Cinque Terre

Emiliano López Rascón

Productor de Radio y Artista Sonoro

Mejor los medios caprinos de Brinkley y su X.E.R.A.

Gracias a José Luis Ortíz Garza y su sensacional libro Una Radio Entre Dos Reinos, descubrí a uno de los grandes genios de la historia del medio y quizá uno de los más inescrupulosos: John Brinkley, un auténtico pionero en el arte del fraude en esa modalidad tolerada por la ley llamada infomercial.

Mientras casi todos los estadounidenses sufrían la depresión posterior al colapso de 1929, ese falso cirujano y doctor se volvió multimillonario defraudando a través de la radio con productos milagro, entre los que destaca el bizarro trasplante de testículos de chivo.

Tal y como lo relata Ortíz Garza, la X.E.R.A. ha sido la estación más potente instalada en territorio nacional. Llegó a operar con 500 mil watts de salida. Su señal proyectada hacia el norte por un espectacular triángulo de antenas direccionales ubicadas al borde del Río Bravo llegaba a escucharse incluso hasta Canadá a ciertas horas. Gene Fowler y Bill Crawford, en su artículo “Border Radio”, refieren que “algunas veces los escuchas se quejaban de oír transmisiones sin un aparato de radio, recibiendo la poderosa señal en equipo dental, resortes de colchón o rastrillos eléctricos.

A menudo, los programas de las cadenas estadounidenses se perdían en el éter cuando una estación de la frontera mexicana transmitía cerca de la frecuencia de una norteamericana”. En alguna temporada de ajustes, el descomunal campo eléctrico generaba un resplandor en torno a las antenas que para aquellos años le daba a la planta transmisora un halo sobrenatural, de ciencia ficción, lo cual sin duda excitaba la imaginación de los pacientes provenientes de todo EU, quienes visitaban Del Río con la expectativa de resucitar su virilidad por medios caprinos.

Lo sorprendente es que se trata de una emisora que operó entre el límite legal y el franco desacato a la ley. De facto, era una estación pirata gringa instalada en territorio mexicano operando con licencias medio chuecas: la madre de las llamadas Border Blasters.

Esta condición híbrida, bilingu%u0308e, rodeada de amparos, sobornos, evasiones fiscales, patrocinios y presiones locales, federales e internacionales, forzó a Brinkley a encontrar soluciones radiofónicas entre necesidades divergentes: por un lado cumplir, o simular cumplir, con la normativa mexicana,

que implicaba destinar la mitad de su programación a exaltar la imagen del país y sus valores culturales y, por el otro, funcionar efectivamente como poderoso dispositivo publicitario para el cuestionable negocio del Goat Gland Man. Las innovaciones tecnológicas que demandaba el intentar radiar, desde una tangente sureña, al mayor territorio estadounidense que fuera posible, implicó destinar todos los recursos que necesitara el genial ingeniero Jim O. Weldon para el desarrollo experimental de novedosos mecanismos y sistemas de transmisión. Posteriormente sus conocimientos serían aprovechados por el gobierno norteamericano para potenciar la señal de la Voice Of America y su estrategia propagandística que inició en la segunda guerra mundial y siguió hasta el 2007, cuando finalmente bajó el switch. Emitir en dos idiomas y satisfacer gustos de un amplio y diverso auditorio, mientras promocionaba

valores mexicanos, llevó a Brinkley al diseño de un formato específico para la X.E.R.A con programación ecléctica en la que se alternaban música y palabras biculturales: corridos, hillbilly y sones diversos de México y el Caribe.

Muchos talentos locales se dieron a conocer en Estados Unidos por su señal, el caso más célebre es Lydia Mendoza, oriunda de Piedras Negras. Fue de los primeros en utilizar los gigantescos platos de acetato de la RCA con el fin de retransmitir sus programas y seguir al aire si tenía que ocultarse de las autoridades gringas del lado mexicano o atender aquel amparo, aquella demanda, ese otro soborno o sencillamente mientras efectuaba personalmente su famosa cirugía.

Entre dos tierras, entre el agua y el aire, entre dos idiomas, entre dos legislaciones y, como lo resalta Ortiz Garza, como ariete y moneda de cambio en la disputa internacional por un orden equitativo en el aprovechamiento del espectro radioeléctrico en Norteamérica y el Caribe, que inició en 1929 con un agandalle de los vecinos (qué raro) y concluyó hasta 1941, después de que las Border Blasters cumplieron la función de presión para obligar al gobierno norteamericano a bajarle de gónadas a sus transmisores fronterizos.

Lo que me interesa apuntar y que en el texto permanece latente es que solo en la radio y su intrínseco poder sugestivo era posible tal eficacia publicitaria. No en el cine, no en los periódicos y me atrevo a decir que tampoco en la televisión, hubiera obtenido tal fuerza persuasiva.

John Brinkley, era un merolico cualquiera de Kansas. Al que se le ocurre tomar un micrófono y cambiar el voceo directo a media plaza, por la hechizante palabra remota que surgía como arte de magia de una caja prometiendo felicidad (hoy solo nos prometen parar de sufrir). Nada para la vendimia como no ver pero imaginar el producto con algo tan vivo y ligado al alma como la voz. Una especie de Mago de Oz que en lugar de montar la gran Deus Ex Machina visual, montó tres macro-antenas para instalar el teatro en la fantasía sonora de una norteamérica tan deprimida por la pobreza y los gánsters, que muchos de sus hijos gastaban sus últimos dólares en seguir el camino amarillo que se dirigía al sur.

Y desde entonces el modelo no ha hecho más que adaptarse, diversificarse, multi-mediarse: (mientras la dulce y trabajada voz de Gaby Vargas mejor-mejoramejoral- espiritual) limpia de lunes a viernes los oídos del auditorio de MVS de los ecos de la verborrea aristeguiana, un ejercito de estafadores telefónicos onda “Lobo de Wall Street” al servicio de su marido Pablo Gonzáles Carbonell, utilizan ilegalmente datos personales para regalar mini-vacaciones a cambio de un desayunito con sus promotores, quienes te acosan hasta que adquieres una membresía de esa comprobada estafa llamada Royal Holliday (chequen denuncias de Internet y la Profeco).

Así, Gaby, que es socia, nos habla de aceptación y agradecimiento, de que nuestros pensamientos crean el destino y Liverpool es parte de mi vida, mientras Pablo estafa con contratos de sangre a 30 años y acosa mediante el teléfono a quienes se quieren salir de la trampa. Hoy, como en la época de Brinkley, con hilos o sin ellos, las voces que salen de las bocinas tejen las proyecciones de la imaginación y las redes para los ingenuos.

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