Cinque Terre

Mariano Yberry

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Periodista.

La última clase de Huberto Batis

El pasado 8 de mayo Huberto Batis dio su última clase de Teoría literaria en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Tras sesenta años de alentar el periodismo cultural y la literatura desde lo esencial, desde las personas mismas, los estudiantes sin renombre pero en los cuales vealgún chispazo, el maestro se despidió de las aulas con un capuchino y un salón apenas lleno, con la paradoja de que ése, su último acto escolar, fue seguido por centenas, no exagero, de lectores suyos en las redes sociales, en particular en Facebook. La crónica que ese día hizo el periodista Leopoldo Lezama es espléndida, y un registro de esos momentos excepcionales.

Para las nuevas generaciones, el exdirector de Sábado, el suplemento cultural emblemático de varias generaciones lectoras de unomásuno, –me refiero al diario en serio, no a la caricatura que ahora lleva su nombre–, llega apenas como un susurro. Sin embargo, para quienes ahora ejercen el periodismo cultural e incluso, para muchos de los escritores mexicanos que hoy son reconocidos en el extranjero, Batis fue su guía, su maestro y principalmente su germinador.

Por más de 25 años, Huberto Batis dirigió aquel suplemento, en la época en la que los diarios aún se interesaban en la cultura y cuando una sección como ésta lograba triplicar las ventas de algún rotativo. Fue, además, el guía de los “escorpiones ponzoñosos” que desafiaron a las efigies más poderosas de la cultura mexicana con su estilo casi pornográfico, desinhibido, pero sobre todo, de alta calidad.

Además, una de las grandes cualidades del maestro fue mantenerse al margen de los grupos culturales de su tiempo y mediar y lograr un equilibrio entre éstos. Así como les dio su primera oportunidad a los escritores despreciados por los simbolos de la cultura mexicana, también supo alentar a esas figuras literarias que forman parte del canon. Todo esto mientras construía y creaba un periodismo cultural diferente, propositivo y subversivo. Muy lejano de las buenas conciencias de hoy día.

Podrían sobrar los adjetivos para calificar el legado cultural que Sábado dejó en el periodismo cultural mexicano, pero si de algo es responsable es de haber formado a muchos de los que hoy dirigen las pocas revistas especializadas en la cultura.

Huberto Batis es una leyenda. Fue el periodismo de la contracultura. Por eso es que, a pesar de su importancia, solo dos medios, como una nota cualquiera en sus respectivas secciones de cultura, le dedicaron un espacio a su retiro. Ni siquiera los suplementos culturales como Confabulario o La Jornada Semanal. Debido, también, porque fue gracias a uno de sus alumnos, el ensayista mexicano Leopoldo Lezama, que se enteraron del retiro del maestro Batis, el cual documentó en 44 fotografías donde habló de Alfonso Reyes, Octavio Paz, García Ponce, Bonifaz Nuño y su carrera.

Huberto Batis, nacido en 1934, llegó a la Ciudad de México a principio de los 50 gracias al favor que le hizo el gobernador de Guadalajara, el también novelista Agustín Yáñez, a su tío. No llegó con las manos vacías. Tenía tres cartas con las que Yáñez le daba el visto bueno a la vocación literaria de Batis y las cuales iban dirigidas a tres personas: el escritor Alfonso Reyes, el entonces rector de la UNAM, Nabor Castillo, y al Centro Mexicano de Escritores.

Siendo joven y humilde, se conformó con que lo inscribieran en la carrera de Letras Hispánicas, aun pudiendo pedir un título sin estudiar como confesó en una entrevista para Capital 21 en 2013. Ahí conoció a Reyes, que fue su tutor y maestro. También tuvo su primer desencuentro con Jorge Ibargüengoitia, cuando éste le preguntó si había leído el Ulises de James Joyce o La montaña mágica de Mann; al ser en ambas negativa la respuesta de Batis, Ibargüengoitia le dijo que se regresara a Guadalajara, que en Filosofía y Letras no tenía lugar alguien tan ignorante, idiota y pendejo.

Triste y decepcionado por la despectiva bienvenida, fue a relatarle a Alfonso Reyes lo sucedido. Éste le preguntó si había leído el Ulises de Homero, a lo que Batis respondió que sí, incluso en griego. Reyes fue contundente: “¡Pues vele a decir eso al pendejo de Ibargüengoitia!”.

Lo que parece una histórica y graciosa anécdota es el inicio del espíritu iconoclasta que guiaría a Huberto Batis durante toda su carrera, principalmente cuando, junto con Carlos Valdés, fundó Cuadernos del viento en 1960, revista universitaria que duró siete años en circulación. Cuando esta publicación dejó de imprimirse en 1967, Batis ya había convivido con todas las figuras de la cultura: Carlos Monsiváis, José Emilio Pacheco, Juan García Ponce, Vicente Melo, Inés Arredondo, Octavio Paz y claro, la gran figura del periodismo cultural en México, Fernando Benítez, quien le publicó sus primeros artículos en México en la cultura.

Fue justo en ese tiempo cuando la distinción entre la alta cultural y la “cultura naca” se hizo más presente. La mayoría de las figuras literarias y culturales como Emmanuel Carballo, Vicente Melo, Carlos Monsiváis, Rubén Bonifaz Nuño, y principalmente Octavio Paz, Gabriel Zaid y Enrique Krauze, criticaban el trabajo de Batis por publicar autores que consideraban malos, como José Agustín, Gustavo Sainz y René Avilés Fabila.

Esa sería la gran virtud y el sello característico de Batis: la apertura a los nuevos talentos, que éstos se destrozaran entre ellos mismos (lo que permitió un ambiente de crítica para quien quisiera aprovecharlo) y publicarles cualquier tipo de literatura aunque el establishment los denostara.

Después de Cuadernos del viento, Huberto Batis se fue a la Revista de Bellas Artes, y luego, por invitación de Fernando Benítez, participaría en Sábado, el suplemento cultural del recién fundado unomásuno, de Manuel Becerra Acosta.

En Sábado, Batis y José de la Colina –quien también trabajaba en Vuelta– mediarían entre la efigie cultural construida alrededor de las figuras de Octavio Paz y Enrique Krauze y los nuevos talentos que apenas comenzaban a publicar sus primeros cuentos y artículos.

Si los infrarrealistas fueron quienes desafiaron la poesía del Premio Nobel mexicano, Batis fue quien lo encaró en el periodismo cultural, representado de un lado por Vuelta y Plural y del otro por Sábado, sobre todo cuando se quedó a cargo de éste al romperse la relación entre Becerra Acosta y Carlos Payán, lo cual culminaría en la creación de La Jornada y la partida de Benítez a éste.

El diván de Batis

Con Huberto Batis como director de Sábado este suplemento tomaría ese sello que muchos catalogaron como “pornográfico y vulgar”. Primero, por la libertad que Batis le daba a sus colaboradores para escribir lo que quisieran, como quisieran, de quien quisieran; la facilidad de dejarlos destrozarse en la sección “Desolladero” que era una especie de correo donde el público enviaba sus críticas o comentarios. Muchos escritores aprovechaban este espacio para desquitar viejas rencillas con sus contemporáneos.

Ahí escribieron personajes como Enrique Serna, Guillermo Fadanelli, Miguelángel Díaz Monges, Guillermo Sheridan, Xavier Velasco, Adolfo Castañón, Marcelo Uribe y Alberto Ruy Sánchez, por mencionar algunos.

Además de la apertura a escritores desconocidos pero buenos –característica faltante que Batis critica de todos los suplementos y revistas culturales actuales-, la sección que más llamó la atención fue El diván, donde una mujer posaba en posiciones sugerentes, privilegiando la exposición de sus piernas, y tapándose la cara con un ejemplar de Sábado, dejando descubierta únicamente su mirada.

El diván fue una sección imprevista, según relata el propio Batis, cuando aprendió a tomar fotografías profesionales. Un día una escritora estaba leyendo Sábado en el diván de la oficina de Huberto Batis y enredó las piernas de una forma que llamó la atención de éste. Tomó la cámara, capturó el momento y decidió publicar la fotografía, sin contemplar que este tipo de imágenes serían recurrentes.

A la semana siguiente, una enorme fila de mujeres estaba afuera de las oficinas esperando ser elegidas para posar en la nueva sección creada. El diván de Sábado fue la gota que derramó el vaso para que esta publicación fuera despreciada por la alta cultura institucionalizada, cuya figura máxima era Octavio Paz. Pero, sin importar esto, Sábado lograba triplicar las ventas de unomásuno cada fin de semana.

Esta libertad editorial de la que gozaba Batis fue lo que hizo que se quedara en Sábado durante más de 25 años, rechazando ir a La Jornada con Benitez, o a Vuelta con Paz, Zaid y Krauze, proyecto que culminaría en Letras Libres.

Ese rechazo a las grande figuras es lo que posiciona a Huberto Batis como el periodista cultural de la contracultura mexicana. Si bien es reconocido, ya sea con admiración a su trabajo o con desprecio al mismo, el maestro Batis se mueve de forma discreta por los reflectores. En su última clase, informó a los presentes que el rector de la UNAM, José Narro, le haría un homenaje por sus 60 años de carrera. Aseguró, que estaría presente la Orquesta Filarmónica y que darían tacos sudados y pulque.

Por su parte, las publicaciones culturales actuales de México no harán grandes homenajes en Bellas Artes ni dedicaron unas cuantas páginas al retiro del gran maestro.

Su legado cultural, no solo en el periodismo, sino en la cultura mexicana, es invaluable.

La última clase de Huberto Batis se dio entre alumnos, quienes siempre fueron la prioridad del maestro. Se despidió de una forma sencilla y criticando a Excélsior por dedicarle más de media plana a Octavio Paz y tan sólo un cuarto a Porfirio Díaz:

–Miren nada más qué cosa. Octavio Paz en grande y Porfirio Díaz en chiquito. Los dos fueron caciques, pero don Porfirio fue un cacique más chingón. No hay derecho. Paz ni siquiera mató a nadie. Que yo sepa. Y miren: ¡Octavio Paz en grande y don Porfirio en chiquito! ¡Ya no hay respeto!

“A mí ese cabrón de Paz me odiaba porque yo era muy amigo de Elena Garro, y Elena escribía cosas espantosas sobre Octavio y yo las publicaba todas.

“‘¡Paz Total!’, dice aquí. Y don Porfirio chiquito. ¡Qué poca madre!”

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