Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

Ley de telecom: un gran avance para el país

La iniciativa de reforma en materia de telecomunicaciones y radiodifusión resuelta el 22 de marzo en la Cámara de Diputados, fue el primer eslabón legislativo de una negociación que inició con el año, y que no podía (ni debía) quedarse ahí, precisamente porque solo por medio de hilvanar acuerdos ésta llegaría a cristalizar. Pretender interrumpir tal proceso mediante las justificaciones que fueran implicó arar en el desierto frente a la siembra de la política que, de cualquier modo, se había echado andar de manera venturosa: el 19 de abril, el Senado de la República mejoró el diseño de la ley. Y lo hizo con una solidez que no hay quien la cuestione en lo sustancial (aunque sí hay quienes le escamotean importancia).

El nuevo andamiaje constitucional es fruto de la política, entendida ésta como la capacidad de comprender la postura y el interés de los otros y en tal ejercicio democrático incluso ceder y conceder, siempre sobre la base de privilegiar la rectoría del Estado. etcétera ha sostenido esta posición siempre, incluso en aquellos tiempos en que imperó la idea “progresista” de la descalificación del otro o la causa de avasallarlo en el nombre de la nación. La ley que ahora tenemos no es perfecta (algo como eso no existe en la realidad): simple y venturosamente es un entramado normativo que recoge gran parte de las aspiraciones de quienes durante décadas planteamos abrir la oferta de contenidos en las pantallas de la televisión mexicana y abatir la concentración en el mercado de las telecomunicaciones, entre otros pilares de la causa democratizadora del país.

Esta es una reforma de gran calado y frente al hecho plausible vale la pena dejar de lado la grotesca caricatura que al principio la concibió similar a la “Ley Televisa” o a una pedacería que omitía los derechos a la información y de las audiencias, por ejemplo. No, los senadores cubrieron ese déficit y también incorporaron con todas sus letras a las radios comunitarias, lo cual es una decisión de enormes proporciones, por más que, la víspera, se insistiera que ya estaban integradas en las concesiones de uso social; el pacto en San Lázaro fue ese, el no mencionarlas, pero en la Cámara Alta quedó clara la obsolescencia del prejuicio además de la óptica que las incrimina o las hacía ver como competencia desleal. Y aunque vale la pena señalar que encorsetarlas a no perseguir “fines de lucro” es una limitante de la ley, para los editores de etcétera es deveras motivo de festejo ver a estas emisoras de comunicación alternativa en la Constitución mexicana. Qué lejos y qué cerca están esos tiempos cuando con muchos trompicones obtuvieron, hace casi una década, los primeros permisos de operación, o apenas hace dos años en que muchos expertos se hicieron de la vista gorda cuando no se opusieron a que fueran parte del reglamento de radiodifusión del IFE.

Otros avances que se registraron el 19 de abril fueron los de abrir una cadena nacional de televisión pública (aparte de las otras dos de caracter privado) y acotar el enorme poder que se abocetó para el Instituto Federal de Telecomunicaciones, o atenuar los rígidos criterios que definían el perfil de sus integrantes, entre otros. Por cierto, los directivos de esta revista sí coincidimos en que no sea absoluta la gratuidad del “must offer” y del “must carry”, ya que ello habría implicado ventajas para alianzas empresariales que ahora, por cierto, operan con total opacidad.

Lo que sique ahora es una labor ardua que pasa por la legislación secundaria, continúa por los reglamentos y culmina en el caracter integral de todas y cada una de las normas para dar sentido y coherencia a las aspiraciones constitucionales. Para decirlo de otro modo, aunque la eficacia legislativa de motivos suficientes para celebrar, estamos hablando desde ahora de un largo y farragoso proceso que, ahora, lo vemos promisorio.

El aporte que haya hecho esta publicación lo confieren usted, lector, y los actores políticos que dieron forma a la ley. Por nuestra parte, festejamos y reconocemos al gobierno federal, los partidos políticos, expertos y organizaciones civiles por su participación en este avance. Y al mismo tiempo refrendamos el compromiso por continuar en la ruta antedicha, proponiendo ideas y materiales de análisis y discusión. Por eso, ya desde ahora, en la mesa de redacción, estamos trazando las líneas principales de las causas que siguen para exponerlas con el estilo atemperado y la claridad de siempre, sin prejuicios y con el ánimo de aportar a este tan entrañable y querido país: México.

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