Cinque Terre

Mireya Maldonado

Periodista.

Las mentiras sobre Ayotzinapa

Ayotzinapa ha marcado la agenda de los medios desde septiembre, cuando desaparecieron 43 normalistas. Las redes sociales, consideradas por muchos como el quinto poder, hirvieron en franca solidaridad y contribuyeron a colocar el tema en el mundo. La indignación movilizó a la gente desde Twitter y Facebook, pero también tuvo sus dosis de mentiras, datos sin confirmar y oportunismo que atraparon a miles de internautas y a algunos medios.

Antes de que Abarca y su esposa fueran detenidos el 4 de noviembre, Excélsior y Eje Central publicaron a finales de octubre que el exedil de Iguala y María de los Ángeles Pineda habían sido apresados. Dichos medios, ansiosos por la primicia, no confirmaron la nota que fue ampliamente comentada en las redes.

También Reporte Índigo publicó una fotografía de hombres sin ropa y sometidos contra el suelo. Se suponía que eran los normalistas. Después de una investigación resultó ser la imagen de un motín de 2011, en el Consejo Tutelar en San Luis Potosí.

En Facebook circuló una nota con fotografía de jóvenes sentados y amarrados que mostraba a militares, identificados como los cascos azules de la ONU, al momento de rescatar a los normalistas en una casa de seguridad en Cocula. La falsa nota fue difundida desde primerlmpacto.info, que ya está inactiva.

Otra mentira, compartida en Facebook más de 22 mil veces hasta el 18 de noviembre, fue la del supuesto estudiante que apareció cuando le quitaron la máscara. En las redes sociales circuló la foto de Daniel Águila Zavala colocado en primer plano, y a su lado un cartel con su nombre junto con los de los desaparecidos. Abajo se leía: ¿Qué pedo con este guey? ¿Qué no está desaparecido? Sin embargo, nunca estuvo en la lista de los 43 desaparecidos, difundida por el portal oficial del Gobierno de Guerrero.

Sobre esa imagen, “El blog del narco” dice que fue una broma y el portal Revolución tres punto cero, de la empresa Argos, acusa a un coronel retirado de haber hecho el fotomontaje.

Las muertes virtuales son un fenómeno común en las redes sociales. En el contexto de Ayotzinapa, circuló la versión del asesinato de Solalinde, quien de inmediato escribió en su cuenta de Twitter “Responsabilizo al gobierno de @EPN de cualquier atentado contra mi vida. @SEGOB_mx @PGR_mx”. La pregunta sería: ¿Con cuáles pruebas contaba el sacerdote para hacer una aseveración de ese tipo?

Él mismo divulgó, antes de que la Procuraduría General de Justicia diera a conocer avances de sus investigaciones, una versión sobre la muerte de los estudiantes. Los padres de los desaparecidos le solicitaron que no interviniera.

A finales de octubre del 2014 se divulgó una supuesta petición de la ONU para que renunciara Enrique Peña Nieto. La fuente fue un sitio falso que usó en su url el nombre de El Universal. Pero cuando se intentaba acceder a más datos por medio del enlace, un mensaje avisaba que se trataba de una broma. Más de 720 mil usuarios le dieron clic.

El doctor José Luis López Aguirre, experto en ciberperiodismo, explica que detectaron una url, supuestamente de la agencia EFE, que llevaba a un blog donde se relataba la liberación de uno de los jóvenes desaparecidos, secuestrados en una casa. Fue otra historia ficticia.

Ahora, “estamos frente a la habilidad de los usuarios de manipular una fotografía, de poner urls apócrifas de medios de comunicación conocidos que la gente comparte sin leer el contenido. Así se confunde, matiza o se crea una tendencia de la información en favor o en contra de actores involucrados”, explica el especialista. “Las mentiras, por ejemplo sobre el hallazgo de los muchachos con vida, se viralizan muy rápido porque la gente quiere esperanzas”.

“Hay usuarios de redes sociales que de manera irresponsable, o posiblemente con algún objetivo perverso, publican una serie de contenidos como si fueran primicias. Buscan generar discusiones en las redes sobre contenido que no está verificado, para crear una estrategia de comunicación que confunde a la audiencia sobre un tema de interés nacional.

“La mayoría de la gente que se engancha con mentiras es sumamente joven o carece de preparación académica, sobre todo en Facebook”.

En las redes, agrega el profesor de la Universidad Panamericana, existe la polarización y han surgido las turbas digitales que se mueven en alianza para apabullar a un personaje o usuario. Se trata de trolleo masivo, diferente de los bots o usuarios fantasmas que muy probablemente promueven muchas etiquetas sociales en favor o en contra de alguien.

Aquí surge otro fenómeno: cuando alguien trata de colonizar un hashtag. Por ejemplo, un político utiliza la misma etiqueta sobre Ayotzinapa para tratar de llevar agua a su molino, otra modalidad de mentira, pero la audiencia crítica se le va encima, los penaliza y castiga.

Lo cierto es que tenemos aún una red inmadura, no solo en México. Hay poca responsabilidad sobre lo que se difunde. Es una Torre de Babel donde el gran riesgo es la gran cantidad de rumores que circulan. Las mentiras en las redes también se suscitan porque hay una serie de huecos que los políticos y los medios no llenan, considera López Aguirre.

“Este momento es la gran oportunidad de los medios para recuperar credibilidad, convertirse en una especie de curadores de la información y no en meros replicantes”.

Ulises Figueroa, realizador en TV Azteca, considera que si la gente cree en esas versiones “es porque se siente decepcionada de la actuación del gobierno que en su momento dio pocas respuestas. Ante esta aparente falta de información oficial, las redes sociales y todas sus versiones probablemente constituyen la red de datos más inmediata y actualizada”.

¿Qué buscan las personas que hacen circular esas mentiras? “Estoy casi seguro que es por ganar audiencia, le dicen a la gente lo que ‘quieren’ oír. En las redes sociales, muchas veces la inmediatez es sinónimo de credibilidad, varios aprovechan para ganar audiencias, que tal vez no son su target, a través de información sensacionalista. Inclusive hay algunos medios que se hacen pasar por revistas y noticiarios.

“En las redes, una ventaja de la inmediatez es el poder de exhibición que se forma, dado que tienes contenidos ‘exclusivos’. Uno de los casos que me sorprenden es el sitio de El Deforma, el cual a pesar de advertir en la página principal que sus noticias son falsas, tiene una difusión amplia. Frecuentemente la gente se va con la finta y publica sus contenidos como si fueran datos reales.

“Sin embargo, dudo que haya motivos políticos detrás de la mayoría de esas páginas. Creo que la mayoría son sitios oportunista en busca de clic a su publicidad”.

Esa información confunde, enciende ánimos, juega con la gente. Si bien las redes son un espacio inédito donde la gente común puede expresarse y opinar, también se ha convertido en un medio para explotar la credulidad, la falta de costumbre de verificar fuentes. Incluso hay medios que se tragan completos los anzuelos.

En este sentido, Ulises Figueroa cree que “todos estos problemas sobre la credibilidad derivan de la crisis de los medios de comunicación tradicionales, que ya no convencen a los ciudadanos del todo. Con la democracia en las redes sociales, aparentemente, no hay una institución más importante o ‘válida’ que la otra. Un ejemplo de ello es que he encontrado noticias más rápido desde Animal Político o Sin embargo, que se replican 4 horas o hasta el día siguiente en sitios como El Universal o Excélsior”.

El escritor Alejandro Colina Fajardo opina que “una parte de esas mentiras son expresión, digamos que naturales, de las propias redes: cada vez queda más claro que no hay redes sin mentiras. Los dichos falsos parecen la segunda piel de la comunicación virtual. Cuando no le atribuyen a un autor famoso algo que no dijo, le hacen un funeral a un personaje mediático que toma café en su casa.

“Pero otra parte de esas mentiras obedece a un sueño de salvación política, que aprovechan políticos profesionales que han sabido sacarle provecho a los ciudadanos soñadores e idealistas.

“Como todo sueño de salvación apuesta al todo o nada. Se propone derrumbarlo todo para renovarlo todo sin caer en la cuenta que el pasado no se puede borrar de un plumazo, ni el futuro se puede construir por un mero voluntarismo”.

Texto publicado en la edición 170 de enero del 2015

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