Cinque Terre

Alejandra Escobar y Mariano Yberry

Las mil y una facetas de Carmen Aristegui

“Creo que todo mi ego cabe en una recámara de mi casa… y no es grande, es una habitación normal”, declaró Carmen Aristegui Flores en entrevista para Vanity Fair México, una periodista que denuncia censura pero que escribe en un diario, tiene un programa de Internet semanal, un portal que lleva su nombre, un programa de televisión por cable (que también lleva su nombre), la entrevistan habitualmente, participa en conferencias y recibe premios en nombre de los reportajes expuestos en los medios que dirige.

A lo largo de su carrera profesional, la comunicadora ha emitido o más bien renovado y ajustado sus opiniones sobre temas relacionados con la profesión o el acontecer nacional. Si bien toda persona cambia sus criterios, también es importante observar cómo uno de los personajes con mayor presencia mediática amolda un punto de vista según las circunstancias que a ella misma le atañen, sin dar explicación alguna.

¿Censura?

En diciembre de 2007 en entrevista con Marisol Pacheco para Playboy México, Aristegui, como pocas veces, habló de la censura no en torno a sí misma. En aquella ocasión, cuando entonces conducía el programa “Hoy por Hoy” de la W Radio, mencionó al narcotráfico como uno de los poderes fácticos que más atentan contra la libertad de expresión. Ahora, son los poderes empresariales y gubernamentales, el pan de cada día de la comunicadora cuando se le cuestiona sobre el tema.

“…dime tú si no es gravísimo y atenta contra la libertad de expresión, la presencia de otros poderes fácticos como el narcotráfico. ¿Qué puedes pedirle a un comunicador de la frontera en donde si él informa del narcotráfico o de la colusión de políticos locales con éste, surge una amenaza directa a su vida o a su integridad? Hay periódicos en el norte de este país que han dicho con todas sus letras que decidieron dejar de publicar sobre el narcotráfico por miedo”.

En contraste, apenas en noviembre pasado, al recibir el Premio Knight de Periodismo 2016, volvió a hacer hincapié en que su despido de MVS fue por un golpe de censura, claro, no con una narración en primera persona pero sí en un sentido narcisista.

“En México a un periodista incómodo se le puede eliminar, en muchas partes del país, con un asesinato, y no pasa nada. Si el periodista tiene cierta presencia pública, se le puede perseguir con demandas judiciales promovidas no para obtener justicia de nada, sino para cobrar venganza por las cosas publicadas. Me temo que es mi caso”.

Hablando de egocentrismo, en la entrevista con Alejandro Flores para Vanity Fair (VF), el reportero escribió: “pocas veces habla en primera persona. En cambio, siempre habla de ‘el equipo de periodistas del que formó parte’. Ni siquiera concede montarse en el ego cuando serefiere de los tres Premios Nacionales de Periodismo que ha obtenido”.

Nueve minutos con 25 segundos. Ese es el tiempo que duró el discurso de Aristegui cuando recibió el Premio Knight de Periodismo 2016. Fue hasta el minuto ocho con 35 segundos cuando lo dedicó a su equipo de trabajo aún cuando el Centro Internacional para Periodistas (ICFJ, por sus siglas en inglés) otorgó el reconocimiento al portal y no a la persona.

El pasar de los años de una periodista

En 1996, México era un país a la expectativa. El presidente Ernesto Zedillo había competido en las elecciones presidenciales del 94 tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio. Semanas después de su posesión, se cometería el llamado “error de diciembre” que puso al país frente a una crisis económica que sólo contribuía al descontento social de una población cada vez más harta y que exigía un cambio real al sistema político y a la realidad cotidiana, elementos que se concretaron en las elecciones del 2000 con la victoria del PAN y la consecuente salida del PRI del poder, tras 70 años de ejercerlo.

En medio de ello, el Estado puso a la venta la concesión de Imevisión. El empresario Ricardo Salinas Pliego adquirió la otrora televisión estatal por 600 o 650 millones de dólares, según la información que relató Carmen Aristegui en entrevista para Playboy en 1996.

En aquel entonces, una de las periodistas “más lúcidas y atractivas de la televisión” –según describe el reportero César G. Romero en su entrevista–, ya no era la estudiante de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales que veía al hilo tres películas en la Cineteca Nacional y disfrutaba de la lectura de Isabel Allende y Gabriel García Márquez. Aristegui Flores comenzaba a forjar su imagen de comunicadora crítica ante las pantallas de la naciente TV Azteca y empezaba a instalarse como una de las voces elementales de la radio mexicana.

 

 

Según sus propias palabras en 1996 y con la venta de Imevisión, iniciaba “el tránsito hacia formas más honestas y funcionales de comunicación de masas”, aunque reconoció que era muy pronto dar un diagnóstico sobre el desprendimiento del Estado y los medios. Eso no impedía que considerase a la radio como un medio que tenía una forma de funcionamiento que impedía los habituales controles de censura que operaron durante prácticamente la mitad del siglo XX, al grado de convertirlo en “el gran canal de expresión de comunicación de inconformidad de nuestro país” en la década de los 90.

Doce años después, cuando era conductora de uno de los principales programas radiofónicos en W Radio, Aristegui anunció su salida por diferencias contractuales y por la intención de la compañía de participar en la definición de contenidos, situación que, en entrevista –de portada– para el número 1628 de Proceso (en la cual calificó su salida como un acto de censura) la adjudicó directamente a la entrada del nuevo director: Daniel Moreno, quien actualmente dirige el portal Animal Político.

En la entrevista con Proceso, Aristegui Flores comentó que no salió de W Radio tras la salida de su compañero Carlos Loret de Mola (también ante un intento de injerencia en los contenidos) dos años antes porque eran situaciones distintas: “Conversé con Carlos ampliamente y coincidimos en que su situación era diferente a la mía; que él tenía su espacio en televisión y que no tendría dificultad para conseguir otro espacio en la radio”.

Más tarde, este país lleno de contrastes (como diría Aristegui, año después, en un foro de Forbes), daría muestra de uno más, pues la situación a la que aludió con Loret de Mola no aplicó cuando salió de MVS, en 2015, a pesar de que había elementos similares (y más, gracias al Internet).

Ese severo acto de censura del que dice fue víctima hace dos años era mucho mayor, a pesar de que seguía teniendo su espacio en Reforma, pero sobre todo su programa televisivo en CNN. Al igual que Loret de Mola, no se quedaba sin foros y todo parecía indicar que no tendría problema en entrar nuevamente a una cabina radiofónica al ser considerada una de las periodistas más populares y conocidas tanto por el público como por el medio. El problema, en realidad, sería económico: sueldos de poco más de un millón de pesos al mes y camionetas del año cada vez que firmara la renovación del contrato. Eran prestaciones impagables para estaciones como Radio UNAM, que en dos ocasiones le ofreció un espacio pero con menos presupuesto.

Al puro estilo de la periodista, se plantea la pregunta: ¿Qué habría contestado la joven Carmen Aristegui de 1996 si, ante el nacimiento del duopolio mediático que después sería uno de sus temas recurrentes, surgiera un nuevo canal de comunicación de masas como es el Internet –en los 90 tenía menos penetración en la población y su alcance era, entonces, inimaginable–?

En 1996, la posibilidad de hacer un programa en vivo en Internet como el que ahora tiene con el pleno control de contenidos, con las herramientas de producción al alcance de un clic, habría permitido dar un diagnóstico prematuro, inexacto, sí, pero positivo sobre la situación del periodismo en México, sobre todo ante la oportunidad de tener un canal en el que el gobierno no puede intervenir de forma directa, sin esa “discrecionalidad gubernamental” con la que se entregaban las concesiones de los medios de comunicación, según Carmen Aristegui de 1996.

Veintiún años después, siempre con Internet a su disposición, Aristegui Flores se enfrentaría a un nuevo problema: la falta de recursos y publicidad para mantener un proyecto como el que actualmente realiza. Un nuevo contraste, si se compara a la joven promesa de la televisión mexicana de finales de los 90.

En su emisión por Internet, abiertamente haría un llamado a empresarios y patrocinadores que quisieran confiar en el proyecto, olvidando lo que aseguró en la revista “del conejito” en 1996: “si tú haces un noticiario con las características adecuadas para el público que está esperando un cierto producto, tienes garantizados que tus espacios estén llenos de anuncios”.

Pero la gran red global no le es suficiente, ni siquiera las portadas. Ella necesita una emisión de radio que esté enteramente bajo su control para hacer lo que “a su juicio personal” es relevante a nivel social.

Así lo dijo para Gatopardo, en marzo de 2015, en entrevista –de portada nuevamente– para Wilbert Torre (trabajo ya no disponible en la página de la revista pero replicada por el portal El Tiempo), unos días antes de su segunda salida de MVS.

En ésta insistió en el “sistema duopólico que por naturaleza no favorece ni en el mejor diseño para el periodismo y las ideas”, aunque también, en el tiempo que se publicó la versión impresa de dicha revista, exigía a Joaquín Vargas su reintegración a la planta laboral de MVS Comunicaciones (incluso con las denuncias de censura hechas al medio y los señalamientos contra Vargas).

No fue la primera vez que culpó al empresario de ceder ante las presiones del gobierno para operar un acto de censura. Ya en 2011 acusó al director de la estación de radio de haber privilegiado sus negocios (la licitación de la banda de 2.5 Ghz) al periodismo independiente, luego de ser despedida de la Primera Emisión tras lanzar una pregunta al aire: ¿Es Felipe Calderón un alcohólico?, cuestionamiento que fue planteado tras una toma de tribuna del entonces diputado plurinominal, Gerardo Fernández Noroña.

Pero Carmen, no siempre mantuvo una guerra incesante contra Televisa y TV Azteca. En 2007, en la entrevista para Playboy, Aristegui reconoció la importancia que tuvo en su carrera profesional su participación en “Círculo Rojo”.

“…mira que salir en el canal 2 tiene lo suyo. Como experiencia profesional la tengo como una de las más valiosas porque fue una de las vivencias políticas más destacadas que pude tener. El tiempo era propicio, que a todos nos convenía”.

De hecho, a la pregunta “¿Cambió el paradigma noticioso de Televisa con Círculo Rojo?”. Aristegui Flores contestó: “Se dio un momento que creo no se va a poder dar, lamentablemente, en el futuro inmediato. Fue un gran destello de apertura. La propia tarea de los Noticieros de Televisa cambió con la llegada de un hombre como el Dr. Leopoldo Gómez, que le dio una oxigenación muy importante al asunto. Fue un momento muy esperanzador de lo que se puede hacer en televisión en tiempos de transformación social y política. Por eso agradezco la experiencia y la guardo con mucho aprecio”.

Diez años después, la televisión en realidad le ha quedado a deber a Carmen Aristegui o, como lo declaró recientemente para VF, “la televisión tiene muchas deudas que pagarle a la sociedad mexicana”.

“…la factura que queda es deficitaria. Ha habido momentos importantes en la televisión mexicana en donde algún reportaje o entrevista han marcado huella, pero no es una moneda de cambio constante que se haga trabajo libre, independiente y crítico (…) Yo he trabajado muchos años en radio y televisión y ciertamente no hemos logrado, como país, que la televisión se convierta en esa gran herramienta transformadora de nuestra sociedad. Por eso nuestra democracia es tan pobre y no cuaja del todo, porque no tenemos el músculo del periodismo independiente y el ojo crítico permanente. La televisión tiene muchas deudas que pagarle a la sociedad mexicana, no ha estado a la altura porque ha sido parte de un sistema político que nunca se fue del todo, que no logramos desmontar cuando vino la transición o la alternancia”.

El poder del micrófono

En 2017, la palabra poder significa para Aristegui, la capacidad que tiene para comunicar, recibir información y dar énfasis editoriales: “El mío es el poder de la palabra, el de transmitir una convicción sobre un tema o la claridad sobre una revelación que puede tener uno como periodista. El poder que da la palabra es un poder que pretende servir a los demás como debiera ser todo poder”.

Diez años antes, la comunicadora no creía que su ejercicio mediático tuviera algún poder, ni siquiera se asumía como una mujer poderosa en el sentido de querer imponer su opinión sobre el juicio del resto de las personas: “El tema tiene que ver con hasta dónde los medios de comunicación impactamos en una sociedad en tiempos electorales o en construir percepciones de la sociedad sobre temas, ya sea sobre los escándalos cuando los denunciamos o cuando los callamos. Somos un elemento que juega en muchos sentidos, pero no creo que por este ejercicio mediático que llevo a cabo tenga un poder”.

“Estamos en un país de muy altos contrastes”, sentenció Carmen Aristegui durante el Foro sobre Mujeres Poderosas de la revista Forbes, a mediados de 2015, unas semanas después de que apareció en la portada de la revista especializada en negocios y cuatro meses después de su despido de MVS por haber abusado de su confianza, al utilizar el nombre de la compañía, sin el permiso de los dueños, para incluirla en un proyecto llamado MéxicoLeaks.

Su salida se dio una semana después de que los periodistas del equipo de investigaciones especiales y autores del reportaje de la “Casa Blanca de Peña Nieto” (Daniel Lizárraga, Irving Huerta y Rafael Cabrera) fueran despedidos con los mismos alegatos.

Este hecho, ocurrido después de la publicación del reportaje y tras una renovación del contrato laboral, fue calificado por Aristegui como un grave acto de censura, un acto de silenciamiento por parte del gobierno federal por el golpe político y mediático que representó el trabajo referido.

México es un país de contrastes, sin duda. Su salida de MVS fue interpretada como un gesto que se espera de gobiernos totalitarios, de un Estado que pone a su servicio el aparato judicial para callar a las voces críticas, para apagar las opiniones disidentes y para preservar, únicamente, la voz oficialista. Y sin embargo, Carmen Aristegui fue la persona que apareció en la portada de una de las revistas especializadas más importantes del mundo pidiendo construir un poder ciudadano y la que continúa con su programa en CNN, así como su espacio en Reforma. Y aunque la batalla jurídica contra MVS aún no concluye, en marzo de 2017, Aristegui aparece nuevamente en la portada de una revista de circulación nacional (Vanity Fair), esa misma cuyos editores colocaron también en portada a personajes como Melania Trump desayunando diamantes o a la propia esposa del presidente, Angélica Rivera, la misma actriz que salió a defender su patrimonio, la “Casa Blanca”.

Ese el México de contrastes al que alude Aristegui, donde una comunicadora sin recientes trabajos periodísticos de su autoría denuncia censura y habla del complicado escenario para ejercer el periodismo, aunque ella no lo ejerce bajo principios éticos y deontológicos sólidos.

Ya en 1996, en Playboy, reconoció que hablar de objetividad periodística era un tema viejo y que más bien se trataba de “ser equilibrado, tratar de ser imparcial, escuchar todas las voces, ser suficientemente tolerante como para poder abrir el espacio y tener la suficiente capacidad de entender al otro” aunque no se coincida con sus ideas.

Al pasar de los años, en 2011, cuando fue despedida tras cuestionar, sin una prueba fehaciente, el alcoholismo del presidente, ella olvidó que hay que reconocer las ideas ajenas para su procesamiento y hasta marzo de 2015 se negaba a aceptar que cometió un error al lanzar una acusación de esa magnitud con tan sólo el dicho de un diputado plurinominal:

“No diría que me equivoqué en un asunto específico, no tendría ningún caso. No pretendo vanagloriarme de no tener equivocaciones. Si dije un dato por otro, no tengo problema en corregir y enmendar alguna imprecisión. Sobre lo sucedido con el expresidente Calderón y una investigación cabal como la de La Casa Blanca, yo diría que ambos tienen su peso y significado y de ninguno me arrepiento. En ambos me sostengo en lo dicho y en lo hecho”.

“¿En qué ocasiones mientes?”, le preguntan en VF. “Nunca”, responde. El contraste llamado Aristegui: la periodista que en revistas, Internet y televisión denuncia censura y exige, a la vez, espacios para ejercer ese periodismo que no acepta errores sino “versiones”, una forma de censurar la verdad a la audiencia.

 

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