Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

Las amenazas mediáticas

Frecuentemente uno se imagina que los tiempos que se han ido son aquellos de un mayor pudor y castidad. Asumimos de nuestros ancestros honorabilidades intachables quién sabe por qué razones y tendemos a creer que la modernidad, ese caballo desbocado, nos arrastra a la ruina moral y a perdiciones apocalípticas.

Pues no.

Mi hipótesis es infinitamente más elemental, creo que en esta época como en otras los seres humanos han formado sociedades de virtuosos, pecadores estándar, como declara el Presidente, y de gente que arderá en el infierno. El problema, me parece, tiene que ver con la enorme resonancia pública de los medios masivos y su moral, que como se sabe perfectamente, es un árbol que da moras.

Los medios masivos, saben su negocio y juegan con lo que la gente tiende a llamar “morbo”, esa entelequia en la que todo cabe y que aparentemente es insaciable y escala día a día. Una veta de alcantarilla pero quizá la más recurrida es invadir vidas privadas para volverlas públicas con total impunidad. Nadie protesta, nadie regula y el asunto se vuelve una carrera por suscitar el mayor escándalo.

En algún número anterior utilizaba el ejemplo de Carlos Loret, que invitaba abiertamente a la gente a “convertirse en reportera” a compartir imágenes con el fin de que él las publicara en su noticiero matutino. En aquel momento y en éste, expreso que lo anterior es una invitación al voyeurismo, a la intromisión y a la exposición pública de gente que no ha aprendido a ocuparse de sus asuntos. Entiendo perfectamente que hay una cosa llamada “interés público” pero también me queda claro que la frontera entre lo que define a ese término y lo que lo deslinda es tan resbaladiza como las pistas de hielo que pone Ebrard para divertimento ciudadano.

En ese contexto es que una revista de albañal cuyo nombre no recuerdo, contrató a un señor al que supongo espía, muerto de hambre y sin escrúpulos, para seguir al señor Loret y dama que lo acompaña a La Marquesa y retratarlos en el momento que salían de una cabañita. Dado que Loret es un personaje público casado y la dama en cuestión protagonista de programas de demanda penal y soltera, se armó la de Dios es padre. Sobre el asunto se me ocurren algunas reflexiones.

En primer lugar está el tema de la privacidad sobre el que siempre he manifestado que debería respetarse, pero mi palabra es letra muerta. Lo que le hicieron a Loret es simplemente una marranada que, sin embargo, adquiere matices cuando él vive en un medio que se encarga de esos menesteres con un celo digno de mejor causa…; el cazador cazado. Lo segundo que llama la atención es que justamente el canal 2, que alimenta su agenda de estas imbecilidades miserables haya guardado lo que podríamos llamar un silencio “institucional” ante el infortunio de uno de los suyos. Se siguió en este caso la mexicana agenda que ha hecho de nosotros unos artesanos en el noble arte de hacerse pendejo, siguiendo la línea editorial de “con el resto todo, a los de casa ni con el pétalo de una foto”, lo que muestra, por supuesto que la imparcialidad es una nebulosa.

Finalmente, y aquí voy a contracorriente de gente que respeto, se cuestionó que el periódico Reforma diera seguimiento a la nota con argumentos del tipo “cómo es posible si es un periódico serio” o “seguramente Reforma y Televisa están en bronca”. Por supuesto los argumentos hacen agua; un medio está en plena libertad en estos tiempos de dar las notas que considere oportunas y los analistas de cuestionar la calidad de éstas. En la medida que no existe una regulación sobre el tema, Reforma hizo lo que consideró oportuno que fue encontrar una noticia y darle seguimiento. En lo personal me parece patético pero no soy yo quien dicta la forma en la que ocurren las cosas y reconozco que en muchos casos operan de esta manera absurda.

El problema de fondo es que esta voracidad parece relegar la privacidad al baño de una casa en el mejor de los casos, lo que me parece un signo de la decadencia de los tiempos en los que nos tocó vivir.

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