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Los idus de mayo

Mayo registra la resaca de otro fracaso en México para cambiar las leyes de radiodifusión y telecomunicaciones; acaso la novedad de ésta que ha sido la historia de los últimos cuarenta años es la falta de una actitud negociadora que pactara por lo menos cuatro o cinco puntos desde los cuales iniciar una ruta paulatina pero consistente rumbo a la reforma integral.

Mientras se daba el silencio de los polos que rompieron esa nueva oportunidad, verificamos el rechazo mediático que el mes pasado advertimos que sucedería, sobre la conclusión de las investigaciones relacionadas con la muerte de Paulette Gebara Farah. Como se sabe, la falta de credibilidad de la investigación no sólo abarcó a la madre de la niña quien antes había sido “indiciada” sino que incluso motivó a que el PRI solicitara la difusión del respectivo expediente de la procuraduría del Estado para que fuera comprendido el dictamen. Además, claro, no faltaron quienes pretendieran canalizar la incredulidad rumbo a fines políticos para criticar a Enrique Peña Nieto. Hasta ahora el saldo es, además de la incredulidad en la procuración de justicia, la renuncia al cargo de Alberto Bazbaz el 25 de mayo, además de la inquisición mediática en su contra. Diego Fernández de Cevallos Entre lo antedicho y varias decisiones gubernamentales que favorecen al principal emporio televisivo del país como por ejemplo la licitación de espectro para las frecuencias 1.7 y 1.9 gigahertz, que también avistamos aquí en la edición pasada, ocurrió el secuestro de Diego Fernández de Cevallos, al que consideramos una auténtica afrenta al Estado. Esto coincidió con la visita de Felipe Calderón a España, donde hablaría, entre otros temas, de los avances de México en la lucha contra la delincuencia. En este caso, otra vez, en las redes sociales hubo la difusión de especulaciones, rumores y bulos promovidos por usuarios, digamos, comúnes y corrientes, y por varios periodistas reconocidos como Jacobo Zabludovsky quien, el 15 de mayo, aseguró que el líder legendario del PAN había fallecido. (Israel Piña precisa enseguida algo de lo que leímos en la prensa.) Aquí bordamos sobre tres aspectos al respecto. Uno es la errática política de comunicación oficial que tardó al menos diez horas en difundir el respectivo boletín y que, al menos hasta el cierre de la edición, negó que esto tratara de un secuestro en tanto que, en contraste, los familiares de Fernández de Cevallos solicitaban prudencia a los medios y a los delincuentes fijar los términos de las negociaciones para liberarlo.

De lo anterior surge el otro punto: la decisión de Televisa de no cubrir el plagio sino “hasta su desenlace”, cuando dos días antes, el sábado 15, había ostentado “la primicia” informativa lo que, junto con un programa especial que hizo sobre el tema, y parecía que se embalaba a la cobertura sensacionalista que acostumbra. El lunes 17 Televisa pretendió hacer creer que la omisión noticiosa tenía soporte ético, cuando podría informar de los partes oficiales con la sobriedad y la precisión que requieren situaciones como ésta. La polémica que ello suscitó en la esfera mediática fue porque la empresa concentra la principal oferta de la televisión abierta y porque esa decisión, sin duda, contradice a su muy cuestionable tradición en el tratamiento informativo . El silencio de la más poderosa televisora de México antecedió a la determinación de la PGR que, inmediatamente después de atraer el caso, suspendió las investigaciones el sábado 22 aunque cuatro días antes el Presidente concentrara la responsabilidad al afirmar que la “desaparición” del ex senador no era “Ni narcomensaje ni secuestro”, como puso en el titular principal Milenio diario. De este modo se perfiló la inacción de las instituciones encargadas de la procuración de justicia así como de Televisa, frente a este atentado contra el Estado. Televisa, claro está, no nos puso en ayuno de noticias que otros medios sí ofrecieron, lo cual también significó especulaciones, rumores y comentarios de distinto calado, desde donde registramos la tercer variable relevante: las expresiones abyectas que festejaron el secuestro tanto en los espacios de opinión de los portales como en las redes sociales. Hubo gracejadas de todo tipo y desplantes para los que no hay ni debe haber calificativo, que representan un fenómeno que podría tener mayores alcances, también en deterioro de la reflexión razonada y de las normas y las instituciones.

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