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Medios públicos, en el centro

Mucho se ha dicho, en los meses recientes, sobre la necesidad de llevar a cabo una reforma al actual marco legal de la radiodifusión en México. Para entrar en este debate, primero debemos preguntarnos qué es lo que se busca con la idea de la reforma. En mi opinión, lo que la mayoría de los proponentes persiguen es la existencia de vías alternativas o canales de comunicación que permitan ampliar la oferta de contenidos al televidente o radioescucha en México. En consonancia con lo anterior, es necesario tener una idea clara de lo que ocurre en otros países en esta materia, así como el impacto que los nuevos medios de distribución de contenidos tienen sobre el mercado y cómo han alterado la prospectiva para los próximos años e impactado los modelos de negocio tradicionales. La aproximación que propongo es elaborar acuerdos, empezando por los elementos en que hay mayor consenso (lo que los académicos norteamericanos denominan building blocks). Desde esta óptica, considero que existen dos temas centrales que podrían ser un primer eslabón para, en lo subsecuente, construir reformas más amplias. A mi juicio: el estado actual de los medios públicos en nuestro país, por un lado, y por el otro, el creciente uso de servicios y equipos de telecomunicaciones modernos como medios de distribución de contenidos multimedia.

Independencia y financiamiento

En el primer caso, el planteamiento resulta fundamental en virtud de la evolución reciente del modelo de medios públicos en otras latitudes, particularmente orientado a la consolidación: privilegio de la independencia editorial, garantía del financiamiento a través de diversos mecanismos y desvinculación -de manera efectiva- de los intereses coyunturales o políticos de los gobernantes en turno. En el caso de México, es indudable que necesitamos replantearnos el modelo de medios públicos que queremos y que requerimos, no sólo para que sean reflejo de una sociedad que requiere más pluralismo e información, sino también para que sean un referente de cobertura y línea editorial para el resto de los medios. Tal y como lo que acontece con la norteamericana PBS, con la canadiense CBC, con la inglesa BBC, con la española RTVE o con la alemana Deutsche Welle, por citar algunos ejemplos. Así, el marco legal debería contener disposiciones que garanticen que todo el país esté cubierto por las señales de medios públicos (o por la señal de un medio público nacional). En paralelo, la legislación debería garantizar la independencia de los medios públicos frente al titular del Poder Ejecutivo de que se trate, ya sea federal, estatal o municipal, de manera tal que se eliminen los incentivos para privilegiar la agenda de comunicación de la administración en el poder, en perjuicio de otros actores políticos, pero sobre todo de la sociedad. El financiamiento es, sin lugar a dudas, otro tema central en la discusión. Por ello resulta indispensable que la reforma posible considere la posibilidad de permitir que los medios públicos obtengan recursos presupuestales diferentes a los provenientes del erario público, sin que ello se constituya en un elemento que distorsione el mercado publicitario (como pudieran ser los patrocinios o una comercialización acotada).

Nuevos modelos

Por otro lado, como señalé anteriormente, la posibilidad de que los contenidos puedan ser obtenidos a través de lo que se considera como los nuevos medios, es decir, televisión por cable, Internet y terminales de comunicaciones móviles, ha alterado de manera significativa el modelo de negocios de la radio y la televisión tradicionales. Incluso los programas de noticias son afectados por esta tendencia. Por ejemplo, cada vez es mayor el número de personas que consume lo que se conoce como programación no-lineal: contenidos que pueden ser consultados en un momento del día diferente de aquel en que fueron difundidos originalmente; esto en detrimento del consumo de programación lineal, es decir, aquella vista exactamente en el momento en que es difundida. Esta tendencia tecnológica introdujo alternativas reales para la difusión de contenidos que no sólo son aprovechadas por la radio y televisión tradicionales de carácter comercial, sino que también ya son empleadas de manera exitosa por diversos medios públicos en diversos países. Por lo anterior, cualquier reforma que pretenda abrir las opciones de distribución de contenidos audiovisuales, debe enfocarse desde la perspectiva de un sistema conformado por redes de telecomunicaciones y de radiodifusión. La reforma no debe ser una modificación parcial o chata al marco legal de la radiodifusión. La reforma posible impulsaría medidas para incrementar sostenidamente los accesos de banda ancha. Esto impulsaría la innovación como modelo de negocios y programática, además de que impactaría de manera positiva la competitividad del país. En resumen, en este momento lo que México necesita es llevar a cabo una reforma enfocada a resolver los desafíos que enfrentan los medios públicos en nuestro país, y al mismo tiempo busque impulsar el desarrollo de infraestructura de banda ancha.

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Televisión digital, el retraso

En Estados Unidos ocurrrió el 12 de junio de 2009. En España está programado para el 3 de abril de 2010. Se trata del llamado “apagón analógico”, la transición hacia la Televisión Digital Terrestre (TDT). En México, el cambio está programado para el año… 2021. Pero, ¿qué es la TDT? Es la transmisión digital de imágenes en movimiento, audio y texto; una señal que contiene información estructurada en código binario. Este tipo de televisión puede ser distribuida a través de la red hertziana terrestre.

Las ventajas

A diferencia de la televisión analógica (la que ve la mayoría de los mexicanos), la TDT “trata todos sus elementos -sean imagen, audio o texto- como bits de información que pueden ser almacenados, transmitidos y procesados como los de cualquier ota tecnología electrónica y, lo que es mejor, permite dialogar con sus dispositivos, con lo que pasa a tener un papel activo en el proceso de convergencia”.1 Otra de las bondades de la TDT es que la señal ocupa cuatro o cinco veces menos espacio en el ancho de banda que una transmisión analógica, lo que posibilita que la oferta aumente, que ésta sea interactiva, o que se Televisión digital, el retraso proporcionen otro tipo de servicios como la transmisión de datos. Además, con la TDT, mejora sustancialmente la calidad de la imagen y del sonido, lo que permite trasladar la forma de la pantalla a proporciones cinematográficas. Y todo esto tiene un menor costo con respecto a la televisión por cable, ya que la TDT utiliza la misma red que la señal añalógica.

La transición en México

Para llevar a cabo el tránsito a la TDT en México, el 2 de julio de 2004, a los concesionarios de canales analógicos se les asingnaron “canales espejo” en los que deben retransmitir los programas de los canales analógicos pero en formato digital. Asimismo, se estableció que el apagón se dará en el año 2021. (La SCT analiza recortar el tiempo de transición; de mantenerse la fecha programada hace un lustro, tendríamos un retraso de más de 10 años con respecto a los países mencionados al principio de este texto.)

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1 Emili Prado, “La TDT en la Sociedad de la Información”, etcétera, número 82, agosto 2007.

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