Joyeria de plata mexicana para cautivar
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Las reinas de la red

Aria Giovanni

Desde el nacimiento del cine, y durante 70 años del siglo pasado, las estrellas porno estuvieron confinadas en el mundo por las leyes de la moral y las buenas costumbres. No obstante, conformaron el fenómeno público de un secreto que nadie quería contar pero que todos sabían.

La prehistoria registra que esas amantes furtivas anduvieron de mano en mano. En pequeños afiches, revistas o filmes de dudosa calidad y su nombre era pronunciado a cuchicheos. Pero desde los 70 del siglo XX surgieron impetuosas en publicaciones masivas y en películas que las hicieron célebres. Entonces como ahora, fueron la iniciación que aplaca las fiebres de la piel e instruye a las reyertas inminentes, también mujeres fantásticas con quienes estalla la rutina de los besos de verdad sino es que compañeras eternas de los solitarios del amor.

No son aves de paso

Hablamos de las hadas que, del fin del milenio a la fecha, son tan libres como quienes creen en ellas. Y es que el disimulo de su existencia fue diluyéndose rápido en el espacio electrónico, aunque a trompicones y sin regulación, como caen las ropas de los amantes. Ahora en Internet las hadas, con la generosidad de siempre, abren su boca, sus manos y sus piernas para conceder todo al que es capaz de imaginar. Casi igual que las mejores putas de todos los tiempos. Decimos “casi” porque al frotar la lámpara maravillosa y manifestarles un deseo uno mismo es quien se lo concede y porque es muy difícil hablar con ellas, saber qué piensan y sienten o lo que quieren, además de escuchar su consuelo y enaltecerse con sus elogios. A cambio, las imágenes del espacio no reclaman ni piden, no preguntan “me quieres” ni demandan compromiso alguno ni juzgan y nunca están ocupadas con otro porque son de nadie y del que quiera.

Ellas saben que en este instante, y en el que sigue también, alguien las mira. Ignoran quién, no es su trabajo saberlo. Lo suyo es ofrecer el cuerpo sin darlo. También comprenden que son uno de los más profundos pasatiempos de la frivolidad y que en su regazo inasible dan desfogue el desprotegido (y mientras más estén en esa situación, mejor). Ellos pagan por ver.

Ahora las nietas del secreto reinan en Internet. Ahí reciben el homenaje que antes se les escamoteó. No exageramos: los portales donde se alojan son algo así como las casas de citas más visitadas del mundo, la expresión electrónica de un mercado boyante y la vía imprescindible de un deleite que no es exclusivamente visual. Igual que sus antepasados, las reinas de la red también son escaparate de las heridas de amor, calmantes de la soledad y refugio del temor que acalla la solicitud a una mujer hermosa por acceder a sus favores.

¿Cómo quieres que me llame?

Igual que en otros lugares, la Web no tiene espacio para los arrepentidos, no lo hay para Crissy Moran, ex actriz y modelo porno que tras casi siete años de carrera anunció su retiro a mediados de 2006 para entregarse sólo a Dios (como si antes ella, con la actividad que ahora le averguenza, no hubiera sido una vía alternativa para acercarse a él). De cualquier modo, la modelo no tuvo la madurez de Verónica Zemanova que en 2004 se despidió sin aspavientos y sin sermones, incluso, la morena checa está orgullosa de las legiones de fanáticos que aún tiene.

Crissy Moran

En el ignoto convento de la Tierra en el que ahora rece, la señora Moran sabe que sus imágenes están fijas en la terca memoria de la triple w. Nunca podrá borrar su pasado. Ni aunque muera. Su rostro y su cintura transgredieron las barreras del tiempo y estarán ahí para los hombres que todavía no nacen. Y mientras frente a ella nos hincamos con fervor religioso recordamos a otras santas que están ahí aunque no hacen actos de contrición, aludimos a la elegante sensualidad de Silvia Saint y a la fresca exuberancia de Erica Campbell que casi siempre lleva un crucifijo en el cuello. De nacionalidad checa, una es actualmente la actriz más exitosa del cine porno junto con Jenna Jameson, y la otra, de Estados Unidos, el año pasado fue nombrada en dos ocasiones señorita Cyber Playboy.

Con excepción de Saint y de Jameson, esas damas son parte del porno suave (el llamado softcore), igual que Aimee Sweet, estadounidense pelirroja de intensos ojos azules a quien además debemos el descubrimiento de Aria Giovanni, sinuosa modelo color de cedro, también norteamericana, que se muestra como vino al mundo, o sea, sin cirugías. Junto a ellas está la inglesa Adele Stevens, dueña de uno de los pubis más codiciados de la Web. Esa actriz, igual que la esbelta rubia Jana Cova, modelo checa experta en escenas lésbicas, incursiona ocasionalmente en el sexo duro (el hardcore). Según la ficha biográfica respectiva todas rebasan los 30 años excepto Cova que es más joven, y no tienen el nombre que dice su acta de nacimiento.

Abajo dejamos que el lector averigue las señas básicas de quienes siguen y sólo abocetamos una mínima guía para la acción.

La gran explosión

El universo porno tiene mundos diversos y las constelaciones también. Quienes gustan del cuerpo tallado por el hombre apuntan el telescopio a una escultura llamada Bianca Beauchamp, la principal estrella contemporánea del fetichismo y el látex, porque la diosa es Bettie Page. Al buscar en la cara el emblema del amor lo dirigen a la luna para mirar a Sydney Moon. Los que gustan de la piel salvaje lo ponen en la boca de Natalie Cruze o entre las piernas de Susana Spears o lo restriegan en el cabello y los ojos de Zuzana Drabinova además de en las pantaletas de Alyssa. Hacía la vía láctea están los senos de la eterna amateur Dawn Allison y en el cinturón de Orión la sonrisa de Kendall, las nalgas de Rita Granberry y los labios morenos, ésos y aquéllos, de quien no podría llamarse sino Celeste. Todas están cubiertas de polvo estelar.

En la galaxia visual hay, sin embargo, estrellas que todavía no se descubren o han sido poco exploradas y carecen de nombre, por ejemplo las que están en ass parade, zero tolerance y joiryda.com. Algunas brillan intensamente pero la lente aún no se ha posado como debe: en la constelación hard creemos en la proyección ígnea de Flower Tucci y Mia Bangg igual que, en la esfera soft, en las traviesas Michelle Lynn y Ann Angel. Pero como ante todo ésta es una revista de causas, enarbolamos especialmente la meta de Ariel Rebel’s para que pronto esté dentro de lo más fulgurante del firmamento porno (incluyentes que somos, estamos con ella aunque Televisa la apoyara pero, como suele decirse en estos casos, no politicemos el asunto).


Otras estrellas están despidiéndose como supernovas y las mencionamos no sólo por elemental gratitud ni por nostalgia al estar envejeciendo nosotros con ellas sino por el temblor de su carne experta. Ya lo decía Vizinczey, no hay como los brazos de la mujer madura. Consta en el erotismo de Desirae y la desinhibición de Slutty Sammi del mismo modo que en la enigmática opulencia de Mercedez y en las pecas y el oscilante trasero de Honey Buns. También se halla en el lúdico flirteo de Angel, casi siempre entallada en mallas multicolores transparentes y en la esbelta e impúdica arrogancia de Angie George, sólo atenuada con cierto baño de leche en una estupenda sesión fotográfica.

Silvia Saint

Ahora recurrimos a otro clásico, Martín Urieta, para advertir que no hablamos mal en su presencia de las damas. Sólo decimos que, como ocurre en otros ámbitos, aquellas que son famosas no necesariamente resultan las mejores. Asia Carrera es pionera de la red y tal vez por eso concentró a tantos admiradores pero no la encontramos seductora igual que a Evelyn Lory, Nikki Nova, Amanda Lexx y Danni Ashe, entre otras. Ya señalamos que distamos de hablar mal de ellas, esto es, en todo caso, un reclamo porque como que no se dan. Otras al sobreactuar también impiden un acercamiento más íntimo con ellas pues siempre se sabe que esto trata sólo de sexo y no de amor. Ahí están Raven Riley, Sunny Leone y Leah Luv, tres recordatorios contundentes uno trigueño, el otro moreno y el que sigue de marfil de que la transparencia total diluye los misterios y conduce al hastío.

Éstos son sólo algunos nombres de entre las decenas de miles de páginas Web que hay en el mundo con el tema más visitado por los usuarios de la Internet. Naturalmente, vimos las que reúnen con los requisitos legales establecidos en cada país y únicamente revisamos, para evitar obsesiones, 731 portales. Que quede claro: nos sabemos tan aprendices del tema igual como con los de la radiodifusión y las telecomunicaciones, además de otros muchos más. Sólo quisimos dejar testimonio de nuestra gratitud por las estrellas de la galaxia porno y ofrecemos sentidas disculpas por aquellas que no mencionamos ya sea porque no supimos su nombre, no cupieron en este espacio o porque, como sucedió con alguien de la redacción y nosotros estamos con él, hubo quien se enamoró de alguna. Perdidamente.

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