La entraña de la estadística

La violencia en México por el narcotráfico es un vuelco histórico difícil de superar si no se consideran todas las aristas del tema. Durante años, cifras de homicidios, desaparecidos nos hicieron indolentes ante la realidad. A pesar que la realidad está ante nuestra mirada, los estragos, ¿cuántas habitaciones de jóvenes se encuentran vacías? ¿Cuánta soledad hay en cada hogar?


A pesar de ser periodista, estoy en parte en contra, al menos en este caso, con el manejo de la estadística: los que vivimos o transitamos por álgidas zonas de conflicto, conocemos los resquicios que no se publicarán en las primeras planas de los noticieros. Las historias de un barrio o colonia olvidados por el manto de los medios de comunicación.


La indefensión total, la intemperie gubernamental, los lugares en los que se sobrevive siendo ilegal, historias que se cuentan en este libro, jóvenes delinquiendo. Un orgullo ha sido el participar en una mínima parte: conocí algunos de los chicos y sus cruentas historias, de vidas quebradas que no les robaron esa última sonrisa, esa, que todos le llamamos esperanza. Los escuché hablar, jugar a ser reporteros, a ser escritores y escribir su propia historia –tal vez para encontrar en la catarsis un atajo a la sanación–, los vi llorar y pedirle a su cuerpo y su memoria borrar esos recuerdos.


Y al final, como una especie de ángel de la guardia, una guía, un amigo, yo qué sé: un abrazo de Marco Espinosa López, compañero de guerra en los medios de comunicación. Tal vez esos brazos son al final lo que el destino les negó durante algún tiempo. No es periodístico –como académicamente le llaman–, pero es altamente humano: humanizar los medios. Rompe con los estigmas de los presos o presas, de la reinserción social. Algunos de estos chicos son el resultado de una guerra que no comenzaron y en la que nunca debieron entrar o que los hicieran entrar. Una guerra en la que el Estado los obligó a sobrevivir legal o ilegalmente.


Es a lo que me refiero con el error de la estadística, la cifra negra. Las estadística es una forma de resumir la historia, hacerla funcional a los gobiernos; pero, aun así, no se entiende. Para comprender un fenómeno es necesario abrir la entraña y fijar detenidamente la mirada. El libro de Marco, es un testimonio del que se pueden tomar los soportes para políticas públicas calzadas a la realidad. Revive sin revictimizar a los jóvenes las historias, y las saca para convertirlas en un registro puntual de los efectos colaterales, y cómo cada uno cambia su destino.


Marco compila un documento que logra ser doctrinario, y a la vez un encuentro con la dura realidad de los últimos años en México. Y, como lo digo renglones arriba, al final, los chicos sonríen: algo que muy pocos periodistas logran.


Fue un jueves cuando entré junto con Marco a Centro Readaptación y Tratamiento para Menores Infractores (CERTMI), y conocí a cada uno de los muchachos: todos con la curiosidad de conocer a un reportero, un escritor o un poeta. Vi cómo jugaron en un salón, no logré entender por qué estaban en ese lugar. Eran adolescentes normales conviviendo como afuera de una preparatoria o una universidad. Y la pregunta de Marco: ¿Quién quiere comenzar? Y todos levantaron la voz o la mano. Una energía muy particular rodeaba el lugar. Una chica inició el ritual: sus palabras podrían doblar cualquiera. Todos los demás que estábamos en silencio escuchamos. Y al terminar, ese edénico mundo de armonía.


Y el siguiente y el siguiente. Cada muchacho tuvo su turno; cada uno tuvo un abrazo de Marco.


Esa hechura, el documental de Espinosa López, es una muestra de periodismo fuera del impacto para ganar lectores o escuchas, es un testimonio de la realidad de un país que tocó fondo.

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