Cinque Terre

Juan Manuel Alegría

Director de Reporte Mexcal. Articulista del Diario Noticias y Etcétera.

La prensa y el gobierno

Con la apabullante irrupción de Internet y su fantástica velocidad para trasmitir información, así como la intrusión de cualquiera como “periodista ciudadano”, o el crecimiento del periodismo “emergente” y el “emprendedor”, se comenzó a hablar de una crisis del periodismo. No obstante, para algunos estudiosos, el periodismo siempre ha estado en “crisis”, como señala el maestro de Estructura de la Información de la Universidad de Sevilla, y autor de varios libros sobre periodismo, Ramón Reig:

 

La crisis del periodismo está ahí, casi desde siempre, desde el momento en que los periodistas tropiezan con varias “Pes”: la P de Propiedad de los medios de producción de la noticia, la P de Publicidad, la P de la influencia Política, la P de Producción de la noticia sobre la base de redacciones pasivas a las que “se les olvida” salir a la calle a buscar noticias propias y transgresoras. La P de Públicos que van buscando aquello que desean oír y no aquello que sucede. Y la misma P de Periodismo en forma de periodistas más cercanos a su empresa y a “lobbies” de poder que al periodismo. (Crisis del sistema crisis del periodismo).

 

Hemos hablado en otra ocasión de que no existe un medio independiente. Básicamente casi cualquier medio está comprometido con la actividad empresarial: es primero negocio que un servicio al público; o está interesado en la obtención de poder o tiene compromisos con el poder, o simpatiza con una ideología, con la que en ciertos casos se convierte en periodismo militante (de derecha o izquierda), es decir, la publicación de la verdad y la censura están supeditadas a las presiones financieras, políticas, morales o ideológicas.

 

Se ha criticado a la prensa por la sumisión al poder en turno, se ha tachado a los periodistas como “vendidos”. El embute no es nuevo; ya desde tiempos del primer presidente de México, Guadalupe Victoria, había periodistas que recibían de parte de ese héroe de la Independencia lo que después se llamaría “chayote”.

 

Algunos gobiernos usaron la represión para callar a los periodistas críticos; fueron famosos Antonio López de Santa Anna y Porfirio Díaz en el siglo XIX. El oaxaqueño fue más allá y creó sus propios medios y subvencionó otros:

 

En 1888, el gobierno tenía treinta periódicos subvencionados en la capital, que requerían para su sostenimiento de unos 40 mil pesos al mes; 27 periódicos oficiales en los estados y casi toda la prensa del interior. Según un cálculo aproximado de El Hijo del Ahuizote, al estado (sic) mexicano le costaba sostener este aparato de propaganda oficial, tanto como los 248 diputados y los 56 senadores federales y las 27 legislaturas locales, o sea poco más de un millón de pesos al año. (El periodismo en México. 500 años de historia de Luis Reed Torres y María del Carmen Ruiz Castañeda).

 

Antes de terminar el siglo (1896), nació El Imparcial (y el amarillismo resurgió) dirigido por Rafael Reyes Spíndola, quien formaba parte de los “Científicos” y amigo de José Yves Limantour (secretario de Hacienda), por eso don Porfirio subvencionó al diario con 50 mil pesos al año (una fortuna: el peso estaba a la par del dólar); se compró equipo moderno y permitió vender el diario en un centavo el ejemplar, lo que arruinó a medios críticos. Esa empresa también publicó cuatro diarios más y pagó a agencias de noticias como Regagnon, Telegráfica Mexicana y Cablegráfica. Con los movimientos sociales en el mundo, el desarrollo de la democracia y la difusión de conocimiento de los grandes pensadores, la persecución a las voces críticas disminuyó, pero con más menos variantes, el poder censuró o matizó la crítica, bajo el eufemismo de “publicidad”.

 

 

 

Es en esas “Pes” a las que se refiere Reig donde nos detendremos: “la P de Publicidad, la P de la influencia Política”. Una de las razones por las que un medio o los periodistas del mismo pueden faltar a la ética y al compromiso con las audiencias, es cuando informa de acuerdo a los intereses del consorcio dueño del medio, o a las exigencias de sus mayores anunciantes. Por eso, señala el maestro Niceto Blázquez:

 

“La prensa no es sincera cuando denuncia los injustos tratos de privilegio porque ella misma tiene sus propios intereses. Su mayor defecto es la propiedad y no puede ser imparcial y verdadera defensora del bien público en la medida en que sus propietarios están interesados en otros negocios”. Sobre ese punto, señala: “La ética recuerda que ante estos hechos la empresa informativa debe resolver sus problemas económicos sin invertir la escala de valores suplantando el ideal de verdad por el del lucro”.

 

La relación prensa-gobierno usa un eufemismo, al llamar “publicidad” a la difusión de sus actividades en los medios, cuando debería ser “propaganda”, como bien lo describió el autor de los textos que conformarían las directrices de la política entre la prensa y la oficina de comunicación del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz, auspiciada por Luis Echeverría, entonces secretario de Gobernación:

 

“Publicidad es el conjunto de técnicas de efecto colectivo utilizadas en beneficio lucrativo de una empresa. La propaganda, ya se dijo, intenta la adhesión, la concurrencia simpática de la ciudadanía a un sistema de gobierno”. (Jacinto Rodríguez Munguía en La otra guerra secreta. Los archivos prohibidos de la prensa y el poder).

 

Es eso último y no otra cosa lo que desea un gobierno que paga por la publicación de sus obras. Lo que quiere es convencer y lo logra con la repetición. La prensa ha dependido en gran medida del dispendio del gobierno, son escandalosas las cantidades que cualquier gobierno (federal, estatal o municipal) eroga para el pago de la publicación de sus “logros”.

 

Esta relación insana entre el poder y lo que se considera un contra-poder es una de las razones de la mediana calidad periodística y la pérdida de credibilidad en los medios. El compromiso con el poder produce banalización de la información; se desinforma y oferta una sobreabundancia de contenidos “basura”. También ha alterado la percepción entre comunicación e información. En el tema político, mucho de lo publicado proviene de las instituciones: “La PGR (el lector puede apuntar aquí cualquier otra institución) informó…”; “El vocero de (…) señaló…”; “En un comunicado de la institución…”.

 

Eso es “comunicación” no información. Aunado a que un promedio del 80% de las notas informativas son declaraciones, un periodismo que no cumple con los ideales.

 

Los gobiernos han subsidiado, por decirlo de alguna forma, a muchos medios. Los han rescatado de la quiebra, los ha apoyado en sus negocios, los han beneficiado de diferentes formas: “La verdad es que los gobiernos y los medios de comunicación se explotan y censuran mutuamente, ante el desconcierto del público sufrido, que cada vez desconfía más de todos ellos” (Blázquez en El desafío ético de la información). Durante todo el siglo XX existió de manera más o menos velada ese ayuntamiento; varios autores se han ocupado del tema, Raymundo Riva Palacio, Rafael Rodríguez Castañeda y otros, como el autor citado arriba con el bien documentado libro mencionado y uno más, Las nóminas secretas de Gobernación.

 

 

 

En no pocos casos el gobierno se ha inmiscuido en conflictos internos, y ha erogado recursos financieros para una de las partes. Un ejemplo. En Tiempo de saber, de Julio Scherer y Carlos Monsiváis, Jorge Velasco, quien junto con otros periodistas fuera expulsado de Excélsior en 1965, habla del tema y la sobrevivencia de los disidentes:

 

Echeverría abrió el juego para nosotros, los expulsados de Excélsior. Habría dinero para mantenernos en la lucha contra la pandilla hasta su destrucción final. […] Como primera medida alquilamos unas oficinas en el décimo piso, despacho 1003, del edificio San Antonio (polvo por el temblor de 1985), marcado con el número 64 de la Avenida Juárez, a unas cuadras de Excélsior. Gobernación cubriría la renta, el sueldo de la secretaria, el teléfono, la papelería, el alcohol cuando hiciera falta, que no hay como un trago para humedecer el alma.

 

Los viernes, días de pago en la caja de la cooperativa, también serían días de pago en el despacho de San Antonio. Todo proveería Gobernación: percepciones, vacaciones, gratificaciones trimestrales, licencias por enfermedad, la recompensa del fin de año […].

 

Hace unos 15 años entrevisté al perredista Héctor Miguel Bautista López, entonces presidente municipal de ciudad Nezahualcóyotl. Me comentó que al inicio de su gestión existían cerca de 60 medios en el municipio, los que recibían publicidad del Ayuntamiento. El edil se negó a seguir pagando: “me golpearon duro —dijo—, pero no cedí”. Poco a poco los medios fueron emigrando o despareciendo. Por las fechas de la entrevista comentó que solamente quedaban cerca de una docena de periódicos en Neza.

 

Existen muchos medios en el país que viven por obra y gracia de la publicidad institucional. Un medio, cuya sobrevivencia se debe a un gobierno, obviamente será amable con él; en contraparte, su opositor no recibirá el mismo trato. Tal vez ya no ocurra lo que documenta Rodríguez Munguía en su obra citada, donde de Gobernación salían las instrucciones o regaños a los dueños, directores, editores o columnistas. Tal vez ya se aprendieron su parlamento. Ahí se refugia la autocensura. El que escribe sabe que su texto puede ser censurado y elimina lo caustico o venenoso que pudiera llevar en su crítica al gobernante.

 

Se calcula que un conglomerado, dueño de un medio, recibe por éste ganancias un poco mayores al 5%. Entonces, ¿por qué lo mantienen como empresa si no es rentable? Pues porque se obtiene influencia y poder político; porque con ellos se puede cabildear para negociaciones políticas o comerciales; para apoyar o derribar proyectos políticos o ideológicos… y, en algunos casos, para unos cuantos obtengan ganancias personales (mientras los que hacen el trabajo, los reporteros, viven en la precariedad) porque los medios no están sometidos a controles económicos como los otros poderes: “Un diputado, un funcionario, un ministro o un juez acabaría en prisión si recibiera dinero de sector o persona en litigio. Los medios todos los días reciben dinero (mediante publicidad o cualquier otra vía) de sectores interesados o con vocación de influencia sociales”. (Pascual Serrano).

 

Los medios privados, sostiene Serrano, pueden ser más serviles con el poder político, ya que la mayor parte de sus ingresos procede del gobierno: “publicidad institucional, medidas fiscales beneficiosas, subvenciones, ayudas”.

 

Los medios críticos denuncian los millonarios gastos del gobierno en “publicidad”, sin embargo, alzan la voz para señalar que no hay equidad en la repartición de ese pastel o se lamentan, como Rogelio Hernández López. Su texto “El recorte arrastrará a la prensa”, publicado en el 19 de septiembre en Eje Central dice:

 

 

 

Tienen razón los empresarios de la prensa y los periodistas en preocuparse. A la mayoría les afectará el recorte al presupuesto federal para el próximo año. Para este sector las reducciones de ingresos serán demasiado sensibles […].

 

Aunque no sea propiamente una industria, las actividades de comunicación, información y prensa en todo el país si conforman un sector cuyos valores de inversión, de personal ocupado, de ingresos y utilidades muy pocos conocen con exactitud. El dato más difundido, por ejemplo es que la inversión privada y pública en publicidad representó en 2013 y 2014 la cantidad promedio de 70 mil millones de pesos.

 

Esos montos aumentaron en 2015 al menos 3% (72 mil) y en 2016 aumentarían a 75 mil millones de pesos por lo menos, de acuerdo con estimaciones de empresas de estudios publicitarios […].

 

Así que, en 2017 el escenario brumoso se completa al ponderar las reducciones paulatinas en este rubro de los tres niveles de gobierno, con los vaivenes de la (sic) valor del peso frente al dólar y por el incremento de necesidades de gasto social, pagos de deuda y de operación de los gobiernos estatales.

 

Todo eso permite inferir que los totales de esos gastos no federales disminuirán a 3 mil 600 millones en los estados y 1800 en los municipios para un total no federal de 5 mil 400 millones en 2017.

 

Primera conclusión de este escenario es que la prensa será arrastrada hacia abajo, por los recortes drásticos al gasto público.

 

Un medio no debería depender del dinero de un gobierno. La mayoría no ha podido ni sabido desembarazarse de ese lastre que significa para el periodismo de calidad estar ligado a las arcas del gobernante. En varios países se buscan otras formas de financiamiento. Una muy peligrosa es permitir la sociedad con bancos y conglomerados de la iniciativa privada. Pero hay otros modelos de patrocinio o filantropía, como el “micromecenazgo” (crowdfunding): hacer socios a los lectores con pequeñas cantidades de dinero.

 

El medio tiene que estudiar los modelos que le convengan, pero es obvio que nada ganará si no mejora ostensiblemente sus contenidos, que deberán ser exclusivos (y no como ahora que todos reproducen la nota más escandalosa: el “vampirismo”); reportajes relevantes para el lector, y análisis con verdaderos especialistas, entre otros puntos. Luego vendrá la publicidad…

 

Si es cierto lo que intentan vender los medios al lector (decir la verdad) deberían releer lo que Joseph Pulitzer escribió en su declaración de propósitos de la Escuela de Periodismo de la Universidad de Columbia: “Para que el diario sea útil para los lectores; debe tener circulación, porque la circulación significa avisos (anuncios) y dinero, y el dinero es indispensable para dar más noticias a los lectores”.

 

Sobre ello señala Javier Darío Restrepo:

 

“En ese esquema el lector es el comienzo y el fin del proceso; la circulación, la publicidad y el dinero son un medio para servir a ese lector: Casi un siglo después, el lector ha desaparecido como principio y fin de un periódico y en su lugar reinan la publicidad y el enriquecimiento de la empresa, que es el esquema de la degradación de periódicos y noticieros”. (El zumbido y el moscardón) .

 

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