José Luis Peralta

Comisionado de la Cofetel.

Las vialidades de la información

De acuerdo con la Real Academia de la Lengua Española, el término vialidad se define en dos acepciones: I) Cualidad de vial; y, II) Conjunto de servicios pertenecientes a las vías públicas.

En general, una vialidad es un camino por donde se transita. Esta definición es asumida por varias instituciones nacionales e incluso se refleja en sus estructuras y programas. El Gobierno del Distrito Federal, por ejemplo, cuenta con una Secretaría de Transporte y Vialidad, encargada de garantizar la realización diaria de más de 15 millones de viajes que hacen los capitalinos. En términos sencillos puede afirmarse así que una vialidad es aquella vía por la que se puede transitar, es decir, “ir o pasar de un punto a otro”.

Según la tradición, el diseño y realización de las vialidades es un proceso sobre todo aplicable a las ciudades, por lo cual ha sido responsabilidad de las oficinas o departamentos encargados del desarrollo urbano. Estas unidades diseñan el trazado de avenidas, de caminos, calles, autopistas y todas aquellas vías que contribuyen al desahogo del tránsito, ya de personas, ya de vehículos, o bien de ambos conjuntos. Un buen desarrollo urbano evitará los congestionamientos o por lo menos aminorará su impacto, de superar sus consecuencias.

En lo que se refiere a telecomunicaciones, la analogía y comparación es ampliamente ilustrativa respecto a lo que corresponde a vialidades y tránsito, con la advertencia de que no se trata de vehículos o personas, sino de información, datos, voz, etcétera. Estas ideas están presentes en la definición misma de telecomunicaciones: “Toda emisión, transmisión o recepción de signos, señales, escritos, imágenes, voz, sonidos o información de cualquier naturaleza que se efectúa a través de hilos, radioelectricidad, medios ópticos, físicos y otros sistemas electromagnéticos”.1 Los signos, escritos, imágenes, voz, sonidos, entre otros, es la información o datos que es objeto del tránsito; en tanto que los hilos, cableados, medios ópticos, sistemas electromagnéticos, etcétera, es la vialidad sobre la cual se da el tránsito; es decir, es lo que hace posible que la información expresada en datos pueda pasar de un punto a otro.

La situación ha cambiado ante el surgimiento de la llamada sociedad de la información. En efecto, como se ha planteado desde principios de los 70, la evolución de las sociedades más avanzadas las ha llevado a un estadio de desarrollo donde la materia prima del crecimiento económico ya no es más la tierra, el capital o el trabajo, sino la información. Así, como la define Castells, la sociedad de la información es “un nuevo sistema tecnológico, económico y social. Una economía en la que el incremento de la productividad no depende del incremento cuantitativo de los factores de producción, sino de la aplicación de conocimientos e información a la gestión, producción y distribución, tanto en los procesos como en los productos” (Castells, 1996). Otro autor también muy reconocido, Yoneji Masuda, aporta la dimensión humana a su conceptualización del fenómeno. La sociedad de la información, dice, es una “sociedad que crece y se desarrolla alrededor de la información y aporta un florecimiento general de la creatividad intelectual humana, en lugar del aumento del consumo material” (1984:23). Este sentido de proceso que el especialista japonés introduce fue retomado finalmente en la Cumbre Mundial de la Sociedad de la Información, que patrocinó la Unión Internacional de Telecomunicaciones en Ginebra en 2003, y en Túnez en 2005. La Declaración de Principios que condujo el acto en sus dos fases señala que la sociedad de la información es un “concepto en plena evolución que ha alcanzado en el mundo diferentes niveles, como reflejo de distintas etapas de desarrollo”. En este contexto, la sociedad de la información es, entonces, una condición social en marcha, en despliegue y perfeccionamiento, que, como la misma Declaración establece, debe construirse “con base en el uso y potencial de las productos, redes, servicios y aplicaciones de las tecnologías de la información y la comunicación”, las conocidas TIC.
Si, como enfatizan las definiciones anteriores, el insumo fundamental del progreso económico y social es hoy en día la información, la distribución de este recurso, su circulación por el tejido social, su acceso por parte de todos los individuos y grupos, es condición sustantiva para que el tránsito hacia la sociedad de la información se concrete en el corto plazo.

Estas referencias sobre la sociedad de la información resultan necesarias para entender que en tal contexto las vialidades toman un papel decisivo, en tanto vías por las cuales transita la información y el conocimiento. Se han transformado en bienes intangibles que son la base de desarrollo de la sociedad emergente, de la nueva economía y, por lo mismo, resultan elementos estratégicos para el desarrollo nacional, porque, al combinarse, conforman las redes de telecomunicaciones que permiten el intercambio eficiente de información entre individuos, empresas, sociedad civil y gobiernos.
Una cuestión indispensable a explicar es la integración que presentan las redes convergentes a través de la separación funcional; es decir, en la desagregación de sus componentes. Así, por un lado operan los equipos de conmutación y transmisión (los fierros, para expresarlo en términos coloquiales), que son independientes al software, a la programación que configura y permite la prestación efectiva de los servicios (por ejemplo, el servicio de telefonía o conducción de voz). Para expresarlo en forma más clara y en términos simples, puede decirse que la convergencia genera dos grandes divisiones funcionales: la del hardware y la del software. Con referencia al hardware, ya se configuran dos grandes conjuntos complementarios entre sí: las redes de acceso y las redes de transporte. La figura 1 ilustra el modelo de convergencia y la separación funcional entre redes de acceso, transporte y aplicaciones:

Una red de acceso puede ser considerada como aquella que llega hasta el usuario final. Por ello se configura en varias modalidades y surge como el enlace inalámbrico que conecta al usuario de telefonía celular con la radiobase que lo atiende; asimismo, es el par de cobre que se utiliza en la red de telefonía fija tradicional, o bien el cable coaxial que tienden los proveedores de televisión por cable para llegar hasta nuestras casas. También incluye la fibra óptica que permite la prestación de Internet de alta velocidad, el servicio de televisión, y la telefonía, en el concepto ya conocido como el triple play. La figura 2 ilustra las redes de acceso y transporte conectadas entre sí.

Si establecemos una analogía entre las modalidades señaladas y las vialidades urbanas, puede afirmarse que la red de acceso viene a ser la calle que llega hasta la puerta de nuestra casa.

La red de transporte, por su parte, es una infraestructura de mayor capacidad que permite conducir la información entre diferentes redes de acceso e incluso es la que se utiliza para que estas redes accedan a la red de redes (Internet). Un buen ejemplo de lo anterior es un enlace de fibra óptica que permite cursar tráfico entre la Ciudad de México y Monterrey; asimismo, el enlace que conduce el tráfico entre distintas radiobases en una red celular. En la analogía que se ha establecido, una red de transporte sería una autopista que enlaza dos ciudades principales, o bien las grandes avenidas que comunican las diferentes zonas de una misma ciudad.

La importancia de la vialidad en telecomunicaciones se desprende de la mayor penetración de los servicios entre la población y se acentúa con la cada vez más indispensable escena de convergencia plena. El avance tecnológico y la regulación han establecido, aunque no de manera simultánea como sería lo deseable, que a través de cualquier red o infraestructura de telecomunicaciones pudiesen prestarse los servicios que técnicamente sean factibles. Esta concepción implica un mejor aprovechamiento de la infraestructura desplegada y de aquella que aún se encuentra en planeación para su establecimiento. Sin embargo, la posibilidad de ofrecer mayores servicios a través de las redes y con la demanda cada vez mayor por parte de los usuarios, de acuerdo con tendencias hasta cierto punto naturales de aplicaciones en las que existe mayor interacción del usuario con la información que se transmite por medio de las redes, se puede advertir que esto conlleva un aumento progresivo en el tráfico de los datos que se cursan entre los puntos terminales de la red.

La empresa proveedora de equipos Cisco ha calculado por ejemplo que un teléfono inteligente (smartphone) multiplica el tráfico de datos hasta por 24 en relación al uso habitual del teléfono. Los dispositivos conocidos como tablets impactan en una proporción mayor, ya que multiplica el tráfico de datos por 122. Finalmente, la computadoras portátiles (laptops) llevan la relación a un máximo, ya que lo multiplican hasta por 515.

Ahora bien, ¿qué es lo que sucede cuando las redes de acceso crecen mucho para atender la demanda de servicios pero las de transporte no se desarrollan proporcionalmente?

Al mantener nuestra analogía con las vialidades de tránsito, cuando la población de una determinada colonia empieza a crecer y los caminos no se desarrollan en la misma proporción, no importa que las calles de la colonia sean amplias y transitables en el acceso a nuestro destino, casa, trabajo, etcétera, en tanto las vialidades principales se convierten en un cuello de botella que complica el flujo del tránsito dentro de la misma colonia. Para la planeación urbanística es indispensable tener presente la conexión para unir distintas áreas de unaciudad; se debe buscar la solución que permita fluidez en el tránsito por la red urbana y que entre las calles principales y las auxiliares exista una interacción funcional y dinámica, que no retrase innecesariamente el traslado entre el origen y el destino.

En redes de telecomunicaciones puede producirse un fenómeno exactamente similar. Por ello resulta importante el alertar sobre las consecuencias de un posible congestionamiento en el tránsito de la información, que pudiera generarse en las redes de transporte justamente porque los accesos son demasiados y también es mucho el tráfico que generan. Sin embargo, no debe pensarse que estas consideraciones representan el problema en sí. Por el contrario, esa es la meta a alcanzar como país, una mayor cobertura y penetración de los servicios de telecomunicaciones, objetivo regulatorio y aspiración personal, lo que conlleva a un mayor número de puntos de acceso y, si se considera el ambiente convergente, al aumento de tráfico. Es decir, existirá más cantidad de información que será transmitida entre los puntos terminales de la red.

En nuestro país, la demanda de capacidad de transporte puede incrementarse de acuerdo con el número de usuarios y por la demanda de información de cada usuario.

Si se atiende al desarrollo del sector nacional de telecomunicaciones se encuentran altos índices de crecimiento en casi la totalidad de sus componentes. En telefonía móvil, durante el periodo 2000-2011, por ejemplo, el número de suscripciones en el universo de proveedores se incrementó en 668%, al pasar de poco más de 14 millones de usuarios a los 94 millones 147 mil suscripciones que se registran hasta abril de 2011.

Es previsible que este crecimiento del mercado nacional mantenga su desarrollo. La entidad especializada en análisis de mercado 4G Américas ha establecido proyecciones que indican una expansión sobresaliente de los usuarios en el mundo para 2015. Como señala la gráfica:

Con independencia de la tecnología utilizada, el número de suscriptores proyectado evoluciona de 6 mil millones que se estiman para fines de 2011 a 7 mil 700 millones para 2015. En cuanto al tráfico que genera el parque instalado a nivel nacional, el escalamiento es aún mayor. En el año 2000, el tráfico de la telefonía móvil medido en minutos llegó a los 1.14 millones, cifra muy conservadora respecto a la suma lograda hasta abril de 2011: 17.7 millones de minutos; esto es, una tasa de crecimiento de mil 557% (Cofetel, 2011). Con referencia al pronóstico, sólo en el tráfico de datos se espera que la infraestructura móvil mundial genere un crecimiento exponencial que en el periodo 2014-2015 lleva a duplicar el propio desarrollo que se pronostica para el primer año, como es evidente en la gráfica:

De estos totales, la región latinoamericana contribuye con 7.8%, mismo total que argumenta dicho crecimiento. Cabe señalar que México representa el tercer mercado en la región latinoamericana.

Ante tal panorama, es imperioso desarrollar y proponer medidas que ayuden a evitar que las redes de transporte puedan presentar esta problemática de congestión de la información ante la insuficiencia de capacidad para procesar la información que las confluencias de acceso envían y reciben ante la demanda de los usuarios de servicios de telecomunicaciones. Para ello se ha recomendado que la autoridad debe poner a disposición de la industria una mayor capacidad de bandas de frecuencia. Sin embargo, es importante recalcar que una mayor dotación de espectro radioeléctrico en manos de los operadores, así como un mayor tendido de fibra óptica o de cable coaxial a los hogares, sólo constituye una parte de la ecuación y no es la solución integral y definitiva, pues el crecimiento debe darse paralelamente en la capacidad de transporte de las redes, e incluso un tema a considerar en el diseño de la política es replicar la infraestructura para el transporte. De lo contrario, la dinámica de la información presentará un cuello de botella que derivará en la congestión y lentitud de todas las redes de acceso, por no señalar falta de procesamiento, caídas de la red, saturación de sistemas y otras disfunciones.

Para evitar este problema el gobierno federal ha dado ya pasos importantes. Por ejemplo, se licitaron dos hilos de fibra óptica oscura de la red de la Cofetel, acción sustantiva, mas no suficiente, que debe complementarse incluso con una mayor oferta por parte de la misma CFE, que debe derivar en más estructura de transporte. Como lo señalan Mariscal y Flores es necesario profundizar esa medida, incluso para lograr un impacto económico importante en el conjunto de servicios. Otra acción es hacer disponibles los derechos de vía para cualquier concesionario que pretenda instalar fibra óptica. De acuerdo con varios análisis, la mayor parte de los costos de instalación de una red de transporte se centran en los gastos asociados, como la obra civil y el desarrollo de los ductos complementarios.

Fuente: Cisco VNI Mobile; fecha de consulta: 15 de julio de 2011; disponible en: http://www.cisco.com/en/US/solutions/collateral/ns341/ns525/ns537/ns705/ns827/white_paper_c11-520862.html

La generación de una infraestructura de transporte demanda una visión de Estado que busque no sólo animar la competencia entre proveedores sino también lograr que se genere inversión para desarrollar infraestructura. En este sentido, urge lograr un gran acuerdo entre todos los involucrados en el sector para atender un segmento o función de las redes, que de bloquearse por la saturación de la información que transita a través de ellas, puede colapsar a nuestro sistema de telecomunicaciones. En el análisis comparativo que Mariscal y Flores desarrollaron, el elemento común en cuatro países que lograron desarrollar infraestructura es la fuerte presencia del Estado como protagonista directo de esas acciones. Si se establecen medidas directas y compartidas, encaminadas a lograr metas específicas y con claridad de propósitos para la explotación y servicio de las redes de transporte, podrá controlarse no sólo el desarrollo de esa infraestructura sino del conjunto de servicios. Tales elementos son necesarios en el diseño de la política del sector y resultan urgentes para que la viabilidad de este accionar conjunto se convierta en vialidad para beneficio de todos.

Bibliografía
Castels, M. (1996). La era de la información. Volumen I La sociedad red. México, Siglo XXI Editores.
Masuda, Yoneji (1984). La sociedad informatizada como sociedad post-industrial. Madrid, Fundesco. Mariscal, J. et Flores, E. (2010). Política de generación de infraestructura de telecomunicaciones en México. Una crítica. México, CIDE, (Documento de trabajo 246).

Notas
1 Artículo 3 fracción XIV de la Ley Federal de Telecomunicaciones.

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