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María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

Los desafíos de Andrés Manuel López Obrador

Se confirmaron los pronósticos: Andrés Manuel López Obrador fue electo Presidente de México en una contienda electoral histórica que previamente estuvo marcada por el odio, la violencia y una avalancha de fake news.

A escasos minutos de las ocho de la noche del 1 de julio, y con menos del 0.5% de los votos escrutados, el candidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), José Antonio Meade, reconoció en un emotivo discurso su derrota, amén de felicitar a López Obrador por un triunfo que parecía arrollador –cosa que se confirmó horas más tarde–. Luego Ricardo Anaya, candidato del Partido Acción Nacional (PAN), forzado a emitir una declaración tras lo dicho por Meade, reconoció también la victoria de López Obrador, no sin antes denunciar el linchamiento político del que, según él, fue objeto por parte de Enrique Peña Nieto, si bien afirmó que ello no ensombrecía el logro de López Obrador. A medida que empezó a fluir la información, las calles de Ciudad de México, en especial el Zócalo y zonas aledañas, comenzaron a llenarse de simpatizantes que celebraron con música, bailes, cláxones, mariachis, banderas, etcétera, en lo que parecía más un festejo del 15 de septiembre que de un proceso electoral.

Foto: Carlos Escobar Atempa

Cuando el doctor Lorenzo Córdova, Consejero Presidente del Instituto Nacional Electoral (INE), corroboró alrededor de las 23 horas la victoria de López Obrador, con más del 53% de los votos, la alegría de los simpatizantes del tabasqueño se desbordó. Luego de ese mensaje apareció el presidente Enrique Peña Nieto para felicitar al ganador y expresarle que trabajará con él en la transición hacia el nuevo gobierno.

A continuación se produjeron dos apariciones del virtual Presidente electo de México, dirigidos a audiencias distintas. La primera, en el Hotel Hilton de Avenida Juárez, en Ciudad de México, para tranquilizar a los mercados –dijo que no habrá expropiaciones y que no se retractará de los compromisos nacionales e internacionales que el país tiene en materia económica–, externando que siempre actuará con apego a derecho, y que trabajará para fortalecer el mercado interno. Nada comentó sobre el combate a la inseguridad, como tampoco de la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). Otro hecho a destacar es que su discurso sobre “la mafia del poder” desapareció. Agradeció que sus adversarios –que, se supone, son o eran parte de esa “mafia”– reconocieran su triunfo. Reconoció al Presidente –hasta no hace mucho, denunciado por López Obrador como uno de los “mafiosos en el poder”– por haberlo llamado telefónicamente y felicitarlo por su victoria.

El segundo discurso, ambientado en el Zócalo de Ciudad de México, fue distinto; exaltó la importancia de la inclusión, de gobernar para todos y, como novedad, habló de quienes integrarán su gabinete, con algunas adhesiones interesantes como las de Tatiana Clouthier –al lado de Olga Sánchez Cordero– en la Secretaría de Gobernación y Marcelo Ebrard –al lado de Héctor Vasconcelos– en la Secretaría de Relaciones Exteriores, con lo que evidencia qué tan importante será trabajar en el tema de la gobernabilidad interna, como en las relaciones con el mundo. Es de destacar el énfasis que puso en los programas sociales y en el apoyo a adultos mayores y estudiantes, a quienes prometió mayores recursos.

En ambos discursos, López Obrador insistió en que no va a fallarle a los mexicanos y que buscará la reconciliación nacional. Sin duda, ser el Presidente electo –o casi– más votado en la historia mexicana reciente le confiere un bono que deberá ejercer lo más pronto posible, pero con cautela. Tiene a su favor –también por confirmar– un Congreso en el que su partido y los que se aliaron con él, conforman mayoría, lo que le permitirá, al menos en teoría, aprobar las reformas y políticas necesarias para hacer de México un país próspero y seguro. Con todo, hay 10 desafíos ante los que claramente debe poner la mayor atención:

1. De manera recurrente, López Obrador insistió a lo largo de su campaña en que encabezará la “cuarta gran transformación” del país, lo que demanda un proyecto de nación, el cual no ha sido delineado claramente. Relacionado con ello, se requerirá un plan nacional de desarrollo, donde será menester que los objetivos de su gobierno sean establecidos, no sólo de forma, sino especialmente, de fondo. El primero es para el largo plazo y deberá convocar a la sociedad y a especialistas en las más diversas materias. El segundo es de corto y mediano plazo, e idealmente tendría que ser concebido además del proyecto de nación, pero a falta de éste, el plan nacional de desarrollo será el eje principal de la administración de López Obrador.

2. La relación con EU es esencial. Sin importar quién gobierne allá o acá, ambas naciones comparten una agenda muy compleja que requiere entendimientos básicos entre sus autoridades. Donald Trump fue de los primeros en felicitar a López Obrador. Lo que sigue es que, ya que sea confirmado como Presidente electo, López Obrador busque reunirse a la brevedad con Trump a efecto de touch base y generar un ambiente de diálogo en torno a esa compleja agenda bilateral. Algo que seguramente ha sido música para los oídos de Trump es la consigna lopezobradorista de generar empleos y oportunidades en el país que impidan que la gente tenga que irse a otros lugares a buscar oportunidades. Ése es un discurso que, sin duda, puede redituar mucho a López Obrador en cualquier reunión que sostenga con Trump.

Foto: Carlos Escobar Atempa

3. La crisis de seguridad que aqueja al país merece la mayor atención. Si bien la única mención de López Obrador al respecto fue la creación de un mando único, se requiere una estrategia clara que permita dar la batalla a la delincuencia organizada y, claro, a sus causas –cosa que sí ha mencionado–, traduciendo en políticas públicas la nada fácil relación entre seguridad y desarrollo. Será interesante saber si él se suscribirá a la seguridad humana o si, como hizo Peña Nieto, optará por la seguridad mutidimensional como eje de su gobierno.

4. ¿Qué pasará con la renegociación del TLCAN 2.0? Trump recién anunció que preferiría retomar la renegociación tras los comicios legislativos de noviembre próximo en EU. Aquí hay varias opciones para López Obrador: insertar temas omitidos en la renegociación actual –es decir: cultura, políticas sociales, migración, desarrollo, seguridad–; dar continuidad a lo que se está negociando –seguir con la agenda planteada desde 2017, sin restarle ni agregarle nada–; o bien denunciar la participación mexicana en el TLCAN, buscando una negociación distinta con EU y Canadá por separado. El tema será fundamental para el desarrollo nacional y pondrá a prueba sus capacidades y las de su gabinete económico y político.

5. El énfasis de López Obrador como candidato, en diversos programas sociales, arroja la pregunta recurrente en torno a cómo financiarlos. A su favor figura un gasto significativo en ellos por parte del gobierno actual y anteriores que, por alguna razón, no llegan a sus destinatarios. Es decir: los recursos existen, pero no son debidamente administrados. Transparentar el uso y rendir cuentas sobre los recursos para los programas sociales será básico para la credibilidad de su gobierno. Y, dicho sea de paso, debe evitarse la tentación de financiar programas sociales vía deuda. Aún no se ha tocado el tema de la recaudación tributaria, pero ésta debería aumentar y ser mayor para quienes más ingresos perciben. Toda política social va de la mano de la recaudación tributaria.

6. Un enorme reto será la política exterior. Como se ha visto, diversos gobiernos y organismos de la sociedad civil de todo el mundo han felicitado a López Obrador. Destaca la felicitación enviada por Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, con quien el actual gobierno mexicano mantiene una confrontación. ¿Sanarán las heridas en la relación bilateral una vez que López Obrador se convierta en Presidente? ¿Hasta dónde podrá maniobrar López Obrador con Venezuela, si así lo decide, sin perturbar las relaciones con EU y otros países latinoamericanos? Se antoja una gira latinoamericana para realizar acercamientos con toda la región. Hay otros temas no menos importantes: se espera que México busque ingresar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas como miembro no permanente en el período 2021-2022. Ya veremos si este plan de participación en el órgano más importante de Naciones Unidas se mantendrá y cuál será la agenda que impulsará México. Otro tanto se puede decir de la participación mexicana, con efectivos militares en las misiones de paz de Naciones Unidas: ¿se mantendrá? ¿Se incrementará? Y, finalmente, ¿se avanzará en una política exterior diversificada o se seguirá centrando en las relaciones con EU?

7. López Obrador deberá gobernar para todos y la reconciliación nacional ante los conflictos de clase, el discurso del odio, la discriminación y exclusión de diversos sectores de la población, las desigualdades, etcétera, son temas pendientes que no parece deseable postergar. López Obrador dice tener la ambición de ser un buen Presidente: pero eso no ocurrirá por decreto, sino con políticas de gobierno adecuadas.

Foto: Carlos Escobar Atempa

8. Las coaliciones que creó López Obrador con diversas fuerzas políticas y personajes de reputación dudosa son un tema importante. Las cuotas de poder tendrán que ser saldadas y, a los ojos de muchos, ciertas alianzas colisionan con los principios más elementales en los que se sustenta Morena. Si bien López Obrador señaló que no tolerará la corrupción de parte de nadie, sea compañero de lucha, familiar, amigo o de quien se trate, quedan muchas dudas. Su autoridad moral y el bono democrático podrían verse mermados si algunos “indeseables” o personajes incómodos pasan a ocupar responsabilidades sustanciales en su gobierno.

9. Si bien fue un acierto que desde hace meses López Obrador haya presentado a los que serán integrantes de su gabinete, en especial a los responsables de tareas económicas, sociales y de política exterior, falta definir quiénes integrarán su gabinete de seguridad –además, claro está, de Olga Sánchez Cordero y Tatiana Clouthier–. La ciudadanía espera que se elija a las personas que den resultados.

10. Un tema hasta hoy poco valorado es la relación entre la capital mexicana y la federación. En breve entrará en vigor la nueva Constitución de CDMX, a la que, de confirmarse las tendencias de voto, gobernará Claudia Sheinbaum quien, como se recordará, fue Secretaria de Medio Ambiente del otrora Distrito Federal cuando López Obrador fue jefe de Gobierno. Existe, por tanto, una clara cercanía entre ambos, que puede comprometer la independencia en la gestión de la capital del país de cara a la federación. La Constitución de CDMX está llamada a empoderar a la urbe más grande del país, con atribuciones similares a los de los estados de la República Mexicana. Pero, existirá la posibilidad de que la cercanía entre López Obrador y Sheinbaum restrinja ese empoderamiento a favor del Presidente. Claro que, a diferencia de lo visto a nivel federal, en las elecciones para elegir jefe de gobierno de Ciudad de México, la victoria de Sheinbaum no se percibe tan apabullante respecto de Alejandra Barrales, y si bien la supera por 15%, no parece que vaya a controlar la Asamblea Legislativa, aunque falta contar con los resultados definitivos más los de las alcaldías de CDMX.

Buena parte de lo dicho por López Obrador durante la campaña se mantuvo en el terreno de las generalidades. Ahora, tras los comicios, ha llegado el momento de detallar las estrategias y programas de su próximo gobierno e identificar a las personas que estarán a cargo de esa cuarta gran transformación para hacer de México un país próspero y seguro. Que su victoria y próximo gobierno, sean por el bien del país.

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