Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

La religión en la red

La religión posee múltiples aristas y es uno de los temas más polémicos. Pero, ¿qué ocurre con la religión en el ciberespacio?

Internet posibilita que diversas religiones, credos, sectas, órdenes y grupos que pregonan la espiritualidad, difundan “su mensaje”, “conectarse” con un amplio número de personas, incrementar los fieles o seguidores y proveer servicios.

Sin embargo, queda la sensación de que las tecnologías de la información y la comunicación (TICs) han evolucionado mucho más rápido que la capacidad de las sociedades para asimilar la presencia de la religión en la red. Existen actores religiosos y promotores de la espiritualidad con una larga tradición e infraestructura en el mundo real, que entienden la importancia de incursionar y aprovechar las oportunidades que ofrece el mundo virtual. Hay otros, de reciente aparición, que luchan por ganar adeptos y beneficios.

En un documento titulado “La Iglesia e Internet” el Vaticano refiere que “los medios de comunicación ofrecen importantes beneficios y ventajas desde una perspectiva religiosa: transmiten noticias e información de acontecimientos, ideas y personalidades del ámbito religioso, y sirven como vehículos para la evangelización y la catequesis. Diariamente proporcionan inspiración, aliento y oportunidades de participar en funciones litúrgicas a personas obligadas a permanecer en sus hogares o en instituciones. Además de estos beneficios, hay otros que son peculiares de Internet. Proporciona al público un acceso directo e inmediato a importantes recursos religiosos y espirituales: grandes bibliotecas, museos y lugares de culto, documentos del magisterio, y escritos de los padres y doctores de la iglesia, y la sabiduría religiosa de todos los tiempos”.

Y añade: “Internet es importante para muchas actividades y programas de la iglesia: la evangelización, (…) tradicional labor misionera ad gentes; la catequesis y otros tipos de educación; las noticias y la información; la apologética, el gobierno y la administración; y algunas formas de asesoría pastoral y dirección espiritual. Aunque la realidad virtual del ciberespacio no puede sustituir a la comunidad real e interpersonal (…) puede desempeñar tareas, complementarlas, atraer a la gente hacia una experiencia más plena de la vida de fe y enriquecer la vida religiosa de los usuarios, a la vez que les brinda sus experiencias religiosas. También proporciona a la Iglesia medios para comunicarse con grupos particulares -jóvenes y adultos, ancianos e impedidos, personas que viven en zonas remotas, miembros de otras comunidades religiosas- a los que de otra manera difícilmente podría llegar”.

La religión y la postmodernidad

No obstante, existen importantes desafíos. Al respecto, el Vaticano postula que “en un nivel muy profundo, a veces el mundo de los medios de comunicación puede parecer indiferente e incluso hostil a la fe y a la moral cristiana. En parte esto se debe a que la cultura de los medios de comunicación se ha impregnado progresivamente de una mentalidad típicamente posmoderna, según la cual la única verdad absoluta es que no existen tales o, en caso de que existieran, serían inaccesibles a la razón humana y, por tanto, irrelevantes”.La postmodernidad “denota un fastidio, una suerte de rechazo, negación, abandono a cualquier explicación, iniciativa o proyecto. (…) Según la postmodernidad, las sociedades no son sujetos ni promotoras del cambio social. Antes bien, las personas se tornan pasivas, conformistas, pesimistas, carecen de valores y fe. Así, los individuos se tornan ‘quietos’, son incapaces de modificar sus condiciones de vida y, menos aún son capaces de hacer proyecciones sobre el futuro”.4 En la postmodernidad, la espiritualidad, en cualquiera de sus acepciones es desafiada.

En la red es cada vez más visible un cierto “relativismo religioso” que se manifiesta en la forma de sincretismo postmoderno. Así, la espiritualidad parece convertirse en una mercancía que se puede adaptar al gusto y la necesidad de cada quien. Una mirada rápida a las redes sociales revela una enorme cantidad de productos espirituales amparados en una presunta espontaneidad y la renuncia a los aspectos más visibles y tradicionales de las religiones.

Un fenómeno cada vez más recurrente es que la religión en línea se construye de manera crecientemente personalizada, postulando una espiritualidad autónoma, individual, la cual, de manera simultánea, suele rechazar la espiritualidad de la comunidad. Ello repercute, en las iglesias y las religiones más tradicionales, las que ciertamente han incursionado en la red, compitiendo por seguidores frente a otros tantos productos religiosos o semireligiosos que ahí se ofertan. A manera de ejemplo, en Twitter, el papa Francisco (@Pontifex) cuenta, en el momento de escribir éstas líneas, con 5 millones 690 mil de seguidores en inglés, mientras Justin Bieber (@justinbieber) reúne a 61 millones 400 mil -es decir, 12 veces más. Francisco ha hecho apenas 523 tuits con mensajes que exaltan el amor a dios, el perdón, el sentido de la cuaresma, etcétera. En cambio, Bieber tiene 28 mil 300 tuits, sobre asuntos del espectáculo, comentarios y monosílabos.

En la era de las TICs, todos tienen algo qué decir, y sobre todo, siempre hay personas dispuestas a secundar lo que comentan. Pero es curioso que haya más individuos dispuestos a leer y celebrar los monosílabos de un joven cantante, que aquéllos interesados en lo que el papa Francisco tiene que decir.

Aunado a lo anterior, el Vaticano advierte que “entre los problemas específicos creados por Internet figura la presencia de sitios llenos de odio dedicados a difamar y atacar a los grupos religiosos y étnicos. Algunos de ellos toman como blanco a la iglesia católica. Como la pornografía y la violencia en los medios de comunicación, estos sitios de Internet evidencian la componente más turbia de la naturaleza humana, dañada por el pecado. Y aunque el respeto a la libertad de expresión exige a veces tolerar hasta cierto punto incluso las voces de lo negativo, la aplicación de la autorregulación y, cuando sea necesario, la intervención de la autoridad pública, deberían establecer y hacer respetar algunos límites razonables acerca de lo que se puede decir”.

Sin embargo, en el postmodernismo, las personas no parecen reconocer límites.

¿Dios vive en la red?

Antonio Córdoba preguntaba en un análisis publicado en el diario español El Mundo: “¿hacia dónde avanza la relación entre la religión y la red?” y respondía de inmediato: “solo Dios lo sabe”. La religión es importante para las sociedades, tanto para sus detractores como para los creyentes. Éstos últimos, en su mayoría, postulan que “Dios está en todas partes” y asumen que su presencia también se produce en el mundo virtual. En consecuencia dios también vive en la red.

Luis Ignacio Sierra lo explica con certeza: “la pantalla, particularmente la de la computadora, es, en este caso, el nuevo templo que congrega, convoca a multitudes para practicar y compartir un solo credo: la globalización del mensaje religioso, en simultaneidad con los distintos acontecimientos. Se ha convertido en ‘púlpito virtual’ desde donde emanan toda clase de discursos, que van desde la más pura ortodoxia hasta los más refinados esoterismos”.

Así, por una parte se tiene en la red a las religiones y las espiritualidades tradicionales, en una lucha por reivindicarse ante las sociedades en un mundo dinámico y cambiante. Por otra se observa una fragmentación de las experiencias religiosas, con características indefinidas, variadas y eclécticas, que en muchos casos denuncian a las religiones tradicionales y ofrecen una alternativa a éstas. En este sentido, la ciberiglesia es una realidad en el mundo virtual.

Se atribuye la creación de la primera ciberiglesia (www. godweb.org) al reverendo Charles Henderson, ministro de la iglesia presbiteriana en Nueva Jersey, Estados Unidos. Al lado de Henderson, figuran otras importantes iniciativas que incluyen a la primera iglesia virtual de Escocia, la Web- Church (www.webchurch.org), en cuyo portal se señala que “existe para ayudar a que te conectes con Dios. Y en la medida en que busques la conexión con Dios, ten la seguridad de que él se conectará contigo”.

A estas iniciativas hay que sumar otras que incluyen a www.amen.net, una aplicación que se puede instalar en los teléfonos inteligentes y en las tabletas de los usuarios interesados para acceder a la biblia; www.cristianet.com, portal que afirma ser el primer sitio cristiano en la red en español; www.webislam.com, el cual reúne una amplia cantidad de información religiosa, económica, cultural, política del islam y los países árabes; www.hebreos.net, similar al portal anterior, aunque dedicado al judaísmo; www.ec.aciprensa.com/wiki, enciclopedia católica en línea; www.encyclopediaofauthentichinduism. Org, enciclopedia “auténtica” del hinduismo; catholic.net, uno de los primeros portales católicos del mundo; www.jw.org, el portal de los testigos de Jehová; www. bahai.org, sitio oficial de la comunidad bahá’i, etcétera.

En la red es posible experimentar una “experiencia religiosa”, inclusive participando de manera muy activa. Está el caso de www.ship-of-fools.com, el cual posibilita que el usuario elija un personaje en 3D para ingresar a un templo e interactuar con un grupo de fieles, además, de presenciar la misa oficiada por un sacerdote de la iglesia metodista. El usuario puede elegir cómo interactúa: de pie, sentado, arrodillado, y si participa en los cánticos o no.

Presente y futuro de la espiritualidad

Las sociedades postmodernas se asientan en entornos crecientemente urbanos; disponen de poco tiempo para cumplir con las tareas cotidianas; operan con un notable estrés, sea por la premura de llegar a tiempo, sea por las exigencias de sus entornos escolares y/o laborales; ingieren cualquier alimento solo para “matar el hambre”; son cada vez menos gregarias y más individualistas; tienen en la cibereligión y en la amplia oferta de bienes y productos espirituales disponibles en línea, un espacio al que pueden acceder desde distintos dispositivos en cualquier momento, sin tener que trasladarse físicamente a la iglesia, al templo o al lugar en que habitualmente confluyen los fieles para rezar o buscar consuelo. Hay servicios que requieren la presencia física, por ejemplo los bautizos, las bodas, las comuniones, las misas para los fallecidos y los enfermos; sin embargo, estos eventos son ocasionales y hay otras prácticas que aparentemente están cayendo en desuso en favor del “púlpito virtual”.

Los seres humanos requieren, en general, satisfacer necesidades espirituales. ¿Cómo lo hacen en la era de las TICs? Al igual que en otros ámbitos, la religión y la espiritualidad en la red están supeditadas al conocimiento que sobre el ciberespacio tienen tanto los grupos religiosos como los usuarios comunes y corrientes. El acceso a Internet es muy desigual en el mundo. El analfabetismo digital es una realidad para las generaciones más longevas frente a las más jóvenes, lo que sugiere el desarrollo de una “brecha digital espiritual”. Las comunidades más activas en la red tienden a marginar a aquellas que no pueden interactuar de la misma manera.

En Estados Unidos se ha documentado que los blancos liberales son muy activos en el ejercicio de su espiritualidad en línea, a diferencia de los afroestadunidenses y otras minorías. Las nuevas generaciones decantan en favor de religiones, sectas, credos o tendencias espirituales que tienen presencia en la red y que ofrecen productos “atractivos”, lo que deriva en una redistribución geográfica de los feligreses.11 En este sentido, una parte importante y creciente de la oferta espiritual en línea, se orienta menos a ampliar el número de fieles y militantes, y más a vender diversos productos.

Algunas de las iglesias más tradicionales, como la católica, pasan por un muy mal momento, e intentan recuperar presencia, autoridad moral y fieles. Quizá por ello el papa Francisco declaró en enero de 2014, que Internet es un “don de Dios” y da pie a muchas oportunidades para generar encuentros y solidaridad entre los seres humanos. Remar contra la corriente de la digitalización del mundo no parecía una buena idea. Ya su antecesor, Benedicto XVI, había instado a los sacerdotes a incursionar en la red.

En todo caso, la espiritualidad en el ciberespacio es una reproducción de las contradicciones, necesidades y aspiraciones que tienen las sociedades en el mundo real. Solo que en un entorno tan privatizado como el ciberespacio, la “oferta” espiritual -de entidades con o sin escrúpulos- puede tener un efecto de alto impacto en personas que en solitario utilizan su teléfono inteligente, su tableta o su computadora para buscar “ayuda” o “comprensión” ante los avatares de la vida cotidiana. Internet supone la muerte de las distancias, pero también, al posibilitar comunicaciones instantáneas limita el tiempo de reflexión y análisis para tomar decisiones.

Ni en la esfera real ni en la virtual están las respuestas a los desafíos del mundo moderno, dicho lo cual, el papel de la espiritualidad en la red requiere un cuidadoso análisis, pues la velocidad con la que ha progresado en el ciberespacio la ha colocado en un lugar de suma importancia en un mundo crecientemente globalizado pero, paradójicamente, cada vez más individualizado. En este entorno no queda claro que la religión en la red sea lo que los cibernautas necesitan. Mientras tanto la oferta de espiritualidad en línea aumenta. ¿Hasta dónde y hasta cuándo? ¡Solo dios lo sabe!.

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