La historia más astuta que sus protagonistas (Precedida de las seis uvas restantes)

Ya en este segundo mes resulta algo tarde para seguir formulando deseos de año nuevo y más cuando la recaptura de Guzmán Loera nos atrae con fuerza a volver sobre lo escrito hace dos meses en esta misma sección. Así es que cumplo brevemente con aquel pendiente, enunciándolos nada más, esperando que no sean tan misteriosos.


7.- Que se abran espacios a 400kz en la banda de FM y que Radio Educación pueda por fin así acceder a esa banda.


8.- Que Radio UNAM encuentre una voz para dialogar con la actualidad.


9.- Que los ingenieros de Formula le quiten un zumbidito permanente al 103.3


10.- Que en el Panda Show varíen y eleven la calidad de sus bromas.


11.- Que una Reforma Electoral conduzca a escuchar más debates y menos spots.


12.- Si la radio reivindicó a Zabludovsky, que no lo vaya a hacer con Chabelo.


Dicho lo cual, quiero reflexionar sobre el desenlace, al menos por esta temporada, de esta obra maestra del hiperrealismo que es la recaptura.


La decadencia de la mentira


Confieso que el twist de la plena irrupción de la farándula supera lo antes presentido: la inscripción de su biografía y fuga en la lógica del espectáculo audiovisual que proyecta la imagen de un antihéroe perfectamente complementario al establishment y adquiere la virtud de precipitar cualquier relato hacia la mezcla confusa de realidad y ficción que sólo con el sonido pudimos decantar. Y lo supera con un guión más astuto que sus protagonistas, con una volatilidad transmedia y transgenérica que va del largometraje al serial, del documental al reality show, del narco-corrido a la novela y del videojuego de combate en primera persona al noticiero. Dimensiones que hacen ver chata la fascinante arquitectura del Birdman de Iñarritu. Nos coloca a pie de página de la visionaria tesis de Wilde “La vida imita al arte, mucho más que el arte a la vida” de ese texto tan significativo para hoy: La Decadencia De La Mentira.


Los brujos a veces se equivocan


En un drama clásico casi siempre hay un oráculo; pero como aquí todo está trastocado el augur se equivocó: para infortunio del Brujo Mayor tuvo el tino invertido de predecir que el capo moriría antes que volver a la carcel, premonición que sólo repite lo expuesto meses antes por Jairo Velásquez, “Popeye “. El Brujo representa a todos los adivinos de la opinión pública capaces de ver más allá de las cortinas de humo.


He dicho que la historia es más astuta que sus protagonistas para señalar esa tentación recurrente que alimenta a las teorías de la conspiración. Tienen en común postular la existencia de un control supremo de las acciones e informaciones sociales. Los perversos productores de nuestra miseria no son sino oscuros reemplazos de esa voluntad divina que escribió El Libro en el que ya está desde siempre trazado nuestro destino. Ahora teñida de lado oscuro, en la escatología, los villanos de Matrix sustituyen a Jehová. Pero en el compulsivo escepticismo a todo lo que huela a oficial y/o sistémico subyace un último y desesperado refugio de la credulidad, el sueño de que hay quienes controlan este desmadre aunque sean unos desalmados. Su derrocamiento, improbable mas no imposible, cifra el sentido de una salvación. Resulta finalmente consolador creer que existe un consorcio de tiranos que controlan el mundo, al menos hay a quien combatir, atribuir el mal, odiar. La misma lógica y necesidad por la que un sistema construye reiteradamente enemigos públicos. Mejor eso que asumir la orfandad del caos, que los pilotos hace tiempo dejaron la cabina o quizá nunca estuvieron ahí, o peor tantito: que todo pasajero también pilotea. Profecías, redentores, demonios, tentaciones, aprehensiones, lavados de manos, linchamientos y crucifixiones, cruz y ficciones, cruce y variaciones del mismo guión.


La reina norteada y las penas de Sean


Ya desde que un actor tomó la presidencia de EU la política se reveló como un género dramático (en el cual la sangre es real, nos decía Álvarez Lima) y así como Riggan Thompson sucumbe al personaje de Birdman, Kate se tiró por la ventana al ver pasar a la reina del sur, solo que ahora en vez del rostro maravillado de Sam, su hija, volteando al cielo, nosotros arqueamos las cejas volteando de lado.


Para los obreros de las fábricas de sueños, y la planta principal está en Hollywood, la irrealidad puede ser su pesadilla. Todo actor tarde o temprano llega a ser Hamlet sosteniendo frente a sí un cráneo. Cumplido el sueño del éxito de caminar por la alfombra roja, lo real perdido se vuelve entonces muy seductor; pero en la farándula la vanidad no sólo es una herramienta de sobrevivencia, sino un lente de aumento que todo lo deforma así que en lugar del retorno a la realidad de las personas, el camino amarillo conduce hacia la personalidad de los personajes. Hay pocas historias sin villanos y pocos personajes atractivos que no lo sean en parte. Uno de los grandes éxitos de las nuevas narrativas seriales fue dotarlos de ambigüedad ética de tal manera que uno como “El Chapo”, resultaba leyenda viva. Irresistible. Como le escribió Kate: “eres un sueño que ya me tocaba cumplir.”


Y para Guzmán, Hollywood emanaba ese mismo poder ensoñador. Seducción mutua ya cargada de fantasía por ambas partes. El punto de fuga imaginario los capturó a ambos como un atractor extraño. Entonces como en toda buena historia lo que parece un giro inesperado, una revelación, no es más que la astucia del guión que en este caso es escrito en plural por la naturaleza humana que opera en los protagonistas y su ley del deseo. Por ella la actriz se vuelve una carnada involuntaria para “gancharlo”. Así podemos suponer que la historia, como sea, hubiera terminado mal. Aunque sociópata, el capo tiene su corazoncito y lastimárselo era un riesgo constante y peligroso. Ojalá a ella nunca se le ocurra nunca aceptar un papel de agente encubierta.


Por su parte Sean Penn sí tiene una consistente carrera actoral y su activismo político ha sido una constante; pero aún así también cayó en la tentación aventurera. Frente a la oportunidad de ser la envidia de los periodistas sin serlo realmente, creyó encontrar en al héroe que desafiaba al sistema cuando en realidad es sólo una contraparte absolutamente funcional. “El Chapo” le sirve al estabishment para todo menos para pensar el problema del narcotráfico y discutir seriamente su marco legal. Y la falta de oficio cobra su factura: un texto dictado por sus dos jefes: el de jefes y su propio narcisismo. Una penosa subordinación del Penn al entrevistado quien por su lado tampoco aprovecha para reivindicarse. Queda tan enano de ideas como su 1.65m. Le sobra en astucia lo que le falta de inteligencia. De pena los dos. No, progres, “El Chapo” no es el subcomandante Marcos del nuevo milenio. El medio es el mensaje luego la entrevista fue publicada en una revista pop así que su contenido, ya de por si desdibujado en su valor periodístico-político, se viste de rosa o más bien como la camisa fashionista de tonos azulados que muestra el delincuente en el video


La Gaviota ahora es primera dama mientras la ingobernable Kate interpreta a la esposa del Presidente bajo la dirección de Epigmenio Ibarra quien ya hace tiempo confundió telenovela y documental. Forbes incluye al Chapo en sus rankings como si fuera un gran empresario; pero un empresario no contento con devenir estrella de su propio reality ahora es un aprendiz de político que busca ser contratado de presidente para decirle a latinos y musulmanes: “you are fired”. El Cuau le agradece la hospitalidad a Benito Juárez. La revista que publicó el penoso texto de Sean pone en portada a la Kardashian. Playboy ya no pone desnudos. Todo mal.

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