Cinque Terre

Mario A. Campos

Periodista y consultor.

Los medios públicos y las incongruencias de Marcelo

¡Por fin la Ciudad de México tendrá televisión pública! Así, con ese entusiasmo, el Jefe de Gobierno Marcelo Ebrard celebraba el aval a un señal de tele abierta para la capital del país. Sus razones para el festejo eran fundadas: en toda ciudad, en toda entidad federativa es importante la existencia de medios públicos que ofrezcan una perspectiva diferente a los canales y estaciones privadas. El problema es que ese reconocimiento no ha sido congruente con su política de comunicación al no haber dado en toda su administración una sola entrevista a la radio pública más importante del país, el Instituto Mexicano de la Radio.

En el espíritu de transparencia cabe decir que quien escribe estas líneas es parte interesada. Desde hace cuatro años y medio conduzco la primera emisión de Antena Radio, uno de los espacios informativos del Sistema Nacional de Noticiarios, al que incluso dirigí durante un tiempo. El caso de Marcelo Ebrard es importante porque refleja una postura no generalizada pero sí frecuente entre un sector de la clase política nacional. Una posición en la que los medios públicos no son considerados en sus agendas de encuentros con medios.

Ya sea porque privilegian espacios de mayor audiencia o por simples estrategias de comunicación y relaciones públicas, lo cierto es que no le otorgan un lugar relevante. Como es obvio, el tema es importante para quienes como periodistas laboramos en esos espacios pero también debería serlo para la sociedad en general.

La razón es simple: cuando un actor político ignora a los medios públicos en los hechos está fijando su postura sobre este sector. ¿O qué otra posición es más clara que el mismo hecho de ignorarlos? Decir que son relevantes pero no atenderlos es una franca contradicción que termina por mostrar su verdadera visión.

Y eso es grave porque revela que un sector de la clase política -cada vez menor pero aún significativo- sigue sin entender por qué es importante contar con medios públicos fuertes, independientes de grupos o partidos y al servicio de toda la sociedad y no de un régimen en particular.

Durante años en el país se han dado diversos pasos en ese sentido. En lo que a mí me consta puedo dar testimonio del cuidado que se tiene en el IMER por los equilibrios en las coberturas de todo tipo, incluyendo las electorales, lo que ha sido reconocido incluso por académicos como Raúl Trejo Delarbre. También está a la vista -o debiera decir al oído- la diversidad y apertura a todas las voces de la escena nacional donde todos pueden encontrar un espacio.

Esa conducta no es nada extraordinaria. Así debió haber sido siempre en cualquier medio público aunque en la realidad no fuera así. Por eso, ahora que ocurre de esta manera la prioridad de la clase política debiera ser fortalecer esa oferta. Y la mejor forma de hacerlo -además de los temas legales o presupuestales- es participando en ella, consolidando así su pluralidad.

Más aun cuando todos los días -ya sea en privado o en público- los mismos actores que hacen a un lado a los medios públicos se quejan amargamente de algunas empresas privadas por ser instituciones que privilegian sus intereses económicos o políticos como parte de sus criterios editoriales. Se puede coincidir o no con este hecho pero en la práctica ocurre y por eso es necesario contar con espacios que se rijan con una lógica diferente.

Ahora que están por empezar las campañas al Congreso de la Unión, Jefatura de Gobierno y Presidencia de la República, habrá que estar atentos a la visión, el discurso de cada aspirante y en particular su disposición al diálogo con los medios públicos para hablar con ellos y sobre ellos.

Es mucho lo que se ha ganado en los últimos años. Es también mucho lo que se debe cuidar.

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