Andrea Zelaya Freyman

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Pintora.

La imagen del pensamiento

Este articulo fue publicado originalmente en la edición 147 (febrero de 2013) de la revista impresa, lo abrimos de manera temporal para su consulta.

Pensar el arte ha sido desde que tengo uso de razón uno de mis más grandes intereses. Es curioso, pero antes de usar herramientas que dibujen siluetas en un lienzo o papel, quienes pintamos esbozamos en la mente un concepto. Lo mismo un niño o un pintor consagrado, la obra creativa existe como germen en la mente del creador, es un sentimiento que toma forma, es la necesidad de recrear como dios un momento, un objeto o un sujeto que por un instante nos ha cautivado, lo atrapamos con la imaginación y lo volvemos nuestro, es sin duda un objeto del deseo que se vuelve parte de nuestro mundo mental. Por todo esto el arte conceptual me ha seducido y creo en él como principio originario de la imaginación. La obra artística queda reducida a la mente del artista.

Marcel Duchamp es el precursor del arte conceptual, junto con Ad Reinhardt, Frank Stella y Sol Le Witt, esto se encuentra en libros e investigaciones sobre los antecedentes del conceptualismo y no hay duda de ello, pero en la mayoría de los casos se ignoran las aportaciones de René Magritte, por eso en este texto, quiero demostrar su influencia e importancia para el conceptualismo, comparando su obra con uno de los más importantes representantes del arte conceptual: Joseph Kosuth.

Rene Magritte, pintor surrealista, nació en Bélgica en 1898, y en 1927 se estableció cerca de París en donde participó en el grupo integrado por Jean Arp, André Bretón, Salvador Dalí, Paul Eluard, y Joan Miró. Fue el segundo artista en cuestionarse la realidad misma de la pintura, después de que Picasso lo hiciera con su cuadro titulado “Naturaleza muerta con silla de rejilla”. Magritte aportó al surrealismo una carga conceptual basada en el cuestionamiento de la relación entre objeto pintado y objeto real, es decir, espacio concreto frente a ilusión espacial; “Las palabras y las imágenes” es un texto ilustrado del pintor de 1929, es una especie de poética o justificación para entender sus pinturas, que de modo semiótico explica la brecha entre imagen y palabra, la convención que hace de la palabra un doble de lo expresado y la mimesis como una ilusión representativa: “Un objeto no cumple jamás la misma función que su nombre o su imagen”. En sus cuadros plasma sus conocimientos de filosofía, semiótica, y utilización del lenguaje. Las ganas de explicar algunos puntos de lo que los estudiosos del lenguaje conocen como retórica, llevaron a Magritte a pintar metonimias (la parte por el todo) cuando se ocupa de hojas que son árboles; a invertir lugares comunes, cuando pinta un cuerpo de pez con piernas de mujer (sirena al revés a romper escalas arbitrariamente (manzanas que llenan una habitación).

La obra magritteana está dominada por el pensamiento racional, nada es azaroso, todo va en función de un concepto, donde nada falta ni sobra, como en un rompecabezas donde todos los elementos embonan, nos presenta una atmósfera convincente pero misteriosa, en donde se nos confunden las “realidades”, parecido al efecto que causan las pinturas de uno de los artistas que más lo influenció, Giorgio De Chirico.

Magritte es “el pintor entre los filósofos”, su pintura va más allá de la escenificación insustancial, importa más el concepto o idea que la forma, sus trabajos parecen acertijos que brincan entre lo objetivo y lo intelectual, cuestiona la frontera entre la realidad y la ficción.

Una de sus obras más trascendentes e influyentes para el conceptualismo fue “La tradición de las imágenes” en la que muestra que la palabra y la imagen establecen relaciones muy diferentes con la realidad, “A cada palabra corresponde un significado que siempre podrá ser sustituido por otro”. Estos recursos están circunscritos a lo visualmente representable; una pipa pintada no emite humo ni aroma, aunque transmita la impresión de plasticidad por medio del juego de sombras, ella no existe como pipa. Con esto logra hacernos conscientes de la función interpretativa de la mente y que entre las imágenes y las cosas se abre un vacío que ni siquiera el arte (pintura) permite cerrar. Magritte dijo que se ocupaba de la pintura para evocar, con imágenes desconocidas de lo que nos es conocido, el misterio absoluto de lo perceptible y de lo imperceptible. La imagen de la realidad es transformada por la carencia de la misma.

Su obra insiste sobre el tópico de que el arte no debe interesarse por la forma en sí, sino por las ideas o significados de que trata. La idea, entonces, reina en la obra y deja la materialidad de la misma, relegada a un segundo plano.

Por otro lado, en el trabajo de Joseph Kosuth se puede ver la gran influencia de Magritte, especialmente en una de sus obras más famosas One and the three chairs, así como en sus variaciones sobre el mismo tema como One and the three hammers.

Kosuth, es uno de los líderes del arte conceptual, nació en Ohio en 1945, estudio en el Toledo Museum School of Design y tuvo clases particulares con el pintor belga Line Bloom Draper, en 1963 asistió al instituto de arte de Cleveland. Se mudó a Nueva York en donde estudio artes visuales, antropología y filosofía. Kosuth dijo que el valor de un artista en particular, (después de Duchamp) puede ser medido de acuerdo con cuanto éste se cuestiona y explora sobre la propia naturaleza del arte. Y es en este cuestionamiento en donde su arte circula. Sus trabajos mas conocidos giran en torno al lenguaje y en relación con el objeto. Escribió sus ideas en el ensayo “Art after Philosophy”, donde rechaza cualquier tipo de producción de obras, porque dice que el arte conceptual no posee vinculación alguna de tipo referencial con el mundo y las cosas, la obra artística queda reducida a la mente del creador: “El proceso mental para llegar a un resultado artístico es lo más importante del hecho artístico, la idea es más importante que su formalización, el proyecto más importante que el producto”; reaccionó contundentemente contra el formalismo de las artes objetuales, estableciendo una clara diferencia entre percepción y concepto, estética y arte.

En One and Three Chairs (Uno y tres sillas), Kosuth confronta tres situaciones lingu%u0308ísticamente vinculadas: una silla real, la fotografía de una silla y la definición de una silla extraída del diccionario; podemos apreciar claramente la diferencia entre objeto, imagen y concepto, y nos hace preguntarnos si se trata de un solo objeto o de tres situaciones distintas. Explora el vínculo que relaciona las palabras y las cosas, dice que para hablar de la realidad hay que alejarse de ella, a través del lenguaje. Si no fuera así, la única forma de definir una silla sería señalarla en silencio. Con ello busca que el público conteste en cuál de los tres elementos se encuentra la identidad del objeto: ¿En la cosa misma, en la representación o en la descripción verbal?

A partir de Joseph Kosuth, el arte pudo definirse como idea (art as idea as idea), pero ya antes en la pintura de Magritte domina “la imagen del pensamiento” y el mismo dice que lo que debe ser pintado se circunscribe a una idea. Ambos pintores se interesaron sobre la filosofía del lenguaje y ambos distinguieron la diferencia entre objeto e imagen, mundo de las cosas y mundo de las imágenes.

René Magritte, no se puede considerar un artista conceptual tanto como Duchamp, porque a pesar de dejar atrás el veredicto sobre la pintura objetiva y engañar y burlar a la percepción tradicional de la realidad, nunca la abandona del todo. Pero eso no debería de ser razón para excluirlo, pues les heredó la mayoría de sus ideas, ya que a pesar de que no deja “la percepción tradicional de la realidad”, nunca permite que ésta triunfe sobre la realidad de la experiencia (es una característica del arte conceptual; “Al arte no le interesan los resultados obtenidos, sino el operar en sí mismo. El arte sólo existe en el contexto del arte, pues “el arte existe por su propia búsqueda”, “es una función de sí mismo y de ninguna otra cosa”).

En mi opinión las pinturas de Magritte cumplen una función didáctica que requiere la participación del espectador, esta mutua colaboración establece la paradoja entre realidad y representación, que es una de las base que inspira a la idea de desobjetualizacion de la obra de arte, En ese sentido plantea uno de los más grandes temas de la modernidad que es la muerte del autor y establece la relatividad de espectador / creador.

En la obra “El imperio de las luces” se presenta la paradoja típica del arte conceptual, se nos hace pictóricamente visible la dualidad humana: una pequeña casa aislada en medio de la luz y la oscuridad, esta suerte de irrealidad es, por otra parte, una innegable verdad humana, pues el espíritu de contradicción que nos habita se parece mucho a esta pintura, somos al tiempo, seres vivos para la muerte, llenos de vitalidad y melancolía, hechos de sueños y realidades, de ilusiones y razones; en lo personal me encuentro cómoda en los mundos de este mi autor, un espacio paradójico donde las palabras y las cosas guardan siempre su distancia, en donde el día y la noche, la vida y la muerte abrazan hombres que se debaten entre la realidad y sus percepciones.

Referencias:

Konersmann Ralf, La reproducción prohibida René magritte, Edit.siglo XXI editores, Alemania 1991. (edición en español 1996),82 pp.

Velázquez Raúl, Arte conceptual, https://sites.google.com/site/cursoopcionaldiagramas/momentos/momento-analitico/textos/arte-conceptual, 2008.

Fines del arte, Joseph Kosuth, http://artecontempo.blogspot.com/2005/09/joseph-kosuth.html

Schneckenburger Manffred, Arte del siglo XX vol.II , edit. Taschen, edición de Ingo F.Walther Alling. 2005

Little, Stephen; Ismos para entender el arte. Editorial Turner; 2004, 153 pp. Pág. 133.

E.H .Gombrich, La historia del arte. Editorial Phaidon; 687 pp. Pág. 590, 591.

Noval María Helena, Magritte, si no fuera…, http://novalmariahelena.blogspot.com/2010/06/magritte-si-no-fuera_01.html, 2010

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