Gabriela Vargas

Lecciones de la elección

La recién concluida jornada electoral, más allá de la saturación mediática de que fuimos objeto, nos dejo varias lecciones. Una de ellas y la más importante, a mi juicio, fue la movilidad social que vivimos en este proceso electoral federal, que concluirá en próximas semanas. Recapitulemos los hechos. Al arranque de las campañas electorales existía un desencanto social respecto a la clase política, que se manifestaba en una apatía generalizada, que vislumbraba un escenario en donde el voto nulo y el abstencionismo serían los grandes ganadores de la contienda. Recordemos que en la elección Presidencial de 2000, en donde se dio la alternancia con el partido Acción Nacional, la participación ciudadana fue de 37 millones 601 mil 618, lo que implicó un 63.97% del total de la lista, y la abstención se situó en 21 millones 181 mil 119, que implicó un 36.03%, ambos con relación a la Lista Nominal que ese año fue de 58 millones 782 mil 737 personas. En la elección Presidencial de 2006, sin embargo, hubo una participación total de 41 millones 791 mil 322 personas, lo que significó un 58.55% de los votantes registrados en la lista nominal que fue de 71 millones 374 mil 373. El abstencionismo se dio en 29 millones 583 mil 051 personas que no sufragaron, lo que se tradujo en un total de 41.45% del total. Para esta elección, sin embargo, en el ambiente surgieron acontecimientos que debemos destacar por revitalizar nuestro espacio público: El diálogo del Movimiento por la Paz por Justicia y dignidad con la clase política, que incluyó a los candidatos presidenciales, evidenció la distancia que había prevalecido entre éstos, y el sentir social de todos aquéllos víctimas de la estrategia gubernamental de combate a la delincuencia. Otro acontecimiento fue la pretensión de 53 ciudadanos que solicitaron su registro ante el IFE, para competir como candidatos independientes a los distintos cargos de elección popular que se votarían el primero de julio, desafiando con su actitud, al esquema monopólico de candidaturas de los partidos políticos vigente, que determina actualmente, quienes pueden aspirar a un cargo público.

Finalmente, la irrupción de los jóvenes estudiantes del movimiento 132, quienes con su activismo colocaron un tema que había quedado en el tintero desde la conocida Ley Televisa en 2006: el monopolio de los medios de comunicación en México, y su correlativa responsabilidad en la determinación de la agenda de los temas de interés público.

Estas circunstancias, aunado al uso de las redes sociales, que permitieron que los mismos se difundieran y discutieran de manera exponencial, favoreció e impulsó, no sólo el debate político, sino también la participación en la recién concluida jornada electoral.

De 75 millones 670 mil ciudadanos de la Lista Nominal para esta elección presidencial, la participación rebasará el 63%, la más alta en las últimas elecciones de este tipo, a reserva de la cifra oficial que pronto se dará a conocer.

Una de las grandes lecciones de este momento político es que mostramos nuestra capacidad de exigir. La jornada electoral terminó, las urnas se cerraron, y es momento de plantear la agenda social para el siguiente gobierno. De ninguna manera deberá hacerse unilateralmente, y esa es nuestra siguiente responsabilidad si aspiramos a la rendición de cuentas, a la cual por cierto, aún no hemos transitado.

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