Los ⿿estudios⿝ que muestran la falta de rigor periodístico

Opinión

No hay datos de la NASA que avalen la información, como lo señala el Journal du Montreal al destacar el interés internacional en lo postulado por el adolescente.


La única referencia científica al respecto es que la Agencia Espacial Canadiense facilitó al joven mapas de la Nasa para que pudiera continuar trabajando en sus observaciones a través de las cuales ha encontrado una correlación -no probada bajo el método científico- de la ubicación de las antiguas ciudades mayas y algunas constelaciones observadas en registros de Códices mayas.


La publicación de las conjeturas que el chico ha hecho sobre las correlaciones identificadas están relacionadas con actividades y ferias científicas dirigidas al sector estudiantil en las que ha participado. Lo cual no demerita su trabajo, pero tampoco lo eleva al grado de un procedimiento de carácter científico que pueda ser validado.


Los mapas publicados en los diversos medios ni siquiera son congruentes en cuando a la ubicación de la supuesta “ciudad perdida”. Unos la señalan en territorio beliceño y otros en la confluencia entre los tres estados de la Península de Yucatán y los límites con Chiapas.


3.- Consultar especialistas en el área de las Ciencias, y en la comunicación y el Periodismo de ciencia.


Aun cuando no se trata de su disciplina académica, el doctor Romeo de Coss, director del Cinvestav -Unidad Mérida, consideró que el trabajo expuesto por William Gadoury carecía de cualquier elemento de rigor para considerarse científico.


No obstante, reconoció que podría dar pie, en caso de que algún especialista en el área de la arqueología así lo considerara, para realizar una investigación con base en los esquemas y procedimientos adecuados que permitiera validarla y proceder a reafirmarla o descartarla.


En cuanto a los medios informativos, también señaló que la información también planteaba una oportunidad de hacer una investigación mayor sobre lo publicado y llevarlo a la creación de una historia con mejores datos y elementos que la hiciera atractiva a los lectores.


Aleida Rueda, periodista y comunicadora de la Ciencia, coincidió con De Coss en lo señalado sobre el papel que los medios deberían seguir en un caso como este. Para ella, lo importante en estos casos es buscar acuciosamente en la información que se proporciona al respecto, así como verificar con la mayor cantidad de documentos posible.


Tal práctica debe ser realizada por el primer medio que publique la información y mucho más por aquellos que la retomen.


La palabra clave es rigor, ese elemento que parece diluirse entre la intoxicación informativa que Internet ha traído como consecuencia negativa de su amplísima capacidad para la difusión y comunicación de datos.


De forma similar se expresa otro comunicador de la ciencia, Martín Bonfil Oliveira, quien al referir otros casos donde la frontera entre el conocimiento real y su interpretación se desvanecen en su columna “La Ciencia por gusto”, señala: “…comunicar la ciencia sin traicionarla y haciéndola atractiva para un público amplio no es asunto de ninguna manera sencillo. La única forma de lograrlo decorosamente es igual que como se camina sobre un piso resbaloso: con mucho cuidado”.


De nuevo, con rigurosidad, paso a paso, con un método que reduzca el margen de error al mínimo y con la conciencia de hacer bien el trabajo.


Si quienes informamos no mantenemos esa exigencia en la cobertura periodística de la ciencia y la tecnología, no somos mejores ni muy distintos a Deepak Chopra y otros autores que se regodean entre sus aparentes conocimientos, descubrimientos que no son más que deformaciones a modo del conocimiento real.

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