuenta que no soy perfecta? Verá mis defectos a la luz natural y no podré soportar su desprecio.

Debo buscar una manera de salir de este lio, leo tan rápido como me es posible y volteo furiosamente las hojas. ¡Pero claro, Daisy me sacará de este apuro! Sugiero sutilmente que él debe orillarla a dejar a su marido. No es ella, al fin y al cabo, su deseo.

Nuestra relación fue breve y tormentosa. Duró muy poco, porque El Gran Gatsby esta…chiquito…184 paginas en mi edición. Estaba condenado al fracaso desde el inicio.

Mi querido Scott, Te escribo esta carta para agradecerte las horas que pasamos juntos. Me diste la oportunidad de amar de nuevo y conocer una nueva dimensión de este sentimiento. Recuperé mi esperanza en el amor y su inocencia. Pero tienes razón, debo dejar de añorar esa idea de amor perfecto, no existe. No debo proyectar en una pareja mis defectos.

Nos estaremos leyendo pronto.

¡No puede ser! Lo hice de nuevo. ¿Cuándo aprenderé a separar la vida real de la vida literaria? ¿No me hace esto un poco como Gatsby? Una vez más me enamore de papel y tinta. Anhelaba que el héroe de mis sueños atravesara esa dimensión y me adorase.

Un clásico literario, una crítica a la sociedad de los años veinte. Una historia de amor inmersa en él. Ese es El Gran Gatsby. Mi lectora vida continuará, quizás me enamore de nuevo. Mejor dicho, me enamoraré de nuevo, me adueñaré de las historias; sufriré y gozaré al compás de un nuevo autor

Referencias

Mastretta, Ángeles. Mujeres de ojos grandes. México: Ed. La Nación, 2006

Mitchel, Giles. The Great Narcissist: A Study o Fitzgerald’s Gatsby.

http://fitzgerald.narod.ru/critics-eng/mitchell-narcissist.html 14 de septiembre de 2013

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