Susana De Anda Amador

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Estudiante del Itesm campus Toluca

Los clásicos

Leer, placer que requiere de una vívida imaginación, tiempo y una bebida caliente. Existen innumerables ejemplares rondando por el mundo; sin embargo, en alusión a su calidad, hay un selecto grupo de libros que se les ha conferido el carácter de “clásicos” o “cánones” literarios. Me encontré cuestionando esta característica, cuál era esta cualidad mágica que solo algunos alcanzaban.

En primera instancia, ¿qué es un clásico o canon? De acuerdo con la RAE, es aquello que se tiene por modelo digno de imitación en cualquier arte o ciencia. Un modelo de características perfectas. Si bien el efecto de un clásico es que sea un estándar digno de admiración e imitación; su raíz viene del tintero de un autor que da vida a este fenómeno. Autores que no tienen miedo de expresar la verdad, que no buscan conformarse ni complacer; autores que entienden su época y escriben traspasando las barreras del tiempo. Son clásicos porque influyen en la historia de las ideas y la cultura. El autor al servicio de los otros pone en práctica su virtud y su razón.

Estos libros pasan de generación en generación, hojas a las que no se les puede ser indiferente. Son atemporales e inspiran una respuesta emocional en sus lectores. Su elasticidad les permite ser interpretados en la era moderna, su perdurabilidad es marca de su excelencia compositiva y técnica. Edición tras edición ocupan un lugar privilegiado en las estanterías.

Para permanecer dentro de la mente humana, dichos libros deben enriquecerla, provocarle un pensamiento. Es por ello que estos libros retoman temas de la condición humana, su psique y su corazón. Al apelar a estos temas nos facilita relacionarnos; pero lo hacen a través de otra perspectiva, el autor nos ofrece un nuevo punto de vista ajeno al nuestro. Temas y verdades universales, abordadas de manera original, nos revelan pasiones ocultas. Son temas que conocemos, el papel del autor es simplemente hacernos conscientes de ello. Leerlos resulta en una experiencia atesorada que deja a sus víctimas profundamente conmovidos.

Un libro que logre expresar de manera brillante la transformación de lo mundano en lo espectacular, que te permite escapar de la vida, la existencia, la piel en la cual estamos inmersos. Inolvidables, pueden ser releídos una y otra vez por su consistencia y su estilo. Nunca agotan lo que han de decir, formando nuevas interpretaciones cada vez que se desempolvan, son prueba su color y apariencia, de las múltiples manos a las que han logrado llegar.

Un clásico no es un ente de aceptación colectiva o consentimiento común. Al albergar diferencias entre humanos, la impresión causada afortunadamente no es la misma; la chispa y sensación que provoca un libro que te llena es una experiencia personal. Un clásico es un libro que se lee por amor y respeto, no por obligación. Son esos libros que te dotan de un aprendizaje, marcando tu vida y cambiando las cosas que das por sentado. Cada persona hace clásico a cualquier libro que cambia su vida, no siempre es el aceptado en las listas de lectura de las grandes universidades. “Un clásico es algo que todo el mundo querría haber leído y nadie quiere leer”: Mark Twain.

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