Cinque Terre

Ruth Esparza Carvajal

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Subdirectora de etcétera

Mara Escalante: “Me gustaba la tragicomedia”

Vea le entrevista en nuestro canal: Videos etcétera

Entrevista a Mara Escalante, comediante

¿Cómo recuerdas tu infancia?

Muy feliz, una infancia en la que jugaba en la calle y se me hacia de noche, y me metía a las casas, porque era una colonia nueva.

¿Qué colonia?

Los Olivos, en Coapa, por la prepa 5. Me gustaba ir a darle la bienvenida a los vecinos que se iban cambiando. Me le perdía mucho a mi mamá, se organizaban brigadas en bicicleta para irme a buscar, y dice mi hermana Alma que por ahí se asomaban a un portón y veían a una greñita güerita brincando en un poni, esos caballitos que tenían resortes. Así recuerdo mi infancia, encontrando gatitos en una construcción y haciéndoles una casita.

Todavía había establos y vacas…

Había establos y vacas, recuerdo el olor a establo, caminar con la muchacha de la casa de enfrente, Gloria todavía vive, para ir a ver la hora en el reloj al que le echábamos la moneda y jalábamos la palanquita. Era una oportunidad para ella de salir a ver si veía un muchacho; escuchando a los Terrícolas, platicando con mi vecina Doña Licho, escuchando sobre su infancia en Temalcalcingo, que fue en la que me inspiré para algún personaje.

¿A qué jugabas?

Jugaba a las trais, stop, escondidillas. Jugábamos todos esos juegos en la calle, nos gustaba mucho tocar timbres y escondernos, jugar cinturón escondido. Tenía una vecina que era muy creativa, entonces a su hermana y a mi, como éramos más chicas, siempre nos echaba por delante, “vamos a jugar esto”, y los castigos eran ir a tocar a una casa y hacer una cosa ridícula, y nos daba pena, pero nos aguantábamos y nos duraba la risa toda la noche.

¿Cómo decides dedicarte a la actuación? Más allá de las influencias familiares, o junto con ellas.

Desde chica. Sí, junto con ellas. Por un lado vengo de padres actores, y yo jugaba en los teatros también cuando mi papá estaba en alguna obra. Ahí me hacían un columpio los tramoyistas, me quedaba dormida en las butacas, o tras bambalinas veía a mi papá actuar y me emocionaba y lo imitaba. Siempre imitaba a mis compañeros en la escuela, los hacía reír y eso me gustaba, aunque no sabía que me iba a dedicar a la comedia.

Y si hubieras tenido que elegir cualquier otra profesión, ¿cuál hubiera sido?

Pintora, decoradora, cantante, algo que tuviera que ver con el arte.

¿Pasó por tu mente dedicarte a la comedia?

Honestamente no, aunque siempre hacia reír a la gente o muchos de los ejercicios de la escuela de actuación se cargaban hacia la comedia, estaba muy concentrada en la literatura y otros géneros.

¿Qué género te gustaba más?

La tragicomedia, la tragedia. Me gustaba mucho Shakespeare, nos hacían leerlo todo. Todo un año en la universidad fue ver Otelo con el maestro José Luis Ibáñez. Yo no me sentía familiarizada con otros géneros, y por ahí pasaba la comedia.

¿Por qué nunca se te ocurrió, a pesar de que traías esa facilidad? ¿No te gustaba?

No, sí me gustaba hacer reír, pero me apasionaba imaginarme interpretando a la señorita Julia, tal vez era eso, que me imaginaba interpretando a ciertos personajes que cuando los leía me emocionaba mucho.

¿Te gustaría, en algún momento, interpretar alguno?

Claro, tan es así que hace dos años decidí volver a estos géneros. Acabo de hacer un programa donde hago a una mujer villana muy mala, y me estoy escribiendo otras historias, un personaje desde hace tres años y medio, como una tragicomedia, ésa es la oportunidad que me estoy dando.

Eres hija de actores, ¿en qué te favorece eso y cuáles desventajas tiene?

No vi desventajas, más bien vi que sí me allanaron el camino. Para empezar, tuve clases gratis desde los cuatro años, de una manera tal vez involuntaria y muy fresca, muy lúdica, y esto creo que me benefició. También el hecho de que mi papá me dijera cómo era el medio me ayudó. Me dijo: “Mira, aquí todo el mundo te va a querer hacer estrella, entonces tú no debes creer eso, tú tienes que construir lo que quieras realmente lograr en tu carrera y con tus propios medios”. Y yo veía cómo él armaba la escenografía del monólogo que hacía en ese entonces y veía cómo se hacía su vestuario y se pegaba su bigote. Entonces creo todo eso más bien me ayudó, que es lo que finalmente hago.

¿Y crees que haber cursado tu carrera en la UNAM, te dio algo más que si la hubieras seguido, por ejemplo, en la Andrés Soler?

Claro que sí, en el momento no lo vi, porque cuando salí de la UNAM francamente pensé, “dios mío nada mas vine a perder mi tiempo, porque no tengo trabajo, ni me van a dar”. Y cuando veía que para la gente de otras escuelas era más fácil, por ejemplo del CUT, la gente salía preparada y además sabían hacer acrobacias, cantar, bailar, hacer muchas cosas. Yo tuve la oportunidad de estudiar la carrera de Literatura dramática y teatro. Está más enfocada a la literatura y los maestros tenían tendencias bastantes europeas, rusas, de un teatro que era universal. No tenía nada que ver con mi realidad, con lo que yo podía crear. Algunas tendencias muy socialistas, teatro y sociedad, Bertolt Bretcht. Me costó un poquito de trabajo librarme de estos fantasmas. Después, con la madurez uno va tomando, lo que realmente te funciona de cada una de las experiencias, que has tenido. Cuando empiezo a intentar hacer las cosas en mi realidad, con mi banco de datos, mi experiencia, como mexicana, capitalina y empiezo a crear mis personajes, mi propio universo, mi sistema de relaciones, pero con una estricta tabla aristotélica, no para hacer una historia, para hacer un sistema de relaciones, de personajes. Sí me quedaron cosas muy buenas, y yo agradezco mucho a la UNAM.

¿Cuál sería la principal enseñanza de tu madre?

Algo bueno que aprendí fue que mi mamá era una mujer humilde y bondadosa. Cuando pasaban algunos indígenas vendiendo cositas o tocando el violincito y pidiendo de casa en casa, mi mamá los pasaba y les daba de comer. Ésa es una enseñanza muy fuerte que entra por los poros, y que no puede ser de otra manera más que con el ejemplo, eso fue muy bonito. Y de esa manera de ser tan noble de mi mamá, aprendí algo que no quisiera repetir: dejó su carrera y sus sueños por cuidarnos. Cuidarnos, lavar ropa, planchar, hacer la comida. Eso es lo que aprendí que no quisiera repetir.

¿Cuántos hijos tienes?

Tengo dos hijos, Adrián y Andrés.

¿Qué edad tienen?

Once y ocho, va a cumplir ocho.

¿Cuál es tu actividad preferida con ellos?

Hay muchas, me gusta mucho estar con ellos, hacer bromas, ponernos pelucas, actuar, cuando quieren hacerlo y les gusta, obviamente, cuando sale de ellos, cantar con ellos.

¿Cómo ves, han heredado la vena?

El chiquito es clon mío, ése es comediante involuntario, y el grande es más intelectual, más serio, y canta bonito.

¿Es complicado organizarse para ser madre en esta carrera?

Sí es complicado porque el tiempo no rinde como uno quisiera, pero con ayuda se puede, yo tengo ayuda y estoy rodeada de gente muy buena, tienen un papá muy bueno, responsable y muy dedicado, y tengo a mi compañero, que también es muy buen y amigo de mis hijos y me ayuda mucho. Tengo ayuda aquí en casa, de mi asistente Amadita y José, que son también mis dos manos: sabemos hacer equipo.

¿Y cuál es tu literatura preferida?

Bueno, García Marquez, definitivamente, yo soy muy sencilla, muy juguetona y muy colorida. Y muy de seres fantásticos.

¿Qué libro estas leyendo?

Las mujeres que corren con los lobos. Me he tardado bastante porque no es un libro sencillo y me ha hecho cuestionarme. Llevo más de un año leyéndolo, pero es un libro que creo que va a marcar mi vida y que me ha hecho ser una mujer más madura.

¿Por qué?

En mi experiencia de vida, siento fui perdiéndome en el camino, después de ser una niña muy segura, de tener mucha iniciativa, de estar inventando, creando y no tener miedo, de pronto, con el tiempo, se va uno llenando de lastres, de dudas. Llegó un momento que tenía que hablar por teléfono para preguntar si compraba la licuadora de 6 velocidades o la de 8, porque pensé que había una opinión mejor, más sabia, y como mamá, como mujer, me empecé a perder. Me recuperé porque soy de tomar terapia y de buscar por muchos medios la sanación, y la fui encontrando con la meditación, pero después llegó este libro, y digo “¡Ay! ¿Por qué no llegó hace 10 años ó 15 años?”.

A lo mejor llegó cuando tenía que llegar.

Pero seguramente no lo hubiera entendido hace 10 ó 15 años. Es un libro donde una mujer sabia, psicóloga junguiana, empieza a narrar todo a través de sueños, de cuentos, y empiezo a redescubrirme y a rescatar esta mujer salvaje, que es la que me dice qué hacer si el niño está empachado, que me hace recordar a mi madre que sí era sabia y no tenía que preguntar si había que tronarme el pellejo para quitarme el empacho. Hay algo maravilloso de la madurez, uno aprende a poner limites.

¿Vas al cine, al teatro?

Sí, voy al cine, voy al teatro. Aunque últimamente veo las películas en Netflix, por el tiempo, y voy más al cine de niños, que también me gusta mucho.

De las múltiples expresiones artísticas, ¿cuál es tu favorita?

La música. Tengo un gusto muy variado, me gusta mucho, por ejemplo, la selección que hace Putumayo, donde puedo conocer música, sonidos de diferentes etnias en el mundo, y eso me gusta. Se me hace muy mágico, me gusta mucho el pasado, me gustaría poder viajar al pasado.

¿Qué noticias ves?

Bueno, las de cajón, de actualidad. Cuando algo me impacta mucho, trato de no entrar en detalles, aunque a veces es inevitable, como actualmente sucede con la realidad del país. Y trato de permanecer ecuánime, porque da miedo la vida, da miedo a veces.

¿Eres aficionada a las redes sociales?

Aficionada no, las utilizo para dar a conocer mi trabajo, mandar un mensaje positivo porque tengo gente que me sigue, y trato de hacerlo con mucha responsabilidad. Lo mío es la actuación y dentro de mi quehacer artístico, disolver el ego. Yo me he dado cuenta que a la gente no le gusta que te pongas por encima de ellos, a netearlos. A la gente le gusta sentir que somos iguales, que tenemos la misma capacidad para hacer el bien, para equivocarnos, regarla y volverse a levantar.

¿Cuál sería el secreto para tener éxito como comediante?

Bueno, no sé exactamente cuál sea, pero sí puedo decir las cosas que a mí me han funcionado. Ser observador, ser caradura para aventarse a hacer reír, hacer el ridículo y regarla y volverte a recuperar. Leer, aprender estructura dramática, imitar, ser muy juguetón. Y el oficio, horas nalgas; sentarse a escribir y reescribir, tirar el 80% y quedarte con un 20%, fijarlo y volver a escribir y a reescribir y a reescribir y a comprarte una peluca, y meterle una voz, y probar, probar, probar…

¿Qué opinas del Teletón?

¿Por qué me metes en camisa de once varas, eh? Mira, es difícil opinar porque yo tengo un compromiso de trabajo con la televisora que hace el Teletón, y esa televisora que a mí me contrata, me da trabajo, me emplea, me pide de favor que yo vaya y colabore en el Teletón para generar recursos. Honestamente, yo lo que he decidido, haciendo a un lado si para ellos son deducibles los impuestos, que nada de malo tendría que sean deducibles, todos buscamos la manera de deducir impuestos. Si hacer un centro de rehabilitación de éstos le corresponde al gobierno, estoy totalmente de acuerdo, creo le corresponde con los impuestos que nosotros estamos pagando. Lo que puedo hacer es ir y cumplir con mi trabajo, con una empresa que me da trabajo y ya lo demás se lo dejo a la responsabilidad de cada quién.

Voltaire dijo que buscamos la felicidad, pero sin saber dónde, como los borrachos buscan su casa, sabiendo que tienen una. ¿Qué opinas?

Estoy totalmente de acuerdo, buscamos la felicidad fuera, en los incentivos y nunca se acaban, entonces nunca se encuentra la felicidad. Yo hoy tengo un peso y mañana quiero dos, y cuando tengo dos quiero tres. Además, estamos repletos de información que nos hace incrementar nuestro deseo por las cosas, y lo buscamos afuera en el camino y nunca la vamos a encontrar, y a mí lo que me resulta el camino del cual yo he decidido agarrarme y no soltarme es la meditación.

¿La suerte de la fea, Mara Escalante la desea?

Yo trato de no desear nada, de estar contenta con lo que me toca, me siento bendecida por lo mismo. Decido no desear cosas, decido no desear, no quiere decir que lo logre por completo verdad, pero en eso trabajo justamente, porque sé que si deseo voy a sufrir.

Fotografías: Laura Garza / Círculo Rojo

Puedes ver la entrevista en

el canal de Youtube:

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