Cinque Terre

Marco Levario Turcott

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Director de etcétera

La hora exacta de la Radio Ciudadana

Para el registro: el primero de abril de 2003 los chocolates Turín se derritieron y la hora exacta de Haste al través de la XEQK 1350 de AM también dejó de ser el recurso de los eternos impuntuales que se angustiaban o tranquilizaban con la voz inconfundible de Luis Ríos Castañeda. En todo caso, ese día, el reloj marcó la hora de la Radio Ciudadana como una idea y un ejercicio a contracorriente de la concentración de los medios electrónicos y de la práctica de comunicación que hace del ciudadano objeto de mercado y ente pasivo ante la oferta editorial que recibe.

A pesar de lo antedicho, en ese momento varios no supimos ni dónde estaban las manecillas, menos entendimos la dimensión precisa del hecho que, así lo advirtió oportunamente Javier Esteinou, significa construir un “espacio público mediático para que otros sectores ciudadanos puedan participar colectivamente en la edificación del proceso de transición democrática de los medios”.

El punto es que ahora el calendario añejo comprende que en el día, el mes y el año ya dichos entraron a la frecuencia 60 programas ciudadanos, y también contiene que desde el lunes 15 de agosto de 2005, la Radio Ciudadana está en la 660 de AM, luego de que ésta había sido arren-dada, con todas las ventajas de presencia pública y de comercialización que eso conllevó, al periodista Ricardo Rocha. Desde entonces la XEQK volvió por sus fueros para solaz de los afligidos del tiempo no obstante su caudal de anuncios insustanciales, aunque además para constatar la ausencia de ideas y decisión para cubrir mejor un espacio de los que tanta falta hacen en el cuadrante, al ser éste acaparado por 14 familias. A propósito, ¿por qué no aprovechar esa frecuencia que ocupa el último lugar de audiencia en la radio y dar cabida a las propuestas periodísticas que han expresado interés al respecto o a proyectos de cualquier otro enfoque o incluso ampliar la oferta de la Radio Ciudadana? A ver a qué horas.

Cronómetro

Lo dijo en su momento Beatriz Solís: el derecho la información comprende no sólo la apertura de la información pública, “es también el derecho de acceso a los medios para expresar los propios puntos de vista y que la sociedad cuente con información plural, sin exclusiones, escuchar la voz de los otros, y con ello, en pleno ejercicio ciudadano, participar en la vida pública y en la toma de decisiones fundamentales con una amplia información”. La Radio Ciudadana, también lo dijo la profesora Solís, puede contribuir “a convertir a la audiencia en un público activo (e) ir más allá de una simple comunicación horizontal” mediante la promoción de una emisora interactiva con su público y que, “por otra parte, asuma su responsabilidad con los intereses y derechos de expresión de los ciudadanos”.

Es cierto. El reto de la interacción de los medios es uno de los pilares con los que habremos de evaluar sus contenidos informativos, culturales y de entretenimiento pero, en este caso, no desde la óptica de los segmentos del mercado en la que dividen los medios comerciales a la población en México, sino desde la postura editorial de contribuir a formar ciudadanía, lo que implica la difusión de las propuestas más representativas y con un claro impacto social que provienen, precisamente, de diversos estratos sociales y diferentes posturas ideológicas interrelacionadas en un mismo canal.

El tiempo pasa

Una importancia adicional de la Radio Ciudadana es que incluso coexiste en el orden normativo del IMER, donde viven enclaustrados los otros medios oficiales y que, al igual que esas esferas de la comunicación gubernamental, no tiene definiciones editoriales, o acaso sólo comprende planteamientos generales, para poder afianzarse, con identidad propia, como alternativa en el espectro radiofónico. Antes, esos medios fueron pensados, así lo escribió Aleida Calleja, “como instrumento de rentabilidad política del gobierno o de la autoridad en turno, como los voceros oficiales”. Ahora, agrego, ni siquiera son considerados por el gobierno federal, más bien son presa de la ausencia de una política de Estado para fortalecerlos, aunque también funcionan como comparsa de tal omisión, lo que va en desdoro de la ética profesional, del surgimiento de auténticos medios públicos y en dispendio del erario.

Ilustración: RHWW

Ésta es una paradoja: la Radio Ciudadana trasmite en el orden de un medio oficial que, al menos hasta que no se adecue el respectivo marco legal, tendría como alternativa encomiable encausar, precisamente, las expectativas ciudadanas recogiendo sus demandas y ofreciéndoles canales de expresión, sin que ello eluda, al contrario, a una visión de conjunto mediante las que se estructuran noticieros, mesas de análisis o cualquier otro programa como parte de las atribuciones del directivo que encabeza al IMER. Para decirlo de otro modo, una radio ciudadana no inicia ni se agota en la participación de grupos sociales, la comprende, sí, pero ésta se define de diversas maneras en el campo de la comunicación de todas las frecuencias. (En ese sentido la 660 no puede ser algo así como el territorio liberado de la inocuidad.)

El asunto es que a punto de cumplir cinco años, esas expresiones radiofónicas son el punto de llegada de otras formas alternativas de comunicación que, de manera incipiente, fueron abriéndose paso en distintos lugares del país, como lo recuerda Virgilio Caballero al relatar su experiencia en la radio de Quintana Roo y su convencimiento de establecer un medio de servicio público mediante la participación social. Ahora, la Radio Ciudadana es punto de partida para crear nuevas perspectivas que atiendan, mediante la generación de diversos formatos, a los temas públicos que consoliden su función social. Ante ese desafío vale la pena hacernos cargo de que no hay modelos similares en el mundo por lo cual se requiere una buena dosis de convicción y creatividad (lo más parecido a la Radio Ciudadana son los Open Channel que funcionan en Estados Unidos y en varios países de Europa como Alemania y Dinamarca. Los Open Channel son frecuencias del Estado desde donde diversos sectores tienen acceso a difundir desde la radio y la televisión).

Sabía virtud

El autor de estas líneas ha sido prolífico en citas no sólo porque las considera indispensables para entender el modelo de comunicación que implica la Radio Ciudadana, también lo hace en reconocimiento a sus autores porque, junto con varias personas más, ellos fueron quienes le dieron forma al concepto, luego del provechoso Festival de Radios Comunitarias llevado a cabo el 11 de julio de 2002 y que fue cubierto por la XEQK. (Ojalá que eventos como ése fueran trasmitidos en la 1350, en el marco de una orientación editorial tendiente a reflexionar sobre las vías idóneas para construir medios públicos, incluso aunque cada diez minutos nos dieran la hora.)

Arriba esbocé el imperativo de crear nuevas perspectivas y adecuar distintos formatos para la Radio Ciudadana. Al integrar quien esto escribe el Consejo Ciudadano de la 660 desde principios de 2007, al lado de Patricia Ortega, Gabriel Sosa Plata y José Buendía, entre otros, las siguientes coordenadas tienen el ánimo de buscar precisiones a tal frase general. Adicionalmente, y una vez que cuento con un mínimo de conocimiento de la forma de operar de esa frecuencia, aprovecho estas líneas para ponerme a la disposición de todos quienes conforman la programación de la 660 ([email protected]).

¿Qué hora es?

Primero, pongámonos de acuerdo: la Radio Ciudadana es un mecanismo de expresión de diversos sectores de la sociedad desde donde se manifiestan apuestas políticas, artísticas y culturales, y desde donde se propalan enfoques alternativos a la información habitual e incluso formas de entender a los propios medios. Es decir, el concepto también implica la función social de difundir los temas que no están dentro de las prioridades de los medios privados debido a sus apuestas comerciales, por eso en más de un sentido la oferta de la radio ciudadana está segmentada en expresiones marginales. Un medio así tiene sentido al contribuir a formar ciudadanos desde una visión integral (y no sólo de consumidores) e implica el dotar de mayores incentivos a la audiencia para la participación social.

A partir de esto (creo que) vale la pena reconocer que la programación de la emisora tiene desiguales niveles de calidad; el efecto de esto ante la audiencia es evidente y desalienta, entre otras consecuencias, a la conformación de un público cautivo. De ello son responsables tanto el IMER como quienes están al frente del micrófono. Al decir calidad, no aludo al juicio elemental desde donde la evaluación pone en el centro sólo la pertinencia o el impacto social de los temas abordados en cada segmento o exige la participación de auténticos expertos para cada uno de éstos. Pienso en un conjunto de indicadores que, además de esa asunción básica, atiendan por un lado a los elementos técnicos y de producción y, por otro, a los recursos radiofónicos para dar mayor dinámica a los contenidos. De poco sirve delimitar el tema candente si éste no es atractivo, más aún, estaríamos asistiendo al abordamiento de temas de importancia social que no tienen impacto en… la sociedad, y ése sí sería un imperativo inherente a los medios que se estaría incumpliendo.

Contrario a la exageración verbal que concibe a los ciudadanos organizados como entes que encarnan cualquier tipo de virtud, conviene aceptar que hacer radio implica un grado de conocimiento al que no se llega sin capacitación ni experiencia. Lo segundo lo da el trajín cotidiano, lo primero se recrea mediante la coordinación entre el IMER y los titulares de los programas.

Al cuarto para las doce

No comparo entre uno u otro programa porque, aunque ayudaría eso a ejemplificar los desiguales niveles de calidad, el Consejo Ciudadano resolvió ya, en la sesión del 3 de diciembre, sobre los espacios que saldrán del cuadrante al haberse cumplido el periodo respectivo y al no serles favorable su evaluación (esto, independientemente de la imprudencia de Héctor García, gerente de la estación, quien sin conocer nuestro dictamen desde antes de esa reunión ya lo había notificado). Esta evaluación no fue difícil, desafortunadamente, al registrarse en esos programas una evidente o para decirlo mejor, una audible desatención que rayó en la reiteración temática, el dato equivocado y el recurrente empleo del recurso musical e incluso en el ausentismo.

Por cierto, la convocatoria respectiva al concurso de los nuevos programas no saldrá en el tiempo previsto debido a que algunos consejeros como Gabriel Sosa Plata, Patricia Ortega, José Buendía y el firmante de este artículo, no estuvimos (ni estaremos) de acuerdo con incorporar como criterio de evaluación la “viabilidad de patrocinio” de los programas propuestos. Y es que una cosa es pensar en la posibilidad de comercializar sin atajos, ésa es la palabra correcta a emplear en virtud de que la 660 es una estación concesionada y otra establecer filtros distintos a la calidad de los proyectos presentados.

Frente a la necesidad de obtener mayores recursos para esa estación valdrá la pena construir un plan de comercialización, claro está, entre otras razones con el objeto de que haya mayor soporte técnico y de producción para la 660. Pero sin ambiguedades ni recursos leguleyos, como la propuesta del señor Héctor García de incorporar una cosa que se llama Clunni dentro de los requisitos de inscripción de las organizaciones sociales que quieran participar en la 660, la Radio Ciudadana continuará abierta a las proyectos que se le presenten y serán sometidos a evaluación con criterios que serán del conocimiento público.

Nunca es tarde

Planear el horario de los programas de la barra de la 660 es algo que debiera ser básico. Sin embargo, eso no ocurre (el asunto será también materia de las reuniones del Consejo).



No se trata sólo de atender el hecho de que ahora hay cinco horas diarias en promedio de Cantautores, lo que podría significar un espacio adicional para otras propuestas; tampoco aludo a las cuestionables prerrogativas que tiene el director general del IMER para asignar de manera directa la emisión de otros programas; ahora hay, por lo menos, nueve entre 40 programas. Es más, ni siquiera pienso en estos momentos en los recurrentes promocionales que hay en los programas o en los programas que en sí mismos son promocionales, como el de Eugenia León que nos invita semanalmente a comprar sus discos. Me refiero a algo más elemental: ¿por qué a la una y media de la tarde, cuando en el dial hay noticieros, la Radio Ciudadana ofrece canciones? En virtud de que en la 660 no hay noticieros, ¿por qué no mejor colocar en ese horario alguna de las mesas de análisis que sí tiene? ¿Por qué si a las siete y media de la mañana se piensa en un programa para niños que se llama “échale motor”, que es una asignación del director general del IMER, para acompañar en el caminito de la escuela, no se considera también al mediodía o en la noche a quienes quisieran consumir otro tipo de información a la de los canales privados? Un parecer es que el tipo de propuesta que hace la Radio Ciudadana sea complementaria y otro que, con omisiones como éstas, se desdibuje definitivamente su incidencia pública.

Solamente un minuto

Provenientes de diferentes sectores organizados de la población, sin duda hay proyectos radiofónicos de más o menos calidad; a encontrar los segundos ha de abocarse la 660 mediante el establecimiento de criterios claros. La función social es la vía rectora, además de la diversidad de temas, así como la capacitación de quienes presenten sus ideas, lo mismo en el conocimiento del tema específico como en el desarrollo de la propuesta en el micrófono. Para eso, claro está, el IMER necesita mejorar las condiciones en las que se desarrolla el trabajo. A condición de dar pasos firmes al respecto, esa óptica de comunicación está en posibilidades de consolidarse. En medio de la intensa discusión que se avecina en torno de la reforma de las telecomunicaciones y la radiodifusión, esto significaría, además, un aliento para quienes creemos en otras formas de hacer, de pensar y de creer. Por eso la pregunta es pertinente y la respuesta más: ¿qué hora es? La de la Radio Ciudadana.





Reconocimiento a la Tierra Prometida

Felicitamos muy calurosamente a Alejandra Maldonado Zamudio por haber obtenido el tercer lugar del premio alemán Walter Reuter con el trabajo “Flujo Migratorio y relaciones México-Alemania”. Este se trasmitió en el programa “Tierra prometida”, en la 660, Radio Ciudadana, del IMER.

José Buendía, Virgilio Caballero, Patricia Ortega, Gabriel Sosa Plata y Marco Levario Turcott, integrantes del consejo ciudadano de la 660, Radio Ciudadana.

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