Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

La mentira, epidemia nacional

No, querido lector, el título de esta colaboración no hace referencia a que me encuentre en estado de ebriedad cantando una de los más celebres títulos de “Los Panchos”; en realidad se trata de analizar, con la falta de rigor que me ha convertido en leyenda, esta conducta endémica que alcanza ya condiciones de epidemia a nivel nacional.

Cuando era niño me contaron la historia de Pinocho, un infante de madera asesorado por un grillo que cada que faltaba a la verdad recibía un aumento nasal que lo dejaba en calidad de un ahuehuete proboscídeo. La historia me pareció extrañísima y entendí poco pero me di cuenta de que la mentira se convertiría en un elemento consuetudinario cuando escuché a mi padre decir “que no estaba” ante una llamada telefónica indeseable.

Mientras escribo esto escucho la noticia de que anoche se dieron hasta con la cubeta simpatizantes del PRI y del PRD en Cuajimalpa. En las entrevistas pasa lo que tiene que pasar. Los del PRI dicen que fueron agredidos y los del PRD declaran sorprendentemente lo mismo, es evidente que alguien miente y para variar esto no se va aclarar nunca. Cambio de canal y veo a un mamarracho de sombrero texano que en ese momento le pone lo que las abuelitas llamaban “una regañiza” a sus potenciales electores que en lugar de mentarle la madre lo miran como se mira a un monolito.

Cuando entrevistan a este pobre hombre niega lo que todos acabamos de ver y dice que “la llamada de atención era para su equipo de campaña”.

Mentiras.

El futbol es una de mis pasiones favoritas y siempre me ha llamado la atención cómo un jugador realiza una entrada en la que prácticamente deja con fractura expuesta al atacante para de inmediato levantar las manos en señal de inocencia. Los alumnos copian en los exámenes, nuestros gobernantes nos ocultan sus bienes y cuando los descubren siguen una estrategia muy similar a la que sigue un topo para cavar su madriguera.

Aparentemente nuestra vocación por las mentiras se fortalece durante el período electoral ya que existe un incentivo muy poderoso que es el llegar a las mieles del presupuesto. Decía mi Tío Luisito que “el prometer no empobrece, cumplir es lo que aniquila” y bajo esta máxima nuestros candidatos voltean a ver a la ciudadanía y ofrecen cosas como: “Más salarios y menos impuestos”, spot que le escuché al PAN y que muestra que su conocimiento financiero es tan bueno como el de un pirul, aunque la otra hipótesis es que engañar a gente engañable tendrá réditos.

Por supuesto los amos y maestros en esto del engaño son los del Partido Verde que han hecho una carrera delictiva que envidiaría Al Capone; sus ofertas siempre son muy apetitosas porque habría que ser imbécil para no desear cosas gratis, medicinas a disposición o un “medio ambiente sano”, el problema es que, en primer lugar, las carencias en este país hacen que veamos como el maná algo que es responsabilidad de nuestros gobernantes; y la segunda es que estos mamarrachos de ningún modo pueden acreditarse estos logros en soledad.

Emerson dijo: Al que juró hasta que ya nadie confió en él; mintió tanto que ya nadie le cree; y pide prestado sin que nadie le dé; le conviene irse a donde nadie lo conozca. Evidentemente nunca viajó a México donde la gente sigue votando por partidos que han expoliado al país durante décadas, lo que nos lleva a concluir que la mentira en este país es algo normal que se considera inclusive socialmente aceptable y entendible.

No me considero un paladín de la verdad, nada más lejos de mi intención, después de todo fui un padre que le dijo a sus hijos que existe un gordo que trae regalos y hace unos días le dije a un amigo muy pastoso “ahorita vengo” sin que el pobre se diera cuenta de que no tenía la menor intención de cumplir mi palabra. No se trata de ser modélico pero sí de señalar el signo de los tiempos con la ingenua esperanza de que estos cambien.

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