Cinque Terre

Mario A. Campos

Periodista y consultor.

Medios opacos

Los periodistas y las empresas mediáticas somos entes curiosos: nos encanta hacer preguntas pero no nos gusta responderlas. Al menos cuando se trata de rendir cuentas y dar explicaciones sobre nuestra actuación. Esta particular conducta no es nueva, aunque se hizo otra vez evidente con el caso de la destacada periodista Carmen Aristegui y la empresa para la que trabaja, MVS Radio. Una historia que desde el principio planteó una serie de preguntas que para muchos quedaron resueltas con el sólo hecho de su regreso al micrófono. No obstante para otros, entre los que me incluyo, a esa acción le hicieron falta otras que contribuyeran a dar claridad en este espisodio.

Por ejemplo, habría que saber cómo fue que el equipo de Carmen Aristegui supo de la mano de la Presidencia de la República en su salida ¿Se lo dijeron los dueños de la empresa, lo supo por una filtración o se trataba, como lo señaló en su momento la periodista Lidya Cacho, de una suposición dada la respuesta de la familia Vargas? El punto es importante de la misma forma en que sigue siendo objeto de especulaciones la carta que los patrones le habrían pedido leyera luego de su exhorto para que la Presidencia definiera si Felipe Calderón tenía un problema con su consumo de alcohol.

El texto, pieza importante, nunca fue dado a conocer ni siquiera por la revista proceso que en una nota reconoció tenerlo en su poder. ¿Por qué no se hizo público?, ¿qué era lo que ahí estaba escrito que resultaba inaceptable para la periodista? Nunca se supo.

Como tampoco se dio a conocer la postura de la empresa ante las imputaciones de la periodista. ¿Por qué dijo Aristegui que su salida estuvo impulsada por un chantaje en el tema de las concesiones?, ¿quién, cuándo y cómo les hizo esa presión?, ¿alguien del equipo presidencial amenazó con castigar a MVS si no corrían a la periodista? De todos esos señalamientos, todos muy serios, nunca hubo un acuse por parte de la empresa. Ni una sola línea sobre estos puntos en el comunicado conjunto con el que pusieron fin a la disputa.

¿No habría sido lo mejor para las audiencias y la relación entre los medios y las autoridades que estas preguntas fueran atendidas? ¿qué en aras de la transparencia y rendición de cuentas se atendiera a los propios señalamientos de la periodista? El caso es importante por la altísima visibilidad que obtuvo, por la gravedad de las acusaciones y porque al final implicaba a la Presidencia de la República y al manejo de las concesiones que cabe recordar son bienes públicos.

Por eso vale la pena recordar estos puntos más allá del hecho positivo del regreso de Aristegui y su equipo a la radio, en el entendido de que ser solidario con otros periodistas y coincidir en la defensa de la libertad de expresión no implica renunciar a la mirada crítica. Para algunos, el apoyo al trabajo de colegas, así como la defensa de la facultad que tiene un periodista para hacer preguntas, pasa paradójicamente por omitir cualquier cuestionamiento. No es así. Porque si lo que se quiere lograr es un mejor periodismo en el país, éste pasa por asumir el mismo nivel de transparencia que se exige a los actores públicos que forman parte de la agenda pública.

El caso de MVS por supuesto no es el único. Todos los días las empresas periodísticas toman decisiones sobre qué y cómo se cubre sin que sus audiencias sean conscientes de los criterios con los que se hacen esas elecciones. Cuando se trata de temas periodísticos éstos deberían ser más sencillos, no así cuando entran en juego temas de ética o factores metaperiodísticos como los intereses comerciales o políticos de las corporaciones y sus dueños.

Es normal. Los medios no son entes puros ni ajenos a los mismos conflictos que el resto de los actores. La clave está en reconocer esos conflictos y hacerlos explícitos para que sepan los lectores, radioescuchas, televidente o cibernautas, cómo se procesa la información que se les está presentando. El caso MVS trajo cosas buenas: audiencias organizadas en defensa de sus intereses y exhibió puntos clave de la relación entre los periodistas y sus empleadores, pero en el ánimo de mejorar hay que reconocer junto a lo bueno, los temas en materia de transparencia que quedaron pendientes.

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