Cinque Terre

Mireya Maldonado

Periodista.

Los templos de la belleza

Son cuerpos de hombres y mujeres sudorosos que andan entre ruidos de metales, sonidos guturales emergidos del esfuerzo y la música monocorde que retumba casi al compás de los músculos hinchados. Todos piensan en sus figuras sin adiposidades, moldeadas aunque duelan.

¿Para qué buscar la belleza, cuando no es precisamente uno de los temas urgentes entre aquellos que ocupan las emergencias del día a día? Porque desde aquel Cromagnon, cuya primera obra de arte fue adornarse a sí mismo, o la Venus de Willendorf, con sus miles de años y sus opulentas caderas; hasta los constructores de músculos de los gimnasios de hoy; el sentido de la belleza y las sensaciones que provoca son innatas en los seres humanos.

Las grandes civilizaciones antiguas miraban y creían en torno a la estética de lo sagrado. Crearon un mundo mítico-religioso, un universo de dioses y su relación con los humanos. A partir del desarrollo de la cultura griega cambia el concepto de lo bello porque trasciende la divinidad y convierte al hombre en el epicentro. La filosofía platónica asoció lo moral, lo bueno, lo justo y lo verdadero con la belleza, y los postulados pitagóricos definieron que la armonía y la proporción son sus parámetros. Aún hoy esos pensamientos impregnan el mundo de occidente.

Fernando García Romero, de la Universidad Complutense de Madrid comenta en su texto “El cuerpo del atleta en la antigua Grecia” que los artistas griegos representaban con inusitada frecuencia los vigorosos cuerpos de los atletas, y la desnudez de sus héroes y dioses a quienes atribuían el aspecto de atletas en la plenitud de su juventud y su belleza.

“(…) el arte griego nos muestra los cuerpos de los atletas en las más variadas actitudes dentro de los gimnasios, las palestras, los estadios y los hipódromos. Los vemos en los momentos previos o posteriores al esfuerzo deportivo, aplicándose el aceite o quitándose con la estrígile la mezcla de polvo y aceite que cubre sus cuerpos tras el ejercicio, recibiendo masajes o vistiéndose para volver a casa”.

Hoy, frente a ese grupo humano que corre, pedalea, levanta peso con brazos, piernas y abdomen, estamos también frente a recreación griega: son hombres y mujeres que utilizan sus propios cuerpos como lo haría en escultor con la piedra para darle vida.

Templos de la belleza

Un gimnasio es un espacio donde lo bello puede ser retratado en una sucesión de planos y detalles, aunque se haga a través de un proceso de fragmentación que quiere alcanzar una armonía integral. Por ejemplo, aquel hombre que está frente al espejo, con los pies separados a la altura de los hombros, tiene pectorales anchos, piernas gruesas y espalda triangular. De pie, contempla cómo se abultan sus biceps y saltan las venas cada vez que levanta y baja alternadamente las mancuernas de 20 libras. Más adelante, una mujer que logró definir su figura, continúa con una especie de construcción de glúteos duros y redondos con las sentadillas que repite mientras sostiene sobre su espalda una barra que afianza con las manos.

Aproximadamente 20 hombres y 15 mujeres utilizan diferentes herramientas. Algunos, con varios kilos de más o cuerpos que a pesar de su delgadez reflejan el reposo del sedentarismo, se paran frente a una máquina y un instructor les explica cómo usarla. Hacen su tarea y contemplan a los otros como el ideal alcanzable. Ese es a grandes rasgos el macrocosmos. Entre tanto, dentro de esos organismos ocurren miles de cambios con los movimientos que se repiten en series. En cada uno, millones de fibras musculares microscópicas aumentan de diámetro y con ello dan mayor volumen a los músculos.

Cada fibra posee proteínas contráctiles: la actina y la miosina. El levantamiento de pesas produce adicionalmente más de ambas. Gracias a ellas los músculos desarrollan tensión, se acortan y estiran. Estas contracciones producen la fuerza de casi todos los músculos que al activarse aceleran el metabolismo y disminuyen la grasa en el cuerpo.

El entrenamiento de fuerza mejora la comunicación entre el cerebro y los músculos, lo cual permite que se activen de forma acelerada las fibras musculares. Los vasos sanguíneos también se contraen y el corazón bombea con más fuerza para mantener el flujo de sangre adecuado. Con un entrenamiento constante, el grosor muscular de una de las cuatro cámaras del corazón, conocida como el ventrículo izquierdo, aumenta y el músculo cardíaco se torna más fuerte.

Algunos se esmeran para aumentar la masa muscular. Practican el fisicoculturismo. Sobre todo persiguen marcar los músculos. Es el llamado fitness. Deben hacer ejercicios cardiovasculares, ejercicios de fuerza con pesas y llevar una dieta. Si uno de esos factores falla, sobre todo el último, la meta será inalcanzable.

Esa actividad tiene su mística. Si bien cualquiera puede emprenderla, muchos la abandonan rápido porque no miran los cambios anhelados en tiempos mágicos. Hacer ejercicios necesita de hombres y mujeres disciplinados, motivados por su propia belleza y, por supuesto, por buenos instructores y entrenadores.

La belleza posible

Arturo Aguilar es uno de los entrenadores más solicitados en México. Lo encontré rodeado de hombres en bikini, aceitados, brillosos. Les daba indicaciones para que ejecutaran distintas poses que resaltaran los músculos ya sea de la espalda, de los pectorales, las piernas, los abdómenes cuadriculados. Parecían estatuas de alguno de los espartanos que nos regaló recientemente Hollywood. Unos eran más altos que otros, algunos con mayor masa muscular, pero cada quien, en su turno, se esforzaba en mostrar resultados.

Cuando Arturo deja de dar instrucciones a quienes están próximos a competir en Mister México, se sienta a mi lado y señala la cabeza de un perro; es su logotipo, “porque más que una manada somos una jauría, una familia que se ha formado con los muchachos y muchachas que entreno. Yo soy básicamente motivador, trabajo duro todos los días con ellos para que alcancen sus metas, ésta es mi pasión y me voy a morir con ella. A lo mejor un día me da un infarto con estos canijos, pero quiero dejarles un legado: mostrarles una opción deportiva que requiere disciplina y tiempo”.

Todos pueden obtener resultados aunque cada organismo responde de forma distinta. Arturo, entrenador de físicoculturistas desde hace 20 años, dice que la hipertrofia, el desarrollo de la masa muscular, tiene un límite de acuerdo con la carga genética de cada individuo y da una apariencia diferente entre hombres y mujeres. Por ejemplo, quienes tienen una apariencia seca son naturalmente andrógenos, casi no acumulan grasa y eso es hablar ya de somatotipos, que son las características que tiene cada persona.

Así, con base en la caracterización que hizo William Herbert Sheldon, hace más de sesenta años, de los diferentes cuerpos humanos, Arturo nos habla de los individuos endomórficos, caracterizados por su predisposición a almacenar grasas y una estructura ósea de grandes proporciones. Son los denominados obesos.

Quienes son naturalmente delgados, con poca grasa almacenada, cuyos músculos y extremidades son largas, son ectomórficos. Son hombres o mujeres lineales porque su altura es siempre más grande que su anchura. “¡Les cuesta un trabajo subir de peso! Así coman rondanas capeadas, se enferman y se les van 10 kilos, entrenan y ganan cuatro kilos. Eso sí, tienen físicos muy bonitos porque son delgados, armoniosos”.

“En cambio, los que tienen hombros anchos con una cintura delgada y torso macizo y cuentan con la predisposición genética para desarrollar músculos son los mesomórficos. Ellos son los que más sirven para el deporte del fisicoculturismo. Son como un caballo percherón o una mamushka, naturalmente fuertes”.

Eso sí, es importante que cada quién busque el porcentaje y peso ideal, acordes a su estatura y estructura ósea. En ese proceso, la gente debe descubrir lo que realmente puede hacer su cuerpo. “De hecho, como entrenador, muestro las cosas que se pueden lograr y que se ganan paso a paso, en escalas, y hago un traje a la medida. Quien quiera puede venir a caminar con una intensidad media, a entrenar con pesas, a adoptar una sana alimentación, a tener objetivos”.

La receta es fácil, pero el mundo está lleno de trampas, todo lo que no se debe comer huele rico, “las personas se alimentan hasta que tienen hambre cuando debería de ser antes, es más fácil decidirse por una tarde de televisión que por esfuerzo”. Eso es lo difícil, no este deporte que además, estéticamente, siempre le permitirá a quien sea obtener la mejor versión de sí mismo, de acuerdo a lo que les dio su propia genética.

Movimiento

Regina Romero es una campeona. Ganó las categorías de “Miss bikini novata” y “Miss bikini clásic” (para mujeres mayores de 35 años) en el evento de Musclemania Prestige. Ella aparece un mediodía soleado, vestida con mallas deportivas y una chamarra. Es una mujer bonita y cuando se quita la prenda que la cobija aparece una de las razones de su triunfo: un cuerpo con los brazos definidos, el abdomen cuadriculado, la cintura entallada. Cada uno de sus músculos está perfectamente trabajado.

Durante la charla, se evidencian los factores más importantes que la ayudaron a ganar. Ella deja claro que el entrenamiento con pesas para definir la figura, el fitness, “es una actividad que va más allá del aspecto físico, es una enseñanza que te lleva a ser ordenado, a enfocarte en tus objetivos con paciencia, dedicación y constancia. Yo era dispersa, empezaba algo y no lo terminaba”. Ahora he aprendido a ser constante, “más allá de saber cómo se hace un desplante o una sentadilla.”

La actividad física es esencial, agrega, porque el cuerpo está diseñado para ella. No estamos hechos para estar sentados, con todo a la mano, incluyendo la comida rápida. ¿Cuáles son las consecuencias? Nuestro engranaje se enferma porque la gente olvida cuidar su cuerpo, su salud.

“Hoy a la gente no le interesa practicar ejercicio. Le interesa tener, hacer ostentación de eso. En esta época de apariencias, en México el cuerpo y la salud han quedado en último lugar”. Y subraya la importancia de predicar con el ejemplo. Una mujer que se ejercita y tiene hijos, les enseña el camino del deporte, a verlo como parte de su vida. Desafortunadamente hoy los chavitos invierten demasiado tiempo en el celular, la tablet; ni siquiera tienen bicicleta porque están enfocados en los juegos virtuales y a las madres les conviene que sus hijos no den lata. Casi nadie hace ejercicio, es común ver a adultos sedentarios con problemas de obesidad que jamás reflexionan en que los niños son nuestro reflejo.

¿Cuál sería la receta para las mujeres comunes que deseen verse bien? Regina dice que no es necesario vivir en el gimnasio o cargar como He-man. “Creo que se trata de aprender a hacer las cosas y de no abandonarte porque lo que ves en tu reflejo incrementa tu amor propio y al final eso lo transmites. Hay que moverse en un gimnasio, en la casa, en el trabajo, y comprometerse, porque es un proceso en el que no se obtienen resultados de un día para otro”.

¿Quién nos guía?

Assael Aboitez Arreguín fue muy delgado durante su niñez y adolescencia. Lo ayudaban sus casi dos metros de estatura pero aún así decidió estudiar, practicar pesas. Hoy es un entrenador con once años de experiencia, certificado por la Federacion Mexicana de Fisicoculturismo. Él habla de un aspecto crucial en el mundo de los gimnasios: las características más importantes de quienes apoyan a la gente en un gimnasio. A diferencia de los instructores, que simplemente orientan cómo usar algún aparato, un entrenador diseña, orienta y aplica. “Nosotros tenemos que estudiar, capacitarnos y certificarnos en todas las áreas del entrenamiento para brindar la orientación adecuada”.

Entre sus primeros pasos, es ineludible “entrevistar antes a quienes son novatos para saber si tiene alguna lesión, si tenemos que trabajar en conjunto con su doctor. Por eso les hacemos preguntas sobre su salud, su edad, su peso, qué es lo que quiere lograr, si quieren bajar o subir de peso. Con base en ello diseñamos rutinas y asesoramos en la alimentación”.

El gimnasio es una opción para quienes desean cuidar o mejorar su salud. Incluso “creo que las actividades anaeróbicas pueden ser mejores que la práctica exclusiva de las cardiovasculares porque son menos complicadas, no a todos les gusta pasarse una hora corriendo, por ejemplo. Lo primordial es que se trata de un sistema apto para gordos, flacos o gente de complexión normal”.

Para Assael es válido pensar que en un gimnasio puede hallarse la belleza. Podemos sustituir el bisturí por la disciplina, nos dará un cuerpo más estético, esbelto, musculoso. Por eso me parece común que la vanidad aquí sea el punto número uno. “Los espejos de cuerpo entero sirven para ver cómo hacen las actividades que indica el entrenador pero también para recrearse en los progresos”.

Este es un deporte que no tiene límites de edad y tampoco es cuestión de género, comenta Assael. “Aquí tenemos a un campeón de 62 años y yo he entrenado a gente desde los 15 hasta los 70 años. Incluso cada vez hay más mujeres que entrenan con pesas, no se quejan, entrenan como se les indica y son más disciplinadas”.

Este joven entrenador, de musculosa complexión y estatura que rompe estándares en este país, aconseja a la gente que empieza: “no se desespere, es un proceso lento pero siempre se llega a las metas si se establece un equilibrio en el entrenamiento del tren superior e inferior. Para tener más fuerza, ambos deben estar trabajados”. Solo así se logra un cuerpo simétrico que, como decían los griegos, es el secreto de la belleza.

Sin sacrificios no hay logros

César Morales Sanchez pisó los gimnasios, desde los 16 años, gracias a un físicoculturista: su propio padre. Pero fue odio a primera vista, el amor le nació después, cuando le dio por entrenar su cuerpo flaco en su casa llena de mancuernas y pesas. Creció entre las leyendas de Arnold Schwarzenegger, Lee Haney, Rich Gaspari. Entonces tuvo una meta: “aparecer, como ellos, en una revista”. Y lo consiguió en 2012 cuando ganó la competencia de Muscle Manía.

Y apenas el pasado 8 de agosto ocupó el tercer lugar de la categoría novato en Míster México, un evento al que acudieron competidores de todo el país. Ha entrenado 20 años pero solo para esta competencia se preparó doce largos meses. “En esta vida, sin sacrificios no hay logros”.

“El fisicoculturismo es un modo de vida, es un trabajo, es una carrera. Desgraciadamente, en México no tenemos el mismo apoyo que en otros países, pero los que seguimos aquí es porque le buscamos la manera con patrocinios, trabajos extra, porque es un deporte caro. Una actividad como ésta, que es de disciplina, logros y metas, te enseña a reordenar tu vida”.

Y César comparte un poco de la historia que hay detrás de su triunfo, “Fuí un chavo que a los 18 años me metí en las drogas. Tuve recaídas constantes aunque siempre tuve el apoyo de mi madre. Logré recuperarme, trabajaba, entrenaba. Pero hace 8 años me volvió a atrapar ese infierno hasta que caí en la lona”.

“Me deprimí y en dos años baje 25 kilos. Volví a estar flaco, porque las drogas te consumen. Me costó trabajo salir, pero gracias a la gente que está a mi alrededor, a quienes nunca te dejan, volví a ganar, tengo una hija, logros. Aunque haya estado en el fondo hoy tengo un nuevo futuro, aprendí a aceptar consejos, a recapacitar en mis errores y con humildad pedí perdón a quien debía”.

El reordenamiento de la vida de César no solo se refleja en los músculos de su cuerpo. Hoy tiene su carnet como instructor personalizado profesional avalado por la Federación Mexicana de Fisicoculturismo, el año pasado terminó la secundaria y la preparatoria. Ahora estudia nutrición en la Universidad. Tengo muchos logros porque estoy motivado. El único que se pone límites es uno mismo, por eso se debe tener la disposición de crecer, de no quedarse varado en el camino.

Actualmente también se dedica a entrenar gente. “A quienes empiezan les digo que en dos semanas van a hacer lo que nunca han hecho: hacer caso. Es una forma de terapia para que se formen una disciplina en esta metamorfosis paulatina.

La primera e inevitable pregunta de la mayoría de quienes llegan a un gimnasio es ¿cuánto me voy a tardar? César afirma que esto depende de cada uno y que si desean un cuerpazo en breve tiempo necesitan trabajar todos los días. La dieta es el 50%, el cardio el 30 y las pesas el 20. Como en cualquier deporte la alimentación es básica. Puedes entrenar dos horas pero si no se come lo suficiente y lo que se debe no habrá cambios, solo el riesgo de lesionarse, porque no estás siguiendo la ruta, porque no se le da al músculo las proteínas y minerales necesarios para recuperarse.

Otro aspecto importante: cuando llegas a muchos gimnasios lo primero que intentan venderte son los suplementos pero si aún no se tiene disciplina se gastará inútilmente. Lo realmente importante es proteger al organismo con una buena alimentación, explotar realmente el potencial con una buena dieta, no desvelarse y evitar siempre los alimentos chatarra.

No emprendan algo por verse bien, sino por sentirse bien. Son cosas diferentes. Lo que hagan hoy, ya sea fitness o físicoculturismo, a edades avanzadas su cuerpo se los va a agradecer, podrán prevenir incluso muchas enfermedades.

Gente como uno

Hipócrates consideraba a la belleza no solo como el cuerpo simétrico, sino de equilibrio emocional. Han pasado los siglos y en estos tiempos nos enfrentamos a que el cuerpo humano es lo que menos se cuida en nuestra sociedad.

Gabriela Díaz trabaja en la Coordinación de Vinculación de la Facultad de Arquitectura de la UNAM. Ella no busca campeonatos, solamente verse bien y sentirse mejor. Es una mujer que, como muchos, eligió el gimnasio como opción para ejercitarse. Se levanta a las cinco de la mañana, termina de entrenar a las 7 y ahí empieza su día.

Gabriela cree en el equilibrio entre lo físico y mental, en una cultura preventiva consistente en ejercicios con dieta balanceada. Es una forma de vida en la que se pueden secretar endorfinas, conocidas como las hormonas de la felicidad, de forma natural, sin pastillas, sin ansiolíticos, y sobre todo sin tomar como modelos prototipos lejanos de belleza.

“Desafortunadamente muchas mujeres creen que la belleza radica en la delgadez extrema o en parecerse a Angelina Jolie. Eso es falso, por eso muchas que están ‘llenitas’ encuentran inútil ir a un gimnasio. Me parece que tenemos que romper esos moldes para tener el ánimo de cuidarse más y aprender que un gimnasio puede ser uno de los caminos de la salud y la belleza con nuestras muy particulares características. Hacerlo o no es un síntoma de amor propio o de boicot por cuestiones emocionales, sexuales, incluso de no querer ser atractiva para otros. Entonces degradas tu cuerpo hasta que ya no te importa”.

“En realidad lo importante es sentirse bien. Si olvidamos los cánones de belleza que nos impone Hollywood, ningún pretexto es válido para no hacer ejercicio”.

Cuerpo y mente

Hoy, cuando la obesidad representa un serio problema de salud en México, ¿qué mejor manera de combatir el sedentarismo, la osteoporosis sobre todo en las mujeres, los riesgos de infartos o diabetes, que retomando las concepciones hipocráticas, las experiencias o sugerencias de César, Regina, Arturo, Assael y Gabriela?

La actividad física es uno de los principales agentes para mantener la salud y prevenir enfermedades siempre y cuando esté planificada y dosificada de acuerdo con el individuo. Pero no solo eso, la salud en general se relaciona con el bienestar subjetivo, con emociones en equilibrio que nos atemperen para enfrentar los retos de la vida.

Además, quien busca la belleza en sí misma, la encuentra escalón por escalón, sin falsas imágenes procreadas por revistas o el celuloide. Es una ascensión constante porque de un cuerpo bello es posible derivar conductas en consonancia, adquirir más conocimientos. Y entonces la vida cobra mayor sentido.

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