Jorge Meléndez Preciado

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Periodista

La misteriosa ética de Televisa

Mientras en Tercer Grado invita y le da un lugar preponderante a Héctor Aguilar Camín, acaso el más insistente en que los medios contribuyen a difundir, sin una posición clara y certera, los mensajes de los narcotraficantes, Televisa aduce comportamientos éticos y humanitarios para no informar más acerca del posible secuestro de Diego Fernández de Cevallos. ¿Mensajeros del narco?

Aguilar Camín, haciéndose eco de un editorial aparecido en El Universal, señala que varios medios deberían ponerse de acuerdo para hacer una discusión a fondo y normar a la prensa. Sólo plantea que lo deben realizar dos televisoras, algunas radiodifusoras y tres medios impresos (Milenio, El Universal y Reforma). O sea, una -minoría en términos de presencia, aunque tengan el mayor auditorio- dictaría las reglas “buenas”.

Es cierto, no es conveniente el asambleísmo para lograr consensos de asuntos capitales, pero no se olvide que los diferentes gobiernos han dado mayores prebendas a unos cuantos, esos mismos que ahora nos dirán cuál es la línea a seguir. La discusión, como es normal en los encuentros televisivos, casi siempre la gana quien más interviene y al que el conductor trata de apaciguar pero rara vez puede. Y en este caso resulta extraño que a una comentarista bastante seria, aunque no se coincida siempre con ella, Denise Maerker, se le arrebate la palabra, especialmente por parte de Carlos Marín. Que la guerra mediática es más efectiva por audacia, medios y coordinación por parte del llamado crimen organizado, lo anotó Ciro Gómez Leyva, quien incluso dijo que frente al gobierno aquellos ganan nueve a uno. Y la afirmación desesperó una vez más a Héctor, quien de inmediato tomó la palabra. Para Ciro, el crimen organizado es una nota importante a discutir, a lo que Aguilar apuntó: “Como lo estamos haciendo aquí”. Y los demás, la mayoría, viéndolos; no es que callemos, sino que a pesar de apuntar varias cuestiones no tenemos los foros ni las múltiples posibilidades, ya que la inequidad es cada vez más evidente en los diferentes espacios, claramente los audiovisuales. En el programa televisivo hicieron planteamientos correctos: ¿a quién le sirve la información cuando se presenta? ¿Es necesario medir las consecuencias de los actos? ¿Debemos evitar las fotografías y escenas sangrientas? Claro, son indispensables los códigos de ética, aunque sería mejor una deontología (consultar la obra de Marco Lara y Ernesto Villanueva). Por cierto, el código de la Cámara Nacional de la Industria de Radio y Televisión redactado hace varias décadas ha servido de poco, más bien pareciera que se elaboró para cubrir un requisito ante el gobierno federal ya que no tiene mayor aplicación.

El silencio de Televisa

Y justamente la ética se esgrimió por parte de Televisa con el objeto de no dar mayor información acerca del caso Diego, luego que presentaron un programa especial. Y uno se pregunta: ¿no decir nada es buena táctica en un medio? Recordemos, empero, Televisa en varios asuntos no ha dado pruebas de esa ética que esgrime. Ni para decirnos que ellos controlan la selección nacional de futbol ni mucho menos en el caso de F lorence Cassez, donde un acto de comedia organizado por Genaro García Lunaha creado un problema internacional entre México y Francia. (Ah, y además despidieron al reportero Pablo Reinah, alguien sacrificado para evitar dar explicaciones y no hubo indemnización.) Entonces uno se da cuenta qué pasa: una administración federal hecha bolas, la cual no ha dado resultado alguno en más de una semana; la fami l ia que pide que cesen las pesquisas ya que la vida del secuestrado está en peligro y una foto en las redes sociales que tiene mucha semejanza con el terrateniente de Querétaro. Esos misterios gubernamentales, hoy presentes en el caso de Paulette, los balazos al general Acosta Chaparro, las declaraciones de Felipe Calderón sobre que no fue el narco quien apañó a Diego, pues esos malosos se comunican de otra manera y otras cuestiones más, enturbian el ambiente y no hay brújula qué consultar. Revisar la comunicación y revisarnos, algo ineludible pero no por ni para unos cuantos.

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