Cinque Terre

Emiliano López Rascón

Productor de Radio y Artista Sonoro

La guerra de los mundos y su enorme etcétera

“Es mas fácil engañar a la gente que convencerla de que ha sido engañada” Mark Twain

Ésta es la tercera colaboración en la que visitemos la constelación de “La guerra de los mundos” de Orson Welles y su largo etcétera de adaptaciones, que en octubre 30 cumplió su 76 aniversario. Y hablando de ello, una frase para el décimo cuarto de esta revista etcétera que alberga nuestro Oír y Venir: nació con el siglo y deseamos que dure lo mismo: un enorme etcétera.

La primera conferencia magistral de la reciente Décima Bienal Internacional de Radio que impartió el doctor Carlos Alberto Scolari1 trató de la radio en el contexto de los relatos transmedia. El ponente enfocó más el tema como una posibilidad que como una retrospectiva de aquellas historias y figuras que fueron literalmente irradiadas, o en dado caso amplificadas, por el medio sonoro hertziano.

La migración y adaptación de un relato desde un medio hacia otras plataformas de comunicación que genera una masa activa de recreadores, los llamados prosumidores que lo dispersan y diversifican, es lo que a grandes rasgos caracteriza a un fenómeno transmediatico. Y fue precisamente “La guerra de los mundos”, adaptada por Howard Koch y Orson Welles, su primer referente para la analizar a la radio como un nodo procesador y potenciador de dichas narrativas virales y multiplataforma. La novela y sus obras literarias derivadas, adaptación radiofónica y sus reinterpretaciones posteriores, adaptaciones cinematográficas y todo el género de invasión alienígena con todo y parodias que inauguró, además de una ópera rock, diversos comics, un videojuego, etcétera.

Creo que en su magnífica exposición Scolari no enfatizó el efecto de la adaptación radiofónica de 1938 en el devenir transmedia de la invasión marciana. No puede soslayarse que cuatro años antes, con éxito, ya en la prensa escrita se habían publicado por entregas, tanto la novela de Wells como La Conquista de Marte de Edison, escrita en contrapunto inmediato a la original por Garret Putnam Serviss; sin embargo, no habían rebasado el ámbito de la difusión escrita y sin alcanzar la masividad que Koch y Welles le imprimieron en la radio. Es un hecho que su diseminación multimedia en la cultura contemporánea ocurre justo después de aquella mítica noche de Halloween.

En mi opinión faltó subrayar además que: 1) Es paradigmática en lo que a radio y transmedia se refiere. 2) Después de Buck Rogers y un poco antes de Superman y Batman, mencionadas en su presentación, podría considerarse pionera en esta clase en la cultura moderna. 3) Es paradigmática como fenómeno transmedia incluso más allá de lo radiofónico, al nivel de historias como “Star Trek”, “Star Wars” (que también fue radionovela), “Lost”, “Transformers”, el universo de Disney, etcétera.

Ahora bien, este wellismo desaforado no debe impedir reconocer la existencia y precedencia de los dos grandes relatos transmedia, que surgieron del radiodrama y del mismo productor, nada menos que las series “El Llanero Solitario” y “El Avispón Verde”, creadas por George W. Trendle en 1933 y 1936, respectivamente, que a la fecha ha sido prácticamente sepultado su origen estrictamente monoaural con un alud de reciclados en diversos medios, plataformas, ediciones, remakes, etcétera.

A casi todas estas pioneras épicas imaginarias de esa tercera década les es común la trilogía historieta-radiodrama- cine que pronto se amplió a la televisión, ya sea en series animadas o representadas, en blanco y negro primero, a color después y sus actualizaciones en pantalla chica o grande que hoy ya muy raramente prescinden de su cauda de adaptaciones y derivaciones, que conforman auténticos ecosistemas simbólicos, iconográficos o temáticos de producción y consumo que cruzan desde la sofisticada atracción en un parque de diversiones, hasta el llaverito vendido por un ambulante en el tianguis del pueblito. En la cadena, además de las grandes corporaciones propietarias de licencias y derechos, participan también legiones de imitadores, piratas, parodiantes y aficionados de las que surgen productos de lo más diversos: comics, canciones y videos, ediciones de Lego, shows, disfraces, piñatas, libros ilustrados, audiocuentos, paquetes infantiles de comida rápida, ropa, juegos de mesa, convenciones de aficionados, finales alternativos, etcétera.

En el caso de la Guerra de los Mundos, el inventario de ramificaciones es amplio pero sus derivaciones no han sido llevadas a la mercadería, al menos no de forma directa. Ya hemos consignado las versiones propiamente radiofónicas. Aunados a los conocidos largometrajes de 1953 y 2005, directamente adaptados de la novela, se encuentran otros claramente inspirados en la misma o sus parodias, como Mars Attacks; pero entre las curiosidades encontramos dos filmes recientes de bajo presupuesto, así como la adaptación de la historia al rock progresivo con el álbum conceptual de Jeff Wayne de 1978, doblado también al español latino por Anthony Queen y que 20 años después, como “Jeff Wayne’s The War of the Worlds”, inspiró un juego de estrategia en tiempo real para PC, que a su vez se lanzó, posteriormente en formato Playstation, así como otro álbum de remixes del álbum original en 2000, etcetera.

En el lado literario existen unas 15 obras relacionadas en las que destaca la curiosa hibridación con el personaje de Sherlock Holmes, referida por el Dr. Scolari, que escribieron en 1975, los escritores, padre e hijo, con apellido Wellman, muy parecido, curiosamente, a los de Orson y Herbert George. Tenemos, pues, aquí una auténtica constelación de relatos transmedia que se originan, sí en la novela de 1898; pero que se detonan con la adaptación a guion radiofónico de Howard Koch; sin ese salto no se entiende el transito de H.G. Wells a Orson Welles, de la Radio al Cine, de Halloween a Hollywood, de la costa este a la costa oeste, etcétera.

¿Cómo y por qué se da esa adaptación? ¿De quién fue la idea de hacer ese pliegue dramático para fundir todos los géneros de la radio en una trama que envolvía al auditorio? ¿Qué tan accidental o intencional fue? Y lo más importante: ¿Cuál es la función de la adaptación al lenguaje de la radio en ella? Las respuestas las ofrece la versión del mismo Koch: “Llegó el día en que un relato breve cayó en mis manos -La Guerra de los Mundos, de H.G. Wells-, con instrucciones de Houseman de escribir un guion en forma de boletines de noticias. Leyendo la historia, que se desarrollaba en Inglaterra y está escrita en estilo narrativo, me di cuenta de que no podía utilizar prácticamente nada, a excepción de la idea del autor sobre una invasión de marcianos y la descripción que realizaba acerca de su aspecto y de sus máquinas. En una palabra, se me pedía que hiciera en seis días un guion completamente original de una hora de duración. Llamé a Houseman y le pedí que me cambiara el trabajo por otro tema. Habló con Orson y me llamó otra vez. La respuesta fue un no rotundo. Se trataba del proyecto favorito de Orson”.2 Se deducen varias cosas: que el tal Welles era quien mandaba y era un tirano, que fue el autor intelectual y sabía lo que quería, que la adaptación fue libérrima, a marcha forzada, etcétera.

De este testimonio vale consignar otra de las casualidades que integran la leyenda radiofónica y es que Grooves Mill, que como dice Koch, “es probablemente, el único lugar histórico del mundo donde el acontecimiento que le hizo famoso nunca sucedió”3, fue elegida dejando caer el lápiz a ciegas sobre un punto del mapa de Nueva Jersey. Resulta que a menos de un kilómetro de distancia, en la mansión Costwald, el mismo Orson adolescente había vivido unos meses como huésped.4

En esta adaptación ha pasado inadvertido que los últimos 20 minutos de la obra transcurren en una esfera de abierta ficción en donde transcurren diálogos de gran fuerza más apegados a la novela de Wells. El pliegue de la historia se ha ya desdoblado; pero ya muy tarde: para esas alturas de la emisión el terror ya solo se escuchaba a sí mismo.

El protagonista habla a los fantasmas que escuchan. El primer tercio de la transmisión simulaba un concierto interrumpido por enlaces, boletines, declaraciones, entrevistas, coberturas etcétera, hasta la muerte del reportero en vivo y en directo marcado por el primer estruendoso silencio. Le sigue una prolongada interferencia en las radiocomunicaciones militares en las que el formato usado es nada menos que el del primer uso no experimental de la radio durante la primera guerra. Esta fase de interferencia simulada culmina con la destrucción de la antena de transmisiones afuera del estudio de la CBS y otro gran silencio con el que culmina el desplazamiento del foco destructivo desde Marte hasta donde irradia la señal. La tercera parte en donde la ficción se exhibe plena en un lugar indefinido en un futuro próximo es el dialogo entre el astrónomo Pierson (representado por la voz del mismo Welles) y el desconocido. Para entonces unos habían resistido la embestida hertziana con serenidad, pero muchos deambulaban con fusiles por el campo, huyendo apresurados, rezando, encerrados, llorando, etcétera.

Finalmente queda consignar que el Mercury Theatre de Welles se transmitía los domingos por la noche y que su principal competidor de audiencia era el ventrílocuo Edgar Bergen. Después de la célebre emisión solo se produjeron otros cuatro radioteatros. Por el contrario, le deseamos muchos más a etcétera.

Notas:

1 https://www.youtube.com/watch?v=sYyRVHEl1pI#t=2040

2 Koch Howard, La Emisión del Pánico. Ed. Centro de Creación Experimental, Madrid 2002 Trad. Patricia Sojo pp. 12

3 ibid pp. 92

4 cfr. Ibid pp. 89

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