Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Los Simpson, fiebre amarilla y poder suave

Ilustraciones: Matt Groening

Dicen que no es lo mismo los tres mosqueteros que 20 años después, pero en el caso de Los Simpson, tras dos décadas de irreverencias en la pantalla chica y un exitoso largometraje que, pese a todos los pronósticos, ratificó la vigencia de la disfuncional familia de Springfield -dando nuevos bríos a la fiebre amarilla y a la simpsonmanía en todo el mundo-; sencillamente, al más puro estilo argentino, se puede afirmar que 20 años son nada. Para ponerlo en contexto, la serie ha visto pasar a cuatro presidentes estadounidenses -Ronald Rea-gan, George Bush padre, William Clinton y George W. Bush-; a cinco en México -Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari, Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón-; a dos Papas -Juan Pablo II y Benedicto XVI-, y a cinco justas olímpicas -Seúl, Barcelona, Atlanta, Sydney y Atenas-, además de que sobrevivió al fin de la guerra fría y a los ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 contra EU. De hecho, cuando Los Simpson hicieron sus primeras y breves apariciones en la “caja idiota” en El show de Tracy Ullman en 1987, la Internet ni siquiera era imaginada como el vehículo de comunicación que hoy es.

A todas luces, después de cuatro lustros, Los Simpson nutren a la cultura global. Al respecto, el historiador de arte y académico de la Universidad de Fráncfort en Alemania, Henry Keazor, en el marco del Festival de Literatura celebrado en la ciudad de Colonia a principios de marzo del año en curso, afirmó que Los Simpson forman parte de la literatura universal. Para muestra basta un botón: la expresión de consternación de Homero d’oh! ha sido incorporada al Oxford English Dictionary, aunque sin el apóstrofe. La tradicional burla de Nelson, ha-ha! es una forma universalmente reconocida para mofarse de los demás. Otro tanto ocurre con el eufórico woohoo! de Homero -también usado por Bart- cuando algo le sale bien, o el clásico excellent del siniestro Señor Burns. Asimismo, las palabras cromulent (válido) y embiggen (engrandecer), introducidas por los guionistas de la serie en el episodio “Lisa la iconoclasta” -donde la pequeña Lisa, luego de hacer diversas indagaciones históricas encuentra que el célebre Jeremías Springfield, fundador de la ciudad, fue un pirata enemigo de George Washington, y no el héroe que todos creen-, hoy son ampliamente utilizadas en el idioma inglés, al punto de que cromulent ya figura en el Webster’s New Millennium Dictionary. La palabra kwyjibo creada por Bart en uno de los primeros episodios de la serie cuando jugaba Scrabble con la familia, fue el sobrenombre del virus (gusano) de computadora Melissa (a dicho virus, se le conoce también como el virus de Los Simpson). Publicaciones tan prestigiadas como el New Scientist han empleado frases dichas por personajes de la serie. La revista Nature, con motivo del estreno de Los Simpson, la película, seleccionó con seriedad y humor los momentos “más científicos” de la serie. La otra cara de la moneda fue la conservadora Na-tional Review, que en el contexto de la negativa de Francia a apoyar la resolución de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para hacerle la guerra a Irak en 2003, calificó a los franceses como cheese-eating surrender monkeys (simios perdedores comedores de queso), expresión empleada en un episodio por el intendente Willy quien, debido a los recortes presupuestales en la Escuela Primaria de Springfield, tenía que impartir clases de francés. De hecho, la frase surrender monkeys se convirtió en un estándar de organizaciones y figuras conservadoras en Estados Unidos, para referirse a los franceses, antes y después de los acontecimientos de 2003.

Pero de hecho, Keazor no es el único académico interesado en un análisis más profundo sobre Los Simpson. Hay, por lo menos, una docena de libros dedicados a explorar diversas aristas de la serie, desde su filosofía (William Irvin, The Simpsons and Philosophy), hasta su contribución a la ciencia (Paul Harpern, What science ever done for us? What The Simpsons can teach us about physics, robots, life and the universe), pasando por la postmodernidad y la contra-cultura (John Alberti, Leaving Springfield. The Simpsons and the possibility of oppositional culture), además de reflexiones muy puntuales sobre las temáticas abordadas en los episodios, como la religión (Mark Pinsky, The gospel according to The Simpsons, que ya cuenta con una segunda edición, corregida y aumentada).

 

 

Prácticamente cualquier situación de la vida cotidiana es tocada y parodiada en los más de 300 episodios de la serie. Además, es vista en buena parte de los países del mundo, doblada a decenas de idiomas, incluyendo el español, el francés, el alemán, el portugués, etcétera, lo que posibilita que sus personajes sean fácilmente reconocidos, inclusive por encima de figuras políticas, intelectuales, y otras celebridades de la vida real. Así, la influencia de Los Simpson en la vida cotidiana de las sociedades es clara y no está exenta de polémica: una encuesta realizada por la BBC News a dos mil jefes de familia en la Gran Bretaña en agosto de 2005 reveló que los papás culpan a Homero Simpson de fomentar un estilo de vida poco sano que lleva a que sus hijos consuman productos chatarra. Esta encuesta encontró que de 1990 a 2005, la obesidad se sextuplicó entre los menores de 15 años en el país, pese a que en más de una ocasión se ha dicho que Los Simpson son dibujos animados para adultos y que cuando se empezaron a transmitir, por ejemplo, en España, se les programaba después de las diez de la noche.

Los Simpson es la serie estadounidense de más larga duración -como programa animado y respecto a cualquier otro no animado-, obteniendo numerosas distinciones, a saber: 23 premios Emmy, 26 premios Annie y un Peabody. En su edición de diciembre de 1999, la influyente revista Time incluyó a Bart Simpson, el primogénito de la familia, en la lista de las 100 personalidades más influyentes del siglo XX, al lado de luminarias como los Beatles, Albert Einstein, Bob Dylan y Charles Chaplin. Desde el 14 de enero de 2000, Los Simpson cuentan con una estrella en el Hollywood Boulevard. Asimismo, han inspirado a otras tantas series animadas y no animadas de televisión, además de que existen versiones “adaptadas” para ciertas audiencias, como ocurre con Al Shamshoon, que se transmite en diversos países árabes del Medio Oriente.

Matt Groening y Los Simpson

Oriundo de Portland, Oregon, Matthew Abram Groening nació el 15 de febrero de 1954. ¿Qué profesión tienen (o tenían) los padres de Matt? Su madre, Margaret Wiggum, es maestra, y su padre Homer Philip Groening, oriundo de Canadá, era cineasta, escritor, animador y caricaturista. A los 23 años, Matt Groening se mudó a Los Angeles, donde, de manera previsible, tuvo que desempeñar diversos trabajos, como lavaplatos, mesero y chofer. A fin de explicar a sus amigos lo difícil que era la vida en Los Angeles, Matt comenzó a diseñar tiras cómicas denominadas Life in hell (La vida en el infierno). De manera coincidente, Matt trabajaba en Los Angeles Reader como repartidor, telefonista y office boy y un buen día le mostró sus tiras cómicas al editor, quien le ofreció publicarlas. Life in hell fue exitosa desde su primera aparición el 25 de abril de 1980.

El productor y director de cine James L. Brooks tuvo conocimiento de Life in hell y se puso en contacto con Groening dado que tenía la idea de hacer una serie animada que pudiera aparecer en El show de Tracey Ullman. Brooks quería a los personajes de Life in hell, pero Groening, temiendo perder los derechos de propiedad de la tira cómica, ofreció crear algo nuevo, una familia, Los Simpson. Se cuenta que Groening diseñó los caracteres de Los Simpson en tan sólo cinco minutos. Los nombres de la familia fueron tomados de la familia de la vida real de Groening: Marge y Homero, sus padres, Lisa y Maggie, sus hermanas, y dado que consideró que era demasiado obvio que el primogénito se llamara Matt, optó por bautizarlo como Bart. Otros personajes de la serie reciben sus nombres de las principales calles de Portland, Oregon, por ejemplo, Lovejoy (reverendo Alegría), Flanders, Quimby (alcalde Diamante), etcétera. En el caso del jefe de la policía Wiggum (jefe Górgori) tomó prestado el apellido de soltera de su propia madre.

El 19 de abril de 1987, Los Simpson aparecieron por primera vez, con unos cuantos minutos de duración, en El show de Tracey Ullman. Cabe destacar que aunque esté programa no era el más exitoso, Los Simpson se convirtieron en un fenómeno tal, que fue necesario crear una serie independiente con media hora de duración a partir de 1990. Por supuesto que Los Simpson de El show de Tracey Ullman no eran como se les conoce hoy en día: los caracteres eran muy burdos, y con trazos rudos, aunque ya mostraban los rasgos distintivos que hasta hoy mantienen: eran amarillos y ojones, tenían cuatro dedos, Marge poseía un gran cabello azul, Homero era calvo y panzón, Bart mostraba un peinado de cepillo -aunque, cuando va a la iglesia se peina de raya en medio-, en tanto Lisa y Maggie tenían la cabeza en forma de estrella. Groening, al ver el éxito de la familia amarilla estaba sorprendido, porque según él, no entendía qué es lo que le gusta a la gente de “esos monos tan feos.”

 

 

Lo cierto es que Los Simpson no son “una caricatura más”. Es verdad que llegaron a la pantalla chica en momentos en que la televisión por cable perdía cada vez más público, por lo que la necesidad de ofrecer un producto novedoso y atractivo para las audiencias era enorme, particularmente en segmentos de la población como el de los jóvenes adultos de sexo masculino. De hecho, numerosas series no animadas ya recurrían con bastante éxito a la fórmula consistente en ridiculizar a poderosas figuras políticas e instituciones culturales y sociales. Pero la familia amarilla de Springfield desarrolla una de las más atrevidas sátiras culturales y políticas en la historia de la televisión, cambiando para siempre la manera en que se conciben, realizan y ven los dibujos animados.

Gran parte del éxito de la serie obedece a que los televidentes se identifican con los personajes y las situaciones que éstos enfrentan. Los Simpson son una (a)típica familia de clase media en la que sus integrantes desarrollan funciones tradicionales: Homero, el padre, provee el sustento trabajando en la planta nuclear de la ciudad; Marge, la madre, es la típica ama de casa, que de vez en cuando incursiona en el mercado laboral, pero en general, pasa la mayor parte del tiempo cuidando de Homero y los hijos; Bart y Lisa van a la escuela, y la pequeña Maggie está casi siempre bajo los cuidados de Marge. Los Simpson exaltan a la familia nuclear, la cual enfrenta numerosos problemas con el riesgo latente de la desintegración. Sin embargo, pese a todo, la familia siempre sobrevive y se sobrepone a las posibles desventuras de Homero y Marge, a los berrinches y frustraciones de Lisa y a las travesuras de Bart. En este sentido es importante distinguir entre la sátira y la propuesta de un orden de cosas distinto al imperante, dado que Los Simpson parecen ubicarse más en la irreverencia del humor negro que en la revolución del proletariado. Dicho en otras palabras: se burlan del mundo, pero en ningún momento plantean cambiarlo.

 

Los mitos

Se han dicho tantas cosas sobre Los Simpson, desde quienes afirman que atentan contra “las buenas costumbres”, hasta quienes dicen que fomentan malos hábitos y la falta de respeto a las figuras de autoridad y a las instituciones, trátese de los padres, de la policía, de los gobernantes, de la 20th Century Fox -y de su dueño, el multimillonario Rupert Murdoch-, etcétera. Con todo, una mirada más cuidadosa sobre la serie revela que estas percepciones no son del todo ciertas. Enseguida una semblanza sobre los mitos más comunes que circundan a la familia favorita de Springfield.

Mito número 1: Los Simpson son una simple caricatura, aunque muy costosa. Como se sugería líneas arriba, Los Simpson son algo más que una simple serie de dibujos animados. Retrata con mucho humor las situaciones más cotidianas a las que muchas personas deben hacer frente día con día. El sarcasmo empleado implica, incluso, que es necesario repasar los episodios de la serie en más de una ocasión, puesto que es factible que algo se le escape al televidente en un primer momento. Respecto al tema de los costos de producir series de animación, hay que decir, como todo el mundo lo sabe, que son muy altos, pero significativamente inferiores a la producción de series no animadas: por ejemplo, 24, también producida por la Fox, o bien, hablando de la competencia, Smallville, de la Warner Brothers. Baste mencionar que en el caso de Los Simpson su producción no demanda iluminación, ni sets de filmación, ni público, además de que el número de actores requerido para dar voz a los personajes, como lo muestran los casos de Dan Castellaneta, Nancy Cartwright y sobre todo Hank Azaria, puede ser relativamente reducido en función de que están en condiciones de dar vida a múltiples caracteres. Adicionalmente, los ensayos para ponerle voz a los personajes requieren me-
nos erogaciones de tiempo y dinero, dado que en una sola sesión se puede grabar si no una temporada completa sí una parte considerable de esta -la excepción fue Los Simpson, la película, debido a que, por tratarse de un largometraje, además de que la trama fue modificada varias veces, los actores fueron sometidos a extenuantes jornadas de grabación, por ejemplo, para la escena en que Marge deja un video a Homero, anunciándole que se irá de Alaska junto con sus hijos para salvar Springfield, la cual fue grabada y regrabada por Julie Kavner, más de 100 veces. Otro factor que beneficia en el momento actual la creación de caricaturas es la animación por computadora, debido a que mejora sensiblemente su calidad, además de que en el caso de Los Simpson se subcontrata a diversos estudios de producción localizados en Corea del Sur, lo que permite bajar los costos de emplear mano de obra en grandes cantidades en el trabajo gráfico-artístico: por ejemplo, en Corea del Sur se desarrollan fases de la producción de cada episodio que incluyen el dibujo de los “enlaces” dando continuidad a cada trama, y/o ponerles color a los personajes y a su entorno. Aun así, el costo de producción de cada episodio de Los Simpson es superior al millón y medio de dólares -incluyendo los salarios de los actores-, si bien las utilidades que generan sus personajes son estratosféricas: tan sólo la memorabilia de la serie constituye una industria valuada, en términos conservadores, en mil millones de dólares.

Mito número 2: Los Simpson constituyen uno de los programas de televisión más liberales. Aun cuando se tiene esta percepción, lo cierto es que las temáticas abordadas en la serie son presentadas de manera muy equilibrada, de tal forma que el status quo difícilmente se modifica y los ejemplos son numerosos. Cada vez que Marge y/u Homero han estado a punto de caer en la infidelidad, algo sucede y los episodios terminan con una reconciliación entre los dos. En el episodio en que se implanta la prohibición de la venta de alcohol en Springfield, Homero se las arregla para violar la ley, convirtiéndose en el “barón de la cerveza” y, tras múltiples peripecias, al final la prohibición es erradicada. Cuando el señor Burns pierde por deudas acumuladas su casa y la planta nuclear, al final recupera todo gracias al apoyo de Lisa, quien lo instruye en torno al reciclaje. El mensaje es claro: el cambio es malo, el status quo es bueno. En ello, no hay nada liberal.

Mito número 3: Los Simpson exaltan la equidad de género. Este argumento se ampara en el personaje de Lisa, la niña superdotada que llegará a la presidencia en su adultez, según se desprende de la visión futurista de un indio con quien Bart se topó en un casino. Sin embargo, descartando a Lisa y, posiblemente a Marge y Maggie, casi todos los caracteres femeninos de la serie son esposas o madres, o bien mujeres que trabajan pero que son terriblemente frustradas (como Paty y Selma, las hermanas de Marge, o Edna Krabappel, la maestra de Bart). Asimismo, de los 248 episodios televisados a lo largo de los primeros 11 años de vida del programa, sólo 28 han estado dedicados a Lisa y 21 a Marge, en tanto el resto (alrededor de un 80%) corresponden a Homero y Bart. Un dato más: numerosas luminarias del mundo del cine y la música han sido invitados para dar vida a diversos personajes en Los Simpson. De los invitados, 160 han sido hombres y sólo 40 han sido mujeres, esto es, en una proporción de cuatro a uno en favor de los caracteres masculinos. En este sentido, Los Simpson reflejan la realidad de la subrepresentación de la mujer en las sociedades y no proponen ningún cambio al status quo. Basta con que Marge tome vacaciones para que recupere las energías necesarias y regrese a su rutina de la “madre modelo” típica de los años 50 o 60.

Mito número 4: Los Simpson impugnan el capitalismo. Por la manera en que se retrata al millonario señor Burns, dueño de la planta nuclear, pareciera que el mensaje es que “el capitalismo es malo”. Sin embargo, una mirada más cuidadosa revela que ni la distribución del ingreso ni el combate a la pobreza son temas relevantes para la comunidad de Springfield: todos se las arreglan para sobrevivir con lo que tienen y como son. Los ricos siempre son ricos -incluyendo al hermano de Homero, Herbert, quien cayó en la ruina por culpa de aquel, pero volvió a ser rico gracias a Maggie- y ello es aceptado por los habitantes de la ciudad. Asimismo, el trato que reciben los regímenes comunistas en la serie es negativo. Bart, al ser sometido a un programa de intercambio cultural, viaja a Francia donde es explotado por dos parias franceses. Mientras tanto, la familia Simpson debe recibir, a cambio, a un estudiante procedente de Albania, Adil Hoxha (Enver Hoxha fue el dictador equivalente a Stalin en la Albania de la guerra fría y de los tiempos de la planificación central y a juzgar por el nombre del niño albanés que aparece en ese episodio, los guionistas apelaron al hecho). El pequeño Adil es hacendoso, inteligente y muy respetuoso. Pero también es un espía que roba secretos tecnológicos que transmite al gobierno de Albania y al final es deportado. En otro episodio Fidel Castro se apodera de un billete de un trillón de dólares que pertenecía al gobierno del vecino país del norte, y antes de este hecho, admitiendo que la economía de Cuba estaba en ruinas y que finalmente iba a entregar la isla a los estadounidenses afirmó “ya todos sabíamos que esto [el comunismo] no iba a funcionar”. Por lo tanto, en Los Simpson no hay un sistema alternativo al capitalismo, y, en cambio, se considera que todos tienen oportunidades para salir adelante y resolver sus problemas en ese entorno, como en Los Simpson, la película, cuando Bart, bastante pasado de copas, reta a Homero: “dime panzón: ¿cómo vamos a llegar a Alaska sin plata?”, a lo que el padre de familia replica: “hijo, si no crees en mí, cree en tu país”, para posteriormente dirigirse a una feria donde Homero gana una camioneta con la que toda la familia podrá emigrar a Alaska. Por si fuera poco, al llegar a ese estado, Homero recibe mil dólares, cortesía de las compañías petroleras, quienes así recompensan a las familias por la destrucción de la belleza del estado. En una secuencia posterior, Los Simpson ya cuentan con una casa en Alaska y todo ello dentro del sistema capitalista y la economía de mercado.

 

 

Mito número 5: Los Simpson inducen al consumo de alcohol. Rodrigo Contreras, de 29 años, es el mexicano que patentó la cerveza Duff, misma que se comercializa en Europa, con una fórmula holandesa, debido a las restricciones que las cerveceras mexicanas mantienen respecto al mercado nacional. Contreras comentaba recientemente que numerosas personas le habían sugerido a Matt Groening autorizar la comercialización, en el mundo real, de la cerveza Duff, a lo que el creador de Los Simpson se negó, argumentando que él no puede apoyar ni patrocinar productos nocivos para la salud. Y en los episodios de la serie, si bien Homero y Barney consumen cerveza en cantidades industriales, los guionistas exaltan los costos del alcoholismo, mostrando a un Barney joven, inteligente y con grandes planes, que echa a perder su vida desde el momento en que ingiere su primera cerveza. El mismo Barney, en el episodio en que la NASA quiere reclutar a un ciudadano común y corriente para una misión espacial, se desenvuelve con sobriedad y diligencia cuando deja de tomar cerveza, al punto de que es seleccionado, aunque, al consumir una copa de vino para celebrar su designación, vuelve a la embriaguez, lo que le provoca un terrible accidente. Homero es más elocuente cuando la ley que establecía la prohibición del alcohol en Springfield es revocada: al final de ese episodio levanta un tarro de cerveza y al brindar dice: “por el alcohol: la causa y la solución a todos los problemas de la vida”. Y en general, la mofa sobre el alcoholismo suele estar acompañada de situaciones negativas, como la borrachera que se puso Homero, dejándole su auto a Barney, quien desapareció de la ciudad por un tiempo, y cuando regresó, no tenía idea de dónde había dejado el coche del señor Simpson. Un poco después, Homero recibió por correo una notificación desde Nueva York, en la que se le indicaba que su coche estaba mal estacionado, y que si no iba a recogerlo, sería destruido. Este episodio, por cierto, es memorable e inclusive nostálgico, porque los Simpson viajan a Nueva York, y el coche de Homero se encontraba con un candado y cientos de multas, al pie de las Torres Gemelas del World Trade Center. Pero a todas luces, si no fuera por el alcohol, Homero no habría tenido que pasar ese trago tan amargo con su vehículo.

Mito número 6: Los Simpson se mofan de la religión. Desde el momento en que recibe tanta atención y sorna en Los Simpson es evidente que los guionistas y productores conceden la importancia que tiene la religión en la vida de las sociedades. Por lo menos una tercera parte de los episodios incluyen alguna referencia teológica. Asimismo, en el 70% de los episodios pueden encontrarse alusiones, desde las más escuetas hasta las más explícitas, a aspectos religiosos. Lo que es más: el 10% de los episodios han sido elaborados a partir de temas religiosos. En Springfield, al igual que en cualquier pueblo de Estados Unidos, hay espacio para los católicos (motivo de muchas bromas, algunas muy pesadas en la serie), los judíos (que son tratados con bastante respeto), y los hinduistas (sobre los que existe una gran ignorancia, misma que queda plasmada en la relación que los habitantes de la ciudad le prodigan a Apu). Ha habido también alusiones con un fuerte ingrediente de humor negro respecto a los testigos de Jehová y los mormones. Prácticas religiosas como dar gracias antes de tomar los alimentos son comunes en la serie -como cuando Bart, en una cena familiar, une sus manos y dice “Dios justiciero, gracias por el puchero”. La mayoría de los habitantes de Springfield se dan cita en la iglesia todos los domingos. En la película de los Simpson, cuando el domo está por encerrar a Springfield, los borrachines que se encontraban en el bar de Moe rápidamente se dirigieron a la iglesia para orar -y los que estaban en la iglesia se apresuraron a entrar al bar de Moe para ingerir alguna bebida alcohólica. Así, independientemente de lo que digan y la manera en que lo hagan, los Simpson cumplen rigurosamente con los rituales religiosos, y esto incluye a la escéptica Lisa, quien ha abrazado el budismo. Y cuando, por alguna causa, los personajes reniegan de la religión, su suerte cambia para mal, como cuando Bart vende su alma -técnicamente no reniega de la religión, pero sí de la creencia de que el alma existe-; y cuando Homero decide que ya no asistirá a la iglesia los domingos: al quedarse dormido -justamente un domingo- en la sala de su casa con un cigarro, el lugar se incendia y es Ned Flanders quien le salva la vida al Simpson hereje.

Mito número 7: Los Simpson se burlan del sistema educativo e influyen negativamente en las nuevas generaciones. Es verdad que el cuerpo académico de la Escuela Primaria de Springfield deja mucho que desear y que las autoridades muestran rasgos de corrupción. Sin embargo, la educación es una prioridad para la familia Simpson, como queda de manifiesto, en el episodio titulado “El saxofón de Lisa”, cuando el psicólogo de la primaria explica a Marge y Homero que la pequeña Lisa seguramente es superdotada. Los padres la llevan a una escuela para niños genios, pero al no poder sufragar los costos de la colegiatura optan, por lo menos, por darle la oportunidad de desarrollar alguna de sus aptitudes. Así, estando en una tienda de instrumentos musicales con su hija, Homero debe tomar una difícil decisión: comprar a Lisa el saxofón que desea, o bien adquirir un sistema de aire acondicionado que desea desesperadamente ante las frecuentes olas de calor que aquejan a la ciudad. Al final, opta por comprar el saxofón. En otra oportunidad, cuando Bart provoca la rotura de todos los cristales de puertas, ventanas y aparadores de Springfield luego de utilizar decenas de altavoces, a fin de que se discipline y siga teniendo acceso a una educación, es llevado a una escuela militarizada. Lisa, al conocer la disciplina de esa escuela, decide también quedarse ahí. Y aunque los niños Simpson pasan por numerosas penurias, al final se gradúan. En el episodio “Homero va a la universidad”, el padre de familia, responsable de la seguridad de la planta nuclear, resulta que no había aprobado un curso en la universidad, por lo que se ve obligado a acudir a la clase correspondiente -porque si no lo hace, el señor Burns lo va a despedir- y, para aprobar el examen correspondiente, hizo trampa. Al final del episodio, Marge lo encara: “para dar un buen ejemplo a tu hijo [Bart] vas a volver a tomar ese curso”. Y a Homero no le queda más remedio que volver a empezar. Un hecho poco conocido es que una parte de los escritores y guionistas de Los Simpson tienen un alto nivel educativo, por ejemplo David X. Cohen, poseedor de una licenciatura en física por la Universidad de Harvard y una maestría en ciencias de la computación por la Universidad de Berkeley; Ken Keeler, tiene un doctorado en matemáticas aplicadas, también por la Universidad de Harvard; William Odenkirk, que es doctor en química inorgánica por la Universidad de Chicago, y Al Jean, quien funge como productor ejecutivo y jefe de los guionistas, tiene una licenciatura en matemáticas, otra vez, por la Universidad de Harvard. Otro escritor, Jeff Westbrook, tiene un doctorado en ciencias de la computación por la Universidad de Princeton y fue profesor asociado en la misma disciplina en la Universidad de Yale antes de unirse al equipo que hace posible Los Simpson. Con este equipo respaldando la serie, no debe sorprender, primero, la gran cantidad de menciones a aspectos científicos en Los Simpson -que son tanto o más frecuentes que las referencias religiosas anteriormente citadas-, por ejemplo en episodios como el de “El cometa de Bart Simpson”, pasando por el tostador de pan que Homero emplea para viajar en el tiempo y el robot gramatical que crea Lisa, hasta el transportador de materia en el especial de noche de brujas, donde Bart termina mezclando su ADN con el de una mosca.

 

La jihad simpsoniana

La publicidad de la 20th Century Fox para la decimoctava temporada en la televisión señala que Los Simpson son una religión, con millones de seguido-res y fieles en todo el planeta. De ninguna manera se trata de una exageración: dicha temporada, pese al desgaste que al paso del tiempo suelen sufrir las series de larga duración, sigue siendo vista por la nada despreciable cantidad de nueve millones de televidentes tan sólo en Estados Unidos, mientras que en el resto del mundo se calcula que 60 millones de personas en 70 países han convertido a Los Simpson en el programa más popular. Mucho se ha hablado de los problemas que plantea el doblaje a idiomas distintos del inglés, pero, a juzgar por el éxito del trabajo realizado por los actores mexicanos que dan voz a los personajes de la serie, se trata de un obstáculo ampliamente superado, al punto de que ése es el doblaje para toda América Latina con la excepción de Brasil. Incluso se ha logrado “mexicanizar” a Los Simpson, dada la habilidad de actores del doblaje como Humberto Vélez con su ya célebre frase “¡anda la osa!”, y otras más que incluyen “¡ay, esto es más triste que Lo que callamos las mujeres!”, sin dejar de lado expresiones que se relacionan con sucesos muy comentados por la sociedad mexicana, por ejemplo, cuando Tony el gordo vende leche ordeñada de ratas en la Escuela Primaria de Springfield para los desayunos escolares, y cuando Homero se entera, impide que Bart la beba, ante lo que su primogénito revira: “¡oye! ¡mi leche Bety!” (recordarán los lectores la polémica sobre esta leche introducida en los desayunos escolares por el gobierno del Distrito Federal, misma que fue analizada en laboratorios y se encontró que contenía materia fecal). En otra secuencia, el reverendo Alegría, hablando ante los fieles de su congregación en el día del Juicio Final sentencia: “¡se les advirtió que no usaran sus botas Fox!”.

 

 

Con todo, Los Simpson no son tan fáciles de asimilar por culturas no occidentales. En un controvertido episodio, la familia amarilla viaja a China porque una de las hermanas de Marge, Selma, desea adoptar un bebé. Siguiendo el consejo de Lisa respecto a las oportunidades de adopción que existen en China, Selma visita el consulado chino donde recibe información sobre el procedimiento. El episodio destaca los lugares comunes en torno a las percepciones sobre China que subsisten en el (in)consciente colectivo estadounidense. En el consulado chino, por ejemplo, el empleado que atiende a Selma tiene a sus espaldas un mapa de China donde Taiwán aparece de manera prominente a lo largo de 31 segundos. En otra sección figura la Plaza de Tiananmen con la leyenda “en este lugar, en 1989, no pasó nada”. En otro momento, la familia Simpson visita el Mausoleo de Mao Tse Tung en Beijing y Homero mira el cuerpo de Mao y exclama: “¡mírenlo, es como un pequeño ángel!” y en seguida se aproxima a él y le susurra al oído: “a ver… ¿quién mató a 50 millones de personas?, ¡sí, tú lo hiciste!”. Cabe destacar que en agosto de 2006, el gobierno chino anunció que Los Simpson, al lado de otros dibujos animados como Pokemon y Mickey Mouse serían proscritos del horario estelar de la televisión (de 5 a 8 pm) con el argumento de que se deseaba fomentar la transmisión de series hechas en el país. Los chinos producen una gran cantidad de dibujos animados, pero muchos de ellos carecen de calidad y originalidad. El gobierno, pese a ello, ha instruido a las estaciones de televisión para que limiten la transmisión de programas extranjeros. China Central Television, la cadena oficial, transmite programas de dibujos animados de manufactura propia. Otras cadenas locales, transmiten Los Simpson al igual que caricaturas procedentes de Corea del Sur, Japón y Europa. Los estudios cinematográficos chinos han sido conminados a fusionarse con otras corporaciones, para producir una programación competitiva. Con todo, una encuesta reciente reveló que el 80% de los niños chinos prefieren los dibujos animados extranjeros y que no les gustan los que se hacen en el país. Y que conste que China se encuentra en un proceso acelerado de occidentalización.

En los países árabes, también expuestos a la globalización y al american way of life, la introducción de Los Simpson no ha estado exenta de problemas y por lo mismo, la cadena de televisión MBC tomó la decisión de “arabizarlos”, creando una serie animada que se llama Al Shamshoon. En ella, Los Simpson experimentaron cambios importantes a fin de no ofender las costumbres y tradiciones de los televidentes de esas naciones. Homero es Omar Shamshoon y tiene barba. En lugar de consumir la cerveza Duff, toma refrescos, y sus amados hot dogs son reemplazados por salchichas egipcias, en tanto sus rosquillas son sustituidas por unas galletas árabes muy tradicionales que se llaman kahk. La familia vive en Springfield y Omar trabaja en la planta nuclear local, y es muy irresponsable y flojo. Bart, que en la versión árabe recibe el nombre de Badr, es un niño problemático para su familia y también en la escuela. Los actores que hacen las voces de los personajes son de los más renombrados de Egipto, y, por ejemplo, para la voz de Omar se reclutó al equivalente de Robert De Niro, Mohamed Heneldy. El estreno de Al Shamshoon tuvo lugar en octubre de 2005 y, como era de esperarse, ha sido víctima de las odiosas comparaciones. Un internauta egipcio criticaba Al Shamshoon por considerar que los productores pudieron haber hecho una historia original made in Egypt basada en alguna familia egipcia, y en la manera en que lidia con actividades cotidianas como el trabajo, las labores domésticas y la escuela, porque el quejoso afirma que la cadena MBC elaboró un producto “hecho en Estados Unidos, ensamblado en Egipto”. Hay quejas igualmente por lo poco graciosos que son los personajes, particularmente Omar.

Mejor suerte corrió Bollywood, una simpática versión muy breve hecha en India de Los Simpson. Esta versión se obtiene en www.metacafe.com y en ella se puede ver a The Singhsons, una familia de piel oscura cuyos miembros son Omar, Bartinder, Marji, la pequeña Mugglie y Lisajit. En la secuencia, que dura 50 segundos, se hace una parodia, con la música original de Los Simpson, del inicio de la serie, con Bartinder escribiendo en el pizarrón “no soy el hijo amado de Gandhi”; con Omar a bordo de una carretilla jalada por una vaca sagrada; a Marji cocinando y cuidando de la pequeña Mugglie quien lee un libro titulado “Matrimonios arreglados para niñas de tres años de edad”, y a Lisajit, quien está en la escuela en la clase de música y toca los bongos al estilo hindú.

 

La película, ¿qué hay de nuevo, viejo?

Si bien la serie ha tenido altibajos -situación entendible, por su larga duración-, se puede decir que la propagación más dramática de la fiebre amarilla ocurrió en el verano de 2007, cuando en su largamente esperado primer largometraje, Los Simpson, la película se estrenó en diversos países del mundo, recaudando en su primer fin de semana, tan sólo en Estados Unidos, 74 millones de dólares, suficientes para recuperar los costos de producción (equivalentes a 72 millones 500 mil dólares). En el transcurso de las siguientes cinco semanas, la cinta llegó a reunir 178 millones 500 mil dólares únicamente en el vecino país del norte. Sin embargo, la importancia de los mercados internacionales queda de manifiesto en el hecho de que en el mundo, los ingresos generados por la exhibición del filme, a 40 días de su estreno, llegaron a los 303 millones 300 mil dólares, con lo que, en total, se tiene una cifra de 482 millones. Así las cosas, el resultado de llevar a la pantalla grande una serie que no se prolonga más allá de 30 minutos en la televisión ha sido, a todas luces, exitoso.

 

En el inicio de la película Homero pregunta: “¿por qué pagar por algo que podemos ver gratis en televisión?”. La respuesta obvia sería “porque en el cine se vería algo nuevo, distinto”. Por lo tanto, ¿qué hay de nuevo con Los Simpson en la pantalla grande que no se haya visto antes? En la película, la historia es predecible: Homero provoca un desastre ambiental que lo aleja de Springfield y, posteriormente de su familia, para que a continuación haga lo necesario para salvar su ciudad natal y reencontrarse con la familia, pasando de villano a héroe en espacio de 87 minutos. Aquí, a diferencia de la serie de televisión donde es costumbre contar por lo menos dos historias simultáneamente, la película es más convencional puesto que se centra de manera exclusiva en la odisea de Homero. Esto implica desafortunadamente sacrificar a los demás personajes, lo que resulta un tanto frustrante, dado que empobrece considerablemente la trama.

Por lo mismo, lo nuevo de Los Simpson, la película no estriba ni en la estupidez de Homero; ni en el misterio que circunda a la ubicación de Springfield (Flanders explica a Bart cuáles son los cuatro estados que tienen frontera con Springfield: Ohio, Nevada, Maine y Kentucky, por lo que se deduce que la famosa ciudad simpsoniana está en cualquier lugar, o bien, que es del tamaño de Estados Unidos ni en el cuestionamiento a las figuras de autoridad (el presidente del país, Arnold Schwarzenegger, manipulado por el ambicioso jefe del “escuadrón de protección ambiental” Russ Cargill; o bien la relación afectiva que desarrolla Bart con Flanders para disgusto de Homero ni en la ineficiencia de las autoridades (un empleado de la Agencia de Seguridad Nacional se emociona cuando, luego de mucho espiar exclama eufórico: “oigan todos, al fin el gobierno encontró a alguien a quien buscaba” ni en la aparición de Tom Hanks (quien explica en un anuncio comercial que como el gobierno perdió la credibilidad, le pidió a Hanks prestada la suya). Es verdad que hay personajes nuevos, como el puerco araña Potter, la ardilla convertida en monstruo de “mil ojos” debido a la contaminación en el Lago Springfield, Colin el “novio” de Lisa, y el ya citado -y perverso- Russ Cargill. La innovación más comentada por supuesto, es el desnudo de Bart, quien muestra sus genitales amarillos.

Con todo, la película es profundamente conservadora, tanto o más que la serie de televisión. En ella, además, se exaltan de manera chocante los roles del ama de casa (cuando el pueblo va a linchar a Los Simpson, Marge quien huía, regresa a casa a buscar el video de su boda y de paso lava un plato). En una secuencia previa, Lisa, furiosa con el desastre ambiental que provocó su padre, es reprendida por Marge: “Lisa, eres mujer, debes reprimir tu enojo”, a lo que Lisa, lanzando un suspiro de resignación replica: “está bien”. En otra parte del filme, Colin, quien es un ecologista declarado, en lugar de participar en el linchamiento de Homero por haber contaminado el Lago Springfield, le lleva flores a Lisa. Y, por si fuera poco, son los hombres de la familia, Homero y Bart, quienes salvan al pueblo del exterminio arrojando la bomba fuera del domo -aunque, siendo justos, Maggie salva a Homero de una muerte segura a manos del siniestro Cargill.

Hay que decirlo: la película, pese a todo, hace justicia con creces a la serie de televisión. El sarcasmo es tan intenso, que es necesario poner atención extrema en las escenas. Asimismo, se critica y parodia a los republicanos -y por eliminación, se exalta a los demócratas con Daly y Hillary para 2008, más Albert Gore con su “verdad incómoda”-; al presidente de Estados Unidos, quien no fue electo para “leer”; a Walt Disney -“soy la mascota de una perversa corporación” dice Bart, portando un sostén que usa en la cabeza simulando las orejas de Mickey Mouse-; al Titanic; a Harry Potter; al Hombre Araña; a las corporaciones petroleras, que destruyen Alaska; a la propia 20th Century Fox, etcétera. Además, la película exalta el ecologismo, lo cual se agradece en momentos en que todavía muchos en Washington siguen creyendo que lo único que importa es la guerra global contra el terrorismo.

Pero quizá lo más importante es que se haya optado por una película en 2D, a pesar de los recursos tecnológicos existentes para la elaboración de dibujos animados en tercera dimensión. Es verdad que se recurrió a imágenes digitales y que Los Simpson en el cine proyectan sus propias sombras, a diferencia de la serie de televisión. Pero, en general, los personajes en la pantalla grande son idénticos a los de la “caja idiota”. Como explicaba Matt Groening, la idea de la película en 2D era hacer un tributo a la animación manual, la cual se encuentra en vías de extinción.

 

 

Hay un aspecto más que vale la pena destacar acerca de la versión en español hecha en México para América Latina de Los Simpson, la película -dado que en España el doblaje es completamente diferente. La directora del doblaje, Marina Huerta, hizo un trabajo extraordinario, digno de reconocimiento. Mucho se habló, en el contexto del estreno en México y América Latina, de un boicot de parte de numerosos fans por el hecho de que actores como Humberto Vélez, la voz original de Homero en tres cuartas partes de las temporadas de la serie, no figuraba en el elenco de la película. Sin embargo, tampoco hay que olvidar que Marina Huerta fue la voz original de Bart, y que ella fue reclutada personalmente por Matt Groening, en un casting que se hizo cuando la serie iba a empezar a ser transmitida en México. Marina Huerta, posteriormente, hubo de abandonar el doblaje de Bart, ante la negativa de la empresa de doblaje Audiomaster 2000 -subsidiaria de Televisa- de incrementar su sueldo. En su lugar ingresó al doblaje Claudia Mota, con lo que la voz de Bart en español perdió su “chispa”. No fue sino hasta recientemente, que Marina Huerta se reintegró al doblaje de Los Simpson para la televisión, haciéndose cargo igualmente de la voz de Marge. Desafortunadamente para la serie y la película, una de las ausencias más sensibles es la de Humberto Vélez -también seleccionado personalmente por Groening en los inicios de las transmisiones de la serie en español-, quien realmente dio a Homero personalidad propia. Su lugar fue ocupado por Víctor Manuel Espinoza, quien, literalmente se ha dedicado a “clonar” la voz de Homero que solía hacer Vélez y la diferencia es muy notable. De hecho, la propia Marina Huerta destacaba unos días antes del estreno de Los Simpson, la película, que la instrucción que recibió de la 20th Century Fox fue la de “clonar” las voces para que fueran “idénticas” a como se escuchan en la serie, sobre todo en sus primeras temporadas. Por supuesto que lo ideal habría sido tener al elenco original. Sin embargo, el resultado no es tan malo. Víctor Manuel Espinoza ya es requerido por propios y extraños para que interprete la canción del puerco araña, que, por cierto, es mucho más creativa en español que en inglés.

¿Demócratas o republicanos?

Como un producto de Hollywood, donde una parte importante del gremio artístico es considerado liberal, la familia Simpson parecería encajar en las filas del Partido Demócrata. Después de todo, Matt Groening, su creador, aparece en la página electrónica www.campaignmoney.com como donante de dos mil 500 dólares en 2007 en favor de la campaña de la senadora demócrata por California Barbara Boxer, quien anunció el año pasado que buscará la reelección en 2010 y que quiere prepararse para ello lo más temprano posible. El laureado cineasta y productor de la serie, James L. Brooks, aparece, según la misma fuente, donando en 2007 un total de 54 mil 400 dólares en favor de las campañas de senadores como Barbara Boxer y Al Franken, y de precandidatos a la presidencia como John Edwards, Barack Obama y Hillary Clinton, todos ellos demócratas. De esa cantidad, Brooks entregó 35 mil dólares en favor del comité de campaña senatorial del Partido Demócrata. Y por si hubiera alguna duda respecto a las preferencias electorales de los productores y guionistas de la serie, en el inicio de Los Simpson, la película, el sanguinario ratón Daly, llega a la Presidencia teniendo como compañera de fórmula y vicepresidenta a Hillary Clinton. En el mismo largometraje, la vocación ambiental de Lisa es una especie de homenaje al laureado ex vicepresidente Albert Gore, también demócrata.

 

¿Qué hay de los demás personajes de la familia amarilla favorita de Springfield? Homero tendría que ser demócrata, a juzgar por el intercambio de golpes que tuvo con George Bush padre, cuando Bart, por accidente, destruyó las memorias del ex presidente. Sin embargo, se observa una dualidad en Homero: en cierta ocasión, se mostró muy entusiasta con la posesión de armas de fuego, lo cual lo ubica en el ámbito republicano. En uno de los primeros capítulos de la serie, Homero fue líder del sindicato de los trabajadores de la planta nuclear de Spring-field, lo cual lo acerca a los demócratas, aunque en otro episodio reprendió a Lisa diciéndole que si a las personas no les gusta su trabajo, no forman sindicatos, sino que se dedican a hacer las cosas a medias, comentario con sabor republicano.

Ned Flanders, conocido por su devoción a la iglesia y su conservadurismo extremo hasta en los aspectos más simples de la vida cotidiana, tendría que ser republicano, a juzgar por las características de los electores que hicieron posible que en los comicios de 2004 George W. Bush obtuviera la victoria sobre el demócrata John Kerry. Un análisis acerca de los votantes que privilegiaron a Bush sobre Kerry reveló que en un 80% refirieron la importancia de los “valores morales” en su decisión. Esos electores, en promedio, percibían ingresos anuales superiores a los 100 mil dólares, y señalaban que iban a la iglesia por lo menos una vez a la semana (como Ned). De hecho la página electrónica www.politicswatch.com considera que Ned Flanders -y los que son como él-, es el responsable de que Bush haya permanecido en la Casa Blanca por un segundo período e incluso va mas allá: afirma que si el vecino incómodo de Homero no fuera amarillo, seguramente sería un perfecto candidato de los republicanos para el Senado o la Presidencia.

Sobre el civismo de los Simpson y de la serie en general, vale la pena señalar que Springfield muestra el ideal de la democracia estadounidense. Se trata de una comunidad en donde se rinde un culto a lo local (o a lo aldeano). A los Simpson rara vez les preocupa lo que ocurre en el resto del mundo. Lisa, a diferencia de Mafalda, no es una internacionalista. Las noticias importantes son las que ocurren en el interior de la ciudad, y si no, favor de remitirse a Kent Brockman. El resto del mundo no existe. Inclusive, cuando los Simpson han debido salir de la ciudad o del país generalmente la pasan mal (por ejemplo cuando Homero consigue un empleo que le implica mudarse a otra ciudad, y aunque a él le va bastante bien, el resto de la familia lo pasa muy mal; o cuando toda la familia debe viajar a Australia para pedir disculpas por las travesuras de Bart; o inclusive cuando se van de vacaciones a Japón, donde se quedan sin dinero y tienen que aceptar la humillación de un programa de televisión para ganar los boletos de avión que los llevarán de vuelta a casa; o cuando toda la familia viaja a Brasil en busca de Ronaldo, un niño de la calle y Homero es secuestrado en un taxi; o bien, cuando viajan a la Gran Bretaña donde son recibidos por Anthony Blair, y, posteriormente, Homero provoca un accidente en el que arrolla a la Reina, debiendo abandonar el país llevándose a Madonna; o cuando, en un episodio de noche de brujas, los franceses lanzan un misil que mata a toda la población de Springfield, salvo a los Simpson) transmitiendo, a fin de cuentas, el mensaje de que no hay mejor lugar para vivir que Springfield. Para los Simpson, igual que para un sector importante de la población estadounidense favorable al aislacionismo, el mundo exterior es hostil, y si no, hay que tomar nota del episodio de noche de brujas, cuando los franceses perpetran contra Springfield un ataque nuclear.

Los Simpson como el culto a la política local enfatiza la manera en que los ciudadanos de Springfield se organizan para tomar decisiones sobre las cosas que les importan, por ejemplo cuando protestan ante el alcalde Diamante por la presencia de un oso y lo obligan a crear una patrulla anti osos; o cuando debaten la pertinencia de construir un monorriel, o bien cuando deciden la suerte de la casa de burlesque.

La noción de que el poder corrompe está muy presente en la serie. El alcalde Diamante, corruptus in extremis como reza el emblema/escudo de su oficina, es la expresión de ello, al lado del jefe de la policía, Górgori, e inclusive de las autoridades de la escuela primaria, hecho que se demuestra el día en que habiendo hecho trampa en un examen, Lisa se lo comunica al director del plantel y ni el inspector Archundia ni el director Skinner hacen nada al respecto. Pero no es sólo el poder local el que apesta (power sucks) en Los Simpson, sino también el federal. Lisa, quien ganó un concurso local para participar en un concurso de oratoria a nivel nacional en Washington DC, descubrió un complot entre un legislador y un industrial, que devastaría la ecología de Springfield. La manera en que evoluciona el episodio genera los siguientes mensajes: el poder político a nivel federal se encuentra corrompido. Lisa tuvo el valor de denunciar la situación en su discurso, pero perdió el concurso en favor de un niño vietnamita, hijo de inmigrantes, quien exaltó en su alocución, que Estados Unidos es la “tierra de las oportunidades”.

William Clinton, en otra ocasión, aparece por las calles de Springfield tocando el saxofón, seguido de sus infaltables guardaespaldas. El cantinero Moe, al percatarse del hecho cuestiona al mandatario: “Oye, Clinton: ¡ya ponte a trabajar!” a lo que sin inmutarse, el Presidente responde: “¡Oblígame!”, reforzando la idea que se tiene en torno a los demócratas en Estados Unidos, en el sentido de que aun sin hacer nada reciben su pago.

Como la mayor parte de los productos de Hollywood, Los Simpson son indulgentes con los demócratas e implacables con los republicanos. Uno de los caracteres más maltratados en la serie, además del propio George H. W. Bush es Richard Nixon (tendencia que se acentúa en la otra serie creada por Matt Groening, Futurama, en la que el personaje de Nixon ha aparecido insistentemente en el Nueva York del futuro). Pero ello no debe sorprender: Nixon representa la corrupción en extremo del sistema político estadounidense, si bien no es el único republicano en esa situación. Reagan, curiosamente, no ha merecido tantas referencias en la serie, a pesar del escándalo Irán-contras, quizá por el hecho de que se trata del único mandatario que antes de incursionar en la política fue un actor en Hollywood. Es posible suponer que los guionistas y los productores de Los Simpson hayan concluido que criticar a Reagan sería tanto como criticar al establishment de Hollywood. Claro está que, recogiendo el sentir de gran parte de la población estadounidense, Los Simpson no podían dejar de externar sus críticas por la invasión a Irak. En un episodio de noche de brujas en el que se hace una parodia de La guerra de los mundos de H. G. Wells, los extraterrestres Kang y Kodos invaden la Tierra para buscar “armas de desintegración masiva”, desarrollando, para ello, la operación ocupación duradera. En cierto momento Kang dice a Kodos: “a los terrícolas no les gusta nuestra presencia: dijiste que seríamos recibidos como libertadores” y una vez que Springfield es destruido, Kang refiere: “esto es seguramente como Irak”. Este episodio resultó polémico, dado que su transmisión coincidió con las elecciones legislativas de noviembre de 2006.

La Fox y Los Simpson

En Los Simpson, la película, cuando Bart dispara salvas contra el trasero de Homero, al pie de la escena aparece un anuncio comercial: “vea ‘¿usted es más listo que una celebridad?’ los miércoles en Fox. Así es, ahora también anunciamos programas durante las películas”. Pareciera, entonces, que Los Simpson muerden la mano de quien les da de comer, la empresa que los ha llevado de la mano para conquistar el mundo. Inclusive el millonario Rupert Murdoch ha sido parodiado “en persona” en la misma serie. Sin embargo, el largamente esperado episodio 400 de la serie está dedicado al papel de los medios, cuando Kent Brockman es despedi-do del canal 6 por decir palabrotas cuando Homero accidentalmente le arroja un café muy caliente en sus partes nobles. Acto seguido, Brockman, con la ayuda de Lisa, logra transmitir su opinión sobre los medios a través de la Internet, pero, dado el éxito que tiene, el canal 6 le hace una propuesta para que se reincorpore a la cadena y al final, previsiblemente, Brockman regresa por sus fueros a la televisión.

Aun cuando en Los Simpson se ha llegado a sugerir a los televidentes que “cambien el canal” para ver la programación de otras cadenas, pareciera que se trata más de una estrategia encaminada a evadir la percepción de que la serie ha sido cooptada por el establishment de Murdoch. Una subsidiaria de esta cadena, Fox News, es muy criticada por la cobertura que da a situaciones polémicas como la guerra en Irak, dado que asume posturas muy conservadoras y que son excesivamente cercanas a la lógica republicana de la administración Bush. Qué mejor entonces, que favorecer una parodia de sí misma a través de Los Simpson, con lo que los ejecutivos del corporativo finalmente logran estar bien con Dios y con el diablo, transmitiendo el mensaje de que hay espacio para la autocrítica. Así, la relación entre Los Simpson y la Fox lleva a preguntar quién sirve a los intereses de quién: ¿se aprovechan Matt Groening y Los Simpson del espacio y la cobertura que les provee la Fox, o más bien, es esta cadena la que se legitima a través de las irreverencias de la familia favorita de Springfield?

 

 

Ése no es un tema menor. En esto momentos, Estados Unidos echa mano de la fuerza bruta para proyectar su hegemonía sobre el mundo y promover su interés nacional. Los resultados, sin embargo, dejan mucho que desear. Washington es impugnado por sus aliados, criticado por organismos internacionales y no gubernamentales y también por un porcentaje cada vez mayor de los estadounidenses. El presidente Bush, a finales de febrero de 2008, tenía un índice de aprobación de apenas el 19%, respecto a su gestión de los asuntos internacionales y domésticos, que es la cifra más baja para cualquier mandatario en toda la historia del país. De ahí que figuras políticas, diplomáticas y académicas insistan en la importancia de que Estados Unidos no sólo recurra al poder duro en la promoción de sus intereses, sino que eche mano del poder blando, de su gran influencia cultural en el planeta, de la que Los Simpson son tan sólo una muestra. Porque mientras que la guerra en Irak ha provocado una debacle de la que los republicanos difícilmente se recuperarán antes de los comicios presidenciales del próximo 4 de noviembre, esta familia es amada y reverenciada hasta en las latitudes más remotas del planeta. Así las cosas, Los Simpson ratifican la importancia de que Estados Unidos se apoye en su poder blando para lograr lo que se propone: mantener el status quo, evitando el cambio -porque Washington no desea ni un nuevo orden bipolar ni multipolar, dado que ello restringiría sus márgenes de maniobra en el mundo. Luego de 20 años, Los Simpson no envejecen y están más vigentes que nunca: ése es el ideal de la hegemonía estadounidense. La familia favorita de Springfield, para bien o para mal, es una parte importantísima del american way of life y en cada episodio de la serie ratifica valores y patrones de conducta fundamentales para el establishment del vecino país del norte, lo que hace suponer que habrá Simpsons para rato.

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