Cinque Terre

María Cristina Rosas

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Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.

La diplomacia virtual

Las tecnologías de la información modifican día a día la manera en que se desenvuelven e interactúan las sociedades. Las telecomunicaciones globales, la internet, las computadoras personales, las redes digitales e inalámbricas y todos los aparatos portátiles de bolsillo cambian la forma en que viven las personas, se transportan y trabajan en la “era de la información.” Artefactos cada vez más baratos como las cámaras digitales de alta-resolución, las cámaras web y las cámaras portátiles para filmar, son productos comunes en los hogares. Las imágenes satelitales de alta resolución, que hace 20 años eran del uso exclusivo de las agencias de inteligencia y militares, ahora se encuentran disponibles de manera gratuita en computadoras personales a través de servicios de alcance global como Google Earth. Así, las telecomunicaciones favorecen lo que Frances Cairncross denomina la muerte de la distancia.

Los beneficios de la muerte de la distancia son visibles en diversos ámbitos y la diplomacia no es una excepción. Diversos organismos internacionales y Estados de todo el mundo, pueden ofrecer diversos servicios sin que los usuarios tengan que estar presentes físicamente en cierto lugar para acceder a ellos, incluyendo trámites de pasaportes y visas, cursos de capacitación, acceso a documentos de diversa índole, etcétera. Inclusive, se pueden llevar a cabo negociaciones al más alto nivel en modalidades como la videoconferencia. La diplomacia virtual hoy es una realidad.

La diplomacia: ¿un arte?

Diplomacia deriva de las palabras en griego y latín diploma. El diploma era un documento o carta con carácter oficial que informaba a la autoridad de cierta entidad política acerca de la recomendación u otorgamiento de ciertos privilegios del portador de la misma. El documento estaba doblado y/o cosido, dado que la comunicación entre el remitente y el destinatario era confidencial. El portador del diploma se denominaba diplomático.

Hoy la diplomacia, en su acepción internacional, hace referencia al arte y/o la práctica de llevar a cabo negociaciones entre representantes de Estados u organismos internacionales. En las relaciones internacionales, la interacción entre dichos representantes puede abocarse a aspectos tan diversos como la guerra y la paz, el comercio, la economía y la cultura. Una tarea que realizan frecuentemente los diplomáticos es la negociación de tratados y otros vínculos contractuales.

En el mundo existen países con determinadas capacidades y vulnerabilidades. En él, la riqueza se encuentra mal distribuida y apropiada. Por lo tanto, la satisfacción de las necesidades de las sociedades del planeta depende de interacciones, las cuales pueden ser violentas (como la guerra) o pacíficas (como la negociación). Así, si se desea mayor acceso a los recursos petroleros de ciertas regiones del mundo, existen opciones como negociar inversiones para su extracción, o bien, ir a la guerra contra quienes poseen los yacimientos (y en el mundo del siglo XXI hay sendos ejemplos de estas situaciones). Sería deseable, por supuesto, que el acceso a los hidrocarburos del mundo se realizara de manera civilizada, vía la negociación de compromisos de exploración, explotación, comercialización y reparto de los beneficios de manera equitativa.

Diplomacia y subdesarrollo

En cualquier caso: una de las causas del desigual acceso que tienen los países del mundo a diversas oportunidades de desarrollo, es que no necesariamente cuentan con los recursos materiales y humanos para estar presentes en todos aquellos ámbitos que benefician a sus intereses. Por poner un ejemplo: en la fallida Ronda de Doha de la Organización Mundial del Comercio (OMC) de negociaciones comerciales multilaterales, uno de los problemas más serios para incorporar el sentir y las agendas de muchos países en desarrollo en las reuniones que en buena medida se llevaron a cabo en Ginebra, es que dichas naciones no podían sufragar el gasto de mantener una misión permanente con sus respectivos representantes en la ciudad suiza, que les permitiera tener voz y voto en la OMC. Sin duda que esos países tienen mucho qué decir, pero no pueden hacerlo, fundamentalmente por la falta de recursos para mantener una presencia en aquellos lugares donde se toman las decisiones importantes. No es necesario insistir en que un escenario como el descrito contribuye a exacerbar el desigual acceso a las oportunidades para quienes más lo necesitan. Otros, generalmente las naciones con mayores recursos y capacidades, deciden a nombre de aquellas con menores posibilidades.

En este sentido, la diplomacia virtual puede ser una forma de apoyar el desarrollo de los países. De entrada, limitaciones como la imposibilidad de sostener financieramente embajadas y consulados en diversas partes del mundo, podrían ser sorteadas por las naciones con menos recursos, a través de la diplomacia virtual. Asimismo, se podría estimular una mayor interacción entre gobiernos y sociedades que en un ámbito como la diplomacia tradicional, reservada casi por completo a los gobiernos. Otra ventaja es que la diplomacia virtual podría fomentar la atención a temas que van más allá del poder duro (como la guerra), favoreciendo tópicos relacionados con el poder suave (como la cultura), que normalmente no reciben ni la atención ni la importancia que tienen.



Sin embargo, por más bondades que pueda ofrecer la diplomacia virtual para los países en desarrollo, lo cierto es que la tecnología no es neutral e históricamente ha servido para favorecer los intereses de ciertos individuos, naciones, grupos, etcétera, a costa de los demás. Así, la internet está muy lejos de ser un bien público global, sobre todo si se toma en cuenta que los principales proveedores de este servicio, son grandes corporaciones transnacionales (i. e. privadas). A las corporaciones transnacionales, consideradas como los principales agentes de la globalización, lo que más les importa en el proceso de la internetización de las sociedades del mundo, es tener más clientes e incrementar sus utilidades. Es posible que tengan un interés colateral en la existencia de más usuarios de las tecnologías de la información, lo cual supone mejorar el nivel de vida de las sociedades. Sin embargo, esa no es una tarea que las corporaciones asuman como propia, y en lugar de ello buscarán asentarse y operar en aquellos países que poseen la infraestructura y el capital humano necesarios, a la vez que echarán en cara a diversos gobiernos la falta de condiciones mínimas para invertir y operar en sus territorios.

Las desigualdades en la era digital en el mundo

El concepto de división digital (digital divide) remite a la brecha que existe entre quienes tienen un acceso efectivo a las tecnologías digitales y de la información y quienes por diversas circunstancias no pueden hacerlo. La edad y la educación, por ejemplo, son dos factores importantes: en 14 países de la Unión Europea la proporción de usuarios de computadores e internet es considerablemente mayor entre los jóvenes que cuentan con un cierto nivel educativo que entre las personas de edad más avanza y con escasos estudios. La infraestructura es otro elemento relevante. En este sentido, vale la pena ponderar lo que el estudio de Eduardo Gelbstein y Jovan Kurbalija estima como esencial para avanzar en la gobernabilidad de la internet en beneficio de la sociedad internacional:

” la existencia de infraestructura de telecomunicaciones, condición fundamental para superar la división digital;

” el modelo actual de acceso a la internet, el cual exige mucho a los países en desarrollo en términos de erogar recursos cuantiosos que benefician a las corporaciones de las naciones desarrolladas;

” el spam o correo basura, que tiene un impacto mucho más negativo en los países en desarrollo que en los desarrollados, debido a las capacidades limitadas de sus conexiones a la red, además de las dificultades legales y políticas para enfrentar este problema; y

” las normas internacionales en materia de derechos de propiedad intelectual, debido a que limitan las posibilidades de los países en desarrollo para el acceso al conocimiento y a la información en línea.

Un rubro igualmente importante es el acceso universal. Este es un tema recurrente en diversos ámbitos. Por ejemplo, cuando se suscribió el Tratado Antártico, se supone que el espíritu del mismo radica en crear una especie de “reserva” en el polo sur, donde no se llevarían a cabo actividades militares sino únicamente investigaciones científicas en beneficio de la humanidad. Sin embargo, en la práctica, hay un grupo muy reducido de naciones que poseen los instrumentos tecnológicos, económicos y humanos para realizar “investigaciones científicas”, muchas de ellas teniendo en mira la explotación comercial de la zona cuando las circunstancias lo permitan (el tratado entró en vigor en 1961 y estará vigente por 50 años, mismos que se cumplen en 2011, momento en que se espera que se hagan enmiendas a este documento a partir de los intereses de Estados Unidos y otras naciones). Un caso similar es el Tratado sobre el Espacio Exterior, en vigor desde 1967, que busca evitar el despliegue de armas nucleares en el espacio exterior en beneficio de la humanidad. Sin embargo, los países que han logrado desarrollar programas espaciales exitosos son unos cuantos (Estados Unidos, Rusia, China y la Unión Europea), y ellos son justamente los que cuentan con armas nucleares que, de ser necesario, podrían ser emplazadas en la Luna u otros cuerpos celestes.

En este sentido, el acceso universal a la internet a nivel global es un discurso político que manifiesta una aspiración, sin los apoyos políticos y financieros necesarios para hacerlo realidad. Es evidente que aquí serían sobre todo los países desarrollados los que deberían jugar un papel central en la consecución del acceso universal a la internet, puesto que son ellos los que cuentan con la tecnología, el capital humano y los mecanismos políticos, legales y financieros apropiados en la materia. Internamente en Estados Unidos y la Unión Europea se han logrado notables avances en la conectividad para sus respectivas sociedades. En la Unión Americana, por ejemplo, las zonas con bajos costos de conectividad, subsidian a aquellas regiones que tienen costos más altos.

Política y diplomacia virtual

En 2007 se anunció que Djibouti sería el primer país africano en acceder a la diplomacia virtual. Se trata de un país ubicado en el “cuerno de África”, con una extensión de 23 200 kilómetros cuadrados y 497 000 habitantes. Su producto nacional bruto es de 1 641 millones de dólares, su ingreso per cápita es de apenas 2 040 dólares (ambas cifras medidas en función del poder adquisitivo) y se ubica en la 149ª posición en los índices de desarrollo humano de Naciones Unidas. Por su ubicación geográfica, muy cerca de la península arábiga, Djibouti reviste una notable importancia geopolítica, lo que explica el interés por internetizarlo antes que a otros países africanos.

Sin embargo, una vez que se anunció el proyecto de diplomacia virtual para Djibouti, diversos especialistas cuestionaron la posibilidad de acceder a las plataformas necesarias para crear embajadas virtuales en beneficio de esa nación, debido a que requieren tecnología 3D, la cual es sumamente costosa para países pobres con raquíticos presupuestos a los que se pretende “ayudar.”



En contraste con la situación de Djibouti se encuentra Estados Unidos, donde la diplomacia virtual es una realidad. Entre los aspectos más notables y recientes del empleo de las tecnologías de la información al servicio de las relaciones de la Unión Americana con el mundo figura la diplomacia de la transformación (transformational diplomacy) anunciada por la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice en 2005 y que tiene cinco pilares, a saber:

” reubicación de los diplomáticos estadunidenses en aquellos lugares donde más se les necesita, por ejemplo, China, India, Brasil, Egipto, Sudáfrica, Nigeria, Indonesia y Líbano;

” exigir a los diplomáticos a que una parte de sus tareas las realicen en lugares de “vida difícil” como Irak, Afganistán, Sudán y Angola; que tengan conocimientos profundos sobre dos regiones distintas, por lo menos; que sean fluidos en idiomas como el chino, el árabe y el urdu;

” que se aboquen a soluciones regionales de problemas como el terrorismo, el tráfico de estupefacientes, y las enfermedades epidémicas;

” creación de un nuevo cargo, el directorado de asistencia en el exterior, que supervisaría la ayuda que otorgan las dos grandes agencias estadunidenses, esto es, el Departamento de Estado y la Agencia Estadunidense de Desarrollo Internacional (USAID y

” trabajar conjuntamente con los países para que erijan una infraestructura sólida y reducir la dependencia que tienen respecto a la ayuda que Estados Unidos les otorga.

Para cumplir con estos objetivos, la diplomacia estadunidense ha dispuesto que su Oficina de Diplomacia Electrónica (eDiplomacy), creada en 2002, desarrolle nuevas tecnologías que le permitan a la comunidad diplomática de ese país, compartir información y el conocimiento institucional. Para ello se crearon las Oficinas de Presencia Virtual (Virtual Presence Posts), que proporcionan servicios normalmente a cargo de las misiones diplomáticas in situ. En este sentido, las Oficinas de Presencia Virtual posibilitan mantener una presencia diplomática en diversos lugares sin necesidad de desplegar un personal permanente. En este momento, EEUU cuenta con más de 50 oficinas de este tipo en todo el mundo.

Otra iniciativa más incluye la creación de la Diplopedia disponible en los espacios virtuales wiki (como wikipedia) que vendría siendo la enciclopedia del Departamento de Estado y que actualmente cuenta con 4 000 conceptos y está en proceso de ampliarse. Asimismo, el acceso remoto y el teletrabajo reciben un fuerte apoyo, al igual que publicaciones clasificadas en la web, que pueden ser útiles no sólo para el personal diplomático sino también para las comunidades encargadas de la seguridad nacional estadunidense. Todo ello está comprendió dentro de las tecnologías cooperativas de la internet vía la Web 2. 0 y también se les ha habilitado en las intranets del propio Departamento de Estado.

Con el uso de programas de cómputo para blogs se están integrando las Communities @ State para fortalecer el trabajo y la comunicación en las diversas comunidades del Departamento de Estado. Hacia mayo de 2008 existían 47 comunidades, desde las que debaten aspectos técnicos hasta diplomáticos abocados a derechos humanos, medio ambiente, seguridad energética, más las Oficinas de Presencia Virtual.

Los desafíos

Es posible que uno de los grandes desafíos ante la diplomacia virtual sea el menor tiempo de que se dispone para tomar decisiones, particularmente en procesos de negociación, por ejemplo, una tregua, un cese al fuego, o un tratado de paz. La muerte de la distancia plantea enormes ventajas, pero disminuye el tiempo para pensar y meditar, puesto que los demás esperan una respuesta pronta a la propuesta realizada. Antaño las negociaciones podían tomar tiempo, no sólo por la necesidad de reunir en un mismo lugar a los negociadores de las partes en conflicto, y, posiblemente, a un mediador. El proceso en sí de hacer ofrecimientos y esperar respuestas de las partes, podía demorarse en muchos casos ante la necesidad de recurrir a traductores debido a la falta de una lingua franca. Hoy las posibilidades de comunicación a distancia son infinitas, además de que el idioma inglés hace las veces de idioma universal -para disgusto de los esperantistas, por ejemplo. Una decisión apresurada por los tiempos, las tecnologías y los idiomas de la negociación, puede derivar en problemas, puesto que alguna o todas las partes en conflicto podrían quedar inconformes con el resultado, reactivando el diferendo que se pretende solucionar.

En el fondo subsiste el riesgo de que el empleo de las nuevas tecnologías de la información pretenda suplir el factor humano, perdiendo de vista que dichas tecnologías son un medio, no un fin en sí mismas. La diplomacia virtual puede ser un buen complemento para la diplomacia tradicional, pero no sustituirla. Es verdad que los diplomáticos emplean computadoras y la internet en su quehacer día a día y que la cantidad de programas de cómputo e información disponibles en la red constituyen herramientas fundamentales para su trabajo cotidiano. Con todo, el toque humano, la habilidad para ganar la confianza y comprometer a las partes en una negociación, son irremplazables, particularmente en un mundo tan desigual en el que, desafortunadamente, las grandes innovaciones tecnológicas primordialmente se han usado para la guerra (la internet misma se originó en el sector militar estadunidense durante la guerra fría). Es tiempo de que las nuevas tecnologías estén al servicio de la paz, de la mano de experimentados negociadores, pero ello naturalmente tomará tiempo, y no necesariamente virtual.

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