Alejandro Pérez Uriarte

Los ratones verdes: cobardía, nación y futbol

El periodismo deportivo dedica cuantiosas páginas a los triunfadores y exitosos del balompié. Los futbolistas se visten con las ropas de los héroes y los medios de comunicación suelen promoverlos como ejemplos a seguir, modelos de superación y encarnación del éxito. Las imágenes y las narrativas sobre el triunfo abundan, pero ¿los descalabros están ausentes? ¿La derrota en la cancha incide de algún modo en la promoción de imaginarios sociales?

En el caso de la selección mexicana, los fracasos han estado muy presentes, sobre todo en las décadas de 1950 y 1960. A juzgar por el desempeño del equipo en las Copas Mundiales, esta etapa se caracterizó por un constante romance con la derrota. Por lo menos entre 1950 y 1966 el equipo mexicano tuvo como saldo un partido ganado, tres empatados y diez perdidos, es decir, nada que celebrar. En ese oscuro contexto deportivo, la prensa mexicana especializada promovió la figura del equipo como un reflejo
de la nación. En algunos discursos el desempeño de la selección exponía las supuestas características “esenciales” del colectivo nacional, donde la cobardía ocupaba un lugar central.

La “mexicanidad” como doctrina

Para comprender la emergencia de esta metáfora en la década de 1960, resulta fundamental considerar el contexto en el que se enmarcó y la influencia de la llamada doctrina de la mexicanidad. Un elemento importante en la retórica gubernamental mexicana a mediados del siglo XX fue el llamado a la “unidad nacional”. Este discurso, ambiguo y demagógico, se gestó desde los últimos años del gobierno de Lázaro Cárdenas, a finales de la década de 1930, y pretendía granjearse la simpatía de diversos sectores con el objetivo de no romper la precaria estabilidad política del país. Este discurso tomó fuerza durante el sexenio de Manuel Ávila Camacho y para el gobierno de Miguel Alemán Valdés derivó en la llamada “doctrina de la mexicanidad”. Con ella se aludía a una especie de esencia nacional que debía ser caracterizada y que, en aquellos años, fue objeto de estudio del Grupo filosófico Hiperión y su “filosofía de lo mexicano”, así como de otros intelectuales como Samuel Ramos y Octavio Paz. Sus reflexiones modelaron una imagen negativa, denigrante e infantil de la población mexicana. Sin ocultar su mirada vertical y racista, dictaminaron desde sus tribunas “lo mexicano”, hablaron en nombre de él y le adjudicaron complejos y necesidades1. El pueblo de México fue caracterizado como una comunidad excepcional, “relajienta” y accidentada, víctima de un profundo complejo de inferioridad, melancólica, taciturna, insuficiente, cínica, resignada y pasiva2.

Bajo esta retórica –también expresada en discursos presidenciales– se llamó al pueblo mexicano a trabajar con ahínco y vencer los complejos de su “esencia”, guiados por la mano de la élite gobernante. En el fondo, la doctrina de la mexicanidad buscaba limitar la participación política de los mexicanos a una aprobación fiel de las decisiones gubernamentales. Posturas políticas distintas a las del régimen pasaban por “exóticas”, subversivas o antipatrióticas.

En ese marco, sin embargo, surgieron diversas expresiones de descontento que representaron un desafío para el sistema y las retóricas sobre lo mexicano. Los movimientos ferrocarrilero, magisterial, médico y estudiantil de las dépoblación cuestionaban la dinámica imperante al tiempo de enarbolar diferentes demandas. Estas batallas, lejos de ratificar la pasividad supuestamente características de los mexicanos, dieron cuenta de una sociedad heterogénea que, en cierto modo, se oponía a las consecuencias del proyecto industrializador y cuestionaba los discursos sobre la mexicanidad que apelaban a una acrítica unidad nacional. En este contexto, el periodismo deportivo mexicano hizo eco de la doctrina de la mexicanidad y promovió la imagen de los mexicanos como seres acobardados ante los grandes retos y desafíos.

Los ratones verdes

En el marco de la Copa Mundial de Chile en 1962, los medios especializados en deportes ya destacaban a la “timidez” como un rasgo esencial de la mexicanidad que impedía obtener buenos resultados, tal como describió el diario deportivo Esto al afirmar que para los mexicanos, al momento de jugar, “no se pone todo por miedo”3. Más tarde, con la llegada de las derrotas, el diario destacó las declaraciones de un integrante de la selección, Raúl Cárdenas, quien afirmaba que el problema de los mexicanos no tenía que ver con sus habilidades físicas, sino con su carácter. “Nuestro problema es mental”4, afirmó el futbolista.

Cuatro años más tarde, en el Mundial de 1966, la cobardía y el conformismo fueron las explicaciones más socorridas de la prensa para justificar los malos resultados. En vísperas del debut de la selección, Esto destacó que “había nerviosismo”5 en los integrantes de la selección, sobre todo en los directivos. En los siguientes días, el diario enfatizó que el gran enemigo del equipo mexicano era la cobardía e imploraba: “¡Que no nos traicionen los nervios!”6, al tiempo de recordar que los mexicanos eran perseguidos por los “¡complejos [y] cierto recuerdo fatídico!”7 en referencia al último partido que había enfrentado la selección mexicana frente a la británica. Más tarde, después del partido contra la selección de Reino Unido, el diario comparó al equipo con un peculiar animal: el ratón. Algunos años antes de la celebración del Mundial, ambas selecciones se habían enfrentado y el marcador final fue de ocho a cero a favor de los británicos. Ante tal resultado, el director técnico mexicano Ignacio Trelles señaló que, en la Copa del Mundo, el equipo mexicano iría a buscar un resultado “decoroso”, pero no la victoria. Ya en el torneo, la selección saltó a la cancha con numerosos defensas y con la instrucción precisa de no atacar, ni siquiera cruzar la media cancha. La estrategia no funcionó y el resultado fue una derrota por dos a cero. Esto culpó a “los nervios y la indecisión”8 por el fracaso, además de acusar que “se exageró la precaución”. El equipo, en la mirada de los redactores del periódico, era la representación del resto de los mexicanos y había mostrado una actitud deshonrosa por “jugar como una bandada de ratones asustados. ¡Elegir el partido cumbre de la historia futbolera mexicana para hacer pública confesión de impotencia!”9. El rotativo afirmó: “Sentimos vergüenza” y publicó las declaraciones de un supuesto aficionado que con un albur se quejaba jocosamente y cuestionaba la virilidad del equipo: “Nacho [Trelles, el entrenador mexicano] equivocó el avión; fue a Londres y donde quería ir es a Dallas”10.

Por su parte, en la columna denominada “Indiscreciones”, un colaborador que firmaba bajo el seudónimo “D´Artagnan”11, lamentó la “vuelta a los sistemas del miedo que nos impidieron ganar; […] la falta de confianza absoluta en lo nacional […] ¡Por eso tantos otorgan su preferencia a los importados!”. El periodista cuestionó: “¡Para qué ir, entonces, a los campeonatos mundiales! […] ¿Para poner a nuestros muchachos contra la pared, arrinconados como ratas, reducidas todas sus esperanzas a que no les hagan tantos agujeros como a ciertos quesos?”12.

Ya fuera como “ratas” o como “una bandada de ratones asustados”, las imágenes utilizadas por “D’Artagnan” fueron eco del apodo que Manuel Seyde asignó a la selección mexicana en el marco de la misma competición: los ratones verdes. Seyde fue un famoso periodista encargado de la sección deportiva de Excélsior y responsable de la columna “Temas del día” en el mismo diario, donde en no pocas ocasiones publicó fuertes críticas al desempeño de la selección. El apodo que calificó a los seleccionados como roedores fue acuñado en 1966, sin embargo, no desapareció entonces. El impacto del mote alcanzó las décadas de 1970 y 1980, pues su uso fue recurrente en el periodismo deportivo luego de que los mexicanos no clasificaron a las Copas del Mundo de 1974 y 1982.

Otro de los diarios que hizo eco del estereotipo, aunque de modo menos incisivo, fue La Afición. “Conforme y resignada la selección cayó 2-0”13, escribió el periódico, al tiempo de enfatizar que debido a la actitud de los mexicanos en la cancha “nosotros nos dimos por bien librados con los únicos dos goles del equipo inglés […] el mismo equipo [mexicano] salió derrotado a la cancha […] a nosotros no nos agrada este conformismo, pues la historia deportiva mexicana está plagada de derrotas con la cara al sol”14. La imagen de los mexicanos como seres resignados coincidía con los análisis de algunos intelectuales, como Emilio Uranga, Jorge Portilla o Leopoldo Zea, quienes desde la década de 1950 ya sostenían que la “desgana” era una característica esencial del “alma” nacional, parte de su naturaleza autodestructiva, escindida y acomplejada.

La representación de una mexicanidad “ratonil” –si no pasiva, sí acobardada y forzada a la eterna huida– no fue exclusiva del periodismo deportivo mexicano. Ya entre 1953 y 1955, un particular personaje vestido a la usanza “típica” jarocha había debutado en los dibujos animados y pronto llegó a los hogares mexicanos. Su nombre: Speedy Gonzales. Creado por Robert McKimson, Friz Freleng y Hawley Pratt, ilustradores y caricaturistas de la Warner Bros., el “ratón más veloz de todo México” se hizo de un lugar en las series de los Looney Tunes. Podría pensarse que Speedy, al burlarse de sus enemigos –casi siempre el pato Lucas y el gato Silvestre– no promovía una imagen derrotada de los mexicanos, sin embargo, el peculiar ratón reproducía el estereotipo de un ser condenado a la necesidad de escapar. Después de todo, ¿qué es la cobardía si no el miedo, el impulso por evadir los grandes desafíos?

El periodismo deportivo mexicano vinculó la imagen de los ratones a la supuesta “esencia” futbolera, “reflejo” de lo nacional. Este fenómeno se extendió más allá de la década de 1960, al grado que durante la celebración del Mundial de México 1986, a pesar de que la selección mexicana realizó el papel más decoroso que hasta la fecha ha realizado, el diario La Afición hizo constante referencia a las características “ratoniles” de los mexicanos y la máxima figura del equipo en aquellos años, Hugo Sánchez, fue llamado por el diario como “Súper ratón”15.

La cobardía: ¿esencia nacional?

Los discursos nacionalistas tienden a exaltar presuntos elementos deseables, propios de la comunidad que los produce; lo particular de las retóricas del periodismo deportivo mexicano de la segunda mitad del siglo XX fue que se sostuvieron en el polo contrario: la idea de la derrota y el fracaso. Sobre esta base promovieron la fantasía de una supuesta “esencia” nacional que hacía de los mexicanos seres condenados por el destino, sujetos a fuerzas insalvables. La selección de futbol era el supuesto reflejo de esta condición. La metáfora de los ratones verdes ejemplificó claramente esa idea.

¿Hasta qué punto esta retórica tiene eco en los medios de la actualidad? Se ha vuelto lugar común del periodismo deportivo afirmar que el problema de los futbolistas mexicanos pasa por su “mentalidad”. Afirmaciones de este tipo reproducen, quizá sin quererlo, el mismo principio que sostuvo el discurso sobre los ratones verdes: que la “esencia” de los mexicanos tiende a la cobardía. Considero que la trampa es ésa: creer que estamos determinados por un “alma nacional”. Asumir tal postura elimina responsabilidades. Para entender las razones de los constantes tropiezos de la selección, habría que analizar cuidadosamente el desempeño de los dirigentes –empresarios– de este deporte y deberíamos dejar de culpar a una falsa esencia mexicana.

El futbol, sin duda, muestra con claridad la necesidad de trabajar en equipo, asumir responsabilidades y organizarse. En año mundialista y electoral, resulta más que oportuno aplicar estos principios en la cancha y en la vida política. Porque está claro que los mexicanos no estamos condenados por un alma acobardada y mucho menos nos comportamos como “una bandada de ratones asustados”. Ante las adversidades y las injusticias que nuestro país padece, no queda más que la participación constante en el debate público, la resistencia y la organización. Eso, como ya sabemos, es mucho más difícil y necesario que ganar un Mundial.


Notas:

1 Por citar dos ejemplos, puede mencionarse el conocido texto de Samuel Ramos, escrito originalmente en 1934: Samuel Ramos, El perfil del hombre y la cultura en México, México, Secretaría de Educación Pública, 1987; y de Octavio Paz, El laberinto de la soledad, México, Fondo de Cultura Económica, 2004, p. 32.
2 Aquí, algunos ejemplos. Para Leopoldo Zea, la condición mestiza del mexicano producía su insuficiencia, la sensación de carencia y el complejo de inferioridad. Leopoldo Zea, La filosofía como compromiso y otros ensayos, México, Tezontle, 1952. Para Jorge Portilla, el carácter “relajiento” del mexicano era una tara moral que le impedía el progreso. Jorge Portilla, Fenomenología del relajo y otros ensayos, México, Fondo de Cultura Económica, 1984, p. 30. Emilio Uranga, por su parte, sostuvo que el ser mexicano entrañaba un modo particular de existencia: emotivo, sentimental y de fragilidad interior, rechazaba los compromisos y las responsabilidades. Emilio Uranga, Análisis del ser del mexicano, México, Porrúa y Obregón, 1952
3 Esto, 1 de junio de 1962, p. 8.
4 Esto, 6 de junio de 1962, p. 7.
5 Esto, 13 de julio de 1966, p. 2.
6 Esto, 16 de julio de 1966, primera plana.
7 Esto, 16 de julio de 1966, p. 2.
8 Esto, 17 de julio de 1966, p. 3.
9 Esto, 17 de julio de 1966, p. 4.
10 Esto, 17 de julio de 1966, p. 4.
11 El nombre real de “D´Artagnan” era Antonio Huerta Villabona. Huerta fue un periodista español que colaboró en la cadena del coronel García Valseca desde que se exilió en México hacia 1942. A su arribo se desempeñó como cronista deportivo en Esto, del que llegó a ser director. Se encargó de la columna “Indiscreciones” hasta su muerte en 1967. En España, fue miembro del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y director de los diarios La Lucha de Clases, de Bilbao y El Diluvio, de Barcelona. Fundación Pablo Iglesias, “Huerta Villabona, Antonio”, en Fundación Pablo Iglesias [en línea] http://www.fpabloiglesias.es/archivo-y-biblioteca/diccionario- biografico/biografi as/10504_huerta-villabona-antonio, fecha de consulta, 15 de abril de 2016.
12 Esto, 18 de julio de 1966, p. 8.
13 La Afición, primera plana, 17 de julio de 1966.
14 La Afición, 17 de julio de 1966, p. 2.
15 La Afición, 8 de junio de 1986, p. 2.

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