Alejandro López

Me gustan los estudiantes



Me gustan los estudiantes jardín de nuestra alegría
Son aves que no se asustan de animal ni policía
Y no le temen a las balas ni al ladrar de la jauría
Caramba si así va la cosa que viva la Astronomía
Violeta Parra

Celebro con entusiasmo la carta de Jorge Meléndez (El Deleite de ser universitario, etcétera, mayo 2008) y acepto con gusto el diálogo que propone para reconstruir los sucesos del 68. Recordaremos cómo vivimos ese año que ha quedado marcado en la historia como un hito, un grito, un cambio de paradigmas, una llamarada, un estallido y más, mucho más que la simple matanza de Tlatelolco. Si bien el genocidio sofocó temporalmente la revuelta, no apagó los legítimos reclamos de libertad y democracia.

La intención de mis colaboraciones es relatar mis vivencias en aquel movimiento, así como el contexto en que se dio. Por razones de espacio en el número anterior (El delito de ser universitario) se redujo a una planami colaboración, y sólo escribí una somera descripción de los grupos que actuaban en la Escuela Nacional de Economía (ENE) de la UNAM. Por cierto, no mencioné a la fracción Folclórica del Noyola, integrada por los hermanos Carlos y Juan Ortega, y Miguel y José Ayala, quienes entonaban canciones de Joan Báez, Pete Seeger, Simón y Garfunkel y otros, en mítines y sentones que organizábamos.

Sin embargo, y gracias a la carta de Mele, la información que di (pintura acelerada) se amplía y deja ver otros matices que no toqué. Quería, sobre todo, mostrar la enorme pluralidad que había entonces, pero también la eterna fragmentación de la izquierda.

Entre la Juventud Comunista y el Grupo Noyola, había una amplia franja de afinidad en varios aspectos. Además eran asiduos al cine club, amén de la amistad personal con algunos de ellos: Eduardo Valle El búho, Joel Ortega, Pablo Gómez, Jorge Meléndez y otros más de Ciencias y Ciencias Políticas, que fueron más que compañeros de viaje (Lenin dixit).

En 1966, nos tocó reconstruir juntos nuestra escuela, después del golpe que organizó Díaz Ordaz en contra de la UNAM, cuyo resultado fue la salida del rector Ignacio Chávez, en venganza por el apoyo que dio al movimiento médico de ese año. Ese movimiento unió al PRI y a la ultraizquierda. Recuerdo que nuestras asambleas (Escuela de democracia) eran vigiladas por los porros de Derecho (Sánchez Duarte, Piri Payán, Castro Bustos y otros de su ralea) armados con pistolas y metralletas. Las escaleras que conducían al interior de la escuela fueron bloqueadas con alambre de púas y barricadas para impedir que se rompiera el paro decretado por ellos. Después de esto la ENE y la UNAM quedaron postradas. Unas semanas después renunció como director de la ENE Horacio Flores de la Peña y fue nombrado provisionalmente Jesús Silva Herzog (padre). Entonces unimos esfuerzos para darle un rumbo académico y democrático a nuestra institución. Ganamos unidos con la planilla blanca y negro la elección de consejeros a la Comisión Mixta (encargada de la reforma). Logramos un plan de estudios avanzado y muy completo y, por si fuera poco, un mecanismo de participación democrática, más allá de plataformas ideológicas.

En 1967, con la llegada de Ifigenia Martínez a la dirección de la ENE se fortaleció el sector priista y el CID, como atinadamente señalas, que se decían socialdemócratas, pero actuaban en contubernio con la dirección. Este grupo era dirigido por Miguel Delgadillo (nunca fue Noyolo), quien dirigía una revista llamada Devenir que apenas logró editar cinco o seis números. Delgadillo era una persona interesante, había estado en Indonesia, la Unión Soviética (donde se cayó en un baño de vapor y estuvo hospitalizado dos meses), Checoslovaquia y Alemania Oriental, labioso e ingenioso. Murió trágicamente en Bahía de Banderas en 1972, al explotar el boiler del baño (algo traía con los baños).

El CID ganó ese año las elecciones de la sociedad de alumnos, figura muy desprestigiada entre nosotros, gracias a la división de la izquierda en ese proceso. Pero, como bien dices fueron borrados durante el 68.

Con respecto a Gustavo Gordillo y Miguel Sandoval, eran muy capaces, con altas calificaciones y buenos amigos, ambos tuvieron una brillante trayectoria e hicieron carrera en organismos internacionales: Gustavo es articulista de La Jornada y Miguel vive en Washington.

En lo que se refiere a Carlos Thierry (que no era Noyolo, pero sí un excelente amigo), tuvimos una militancia en el anarquismo post movimiento. Organizamos juntos La Columna de Urruti, El teatro azul y la Cia en el Norte, además del Centro de Información de Economía y su café, el Ying-Yang, que fueron cerrados en 1971.

Al terminar la carrera, él siguió hacia el movimiento sindical (SITUAM) y yo me fui a trabajar a comunidades indígenas en Oaxaca. Como señalé en mi artículo anterior, Carlos fue asesinado por Cuauhtemoc López Oliva a las puertas del SITUAM y ese crimen quedó impune.

PD. Efectivamente los Toficos (Salinas, Camacho, Lozoya, etcétera) no participaron nunca en el movimiento, por el contrario, organizaron clases extramuros en sus casas. Es bueno aclararlo ahora que el ratón saca la cabeza para echarle la culpa a sus sucesores del desastre neoliberal que se inició precisamente con él. Rocco, Colmenares, Santana, los Aguilar Mora eran trotskistas muy respetables, duros en la discusión, pero abiertos a ella.


Es un nostálgico irredento, uno de esos a los que debemos la democracia que hay en el país.

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