Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

La opacidad de las encuestas

A nadie escapa que las encuestas en tiempos electorales no son sólo, como se ha querido aparentar, una “fotografía” de las preferencias electorales, sino también un actor interesado que puede influir en las decisiones de los votantes. Es evidente que si alguna encuesta determinada le da treinta puntos de ventaja a algún candidato, la población podría asumir que ya valió madre y evitar acudir a las urnas resignadamente.

En estas elecciones que terminaron el domingo pasado muchas son las lecciones que podemos tomar como ciudadanos. La primera es que hay partes interesadas que contratan y pagan las encuestas y en consecuencia debería ser público y evidente quiénes son los que las ordenan, qué montos gastan y con qué fin las publican. Sin embargo, este es un territorio de una opacidad alarmante que se magnifica por la enorme varianza que hay entre muchas casas encuestadoras lo que no puede sino generar suspicacias. Este problema de la varianza me sorprende muchísimo; si yo contrato a un carpintero para que haga la casa del perro y esta le queda con los clavos de fuera el piso chueco y con goteras, le pagaría menos de lo pactado y nunca más lo volvería a llamar. Sin embargo, las casas encuestadoras frecuentemente tienen márgenes de error monstruosos y siguen trabajando como si nada hubiera pasado, como si ello fuera parte de la normalidad estadística y ello no es así.

Vayamos a un ejemplo concreto; hace unas semanas el periódico Reforma sorprendió a todos al dar un diferencial de intención de voto de 4% entre Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador. El asunto parecía mágico y todo mundo lo utilizó; el mismo AMLO salió sonriente ese día con la portada del periódico ante cámaras. Ciro Gómez Leyva, periodista de Milenio, en cambio, defendió su propia encuesta (que siempre le dio a Peña Nieto una ventaja brutal) y retadoramente escribió “nos vemos el 2 de julio”. Bien hoy es 2 de julio y en el momento que escribo esto, la ventaja de Peña Nieto no es de más de cuatro puntos lo que supone que un montón de encuestadoras fallaron de manera alarmante.

Este país necesita certidumbres, el escepticismo nacional se ha apuntalado ante decenas de engaños. Ciertamente las encuestas no jugaron el mejor de los papeles en esta elección. Los ciudadanos deberíamos exigir cuentas ante este problema (un servidor no, porque no soy líder de opinión ni de mi casa) pero creo que debemos reflexionar críticamente sobre lo que aquí pasó y esperar que no se vuelva a repetir.

Por cierto ¿Dónde andas Ciro?

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