Cinque Terre

Mireya Maldonado

Periodista.

Los olvidados

Cinco niños fueron arrojados por su propio padre, hace cuarenta años, al albergue de “La Gran Familia” y su famosa jefa: Rosa Verduzco. Una de ellos. La 253-G, llegó a los diez años. Es la habitante más antigua de ese sitio y fue la encargada de servir y recoger en el comedor casi toda su vida. Sus tres hermanos escaparon y Reynalda, que padecía epilepsia, simplemente desapareció un día.

“Mamá Bertha”, como la conocían, no le guarda resentimiento a su padre, muerto recientemente,”por haberlos enterrado vivos” en la casa de mamá Rosa, pero sí recuerda con resentimiento las desgreñadas de la mujer que, según la PGR, ahora es inimputable. “Pero yo también le daba. Una vez le di una patada a la pinche vieja”.

A Toñita, de 38 años, la depositó “alguien del DIF” en el albergue. Ha sido la mejor amiga de la eterna servidora del comedor y ahora trata de recordar a los familiares que tiene en Cotija, Michoacán. Recibió cobijo en la casa de una de las familiares de Bertha. Mientras halla a los suyos, mientras los recuerda.

Éstos son algunos de los testimonios de las víctimas que recogió la corresponsal Dalia Martínez y fue publicado por El Universal el 23 de julio.

El 17 de julio, Excélsior, entre otros medios, publicó otros extractos de testimonios de seis víctimas. Una de ellas fue retenida en el “albergue” contra su voluntad y violada cuando cumplió 18 años. Se embarazó y su abusador la hizo abortar a patadas en el vientre. Otra denunció que “llegó con engaños, porque la fundadora ofreció liberar a su prima a cambio de que ella se quedara, pero cuando ingresó, no dejó salir a ninguna de las dos”.

¿La constante? Violaciones sexuales cometidas sistemáticamente, amenazas de muerte, puñetazos, patadas, varazos, insultos dentro de esa casa donde los barrotes supuestamente dividían a niños y niñas para que no tuvieran relaciones íntimas, aunque tal como relató uno de los rescatados, sistemáticamente los mayores abusaban de los menores.

La propia “Mamá Rosa” reconoció ante León Krauze que esos barrotes eran para separar a hombres y mujeres. “Mis chavos no son santos. No me voy a correr el riesgo de que las embaracen a todas. Los salones de clases también tenían barrotes para que no se metan a robarse los materiales (…) No los dejábamos andar mucho en la calle, pero adentro eran libres”.

Libertad entre jaulas que impedían relaciones entre ellos pero no abusos de toda índole, castigos en una especie de “apando” bautizado, paradójicamente, con el nombre de un personaje de cuento infantil: Pinocho, un cuarto de dos o tres metros cúbicos donde los encerrados sin comida ni agua sobrevivían gracias a otros menores de edad, quienes a escondidas, llevaban víveres que pasaban a través de los barrotes. Siempre los barrotes.

Otro testimonio refirió lo que resultó evidente en la interminable limpieza del lugar, la cual tardó días y precisó varios camiones. “El comedor tenía un fuerte olor fétido… daban de comer fruta podrida, pan enlamado, alimento con cucarachas”. Los recluidos, porque no se pueden llamar de otra forma, eran obligados a alimentarse con desechos, ésos que Rosa Verduzco dijo que comen los pobres pertenecientes a un mundo que no entienden los ricos.

Pero por demencia senil no se procesó a la señora octogenaria, dueña de al menos 15 propiedades en Zamora, Michoacán; de acuerdo a una investigación de Animal Político. Eso sí, frente a micrófonos a modo mostró lucidez y reconoció sus métodos correctivos, la forma de vida de los internos, la suciedad en que vivían. Esta mujer “buena para el soplamocos” enfatizó ante un Krauze inmutable: “quien no te pega no te quiere”. Con todo ello, ha sido santificada por el premio Nobel de literatura, Jean-Marie Gustave Le Clezio, en el diario francés Le Monde.

¿Hacían falta recursos para los habitantes del albergue? El periódico El País publicó el 26 de julio que “los donativos privados recaudados entre 2009 y 2013, acumulados en por lo menos una cuenta del banco Banamex, suman cerca de nueve millones de pesos (700.000 dólares). A ello se añaden los subsidios oficiales declarados a

Hacienda, que se elevan a 10 millones de pesos (772.000 dólares), y que según la institución se gastaron en el mantenimiento del albergue”. Jean Meyer agregó en el programa Atando Cabos, que conduce Denise Merker en Radio Fórmula, que incluso Presidencia donó dinero en este sexenio para que se mejoraran las instalaciones del albergue. Pero el historiador no habló sobre las víctimas, ni siquiera cuestionó qué se hizo con los recursos. Eso sí, él estuvo ahí en mayo y no “vio” ninguna situación de insalubridad.

Lo mismo debe haberle sucedido a personajes políticos de todas las corrientes que fueron al patio de las visitas para tomarse la foto con “Mamá Rosa” y usaron a los niños como propaganda política.

Poco importan las historias de terror que ahí se vivieron porque más vale recoger a los pobres que dejarlos en la calle, como expresaron otros intelectuales, así sean al menos 590 víctimas, 278 niños y 174 niñas, como informó Fernando Batista, visitador de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH), en entrevista con el espacio de Fórmula Detrás de la Noticia Muchos fueron y han sido cómplices: los abajo firmantes con sus desplegados, el DIF que enviaba niños a “La Gran Familia” y ahora “les busca sitio”, quienes marchan con pancartas por su “Mamá Rosa”, el Estado. Todos sordos, todos omisos, todos al parecer ignorantes de la Convención sobre los Derechos del Niño, ratificada por México en 1990, y sus 54 artículos con un marco jurídico inédito de protección integral a favor de las personas menores de 18 años de edad, o el artículo cuarto constitucional que en dos de sus fracciones dice: “en todas las decisiones y actuaciones del Estado se velará y cumplirá con el principio del interés superior de la niñez, garantizando de manera plena sus derechos: la satisfacción de sus necesidades de alimentación, salud, educación y sano esparcimiento para su desarrollo integral”.

Los escasos testimonios dados a conocer son la punta del iceberg. La mayoría de los medios de comunicación han optado por el escándalo, su información se ha centrado en “Mamá Rosa” y su fama, “Mamá Rosa” y la deplorable defensa de personajes públicos que hasta el 28 de julio aún no rectificaban sus acaloradas defensas porque no escucharon a quienes realmente importan: las víctimas.

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