Cinque Terre

José Luis Durán King

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Director general de Opera Mundi. Autor del libro de cuentos Tabula Rosa

Literatura y redes sociales

Las cifras son odiosas, pero de que contribuyen a aclarar el proceso de un fenómeno social, económico, político e incluso cultural, a nadie le queda duda. Y en lo que respecta al número de usuarios mexicanos de las dos pincipales redes sociales, Facebook y Twitter, los datos son realmente duros.

En nuestro país, Facebook manda, y lo hace con 12.5 millones de usuarios, una afluencia que también le permite liderar en América Latina, al despojar del primer lugar a Chile. De acuerdo con la empresa SMLatam -que presume una vanguardia al momento de mercadear a través de nuevos canales de comunicación, es decir, de comunicar y hacer negocios por medio de las redes sociales-, el proyecto de Mark Zuckerberg en México mantiene su tendencia a la alza, al tiempo que nos informa que 51% de usuarios son mujeres.

En el caso de Twitter, dos empresas -Sysomos y Comscore- ofrecen una radiografía de su comportamiento en México. Para Sysomos, en enero de 2010 había 143 mil usuarios en la red social del trino. Mientras que Mente Digital registraba en ese mismo año 146 mil usuarios. Pero, para marzo de 2011, de acuerdo con Mente Digital, el hechizo de Twitter alcanzaba a 4 millones 103 mil 200 usuarios.

Con tal cantidad de cuentas repartidas y compartidas por las dos principales redes sociales en México, resulta inexplicable que los anunciantes no hayan dirigido sus baterías a este siempre dinámico universo digital. Las cuentas individuales representan, al menos potencialmente, una presencia constante del anunciante, del producto, que se promueve regularmente con la propia movilidad del usuario, el cual, en caso de tener algunos miles de amigos o seguidores, ofrece una excelente oportunidad de nicho comercial.

Pero, bueno, los empresarios en México destacan por su conservadurismo, por su falta de audacia y, en ocasiones, incluso de visión a mediano y largo plazos, por lo que prefieren el anuncio en ocasiones único de los medios tradicionales.

Sin embargo, los que han sabido aprovechar las redes sociales mencionadas son los escritores, sobre todo aquellos que por diversas razones están fuera del círculo oficial de las editoriales y de las burocracias culturales.

Un artículo publicado el 24 de mayo de 2008 en Social Media Trader, nos recuerda la sentencia de Marshall McLuhan “El futuro del libro es la publicidad”, al tiempo que la nota pregunta: “Con la ficción que ahora se produce en las plataformas de microblogging, como Twitter, ¿estaba en lo correcto McLuhan?”

Por supuesto, el artículo mencionado se refiere a los escritores que utilizan las herramientas de las redes sociales para medir el impacto de su obra después de haberla distribuido entre sus amigos y seguidores, así como en los vínculos adicionales a éstos.

Como ejemplo, Social Media Trader propone a Junk- DNA, que en 2007 comenzó a producir ficción a través de Twitter, aunque, como explica, “no sabía nada sobre el potencial de Twitter” en ese momento. Este usuario incialmente vendió uno de sus libros por un dólar la tarifa. Más adelante, él mismo se convenció que, más que hacer dinero, quería que su trabajo se conociera, por lo que decidió distribuir gratuitamente su creación, logrando un objetivo hasta el momento modesto pero suficiente para él: 600 seguidores.

Sin embargo, la promoción de JunkDNA palidece allado de John Locke, quien es el primer autor independiente en vender más de un millón de copias a través de Kindle Direct Publishing (KDP), el sistema que permite a escritores y editores a catalizar su trabajo a escala internacional. La tienda Kindle en Estados Unidos tiene un acervo superior a los 950 mil libros, de los cuales más de 790 mil tienen un precio de diez dólares o menos.

Kindle Direct Publishing es una empresa sin relación con Twitter y Facebook, pero es un ejemplo de cómo los escritores independientes pueden promover su obra a contracorriente de las grandes casas editoriales, que generalmente sólo apuestan a autores ya “probados”, que les garantizan la recuperación de sus inversiones, muchas veces en detrimento de la calidad del nuevo material de sus escritores bajo contrato.

En la Trilogía de Nueva York de Paul Auster, el personaje central de la novela ve a una mujer leyendo su libro; se acerca a ella y le pregunta qué opina de su obra. Con las redes sociales ahora ya no es necesario presentarse en la Feria Internacional del Libro de Minería y preguntar a los visitantes qué opinan del autor y su obra. Con las respuestas que un determinado escritor obtiene con tan sólo postear parte o la totalidad de su trabajo, la encuesta cuerpo a cuerpo ya se puede ir archivando.

En el número de julio pasado, etcétera incluyó una entrevista realizada por Melina Alzogaray a Renato Guillén Durán, de 26 años, que en 2010 obtuvo una de las becas que otorga el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes por su proyecto Nanoficción, el cual surgió a partir de las ficciones de 140 caracteres que el autor sube a Twitter. El objetivo del proyecto es publicar un libro que compile estas ficciones de levedad indiscutible. Con 3 mil seguidores, Guillén Durán supera por mucho a su correligionario JunkDNA, aunque ambos comparten la idea de publicar en Twitter. En el caso del primero, algunos de sus 3 mil followers participan y opinan acerca de las ficciones, además de que lo retwittean y lo favoritean, lo que convierte a estos entusiastas, de acuerdo con el propio Guillén Durán, en coautores. Y es cierto. Una ventaja adicional de las redes sociales es la posibilidad de que el autor ventile su obra y permita la colaboración de su audiencia en la elaboración de la misma. Pero, bueno, abrir esa posibilidad ya depende del ego personal. Lo importante en este caso es que el creador logra una cercanía y una simpatía con sus amigos y seguidores inéditas para los autores tradicionales, que han hecho de la torre de marfil parte de su ajuar literario.

Sólo el probete

Pero además de dar cabida a escritores independientes, los usuarios de Twitter han encontrado la forma de incluir a los grandes asutores de la literatura universal, sólo que a la manera de esta red social: los susodichos 140 caracteres máximo. Charles Dickens, J.D. Salinger, Jane Austen, Samuel Becket. D.H. Lawrence, entre muchos más, comparten su crédito con sus potenciales nuevos lectores. Si para los autores y lectores ancestros -y hablo de los ancestros de hace diez años- los embelesó la brevedad poética del haiku, pues ahora deben vérselas con la sinopsis moderna y el slang que exigen los mensajes de Twitter.

Los reseñistas de las obras maestras de la literatura ya lo han hecho, lo que puede constatarse en el juego inquietante que Becket plantea en Esperando a Godot, que en el microblogging se reduce y se reduce en serio: “Vladimir y Estragón permanecen junto al árbol, y esperan a Godot. Su estado no se actualiza”.

La obra que alguna vez fue motivo de escándalo, El amante de Lady Chatterley de D.H. Lawrence, oculta muy bien su aroma a sexo, al tiempo que menciona por qué fue escandalosa en la época de su publicación. Versión Twitter: “Mujer de la clase alta se relaciona con el guardabosques”.

Así, para varios usuarios, las redes sociales son algo más que escribir qué tipo de café pidieron en el Oxxo o decirle al mundo buenos días, y en el caso de Twitter y de la literatura, cuando una frase se convierte en hashtag, la lluvia de ideas puede ser particularmente útil en la creación colectiva.

Para Tim Collins, quien compiló algunos de sus sumarios en la microblogging del pajarito y convirtió su colecta en el título The Little Book of Twitter, la obra que le ha presentado más problemas para sintetizar es Finnegan’s Wake de James Joyce, irónicamente, un libro que por estar escrito en un estilo de conciencia nebulosa comparte muchas similitudes con las actualizaciones en Twitter.

México no se ha quedado a la zaga y son diversos los autores que comparten su trayectoria literaria en Twitter, como Mauricio Montiel Figueiras, Alberto Ruy Sánchez y Cristina Rivera Garza, según da cuenta una nota publicada en periódico El Universal, 5 de julio. Como sea, una red social con 106 millones de usuarios en el mundo no es cualquier cosa.

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