La mirada transgresora

A mediados del siglo XIX, especialmente en París, circularon decenas de miles de imágenes como esta, no exageramos, en daguerrotipo o impresas en papel. Significaron muchas cosas a la vez: registro de la fotografía como elaboración fantástica de lo más cercano a la realidad, recreación visual de la desnudez, entre lo más íntimo de los humanos, solaz esparcimiento al constatar que había piel bajo las bombachas de las mujeres de aquel entonces (aunque aún no era el tiempo para descubrir también, impúdicos, lo mismo entre los hombres). Pero acaso sobre todo significaron un reto a la doble moral y a la decencia que intentó maldecir e incluso suprimir la libertad de mirar.

No sabemos quién fue esta mujer, pero sí sabemos que ella implicó el reto de no encasillar a la mujer en una esfera. Digamos que para asirla en su diversidad, el erotismo fue una de las provocaciones más efices (y lúdicas). Así, la mirada fue transgresión, lo sigue siendo en más de un sentido. Ya las otras derivaciones de la invasión a la intimidad no tienen que ver con ella.
La Redacción

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