Cinque Terre

Gustavo Hirales

Analista político

Los primeros 30 años de nexos

¿Es posible quedarse callado frente al festejo de la publicación de política y cultura más importante de los últimos 30 años? ¿Cómo se puede hablar de nexos sin antes darle las gracias a sus fundadores y a sus actuales editores? ¿Qué tan agradecidos y alegres estaríamos por ese aniversario si con donaire crítico dijéramos lo que no nos gusta o lo que queremos que sea? ¿Quiénes somos para hacerlo en medio del reconocimiento sino antes que nada y después de todo, lectores suyos? ¿Por qué no mejor habla un viejo conocido y amigo de ésa y de esta revista y junto con él uno de los jóvenes con los que nexos ha de continuar sus vínculos intelectuales? Que lo hagan ellos, sí, mientras nosotros tomamos un trago a su salud. (MLT)

nexos cumple 30 años y permanece, lo cual no se puede decir de muchos órganos de opinión. ¿Cómo explicarnos su permanencia? Cómo explicárnosla después de que su director por 13 años –y de alguna manera el alma de la revista y de la empresa editorial que la sustenta–, Héctor Aguilar Camín, le apostó fuerte al proyecto modernizador de Carlos Salinas de Gortari, y se vio contaminado por el tsunami de desprestigio y escarnio que sobre ese proyecto y su protagonista principal cayeron, tras la rebelión zapatista del 1 de enero de 1994, pero sobre todo después de los asesinatos proditorios de Luis Donaldo Colosio y de José Francisco Ruiz Massieu, y la crisis nacional de principios del año 95.

En cierta perspectiva, nexos debió haber sufrido la misma suerte de Salinas, pero no cayó; debió ser borrado de la escena histórica con la derrota del PRI en el año 2000, y ello tampoco ocurrió. ¿Su permanencia se explica porque es una revista de “intelectuales orgánicos” de Estado, como parecía desprenderse de la polémica con Vuelta en torno al Coloquio de Invierno, o de los sarcasmos de Marcos? No lo creo. En mi percepción, nexos viene de más lejos y va más allá de las coyunturas, por más significativas que éstas puedan ser. Responde, aunque suene presuntuoso, a las necesidades de una vida política e intelectual cada vez más compleja y exigente.

Comencé a leer la revista estando yo en la prisión de Topochico, allá por fines de 1978, cuando venía encartada para los suscriptores de unomásuno. Era una bocanada de aire fresco (como lo eran el propio periódico y las revistas Proceso y Vuelta, pero también la reforma política y la amnistía de Reyes Heroles) después de la degradación echeverrista de Excélsior y el clima de pesimismo y malos augurios que este hecho trajo consigo. Posteriormente, allá por marzo de 1982, en ocasión de un acto del PSUM, recuerdo que se me acercó Eduardo Ibarra para decirme que Héctor Aguilar Camín quería hablar conmigo. ¡Órale!, pensé, ¿de qué se tratará?

Se trataba, me explicó Héctor, de que nexos quería dedicarle un número crítico a la izquierda, y en él debía tener un lugar la historia de la guerrilla. ¿Estaría yo dispuesto a entrarle? Claro, contesté, aunque para mis adentros no estaba muy seguro de poder acometer la tarea, sobre todo porque eran épocas de gran activismo político, y yo, en ese entonces, era un verdadero profesional del partido, es decir, un profesional de la revolución (what ever that means). Como pude, entre viaje y viaje al interior del país, llevaba mis diez cuartillas a nexos, hasta completar el ensayo. Fue un buen número, y no sólo porque en el había yo participado. Todavía lo tengo por ahí, sucio, polvoso, con la indeleble pátina de los años.

Duré algunos años sin escribir en la revista, hasta 1988, cuando gracias a mi terquedad y a la buena disposición de Herman Bellinghaussen, logré que me publicaran un poema (“recuerdo de esos años”, el cual yo estaba convencido que tenía “algo” que decirles a los miembros de mi generación y compañeros de aventuras). Luego empecé a escribir con más regularidad, casi nunca más de un artículo por año. Pero eso, en todo caso, no es lo más importante (aunque para mí lo sea).

Lo importante es cómo nexos iba cambiando y contribuyendo a cambiar una cultura política de izquierdas caracterizada por el dogmatismo, el sectarismo y la ignorancia. Quienes –como yo– teníamos curiosidad política e intelectual pero carecíamos de una formación académica o universitaria, en nexos (y en otros foros, pero especialmente en ella) podíamos seguir el curso de la producción y el debate intelectual no sólo en México, sino también en América Latina y en el mundo. En la revista oí hablar por primera vez de Bobbio, de Habermas, de Perry Anderson, de E. G. Thompson, de Paramio; de los ingleses, los italianos y los franceses; de los pensadores de Europa del este.

Ser lector de nexos significaba, en ese tiempo, participar de una fiesta y de un festín. Aunque en algunos temas la revista se comportara, coyunturalmente, más que recatada (por ejemplo en relación al fraude electoral de 1988), siempre era dable encontrar en ella atisbos de lucidez crítica y de inconformidad fundada con el estatus prevaleciente. Siempre era posible vislumbrar alternativas a lo establecido.

De nexos recuerdo (y atesoro) muchos números, ejemplares por una u otra razón: ya cité el de la izquierda y la guerrilla; hubo otro dedicado al PAN y a la derecha; o los recuentos de las décadas que se iban, (“Adiós decenio cruel”). Los números dedicados a discutir las reformas de Salinas (TLC, iglesia, campo; el debate entre Jorge Alcocer y José Córdoba Montoya aquellos que analizaron sin claudicaciones la rebelión zapatista y el clima de apasionada justificación de la violencia que surgió entre la izquierda; el asesinato de Colosio; los cambios y las reformas electorales de principios de 94. Las ediciones dedicadas a desmenuzar los mitos y realidades del 68, por ejemplo. Los grandes temas de la diversidad sexual y los derechos de las minorías.

En la revista brillaron con luz propia y de modo intermitente autores como Roger Bartra, Adolfo Gilly, Arnaldo Córdova, Carlos Pereira, Raúl Trejo Delarbre, Jorge Castañeda, Luis González de Alba; además de las plumas permanentes, garantía de juicio informado y normalmente atinado (Héctor Aguilar Camín en primer plano, Rolando Cordera, el ahora director José Woldenberg, Soledad Loaeza), y las nuevas estrellas del firmamento nexiano como Ricardo Raphael, Luis Salazar, María Amparo Casar, Jorge Javier Romero, Ricardo Becerra, Adrián Acosta, Ciro Murayama y muchos otros que se me escapan (Cuadernos de nexos tiene su propia historia).

Y las aportaciones, llenas de un humor discreto y antisolemne (a veces “sólo para iniciados”) de Luis Miguel Aguilar y Rafael Pérez Gay, los talentosos y a menudo anónimos constructores.

Más recientemente, pondero mucho el espacio que nexos dio a los hallazgos documentales sobre la Guerra Sucia, o la manera como la revista se fue preparando para la justa electoral de 2006 (izquierda y legalidad así como el debate vivo y apasionado, hasta rijoso, pero siempre guardando las formas elementales de la cortesía política, que tuvo lugar en relación a la protesta postelectoral de López Obrador y sus consecuencias.

Letras Libres (la competencia) es sin duda mejor revista literaria y cultural, pero dudo que tenga el mismo toque, la oportunidad y el expertismo de nexos en cuanto a temas políticos, económicos o sociales de actualidad.

Diría que Letras Libres es más libre (valga la redundancia) para criticar a la izquierda y sus esperpentos, pero nexos no se queda pasmada ni pierde la mesura cuando se trata de analizar críticamente gobiernos y tendencias políticas de nuestra moderna diversidad.

nexos ha cruzado, durante estos 30 años, varios pantanos, con mayor o menor suerte para la blancura de sus plumas; ha habido desprendimientos y rupturas, sobre todo porque los partidarios intelectuales más ardientes de los ismos del momento (cardenismo, zapatismo, obradorismo) no encontraron en sus páginas la solidaridad que reclamaban; pero al final, tengo la impresión de que la revista, su núcleo fundamental, siempre ha sabido reencontrar la brújula; ello porque los principios que le dieron origen no han cambiado en lo fundamental.

Como lo dice su director en la presentación del número de aniversario 30: “nexos es una revista comprometida con la democracia, la no violencia, el respeto a los derechos humanos, y no hemos contemporizado, ni lo haremos, contra quienes atentan contra esos pilares fundamentales de la convivencia en sociedad”.

Diría para terminar: la designación de Pepe Woldenberg como director de la revista garantiza congruencia democrática, rigor intelectual y olfato político probado para detectar ocurrencias, voladas y farsantismos. Eso, para mí, es una garantía de permanencia, y sobre todo de vigencia ética y política.

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