Cinque Terre

Yuri Sevilla

Integrante de la mesa de redacción.

La Universidad de masas no está peleada con la calidad: Rito Terán

¿Qué tanto influyeron las difíciles condiciones económicas para que en el país irrumpiera un movimiento estudiantil de gran calado, como lo fue el CEU?


Fue una etapa muy complicada, la situación económica era difícil. Desde luego también situaciones de tipo social como el sismo del 85 –que estaba muy cercano–, habían sido una gran conmoción que la misma comunidad de la universidad se volcó a participar en labores totalmente voluntarias y desinteresadas. Había un ambiente en lo político propicio, la juventud tenía, sobre todo acá, una alta sensibilidad a situaciones que pudieran provocar un movimiento con las características que tuvo el surgimiento del CEU. Naturalmente la apuesta equivocada de las autoridades universitarias, porque en términos generales no había una organización más o menos articulada. Había grupos que hacían política entre los estudiantes, pero no una organización con un perfil de cierto desarrollo. Esas apuestas equivocadas también tuvieron mucho que ver en que se lanzara el famoso paquete de reformas por parte de Jorge Carpizo en aquel momento. Yo diría que en esa situación se creó el ambiente, naturalmente por una convocatoria que prendió de inmediato el rechazo de las reformas porque éstas tocaban aspectos muy sensibles de los estudiantes. Hubo también la oportunidad de que agrupamientos de estudiantes, destacados algunos de ellos, encabezaran en aquel momento esa muestra de rechazo importante que se había producido y que detonó el movimiento.


¿Cuál es su opinión sobre la forma en que Jorge Carpizo enfrentó el movimiento estudiantil?


Yo hablaría de dos momentos. El primero fue una actitud que calificaría como una visión conservadora de Jorge Carpizo, pero con el ánimo auténtico de querer cambiar una situación que tenía la universidad, en la que prevalecía un ambiente demasiado cargado hacia la rutina, la burocracia, la simulación. El asunto es que lo enfrentó de manera equivocada, a mí me parece.


En el caso del Reglamento General de Pagos, cuando él lo presenta al Consejo Universitario –estoy hablando del 11 de septiembre del 86–, en su discurso empieza justificando las iniciativas sobre la base de considerar que la universidad debía generar mayores recursos propios (da datos incluso).Habla de una situación crítica en cuanto al presupuesto, el apoyo que el gobierno federal destinaba entonces a la universidad y a las universidades públicas en general. Yo creo que eso es equivocado, así lo consideramos desde el propio sindicato, es decir, no es responsabilidad ni de la universidad ni de los estudiantes la falta de atención por parte del gobierno federal a los aspectos de financiamiento. Pero más aún, lo que la universidad podría haber recabado por los ingresos de los servicios a los estudiantes –que no las cuotas de inscripción (eso no lo tocó), pero sí servicios muy variados que llegaban desde el bachillerato hasta posgrado– no eran, como se ha demostrado a través de los años, significativo para la universidad.


Te doy un dato muy simple: en aquellos años, si buscamos las estadísticas, vamos a encontrar que las becas que tenían los estudiantes de toda la universidad difícil mente llegaban a mil o dos mil becas en toda la población universitaria. Hoy, por ejemplo, tenemos solamente en el CCH, no conozco las últimas cifras, pero me atrevo a decir que deben andar en más de 25 mil becas. Estamos hablando de que casi la mitad de los estudiantes del CCH están becados. Menciono este ejemplo porque lo que en aquel momento debió haberse planteado era: “Ok, hay carencias en la universidad, los estudiantes deben tener mejores condiciones de estudio”, bueno, pues entonces exijamos que se cree un gran sistema de becas en lugar de cobrar servicios que no van a modificar la situación financiera de la universidad, que es lo que tenemos en el país, no solamente en la UNAM. Tenemos que desde los últimos años el gobierno destina una cantidad enorme a becas eso prueba justamente que la salida no era buscar afectar a los estudiantes y eso toca fibras muy sensibles.


Esto seguramente no lo calculó Jorge Carpizo. Yo creo que otro aspecto importante es que aquella administración también mostró una actitud de tolerancia y ésa es la parte positiva. Es decir: estalla el movimiento, se establece un periodo de diálogo público en la propia universidad difundido por Radio UNAM (fue inédito en ese momento) y luego se pasa a la concertación de acuerdos para negociación. Paulatinamente las autoridades fueron reconociendo legitimidad a un movimiento auténtico, fuerte, con un liderazgo también muy sólido, y se dispusieron a privilegiar el razonamiento y el diálogo frente a algunas otras posibles salidas que quizá se pudieran haber antojado en ese momento. Una autoridad universitaria que jugó un papel muy importante en la búsqueda, de los acuerdos durante la huelga, pero sobre todo en el camino hasta la realización del congreso, siempre con un ánimo conciliador y en búsqueda, fue José Narro. En unconflicto no basta que existan voces convencidas del diálogo y la negociación, de ambos lados prevaleció la actitud de inteligencia que permitió resolver el conflicto y llegar al congreso.


 


 


 


 


¿Cómo abrazó el STUNAM este movimiento?


El STUNAM, desde su origen, siempre tuvo muy clara la necesidad de coadyuvar con otros sectores universitarios en una lucha por transformar democráticamente a la Universidad, esto fue un sello muy distintivo del sindicato, reiterado en sus congresos desde su surgimiento. Cuando estalla el movimiento del CEU en septiembre del 86, la dirección sindical, de la cual yo formaba parte y que era encabezada por Evaristo Pérez Arreola, tuvo el tino de reivindicar y reiterar la necesidad de que el movimiento se encausara y abrazara la idea de una reforma universitaria democrática.


Te voy a comentar un hecho: los planteamientos de Carpizo son aprobados por el Consejo Universitario el 11 de septiembre; el día 28 de septiembre, es decir ese mismo mes, el STUNAM realizó su octavo congreso ordinario y en él hace una declaración muy clara y contundente, primero de apoyo y solidaridad absoluta con el movimiento estudiantil y segundo la idea de necesidad de avanzar hacia un Congreso General Universitario. Aún antes de que estallara la huelga, el movimiento ya se estaba desarrollando. Había importantes movilizaciones, de tal manera que para los que estábamos en el sindicato y teníamos alguna responsabilidad, no fue ninguna novedad el asumir una posición clara y abierta de apoyo. Creo que eso permitió también que los meses subsiguientes el movimiento estudiantil pudiera ver al sindicato como un aliado importante en su lucha y como un contingente que tenía que decir cosas y que podía marchar junto con el movimiento estudiantil en la búsqueda de una salida política como fue la que sucedió en febrero del 87.


¿Qué aportes hicieron los trabajadores universitarios al movimiento estudiantil y, en particular, para que el conflicto arribara a un buen puerto?


El principal, y yo creo que el más importante, fue el fortalecer mucho la necesidad del diálogo y de mantener la búsqueda de apoyos entre las autoridades universitarias y el consejo estudiantil universitario. El segundo,darle mucha fuerza a la alternativa de la realización de un Congreso General Universitario. Considero que esos dos fueron los dos principales aportes que el sindicato mantuvo como una política de fondo, sentida y de arraigo entre los trabajadores. Desde luego, no quiero desdeñar que en los foros locales, más adelante, se fue integrando la comisión especial del congreso universitario y después de la Comisión Organizadora del Congreso Universitario (COCU). Todos esos momentos fueron también puntos de encuentro y de compartir el discurso de una reforma democrática profunda que la Universidad requería. Creo que ésas son las actitudes, las posiciones sindicales que también contaron. Siempre estuvo claro para el sindicato: la autonomía, que quienes finalmente tenían que llegar a acuerdos, establecer sus estrategias y sus decisiones, eran libremente el Consejo Estudiantil Universitario, pero en una lucha que se propusiera avanzar hacia una transformación de la Universidad. Por supuesto que el sindicato tenía puntos que decir y que plantear, éramos y sigue siendo un sindicato de Institución, es decir, hay un sector académico muy importante en su integración. Eso también tocaba una parte de los procesos de la enseñanza y los métodos de enseñanza que fueron cuestionados también por el propio movimiento.


 


 


¿Qué tanto les preocuparon las expresiones ultras provenientes de algunas franjas de estudiantes?


Bueno, sí preocupaban en el sindicato y apostamos siempre al liderazgo que encabezaban Imanol Ordorika, Carlos Imaz, Antonio Santos y otros dirigentes muy destacados. También Ricardo Becerra, Óscar Moreno… muchos más, decenas de compañeros que se agrupaban en esa corriente muy importante. Veíamos en ellos inteligencia, decisión, convencimiento de las demandas que enarbolaba el CEU. Veíamos una especie de película que hemos visto, después de muchos movimientos: la posibilidad de alcanzar el triunfo para el cual se requiere firmeza, inteligencia y decisión. También frente a ellos la posibilidad de que un movimiento pujante, fuerte, tome una dirección errática y desperdicie la oportunidad de coronar con éxito ese movimiento, y esto era lo que para nosotros representaba las posiciones que veíamos en Guadalupe Carrasco, la “Pita” y otros más que se agrupaban en esa tendencia. Había preocupación porque pensábamos que estábamos viviendo el desarrollo de un movimiento con capacidad de triunfar, después de derrotas, algunas muy trágicas, de movimientos estudiantiles de este país, y aquellas posiciones que podían llevar a un final en el cual no se tuvieran resultados importantes para el movimiento, pero también para la propia Universidad.


¿Por qué tardó tanto en realizarse el Congreso Universitario?


Yo creo que la pluralidad que siempre ha tenido la Universidad, por lo demás obligada a ir en un proceso pausado, en un proceso de dar pasos seguros que permitieran caminar con firmeza hacia la realización del congreso. Había también en la propia comunidad universitaria, dentro de los estudiantes, posiciones que no comulgaban con las ideas que el CEU enarbolaba, también había dentro del personal académico sectores que tenían posiciones diferentes al contingente de académicos, que se habían mantenido no sólo en lo sindical, también en otros aspectos como partidarios de la transformación democrática. Entre los investigadores también ocurrían fenómenos parecidos. De tal manera que el congreso, habiendo sido planteado como un gran foro en el que concurrieran todos, era importante ir paso a paso consolidando los avances y eso era lo que hizo que la preparación de la agenda, la organización de foros, el intercambio de puntos de vista, el expresar con toda libertad y abiertamente las posiciones, es decir, la posibilidad de que los universitarios nos escucháramos realmente.


 


 


¿Podemos considerar como un fracaso los resultados del Congreso? ¿Nos deja la enseñanza de que la UNAM no puede reformarse con la participación de toda la comunidad?


No, yo pienso lo contrario, creo que la enseñanza principal que deja aquel movimiento es que sobre la base de estar dispuestos al diálogo y a la confrontación de ideas, y a ventilarlas abiertamente, es posible transformar, lograr cambios significativos en nuestra casa de estudios y en cualquier otra institución. Segundo: la otra enseñanza que dejó y que no calificaría de fracaso (guardo los resolutivos del congreso, y si le damos una hojeada, vamos a ver que hay acuerdos no cumplidos, pero que también hay muchos que así se han establecido de manera enunciativa u operativa). El acuerdo más destacado que yo señalaría, sin embargo, es el de la creación de los Consejos Académicos de Área que persisten y funcionan hasta el momento y que es resultado de aquel congreso. Es poco en cuanto a cambios de la estructura universitaria, no digamos del gobierno universitario mismo, que eran alcances que se proponía el CEU y que nosotros desde el sindicato también deseábamos, ciertamente en esta otra parte se ha avanzado muy poco. Existe la elección directa, secreta y universal de los representantes a Consejo Universitario, a consejos técnicos, sí, ésta ya ha venido para quedarse, pero no es suficiente. La Ley Orgánica sigue intacta en lo fundamental: la libertad de funcionamiento, el respeto que se merecen todos los cuerpos colegiados de la universidad… Estoy hablando de los consejos técnicos, de consejos académicos que existen con diferentes características en escuelas y facultades. Es algo que no se ha consolidado, no se ha profundizado lo suficiente y son asignaturas pendientes, como la propia designación de las autoridades universitarias, que no han cambiado en lo fundamental.


El congreso planteó esas necesidades, no llegaron a establecerse en el propio congreso porque no se alcanzaron los porcentajes que se habían fijado en la forma de alcanzar resolutivos, pero bueno, en ese sentido, a pesar de esas cuestiones no concebidas, el congreso fue un éxito en su realización, en su desarrollo, sirvió siendo diáfana la posibilidad de la expresión libre, abierta de los universitarios que participaron como delegados en aquel evento y sobre todo el impacto que tuvo para los años siguientes. Mencioné hace rato el asunto de las becas, ese fue uno de los planteamientos que se hicieron. Bueno… ¿qué es lo que ocurrió en los años siguientes? Pues hubo condiciones en el país para que se modificara una conducta que había durado décadas, en la que no se ligaba la necesidad de un apoyo mucho más firme hacia los estudiantes en cuanto a las becas y hoy estamos hablando de algo verdaderamente extraordinario en ese sentido. ¿Esto es insuficiente? Sí es insuficiente porque sigue habiendo la necesidad de afincarse en desarrollar mucho mejor los procesos de revisión de planes de estudio, de programas, de apoyo a la infraestructura que requieren los estudiantes, el egreso que le preocupaba mucho a Carpizo y que él suponía que a través del reglamento de inscripciones, de la limitación de exámenes, de la realización de exámenes departamentales y otras cosas más. Él suponía que esa era la alternativa. Lo que ha demostrado esta etapa posterior es que ir mejorando los índices de eficiencia terminal de los estudiantes desde bachillerato hasta licenciatura, lo que se requiere es: primero apoyar lo más posible a los estudiantes, pero también modificar políticas en cuanto a lo que tiene que ver con la docencia, es decir, soy un convencido de que en esta Universidad tiene que hacer un planteamiento de reformar la docencia y eso implica muchas cosas, desde la capacitación a fondo en los contenidos que los académicos imparten en los programas, hasta las condiciones mismas en que desarrollan su trabajo es un aspecto que va a repercutir cuando esto se desarrolle en lograr mejores números en cuanto al desarrollo de nuestros estudiantes. A lo mejor alguien puede decir “pero es que la universidad recibe en bachillerato a los alumnos más destacados de los que hacen el examen de admisión”. Es cierto, ahora mismo tenemos más de 100 mil estudiantes que están pidiendo entrar a la universidad como primera opción a su bachillerato, esto se ha repetido todos los años últimos. Bueno… ¿por qué no podemos despegar de manera importante, si recibimos buenos estudiantes, en su egreso? ¿Por qué tenemos todavía problemas de egresados? ¿Por qué tenemos problemas que hacen patinar a nuestros estudiantes en su ciclo educativo? Estoy hablando del bachillerato fundamentalmente. Revisemos qué es lo que estamos haciendo para atender a los estudiantes desde el salón de clase, por eso hablo de una necesaria reforma de la docencia que debiera emprenderse, hasta una infraestructura mucho más propia para su formación y su mejor egreso en el ciclo educativo.


¿Cuáles problemas subsisten en la UNAM luego del movimiento estudiantil de hace treinta años?


Subsiste una burocracia universitaria, hablo fundamentalmente de lo que representan las autoridades universitarias, escuelas y facultades, institutos, centros que no acaban de entender plenamente el papel tan importante que tiene que cumplir nuestra universidad, Una de las aspiraciones de ésta y de la universidad pública en general es ser instituciones que estén mirando hacia el desarrollo del país, a incidir en la solución de los problemas nacionales. Dos: se tienen que mejorar de manera importante las formas de participación de los universitarios en cuanto al nombramiento de autoridades, y eso requiere estar dispuestos a realizar cambios en la Ley Orgánica y en la normatividad universitaria en general. Esto es algo importante, no basta con que solamente exista la posibilidad de la elección, como decíamos, “directa, secreta y universal”. El problema es cómo funcionan estos órganos de elección y cómo las autoridades se pueden comprometer realmente a construir una imagen sólida como líderes morales y académicos de sus comunidades. La universidad de masas no está peleada con la calidad y con la excelencia de sus profesores, sus estudiantes, de ninguna manera, y creo que la mejor prueba es que en los últimos 10 años, la universidad percibe más de 50 mil estudiantes más de los que recibía antes, la matrícula sí ha aumentado y hay muchas cosas en las cuales la UNAM se distingue, a pesar de que es más grande que la del 86 en cuanto a su población universitaria. De tal manera que yo creo que esa es otra de las cuestiones importantes. Y qué bueno que esta universidad siga siendo punto de referencia para la educación de nuestro país, se lo ha ganado, pero es una universidad que aún puede seguir reformándose, mejorando y cumpliendo de mejor manera su papel para bien del país.

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