Cinque Terre

Fedro Carlos Guillén

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Narrador, ensayista y divulgador de la ciencia.

La espotiza

Se necesitaría ser el imbécil que aún no soy para dejar de advertirque las campañas políticas se han convertido en eventos mediáticos en los que el que paga primero pega dos veces. Es por ello que la parte más cuantiosa del presupuesto de los partidos se dedica a producir spots que son asestados a la ciudadanía de muy mala manera y en una cantidad suficiente para provocar hendimientos prostáticos. Estaba yo hace unos días sentado sin hacerle daño a nadie en una sala de cine cuando de pronto y a traición aparecieron en pantalla los intelectuales mexicanos Raúl Araiza y Andrea Legarreta para hacer favor de decirnos a un servidor y a los viejitos de un asilo que siempre me acompañan, que votar por el Partido Verde es la solución a todos los problemas existentes e inclusive algunos inexistentes.

Los ciudadanos en estos días estaremos sometidos a dosis radioactivas de comerciales (eso son) en los que los diversos candidatos a la presidencia tratarán de hacernos entender que debemos votar por ellos. Ya hemos visto a Enrique Peña Nieto con ropa de ocasión y una chamarra de demanda penal recorriendo el país. A Josefina Vázquez Mota filmando probablemente por cuestiones presupuestales en Transilvania ya que sus spots parecen diseñados por la mamá del muerto. Quadri con sus cuatro alter egos presidenciales en un entrañable homenaje a Scooby Doo y a López Obrador diciendo que si en algo nos ofendió, perdón.

Una primera arista tiene que ver con los formatos, dada la duración de los comerciales es evidente que todos los candidatos dirán vaguedades como: “Yo soy el futuro” o “Mi compromiso es con México”. Dudo mucho que alguien decida su voto basado en estas ideas pero el hecho de que los spots sean la estructura vertebral de una campaña me hacen dudar de esta hipótesis y entonces me entra mucha tristeza. Parecería, por otro lado, que la ecuación elemental es pegarle al que va arriba y sacarle los trapitos al sol para ver si pierde fuerza. Esta estrategia ha probado su efectividad (recuerden el “Peligro para México”). A Enrique Peña Nieto ya le están atizando hasta con la cubeta acerca de su pasado amoroso, su incumplimiento de compromisos, los dislates cometidos y lo que se vaya acumulando. Desde luego yo no votaría por él así me amarraran pero me queda claro que la didáctica del juego es simplemente perversa ya que se trata de enlodar para ganar eficacia.

Una segunda arista de las campañas es la histeria generada. Hace no muchos días cuestioné la propuesta de López Obrador en el sentido de bajar el precio de los combustibles. Cualquiera que tenga dos dedos de frente sabrá que el subsidio a la gasolina es regresivo y beneficia a los que más tienen además de estimular la contaminación ambiental. Sin embargo, apenas lo dije y me cayeron a palos en tuiter los simpatizantes y me hicieron sentir como un cerdo capitalista al que no le interesa el bienestar de la gente. Llamó mi atención su iracundia que es propia de aquellos que simplemente no están dispuestos a entrar en ningún razonamiento sobre el tema. Las campañas no se razonan ni analizan, no se argumenta ni se debate, la gente aparentemente ya tomó una decisión con la que está comprometida más allá de cualquier viraje dramático como que se descubra que el candidato fulanito de tal practica el canibalismo o nació en Trinidad y Tobago.

Por todo esto es que creo necesario revisar nuestros procesos electorales que son caros y generan un enorme encono. El papel del IFE parecería ser el de un maestro tímido que no se atreve a separar a dos alumnos que pelean, una Institución debilitada y tomada por los Partidos con representantes ad hoc para defender sus intereses.

Un servidor en vía de mientras prepara un exilio de cuatro semanas en algún lugar remoto donde no haya televisión ni bardas ni nadie que sea incondicional. Dado que para hallar este sitio es preciso trasladarse a la Patagonia, le informo, querido lector, que ahí espero su correspondencia y los resultados de un proceso electoral que me parece vacíoy vergonzoso.

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