Cinque Terre

Ariel Ruiz Mondragón

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La literatura como voyeurismo

Creo que uno de los aciertos del libro es esta forma dialogada que hace que fluya la historia, que se entienda y que se componga, pero sin que haya un trabajo excesivo de planteamiento, nudo y desenlace. También, que tenga sus puntos de humor, porque cuando Olga no soporta lo que dice el otro pues se provoca un conflicto bastante simpático. Creo que queda mejor que si Luis lo hubiera contado directamente al lector.

Otro asunto es el papel que tiene la enfermedad en la novela. Al principio y al final hay mujeres enfermas. ¿Cuál es su papel en estas relaciones eróticas y de amor?

Siempre, cuando se habla de enfermedad, lo opuesto es la vida sana, que puede ser el deseo sexual. Creo que cuando uno está en sus últimos años, a los ochenta o algo así, lo que hace notar que la vida se ha acabado es que ni siquiera tiene deseos de ningún tipo, ni siquiera sexual, que es el básico. Entonces creo que era un asunto en el contrato social: la enfermedad, que viene a derivar en la muerte, y el sexo, que es la exacerbación de la vida.

De esa manera estaba estructurada su vida: estaba con la novia, que fallece, y acaba con otro personaje, que tiene sus problemas también.

Me llaman la atención dos temas que causan rechazo en la sociedad: el voyeurismo y la pederastia. En el libro se trata de una adolescente, pero la relación es solamente de miradas. ¿Qué riesgos se corren al hacer este tipo de historias?

Si vamos a eso, en cualquier biblioteca y en cualquier librería hay muchos libros más peligrosos que el mío, que celebran la violencia, la pedofilia. Pero el mío es reflexivo y más bien posibilista porque, como has dicho, ni siquiera se tocan entre ellos ni hay una conciencia de que estén haciendo nada malo. Es la obsesión de la mirada.

A mí me gustan mucho las novelas que te dejan en shock porque son muy punkies. Pero, a mi juicio y aunque la portada es muy llamativa, este libro no lo es especialmente, ni pretende ser tan obsceno, políticamente incorrecto ni nada por el estilo.

La moral también tiene un papel importante, como ocurre con Olga. De alguna manera ella representa un punto de vista tradicional.

Ella representa la ética, la formalidad. Es una outsider asocial, marginal, que funciona de manera contrapuesta. La explicación para su moral es la de los moralistas del siglo XX, como la liga contra el alcohol.

En la novela hay mucho erotismo, pero el amor está casi ausente. ¿Cuál es el papel que tiene en la novela?

Te daría la razón (risas). Es un tema casi publicitario, y yo prefiero que funcione por emanación: si la gente ve amor en algún hecho que yo pongo o cuento, pues estupendo, pero el concepto sí me parece ya prácticamente de centro comercial. Por eso no podría hablar mucho de amor.

 

También me parece que hay una suerte de reivindicación del voyeurismo. Hay una parte donde Luis dice: “Dejarse mirar es femenino, lo cual es una forma superior de ser porque es una situación que no es orgánica ni animal, sino más bien intelectual”.

No tanto una reivindicación pero sí, todo lo he contado sin ánimo condenatorio. No tengo intención de inculpar o de condenar esta práctica o vicio, pero tampoco de celebrarlo locamente. Solamente creo que no compete a los escritores juzgar. El personaje y su parafilia me parecían interesantes, y me ha dado por pensar por qué la gente hace eso, sin condenarlo ni tampoco celebrarlo.

Para finalizar: hay una parte donde Luis, en una discusión con Olga, dice: “Las palabras están podridas”. Para escribir experiencias difíciles de relatar, ¿cómo recuperar las palabras?

Si todas las novelas que tratan sobre representaciones y sobre escenarios e imágenes son metaliterarias, en realidad hablas de la propia literatura, de qué es la literatura. Cuando decimos escribir significa también escribir exhibicionismo. Yo tengo otros libros en los que doy cuenta de mi vida más o menos directamente, como ahora hay muchos libros en el ámbito hispano, desde el Di su nombre, de Francisco Goldman, o Tiempo de vida, de Marcos Giralt Torrente, que cuenta su relación con su novia fallecida y con sus padres, respectivamente. Son cosas muy íntimas, y eso convierte al lector también en un mirón.

 

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