Cinque Terre

Ruth Esparza Carvajal

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Subdirectora de etcétera

Mauricio López: “Dejaremos de ser oposición y nos convertiremos en alternativa”

Cuéntame: ¿cómo empieza tu simpatía por la politica?

Empezó de niño, con la oratoria, en estos concursos de la primaria de los setenta. En sexto, en “El foro de la niñez mexicana”, debíamos hablar de algún problema de la ciudad y yo escogí la alimentación. Gané en la etapa del Distrito Federal. Fui el único de una escuela pública, había una chava del Green Hill, un muchacho del Simón Bolívar y yo de la Heróica Próceres de la Revolución.

Aunque en mi familia siempre hubo política -mis familiares en el sindicato del IMSS, mi abuelo líder obrero en las fábricas La Hormiga y Alpina-, no había una intención de militar o participar en la vida pública y activa de mi parte.

Después me invitaron a un evento de campaña de Miguel De la Madrid a hablar como niño, pudo haberse tomado hoy como abuso a menores, pero no, fui con mucho gusto e interés. A los 16 años decidí militar en el PRI. Siempre he dicho que fui primero priista que ciudadano.

¿Qué significó para ti el movimiento estudiantil del CEU, hace casi 30 años?

Oxígeno puro, revisión de lo que en ese momento estaba pensando referente de mi acción pública; energía, alegría.

Pero, ¿cómo le hizo un priista para participar en una gesta opositora del gobierno?

Nosotros estábamos muy sentidos, organizamos una marcha para pedir espacio para los jovenes en ’86, que fue reprimida. Marchamos del Ángel de la Independencia al partido, lo tomamos, hablamos con el presidente. Nos mandaron grupos de choque para golpearnos, ahí están las fotos.

Yo participaba en la juventud progresista que asistía a las tertulias en casa de Ifigenia Martínez en Dulce Oliva, Coyoacán. Muchos decidimos quedarnos en el PRI para apoyar ese priismo democrático que quería discutir la modernización de México.

Seguimos trabajando en Juventud progresista y decidí ya no militar tanto orgánicamente en el PRI, irme a la UNAM. Ahí me encontré con el movimiento, en el CCH Sur, que es un CCH distinto porque van muchos hijos de academicos y líderes sociales de izquierda, es un CCH de clases medias.

En una asamblea estudiantil, cuando había que ir a recibir las llaves de la dirección porque nos íbamos a huelga, me encontré con más de mil 500 estudiantes. Julián Andrade Jardí, hijo del abogado Andrade, que fue defensor de los presos políticos, Nicolás Olivos Santoyo, hijo del líder sindical, Carolina de la Peña, Ana María Cheto, Matías, hijastro o hijo de Armando Martínez Verdugo, Mercedes Martínez Nateras, Ana Ruth Razcón, Ciro Murayama, Lorenzo Córdova.

Ahí los conocí, recibimos las instalaciones y después conformamos un grupo. Me decían que qué hacía yo en la izquierda, que debía de regresarme al PRI, donde se ganaban elecciones, pero me aceptaron con camaradería. Ese movimiento me llevaría a reunirme con un grupo de académicos que hoy quiero mucho y que formo parte de ellos: José Woldenberg, Rolando Cordera, Carlos Pereira, Eduardo del Valle, Pablo Pascual Moncayo, Fito Sanchez Rebolledo, Raúl Trejo Delarbre, por cierto, fundador de etcétera.

Empezamos debatiendo con ellos, porque nos criticaban como movimiento estudiantil, y terminamos forjando una amistad y compartiendo valores sobre democracia y desarrollo social, que dieron paso a participar en el Instituto de Estudios para la Transición Democrática. Somos un grupo de amigos que actuamos y reaccionamos a veces igual ante situaciones dadas. No somos un grupo político en la UNAM ni en la vida pública mexicana, sino un grupo académico que tiene propuestas y opciones para fortalecer la democracia y el desarrollo en México.

El movimiento estudiantil fue vincularme con la izquierda, y no solo ésa, con Martí Batres también, con Óscar Moreno, con Guadalupe Chavira, con mucha gente que después se iría al PRD. Adolfo Llubere, Néstor Ojeda. Toda una generación que ahora está en todos lados, que formó una nueva forma de hacer política en la ciudad y de comunicar. Muchos se fueron a medios, incluido Marquito Levario.

¿Eres mejor bailarín que político?

Creo que estoy fortaleciendo mi trabajo político más que el baile. No he tenido tiempo para el baile, pero sí se me da.

¿En los bailes de las colonias?

Eso sí, ya me hicieron bailar en Coyoacán, un sábado en una reunión con Pedro Chino. Sí me ha gustado mucho bailar, yo fui de los que aprendió de los tíos, los abuelos. Nos enseñaron la música tropical y el rock and roll clásico. Abríamos mucho los pies y nos amarraban unas agujetas para que pudiéramos hacer el paso chiquito cadencioso y mover más la cadera y los hombros. Conozco todos de los centros de baile de esta ciudad, yo diría.

¿Cuál es tu favorito?

Era el Salón México, ya lo cerraron. En la etapa en que lo reabrió María Rojo parecía que era un gran salón y que tenía esa nostalgia de lo que había sido. Pero sigo yendo a varios: al Salón Ángeles, al California Dancing Club de la colonia Portales, en el que no venden bebidas alcohólicas.

Me gusta que es muy familiar y que puedes oír todavía una buena salsa al igual que a Acerina y su danzonera.

Los mejores tacos de la ciudad, ¿dónde los comes?

Tengo varios lugares: La Catedral, por referencia de los priistas, que está aquí a unas cuadras, El Califa de León, que además tiene la anécdota de que Luis Donaldo Colosio y muchos priistas iban ahí en la madrugada saliendo del partido a echarse uno de costilla y dos de bistec.

Ya sé a dónde voy a ir

Es mejor ir en la noche, ahí están los mejores tacos de ese estilo, parecidos a las gaoneras pero más populares. Es un changarrito de 3 x 4 ó 5 metros. Los otros que me gustan mucho son los de la Michoacana en la Avenida México, en la Magdalena Contreras. Son de aguja, machito, suadero, cabeza. De pastor siempre me han gustado los de La Linternita y últimamente también los Manolo, que están por la vieja oficina de etcétera, ahí en Cuauhtémoc.

¿Cómo proyectas reposicionar al PRI en el DF?

Mira, primero con un gran esfuerzo de unidad y convocatoria a los militantes que no se sentían incorporados en su partido. Segundo, a partir de innovación, audacia y construcción de un mensaje que reconecte al partido con la ciudad. Hace 17 años que el PRI es oposición, no se ha reconectado con la capital. Tener un mensaje muy concreto de soluciones a los problemas de la gente. No una plataforma electoral, un proyecto de futuro en la ciudad, que la gente sepa. No les queda claro para qué sirve el PRI, qué propone. Tercero, buenos candidatos, abrirse no solamente a los candidatos ciudadanos; revisar trayectorias, hojas de vida, currículums y la aceptación que tienen sus militantes. Muchas mujeres y jóvenes serán candidatos.

Somos oposición. Vamos a cumplir 18 el próximo año, ya llegamos a la mayoría de edad.

También aprendes de eso, ¿no?

Sí, dejaremos de ser oposición y nos convertiremos en alternativa. Recuperar la confianza, que no nos vean divididos. Que si queremos gobernar la ciudad nos gobernemos bien internamente nosotros mismos. Con un mensaje y una estrategia de comunicación diferente. Con candidatos que sean de la sociedad que vamos a representar, que reflejen la pluralidad y la diversidad de la ciudad.

¿Cuál sería tu principal crítica a los gobiernos perredistas?

Se desgastaron y se corrompieron rápidamente, dejaron de ver por la gente y pervirtieron los programas que desarrollaron, no entienden el corporativismo, construyen clientelismo; un proceso perverso de participación democrática que oculta realmente las voces de la sociedad. La corrupción a nivel delegacional, la podredumbre y el saqueo que debe de parar, lo que solo se puede hacer con alternancia. Ésa es nuestra propuesta: generar equilibrios políticos cambiando 17 años monocromáticos.

¿La colonia Obrera o Polanco?

Híjole, a mí me gusta el Centro y Héroes de Padierna, es donde he vivido siempre. Colonias con fuerte contenido social o que me pesan mucho…

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Nací en la Unidad Independencia, luego me fui a vivir a Héroes de Padierna. Me tocó ver la pavimentación de las calles, el trabajo social de los curas. Hay historias de Héctor Aguilar Camín, en El Resplandor de la Madera, donde narra la vinculación de la teología de la liberación, el trabajo social y todo. Ahora ya vivo en el Centro, enfrente de la Alameda.

¿Cantinflas o Tin Tan?

Los dos, maravillosos. El pachuco que inventó un léxico. El cómico que tenía sentido social; en su etapa final, sobre todo en sus películas: “El Ministro y yo”, “El Quijote de la Mancha”, “El profesor”, un mensaje crítico al ejercicio del gobierno y las instituciones. Tin Tan maravilloso con esa vida popular de la ciudad, del pachuco de esas nuevas realidades urbanas que generaban nuevas identidades.

¿Mezcal o whisky?

Yo ahorita por la edad, whisky, como diría Galio [risas]. Ya llegué a la edad en que el Bacardí blanco me genera cruda.

¿El Chavo del ocho o Supermán?

El Chavo del ocho.

¿Cuarón o Scorsese?

Híjole, ahí sí está difícil, porque por un amigo mutuo del director de esta revista y mío, Alberto Monroy, a los 20 años empezamos a descubrir a muchos cineastas y nos metíamos a profundidad.

Scorsese es uno de los grandes, Cuarón es uno de los mexicanos singularmente más avanzados en la dirección del cine, pero no es de mis directores favoritos, de los que me marcaron. Yo creo que fue Casals en mi época juvenil y que después tuve el gusto de conocer y de entregarle el premio de la ciudad de México en la Asamblea junto a Adolfo Sánchez Rebolledo. Híjole, ver “Las Poquianchis”, “El apando”, “Canoa”, “Los motivos de Luz”… fue muy impresionante.

¿Cual es tu película favorita?

Anda entre dos: “Casablanca” y “El Padrino”. Nosotros fundamos un partido político en la Facultad de Economía, el “PUP” (Partido Único de Pescadazos) que tenia dos pilares ideológicos: Bogart y Mauricio Garcés. Ellos eran el referente de aquéllos que no éramos tan agraciados físicamente, pero que sí tenemos personalidad. Esas dos películas, además de “Ciudadano Kane”.

¿A qué dedicas tu tiempo libre?

Descanso para ver a mi familia, generalmente. Terminando las jornadas el sábado en la tarde-noche, el domingo a veces hay que atender todavía en la mañana algunos asuntos, pero en la tarde procuro comer en mi casa con mi abuela, mi madre, mi familia. Con la amiga que estoy saliendo voy al cine. Ella viene y me roba, porque sabe que de otra manera no me separo, o sea, ha llegado a las 8:45 y me dice: “Oye, el concierto de Aute es a las 9, vámonos, es aquí en el Metropólitan”. Leer un poco, ya no puedo practicar tanto deporte, hago ejercicio en las mañanas pero me gustaría tener tiempo para volver a jugar béisbol.

¿Ya no juegas dominó?

Sí, sigo jugando dominó, no con la frecuencia que quisiera, tengo una mesa muy interesante con algunos actores públicos una vez a la semana, donde tengo que educar y enseñarle el dominó a Roy Campos, Hugo Scherer, al senador Patricio Martínez. Es una mesa a la que me invitaron y de vez en cuando caigo. Me doy una vuelta para echar ficha y platicar. Es una mesa que refresca por la creatividad. Cae el ex secretario de salud Córdoba, o puede caer Mario Delgado o Vidal Llerenas o algunos otros senadores.

Amplia convocatoria

Es una convocatoria plural. Nos convoca el dominó. Platicar de cosas que no sea la política, aunque a veces terminamos platicando de política.

Como algún día nos convocó a nosotros.

Como nos convocó a nosotros, pero no lo hacíamos en casas, sino en cantinas, en la Montejo o en la Tasca Manolo, que ya no existe. Tito Bris lo volvió El Cardenal. Ahí jugué con muchos amigos, contigo, con Marco Levario, con Ricardo Becerra y Patricia Mercado, con una serie de gente que ahí nos dábamos cita para disfrutar.

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