Elias Canetti

Escritor. Premio Nobel de Literatura en 1981.

La Inventada

La Inventada no ha vivido nunca, pero está ahí y se hace notar. Es muy hermosa, aunque de modo distinto para cada cual. De ella se han dado descripciones extáticas. Algunos elogian sus cabellos, otros, sus ojos. Pero hay discrepancias en cuanto al color, que va desde un brillante azul dorado hasta el negro más intenso, y eso vale también para el cabello

La Inventada tiene distintas tallas y cualquier peso. Prometedores son sus dientes, que a menudo pone al descubierto. El pecho tan pronto se le encoge como se le hincha. Camina, se echa. Está desnuda o fabulosamente vestida. Sólo sobre su calzado existen cientos de datos diferentes.

La Inventada es inalcanzable, la Inventada se entrega fácilmente. Promete más de lo que cumple y cumple más de lo que promete. Revolotea, se queda quieta. No habla, lo que dice es inolvidable. Es descontentadiza, se dirige a cualquiera. Es pesada como la tierra, ligera como un soplo.

Parece cuestionable que la Inventada sea consciente de su importancia. También sobre eso andan a la greña sus adoradores. ¿Cómo logra que todos sepan que es ella? Claro que la Inventada lo tiene fácil, pero ¿habrá sido así desde el comienzo? Y ¿Quién la habrá inventado hasta hacerla inolvidable? ¿Quién la habrá difundido por la tierra habitada? ¿Quién la habrá endiosado y quién la vendería a bajo precio? ¿Quién la dispersó por los desiertos de la luna antes de que se izara en ella una bandera? ¿Quién envolvió un planeta en densas nubes por llevar su nombre?

La Inventada abre los ojos y jamás vuelve a cerrarlos. En las guerras, los moribundos de ambos bandos le pertenecen. Antiguamente estallaban guerras por ella, ahora no, ahora visita a los hombre en los frentes bélicos y les deja, sonriente, un retrato.

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